Carrió I, el hipertexto | CFK I: ADB | Bielsa I (y Batman 0) | Los Soprano y el sentido de las proporciones | 1. Preparativos | 2. Siete Desayunos | 3. Las Primeras Mesas | 4. La Siesta | 5. Listas, Razones y Boletas (faltan) | 6. Las Primeras Cifras | 7. Relevamiento de Catering | 8. Porno Abierto | 9. Clímax | 10. Aftermath | |

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5. Listas, Razones y Boletas (faltan)
Gli Uccelli
23 October 2005, 17:40

4:17 PM – Schmidt se prepara.

Muy bien. Zarpamos a votar y al comando K. Llevamos:

Vamos a comprar caramelos ácidos que prorratean eficazmente el hambre y pastillas para el dolor de cabeza. Nos llevamos el teléfono de Rosman grabado en el celu y hay que decirle “rosman” al celu para que marque. OK, allí Brener en el Inter, Wiñaski, Cassese en lo de Macri y Lucía, Romina y Vanesa; Paula y Grisel en lo de Lilita y mucha otra gente importante en muchos otros lados.

En minutos, algo.

4:25 PM – Rodolfo González Arzac
explica su voto.

Porque no me gustan los tipos que citan a otros todo el tiempo. Ni los que hacen esfuerzos gigantescos por parecer inteligentes. Ni los hermanos de los técnicos de fútbol que pierden contra Inglaterra y empatan contra Suecia. Ni los tipos que hace 58 años que tienen un contrato con el Estado. Ni los de apellidos que empiezan con B larga. Por eso no voté a Bielsa.

Porque odio la manera en que se traba antes de empezar a hablar y la rapidez con la que hizo números para poder estar. Porque me molesta un tipo que salta un bache y se ríe al mismo tiempo. Porque los hombres de bigote me gustan menos que las mujeres con bigote. Porque traicionó a sus secuestradores. Porque ningún Mauricio me parece confiable. Por eso no voté
a Macri.

Porque iba a votar en blanco y después me arrepentí. Porque iba a impugnar y cambié de opinión. Porque debo estar viejo. Porque quería hinchar por alguien cuando se cuenten los votos. Porque me encanta cuando la tribuna de Estudiantes de la Plata canta “a esos putos les tenemos que ganar”, “a esos putos les tenemos que ganar”, y así hasta el cansancio. Por eso voté a Carrió.

Y ahora estoy algo triste. Vacío. (Y encima podemos perder.)

4:35 PM – Plotkin también
se prepara.

Del Manuela Pedraza de Malabia al supermercado Norte de Villa Pueyrredón. Sí, entre las cajas y unos caballitos eléctricos para sacudir a los niños hay un par de máquinas con internet. Digan lo que digan de Palermo, es de los barrios más electoralistas que tiene esta bendita ciudad. Ahí había un poco más de clima de deber cívico, sobre todo porque se lo toma medio como una salida: un sufragio, un capuchino en jarrito en Plaza del Carmen.

Acá está todo más bien muerto. Parece que Alicia Kirchner vota siempre a las tres y media de la tarde. Notable.

Recién estuvo Moria en el Nacional Buenos Aires. Musculosa apretada y escudo argentino de brillantina estampado en el pecho, lentes oscuros, beso en la boca frente a la urna con su actual pareja. Brutal. Que los TPs egresados del colegio se expidan ya. Los movileros radiales ya no saben qué hacer, pobres. Y los conductores de piso tampoco.

Los que están en las mesas reportan trifulcas menores como la de un tipo que quiso meter a su hijo en el cuarto oscuro y no lo dejaron. Así que el hombre se negó a votar (“sin mi pibe no”), pero como el presidente de mesa le había firmado y sellado el documento para ganar tiempo, se armó un quilombo que terminó en la comisaría. Parece que todos deriva ahí, en la comisaría. Si no pregúntenle a Schmidt.

Los conductores de piso, en cambio, repasan una y mil veces los códigos electorales. Cómo votan los ciegos, cómo votan los mancos, cómo es esto del voto electrónico, qué pasa cuando alguien mete una feta de salame en el sobre. En fin, meteorología aplicada. A propósito, se había nublado pero ahora volvió a asomar un sol patriótico de octubre. Saldremos a absorberlo.

5:05 PM – Piro espía bunkers.

Aquí los ánimos —los espíritus, diría Duhalde— empiezan a caldearse. Mejor dicho a entibiarse. Bielsa, desafiando todas las cábalas, ya se instaló en el Hotel Intercontinental, su bunker eleccionario. De Kirchner, ni noticias. Pero Bielsa está ahí, sin caspa y con el saco abotonado —no como su jefe. Él está allí, pero todo lo que las cámaras pueden tomar hasta ahora son las mesas repletas de copas (vacías) y los manteles todavía impolutos (ya van a ver cuando empiecen los empujones y los festejos, si es que festejan).

5:06 PM – Quintín ya tiene
escrutinio casi definitivo.

El oficialismo retuvo la mayoría del parlamento con un 49% de los votos, lo que le permitirá reelegir al intendente. Los conservadores segundos con un 19%. La sorpresa es que los ultraderechistas salieron terceros con un 15%. Cuartos los verdes con el 14%. Como el día estaba muy lindo, votó poca gente, sobre todo socialista porque se daba por descontada la victoria que fue menor de la esperada. Eso dicen aquí. En Viena, donde terminaron las elecciones hace un rato largo.

PS: Como dice al costado, me puse nervioso. Me voy al cine.

5:37 PM – La Venganza de
Pablo Martínez Sameck

Desde muy temprano la ansiedad me carcomía. Culposo de ser oficialista, en algún sentido, frente a mis amigos, me llevaba a una situación de pudor. No, más… De cierta disociación esquizoide. Perdón, ahora se lo llama bipolar.

Pero como vengo estudiando a los montos y pichichos en su contexto, qué más mezquino que un voto especulativo. Como he sido, como todos nosotros, alguna vez, primero fiscal de mesa, después fiscal general, después, en Provincia, fiscal natural (por ser candidato), y después fiscal general, una gripe me anticipó el peligro. Tal como Laurie Anderson lo planteara en el Alvear: ¿la idea de terminar mi carrera musical (en mi caso política) tocando para los hijos de mis vecinos? ¿El temor de volver al anonimato de una mesa? No, please, no. Una gripe, entonces. Que me viene sometiendo desde que terminé de leer “Monte Chingolo”. (Les recuerdo que soy de una generación mayor que la de Uds., y esas cosas provocan nostalgias.) Pero como sé que Uds. están en contra, y como lo que les voy a contar no les vá a gustar para nada, dejaremos ese debate para otra ocasión.

Llegué con puntualidad kantiana. No, mejor, prusiana (así lo asocio a von der Goldze y Von Clausewitz) para pegarle al hace 31 años desaparecido, al que todos sabemos que es el culpable de “todos los males” para que este bendito país no ocupe el sitial que merece en el concierto de las naciones. Y me asomé a la tristísima escuela del segundo cordón del conurbano, para votar… A mis años no lo voy a negar, me merezco el respeto racional de quien ha visto en su integralidad el desparrame —y como diría Freud, parafraseándolo inducidamente, que lo mejor es enemigo de lo posible— casi voto lista completa para el Frente de la Victoria provincial. Porque estuve en Lomas, porque padecí Lomas, porque sé cómo han destrozado a mi distrito los sectores dominantes del otro lado de la banda fundamental, y porque de eso se trata, de lograr determinar quién es el enemigo fundamental en el sistema político de la Provincia de Buenos Aires.

Pero, cuidado, de repente reparo que para diputados va como candidato el honorable intendente de la nación matancera, y la conciencia me carcome. ¿Qué hago?

Veo, todavía mal desplegadas, fruto de la improvisación criolla de las fuerzas “progresistas”, asomarse entre las boletas el nombre de mi conocida Martha Maffei, tan lejana, tan solitaria en esta campaña, porque todo sabemos quién ocupó el escenario central y no la pudieron (quisieron) bajar ni a garrotazos. Y después lo ví a él, a mi salvador en mi intención de derrotar al anacrónico aparato lomense sin sentimientos tan culpógenos. Ahí estaba, era él, el negro Raimundi. Conocido paranoico de la vida política argentina, pero también un rara avis de integridad y coherencia no retórica. Y ahí sí, convencido de mis revanchas personales (una convención provincial que me destituyera por no acompañar al esposo de la chiche bombón), me permitió partir boletas en apoyar a mi partido local: la Unión Popular Lomense, limitada fractura del FG local, a mi amigo/competencia/rival el “chino”, y taparle, ya que de bocas adosadas se critica, a la muñequita cachetonga que dice que no se hizo nada. Todo esto dentro de un estado gripal sublime…

Espero que los lectores de TP disculpen mi vergonzante franqueza, pero hay revanchas y convicciones que algún día se consiguen. Los hemos terminado de fulminar, y con ello irá mi agradecimiento setetentista de por vida, a todos esos pibes íntegros que nos sorprendían y que, porque la revancha desatada así lo mando, hoy no pueden ir a votar allá, detrás del Camino Negro —color bastante apropiado para nuestro país, ¿no?

5:42 PM – Andrea Trenti y Yamila Fesser,
en el cubículo radical

Teléfono.

“Ché, quieren saber si tenemos algún dato…”, dijo la octava candidata suplente a legisladora porteña, Julia Scagliarini, que trabaja como secretaria en el Comité. “Lo que nos pasaron hasta ahora, parecería que Macri primero, Bielsa y Carrió peleando el segundo y nosotros terceros con el 5%”, respondió un hombre de treinta y pico, vestido con una bermuda beige y la camisa afuera.

Las primeras versiones comenzaban a alimentar la esperanza en el Comité Capital de la UCR. Sobre uno de los escritorios de la oficina del 5ª piso, masitas finas y porciones de pastaflora parecían engañar las ansias por los posibles resultados.

Un chico de pelo largo, vestido de jogging y remera, llegó al lugar y se presentó: “soy del Comité 23, vengo a buscar las planillas”. El hombre de bermudas le dió algunas hojas que iba despidiendo la impresora. Algunos candidatos llegaban. Otros se retiraban y volverían más tarde. Los empleados estaban desde la mañana expectantes por lo que sucedería a partir de las 18.

“Dentro de un rato me hago una manzanilla” dijo Julia. “Para mí un tilo” agregó el de bermudas.