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Horson Güels y las Ovejitas
Gli Uccelli
Feb 6, 2009

Loco, cómo le pegan a la izquierda acá. No sé, los leo y me pongo contento, siento que existo. ¿La derecha no dice boludeces? ¿Qué les parece la propuesta de Banca offshore para la Argentina que hace Jorge Ávila? ¿Es la homosexualidad una estrategia de penetración en la Argentina del marxismo internacional? ¿Tiene algo que ver con eso el que, al decir de Daniel Artana en mejores tiempos, la economía es una ciencia acabada? ¿Mariano Grondona es un intelectual de fuste? ¿Pegarle a la izquierda es cool?

Dice Fabián, de no se sabe dónde. No. Pegarle a la izquierda no fue nunca cool, salvo en ámbitos muy acotados —mormones, sindicalistas, republicans, amish— o bajo condiciones paradójicas de opresión —URSS, Cuba— en las cuales la izquierda dejó de ser izquierda para convertirse en Máquina Mephisto. No leemos a Jorge Avila. ¿Qué más? Ah, la estrategia de penetración. No estamos muy seguros de nada ahí, pero parecería que una cosa no tiene que ver con la otra. Aunque es cierto que cada vez que hablamos en un tono más o menos crítico del gobierno (¿de izquierda? ¿eh?) nos llueven mails acusándonos de putos. “Trolos”, “putitas”, “viejitos gays”, nos dijeron la semana pasada, por meternos con Horacio González. Todo puede ser.

Por suerte, nuestra conversación de desayuno sobre González y la biblioteca también mereció aclaraciones y comentarios menos salvajes. Hubo de todo tipo, desde uno de Gustavo Nielsen que juzgamos apócrifo y por lo tanto omitimos, pasando por lo más críptico (“Che, HG ¿es Horson Güels?”) hasta lo bien documentado, cortesía de Christian Rodríguez:

La idea de Gonzalez ni siquiera es original, sino que es una versión “literal” del origen de la editorial Penguin. En 1935, a Allen Lane se le ocurrió la idea de que un buen libro debería costar lo que cuesta un papel de cigarrillos, no más. “Lane believed that high-quality contemporary fiction should be made available to all readers and sold at a reasonable price, not just in traditional bookshops but also in railway stations, tobacconists and chain stores.” El resto de la historia está acá

Un amigo de Vinassi (?) en abierta solidaridad con Schmidt, comentó en referencia a Viñas:

Uyyy, ¡y yo que me creí un subnormal! Efectivamente, Viñas es ilegible. Confieso haber leído, de punta a punta, “De Sarmiento a Dios”. Imposible. Sólo el whisky pudo permitirme ese extraordinario ejercicio de voluntad. Nunca en mi vida volveré a leer nada que escriba ese sujeto.

No fue el único mensaje alentador para Schmidt (y está muy bien que sigan llegando, a ver si consiguen hacerlo escribir más dailies). Suelen ser de gente que leyó el Palermo Manifesto, como Adrián Savino, de Córdoba:

Compañeros de TP, sólo para contarles algo sobre el libro de Esteban. Resulta que mi viejo cumplió 62 hace unos días. Entonces me dije: voy, hago el esfuerzo de comprarme un Palermo Manifesto, lo leo, y luego decido si da para regalárselo al papi o no. Finalmente decidí regalárselo. La dedicatoria fue: “Viejo: éste es para reír y/o llorar. Y seguro que para no aburrirse”. Entre lo que me dejó la lectura, les cuento de una íntima revelación. Hace unos 16 años estaba en una clase de no me acuerdo qué materia de Comunicación Social de la UNC. Desde el fondo del aula, alcanzaba a ver en un televisorcito a Oscar Landing, que a su vez tenía a su lado otro televisorcito, en el que mostraba cosas y después las comentaba. Entre el murmullo del aula y el audio horrible del tape, no se escuchaba nada de lo que decía Landing. Entonces, para matar el aburrimiento, le comenté a una compañera que eso que veíamos parecía un tipo que intentaba vendernos un televisor. Y ahora, leyendo a Esteban, me vengo a dar cuenta de que ese chiste quizás fuera menos tonto de lo que creí todos estos años.

Llach, por su parte, fue responsable indirecto del mejor mensaje de la semana. Vino de Haukeland, Bergen, y está firmado por un tal Diego Valle:

Me encantó la cena. El pescadito con puerro y otras verduras que preparé ayer y volví a calentar hoy. Y me dió placer también leer lo de pato y de que la carnicería era un banco. Yo me salvé de la carnicería, no sé como. O sí, porque cuando fui a la entrevista de trabajo todavía no había aprendido a mentir. Esa zona de traslasierra y su gente me impresionaron muy bien hace unos 3-4 años cuando estuve turisteando. No me encontré con ningún personaje conocido. Pero sí con personajes sin grandes historias para contar pero que hacen historia en la vida de uno. Recuerdo especialmente a Doña Rosita, bajando, al pueblo en su mula, los jueves, para vender sus quesos y tejidos. Y a la suave Beatriz, que nos servía la comida por las noches.  En fin, me gustó la cena y me gusta leer las historias de sus páginas. Keep up the good work! :-)

Con emoticón y todo, como le gusta a Schmidt.

Dejamos para el final las buenas sorpresas de la semana. Le damos la palabra a Raffo, en el Booking Department, para que explique:

Nos llegaron dos discos de goma. De Goma, con mayúscula, el joven ombudsman del peronismo que nos quiere aunque seamos cipayos. La primera sorpresa es que están muy bien, cada uno de esos dos discos. La segunda sorpresa es que (después de escucharlos unas cuantas veces) confirmamos que están mejor todavía. Es decir: que la combinación del primero (Semana Santa, acústico y song-driven) con el segundo (Los Niños y Los Locos, una suerte de jam session desprolija pero con arreglos osados que le hacen bien a los oídos) promete un futuro mejor tanto para Goma como para nosotros, si en algún momento ambas cosas se funden en una sola. Como nota aparte, a título personal, debo decir que estos discos son casi lo único que me sostiene en mi intención dialoguista con portadores de esas pulsiones que me parecen lo peor de la Argentina. Tal vez esas cosas (pros y contras del peronismo, el nacionalismo, la bandera) no importen, o importen menos de lo que uno cree, y la pasión con la cual se las defiende o ataca sea sólo una indicación de que, bien encarrilada, puede servir para hacer buenos discos que son, en última instancia, lo que nos salva la vida.

Del mismo autor:
Fuegos Artificiales
La última Navidad
La bella y graciosa moza
Arenero: China ataca Kamchatka
Car Crash
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo


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