Carrió I, el hipertexto | CFK I: ADB | Bielsa I (y Batman 0) | Los Soprano y el sentido de las proporciones | 1. Preparativos | 2. Siete Desayunos | 3. Las Primeras Mesas | 4. La Siesta | 5. Listas, Razones y Boletas (faltan) | 6. Las Primeras Cifras | 7. Relevamiento de Catering | 8. Porno Abierto | 9. Clímax | 10. Aftermath | |

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2. Siete Desayunos
Gli Uccelli
23 October 2005, 11:21

6 AM – Quintín desayuna primero.

El día amaneció templado con algo de bruma. En la ciudad, la gente se levantó temprano para votar. Si bien no se elige presidente, es un asunto sensible para la población la posibilidad de plebiscitar al oficialismo, que piensa extender su período en el gobierno alcanzando más de un 50% de los votos.

Estoy en Viena, donde hoy hay elecciones municipales. Los hospitales, la educación, el transporte, los teatros, el seguro de desempleo funcionan, no hay homeless ni chicos pidiendo limosna en la calle ni secretarios de cultura que no han leìdo un libro, estilo Gustavo López. Los socialistas quieren seguir administrando esta ciudad de altísima calidad de vida como ocurre desde 1955. No es imposible, sin embargo, que en su lista de candidatos al parlamento haya gente como Jorge Coscia. No los conozco a todos.

Atención, cuando la gente va a votar no le sellan la libreta. No logré entender cómo hacen para que la gente no vote dos veces. Puede haber fraude.

7:32 AM – Brener,
en Buenos Aires

Hace rato que no tenía pesadillas. En este caso se trata de un casamiento que se celebra de día en una especie de oficina llena de computadoras. Hay gente que recorre las mesas bailando tango como si mendigaran algo y todo es tan aburrido que en determinado momento me quedo dormido en un sillón. Cuando me despierto miro la hora y es el horror: son más de las diez de la noche y no solamente debe haber terminado el acto eleccionario, sino que además las proyecciones deben estar definidas y Schmidt me debe estar puteando por haberlo dejado clavado en el comité de Cristina, y me doy cuenta de que me perdí todo. Ahí me despierto.

Voy y prendo la tele. Canal nueve parece el siete: hay nenes que doman terneros mañosos, que después resultan ser cebúes chiquitos, y el siete no transmite nada. El otro canal que pone algo es el 13: personas que navegan incansablemente en sprayette. Esta especie de porno es de circulación libre. No solamente en canales de aire sino a cualquier hora, porque son las siete de la mañana, y mi computadora dice que alguien en algún lugar del mundo está buscando si tengo discos de John Cale.

10:15 AM – Semán, en Brooklyn,
desayuna con el manto de Evita.

En Nueva York, donde todo empieza una hora después, aun faltan las barriadas del conurbano, los votos del interior y el escrutinio de los votos impugnados. Lo que no falta es la sensación de domingo electoral, gracias a la generosa colaboración del New York Times y su prohombre en Buenos Aires, don Larry Rohter. Si uno se levanta temprano, compra el diario y lo abre mientras se toma el primer cafe con media luna, bagel, o similar, lo primero que va a encontrar en la página tres es una enorme nota sobre las elecciones. ¡Vamos Argentina Carajo!

“En la Elección Argentina, Hay Dos que Pelean Para Llevar el Manto de Evita”.

Las dos son, obviamente, Cristina Kirchner y Chiche Duhalde. O no tan obviamente, contando que el mismo diario escribió mas o menos la misma nota cuando emergieron Graciela Fernández Meijide y Elisa Carrió en su momento. Y mas generalmente, cada vez que una mujer tuvo alguna relevancia política en América Latina desde 1952.

De todos modos, no está mal como nuevo servicio, un diario diseñado de acuerdo a las necesidades de cada lector. Voy a espiar el diario de mi vecino, a ver si su página 3 es sobre Puerto Rico.

10:58 AM – Se levantó Schmidt!

Voy a ir a tomar la leche a Piacere, leer los diarios y luego una cuadra para Armenia y votar en la escuela municipal. Me hacen feliz las elecciones, aunque un poco menos feliz que las canciones francesas que pone Raffo en los podcasts. Estuvimos tratando ayer de pescar el humor social con el gobierno. No logré encontrar a nadie que los vaya a votar. Me da un poco de pena, bueno, pena es fuerte, me da otra cosa cuya palabra no se me viene. Es decir, siempre calculo así: si el promedio de los políticos fuera como Bielsa, el mundo sería mejor. Pienso lo mismo de Felipe Solá. Pero, Rafael se pierde mi voto esta mañana porque es el candidato de Kirchner: voy a votar a Carrió. A Lilita la conocí en su casa de Barrio Norte, una tarde que me recibió en enagua metida dentro de la cama, con dos veladores prendidos a los lados de su cama matrimonial sin matrimonio.

Lilita era una mujer franca en el año 2000. “Me maté con salamines anoche —me dijo desde su cama— y me cayeron mal”.Fue mi primer off con un político con resaca de embutidos. No el primero que me recibe en la cama. Años antes Carlos Perette me recibió en su habitación del Savoy con un calzoncillo largo del que se le escapaba el pito y me hizo sentar en posición yoga en una punta de la cama, mientras él hablaba sentado de igual manera en la otra punta. Tenía más de ochenta años y los botones del hotel lo odiaban porque los llamaba a cada rato para pedirles desde vasos de agua hasta peines, siendo que era pelado y tenía canilla en el baño. Sí, estaba completamente loco, al final de la vejez.

La empleada de Lilita me acercó una silla y hablamos un rato. Tenía la cama llena de papelitos de bar y en las mesas de luz, pilas de libros. Pero no recuerdo de qué hablamos, o sea por qué fui a verla. Pero, claro, me quedó el cuadro. Al rato llego Raúl Alconada Sempé, que era su link con Raúl Alfonsín y Freddy Storani. “Mudo, pasá, pasá”. No me acuerdo más, ahora la voy a votar porque es la mejor manera de votar en contra del gobierno acá en capital. Nunca la voté. Ojalá que siga Lavagna.

11:18 – Palvis, en la provincia:

Tengo gripe y votaré a Maffei. Quiero que se me vayan ambas lo antes posible.

11: 35 AM – Vanina Spataro,
con resaca de bautismo.

Noche del sábado, en un bar de Palermo con Maike, una directora de cine alemana que me dice: “Ah, disculpen, esto sí es ser tercer mundo”, respecto a la veda alcohólica a partir de las 12.00 de la noche por las elecciones de mañana.

Bebía con ella, tratando de borrar las huellas que me dejó la misa del bautismo de un sobrino hoy a la tarde; la iglesia democrática y pluralista (entiéndase solamente en lo formal) donde varias familias llevan al mismo tiempo a bautizar a sus hijos. Y después todos aplauden el ingreso de esos niños sin conciencia al mundo de Cristo.

Me despierto hoy, algo aturdida después de tomar todo lo que pude antes de la veda y me acuerdo enseguida de las palabras de Maike. Tercer mundo: ¿Cómo un ciudadano mayor de edad con plena conciencia para elegir a sus legisladores no es considerado un adulto para decidir si bebe o no la noche anterior?

Los niños en el bautismo son llevados por sus padres y abuelos para ingresar a la gran familia cristiana sin ser consultados porque obviamente todavía no son capaces de tomar esa decision. El cura mencionaba ayer esta “imposición”, pero no se atrevía a afirmar que en realidad es mejor para la Iglesia que de entrada los bebés estén dentro de la gran familia cristiana que enfrentar la chance –remota— de que alguna vez desearan entrar.

Y yo, adulta capaz de tomar decisiones, me encuentro en la encrucijada de tener que elegir a un candidato que me represente en el Congreso. No pareciera haber conflicto aparente. ¿Pero quién me representa? ¡AJÁ!

En un rato estaré en el cuarto oscuro, que tiene luz, con una larga lista de boletas . Tomaré ahí la decisión sobre cuál candidato me representa menos peor.

Envío a Kino, con quien comparto domicilio, la dirección de su escuela para ir a votar y me pregunta, ¿por qué no votamos en la misma?

—Es que hombres y mujeres votan en diferentes mesas.

Alguien será capaz de responderme por qué los bebes en la iglesia no tienen diferencia de sexo ante Cristo, pero sí hay diferencias de sexo en las mesas votación.

12: 36 PM – Piro, indeciso.

Ya en el diario y todavía no desayuné. Creo que voy a votar en blanco. O mejor: voy a seguir las elecciones desde el diario y probablemente no me vaya de aquí. En la práctica, el voto, en la Argentina, dejó de ser obligatorio hace rato. Las multas para quienes se rehúsen a ejercer su derecho es el chiste del día. La “sanción” está fijada en un máximo de 500 pesos argentinos, una cifra que no tiene traducción en la actual moneda. De modo que puedo hacer frente a eso con comodidad. Pero es probable que después de desayunar cambie de opinión. Ya veremos.