Carrió I, el hipertexto | CFK I: ADB | Bielsa I (y Batman 0) | Los Soprano y el sentido de las proporciones | 1. Preparativos | 2. Siete Desayunos | 3. Las Primeras Mesas | 4. La Siesta | 5. Listas, Razones y Boletas (faltan) | 6. Las Primeras Cifras | 7. Relevamiento de Catering | 8. Porno Abierto | 9. Clímax | 10. Aftermath | |

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4. La Siesta
Gli Uccelli
23 October 2005, 17:16

2:20 PM – ¡Schmidt perseguido!

No.

Me dieron la dirección donde voto, en la comisaría 23 de Gurruchaga y Santa Fe, frente a El Galeón. Un personal civil de la policía me atendió mejor de lo que me atendieron en toda mi vida en negocios recién inaugurados.

Pero no.

Regreso a casa, empujado por los santos. Y abro el buzón del correo y leo la peor de las noticias después del fracaso en Bahía de los Cochinos. Es una cédula de la justicia notificándome que debo ser presidente de la mesa 4740 donde precisamente voto en Armenia 2200. ¿Cuándo me lo dejaron? Seguro que ayer después de mediodía, porque el buzón lo abro siempre. Un poco tarde.

Escuché en la radio a las ocho y media de la mañana que estaban demorando gente en las escuelas para hacerlos compulsivas autoridades de mesa. No puedo ser autoridad hoy. A las cuatro estoy en el Intercontinental, en el subsuelo, en la baticueva que funciona de comando electoral por hoy, de Cristina K y Rafael B. No puedo jugar al ciudadano involucrado en el acto electoral.

Mi intención entonces es: ir a votar a las tres y media cuando arranque para el Intercontinental con mi camisa rayada de algodón con acetato ceñida, que me marca los hombros trabajados en el teclado. Si veo alguna pretensión de ser detenido o demorado, empiezo a correr para la puerta y no voto y que se vayan a cagar.

De última ya voté dos veces esta mañana. En dos escuelas donde fui a ver “si yo estaba” acepté testimoniar para los bocas de urna. Por lo tanto voté dos veces a Carrió para diputada nacional, y una vez a Milcíades Peña y otra a Fernando Vaca Narvaja para legisladores. (Ojalá entres, Vasco; la revolución del crique al Concejo).

¿Por qué les importa tanto saber qué nivel educativo alcancé?

¿Eso me dará patente de qué? Ponéle que el gobierno descubra que pierde en todos los sectores que fueron a la universidad. ¿La van a cerrar? ¿Le van a seguir negando presupuesto?

Hablé ya con alguna gente K, esta mañana. Hay pánico.

2:39 PM – Lucía Otegui, en terreno peronista.

Me tocó votar en la escuela Malvinas. Ciudad Evita, La Matanza. Después de quince minutos de cola afuera del edificio entramos para hacer otros tantos adentro.

Una mujer flaquita de unos treinta años discutía con la presidenta de mesa y con la fiscal general. El problema: faltaban boletas de un partido y esta mujer quería que la presidenta se hiciera cargo de la situación. La presidenta negaba que fuera su trabajo y la fiscal general también; ese era el trabajo de los fiscales de cada partido. La mujer decía “son todos unos ineptos”; la fiscal “cuando seas fiscal general me contás, chiquita”.

Un hombre con pinta de mafioso se paseaba por el pasillo de las mesas de mujeres. Tenía una carpeta que decía Frente Justicialista y saludaba melosamente a las integrantes de cada mesa. Las que esperaban para votar se indignaban por su presencia, decían: “¿qué está haciendo un hombre acá? Esto no puede ser”. Pero al fin y al cabo todas pasaron. Nadie quería perder más tiempo.

Boletas de Cristina y de Chiche no faltaban. Del Ari, en cambio, no había ni boletas ni nadie dispuesto a reponerlas. Una chica que salía del cuarto oscuro se ofreció para buscarlas, pero la presidenta se negó a acompañarla. Ahí terminó el asunto. Si alguna pensaba votar al Ari, dos opciones: cambia el voto o se pelea y gasta toda su energía con gente que no está interesada en responder. Cada uno elige.

4:05 PM – Brener lee el diario
durante la siesta.

Hay un silencio bastante profundo que permite escuchar a unos nenes jugando en el pasillo de una casa que está acá a cuatro cuadras. En la computadora, el ventilador parece una máquina de congelar el tiempo. Volvimos de votar hace bastante y es la siesta santiagueña en plena capital, esto.

En el Página de hoy salió una cosa de Alejandra Dandan. Está armada como un mosaico o matriz de doble entrada: de un lado los candidatos a diputados (por alguna extraña razón que habría que investigar no están los candidatos a senadores) y del otro preguntas “por fuera” de la campaña. La idea es interesante, pero no deberían considerarse algo por fuera sino algo bien adentro, profundizarse un poco más y publicarlo todo un poco antes: quién sabe si esta tendencia podría modificar decisiones y entonces modificar las encuestas previas y entonces modificar las decisiones que se modifican con las encuestas. A los candidatos les preguntan por los libros y publicaciones que leen, las películas que ven, qué radio escuchan, si hacen psicoanálisis, si tienen obsesiones, qué les gusta comer, qué vino les gusta y, como preguntas para subir el rating, si fuman marihuana y si pagaron por tener sexo.

Las respuestas no son demasiado reveladoras, pero deberían permitir sacar algunas conclusiones, más o menos obvias en algunos casos, quizá no tanto en otros.

En primer lugar, Macri tiene casi cero rasgo de humanidad: no toma alcohol, hace gimnasia todas las mañanas, una ensalada es suficiente comida, no contesta si pagó o no por tener sexo, dice que escucha radio en el auto “haciendo mucho zapping” y que “se informa a través de internet.”

Dice que hace psicoanálisis religiosamente.

El más humano de todos, curiosamente, parece ser Facundo Suarez Lastra. Ya se ve en la longitud de sus respuestas, que son algo más que “afirmativo” o “negativo” o un nombre pelado. Acepta algunos renuncios: aunque se declara lector, dice que desde que empezó la campaña lee solamente informes; en el rubro obra de teatro que vio recientemente admite que la mujer le sopla el nombre de la obra que vieron, admite haber pagado por sexo y fumado porro, aunque diga que solamente pagó la primera vez y que nunca fue fumador de porro habitual, en fin, aunque no sea el amigo perdido de uno, suena a persona.

El otro que es un personaje de película es Patricio Echegaray. O quizá sea el Hombre Nuevo, qué se yo. Terminó el Código da Vinci y volvió a leer la teoría de la evolución de Darwin. Vio Iluminados por el fuego y le pareció muy valiosa, hizo psicoanálisis solamente ante situaciones puntuales que lo hicieran sentir su necesidad. Lee el Granma, hace bicicleta marca Revolution. Y ante la pregunta de si lo hace por salud o por coquetería responde: “pero qué pregunta difícil…”

Los últimos afiches a los que les presté atención en la campaña son los de Echegaray. Vale la pena comentarlos, porque los afiches de la izquierda siempre parecen estar contestándole a alguien, más o menos como los perros ladrándole a la luna. Hay unos bastante chiquitos, de Patricio Echegaray, y tienen dos consignas exclusivamente.

No saber si tus hijos van a estudiar, eso es inseguridad.”

No saber si vas a tener trabajo, eso es inseguridad.”

Como el PRO sacó una serie de consignas que rezan “eso es Pro”‚ (de las cuales ya hablamos aquí en TP), entonces Echegaray —que ya afanó con el nombre del partido o agrupación al llamarlo “Frente Amplio”— copia el argumento intentando retrucar. Uno sospecha que lleva las de perder, no sólo por mirar una encuesta o por estudiar su desempeño a lo largo de los años que hace que se presenta a elecciones, sino por su estrechez de miras al elaborar este par de slogans. No solamente son poco imaginativos y basados en el discurso de aquellos a los que se oponen, sino que además se acercan mucho a cuestiones filosóficas más profundas, eludiéndolas cuidadosamente porque harían pensar demasiado al rozar cuestiones tan medulares. ¿Qué pasa si en los slogans se reemplaza “inseguridad” por “la vida”? La cuestión se pone espesa, sin dudas. Y apuesto a que Echegaray tiene muchas menos explicaciones en ese caso, y que su slogan se le vuelve en contra.

Volviendo a la nota de Dandan, hay coincidencia en la película que mencionan Lilita, Bielsa y Macri: La Caída.

4: 14 PM – Mariano Man,
en Hertzlia

Desde el Medio Este reporto que muy pocos argentos fueron a votar a la coqueta embajada argentina en Israel ubicada en la no menos concheta ciudad de Hertzlia, a unos 20 kilómetros hacia el norte de Tel Aviv.

La concurrencia al acto electoral a distancia no fue masiva por varias razones:

a) Porque el embajador Atilio Molteni detesta a los pobres y no le abre la puerta a cualquiera.

b) Porque en Israel el domingo es un día laboral y los pobres deben trabajar.

c) Porque los pobres no tienen Internet y no se enteraron que hoy se votaba.

d) Porque los que se enteraron recuerdan que son pobres en alguna medida gracias a algunos o todos los candidatos.

e) Porque no hay salame picado fino para meter en el sobre ya que el fiambre es Kasher. Y si hubiera, los pobres hubieran preferido morfar antes que votar.

Entre una ola de calor desconcertante y el acuerdo de paz que no llega los saluda un ciruja israelita en traje de periodista.