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El Castellano Correcto
Gli Uccelli
Oct 27, 2008
Perdón por la demora, pero compromisos contraídos con anterioridad nos obligaron a trasnochar el fin de semana. En NY abrió The Atheist. Una delegación de TP fue a verla. Les gustó. Y en Londres, Branagh y Stoppard reciclaron Chejov. Otra delegación (mixta) de TP asistió al estreno de Ivanov, y también les gustó. Después todos nos quedamos durmiendo hasta tarde y no hubo tiempo para el comentario que ambas obras merecían, ni para ninguna otra cosa. Pero no nos olvidamos de nada, y ya empezamos a ponernos al día con la entrega de un Bono TP por valor de 75 pesos a Godley & Creme, que respondió correctamente a la pregunta sobre James Coburn gritando “My Pension!”

Godley & Creme no fue el único en responder “Hudson Hawk”, pero nos dimos cuenta (tarde, como siempre) de que las dos variables ofrecidas hacían demasiado fácil la revelación via Google. Podríamos habernos escudado en nuestro propio error para declarar desierto el premio y quedarnos con la plata, pero no, cómo vamos a hacer eso. Gana Godley & Creme, por haber elegido semejante seudónimo. No podemos creer que alguien, a esta altura, se acuerde de los Godley & Creme originales.
Pasando a cuestiones menos gratas, e internándonos en territorio semi-daily antes de volver a las cartas, no podemos dejar de mencionar en estas líneas un artículo que publica hoy Página 12, firmado por una persona de quien no hablamos nunca: Sandra Russo. Si pueden léanlo entero, pero en principio parece que el problema central del universo radica en las elecciones semánticas de la oposición en Argentina. Nos interesa poquísimo la oposición en Argentina (nos interesaría si hubiera, pero lo que hay no califica). Nos interesan mucho, en cambio, las elecciones semánticas. Dos palabras, en este caso, que Sandra Russo denuncia como inaceptables, paralizantes, impropias para la discusión:
“Trampa” y “robo” no permiten ninguna discusión.
La discusión, por si cabe alguna duda, es esta, siempre según Sandra Russo:
La discusión propuesta, necesaria e intelectualmente honesta que se propicia es sobre el rumbo que queremos que tome el país. Es una discusión legítima. Pero reclama argumentos, posiciones políticas claras, castellano correcto, serenidad discursiva.
Con Hudson Hawk fresco en la memoria, obtuvimos fácilmente otros dos artículos anteriores de Sandra Russo. Uno se llama La Trampa y el otro La Trampa Patriarcal. Nos pareció que buscar “robo” ya no hacía falta. Tampoco hay que ensañarse.
En cualquier caso, es evidente que ella puede usar esas palabras y otros no. Parece que se acerca la redistribución del lenguaje. Excelente oportunidad, pensamos, para recordarle a Raffo su promesa de hablar con Sandra Russo, evitándonos así entrar en modo el modo monólogo en público que ya nos tiene un poco cansados. Tarde. Raffo ya lo había intentado, infructuosamente. El mail de Raffo a SR salió hace tres semanas, y decía esto:
—————
Buen día.
No sé bien cómo empezar esto — “querida sandra russo” suena ridículo, preferiría poder poner “dear miss russo” o alguna de esas fórmulas que en otros idiomas se mantienen en el tiempo, pero en castellano “señora” o “señorita” suena tremendo. En España dirían “Doña Russo”, que es mucho peor.
De todos modos: hola, hace tiempo que te debo una carta de lectores. No una específica sino una cualquiera. No sé bien por qué. Intenté explicarlo en semi-público hace poco y me salió tan mal que alguien lo leyó y me pidió que no lo hiciera. Aclaro, ya que estamos, que esta comunicación será tan pública o privada como vos prefieras, y que para mí es un experimento, que también hago en público porque mis posibilidades de producción son limitadas —todo esto lo hago, digamos, en mi tiempo “libre”— y porque, al fin y al cabo, lo que más me importa, mucho más que la confirmación de disenso o la posibilidad de acuerdo, es defender la actitud de sentarse a hablar con los demás, en contraposición a la tendencia cada vez más acentuada de hablar solos, PARA los demás, sin escuchar a nadie.
Si lo que te debía era una carta cualquiera (y si intento seguir el buen consejo que me dieron de ser menos didáctico y más atento a las necesidades de los otros), tu contratapa de ayer en Página es una buena oportunidad. Recién la leo ahora, domingo a la mañana. Confieso que no te vengo leyendo con la constancia que haría falta para determinar un pattern, un elemento común que me produzca esa mezcla de irritación e inquietud que siento a menudo al leer tus notas. Evidentemente, debe haber algo en lo que estamos de acuerdo. Si no hubiera puntos de acuerdo en lo que escribís, ni me calentaría (me habría cansado de leerlo, a esta altura). Los párrafos pre y post-rucci en la nota de ayer son un buen ejemplo. Pero hoy también hay algo que no me cierra, y si me apuraran para que lo identifique diría que es una especie de salto sospechoso e innecesario entre categorías y niveles de análisis: como si hubiera un punto intermedio de sentido común que te salteás, oscilando así entre dos extremos: uno elemental, básico, indispensable para escribir (convenciones, el castellano, etc) y otro bien sofisticado que a menudo asume o interpreta intencionalidad y subtextos en discursos ajenos.
Lo cual está bien, qué se yo, no me opongo. Pero como esto suele complementarse con preguntas retóricas que no tienen por qué serlo, también siento la necesidad de contestar algunas. Porque lo que te salteás parece muy simple, y entonces las preguntas que hacés tienen a menudo una respuesta obvia que uno no sabe si ignorás a propósito o realmente se te escapa. Por eso quiero probar, a ver qué pasa. Tomando la nota de hoy como ejemplo:
“El crimen de Rucci es “setentista”. No se le llama “setentista” a un Falcon verde, ni a una mujer que mandó postales de Para Ti a Europa para desmentir la campaña antiargentina, ni a los morochos con lentes y sobretodo que eran servicios, ni a los policías infiltrados en las universidades que andaban con libros de Paulo Freire para hacer hablar a los perejiles, ni al señor del promedio que decía “yo, argentino”. Todo eso quedó en los setenta, pero el setentismo se redujo a una partícula de olor fuerte, a una intención soterrada, a una explicación que no requiere más palabras.”
Que yo sepa, nadie llama “sententista” al crimen de Rucci (salvo, tal vez, sus familiares, que no hablan muy bien y el otro día pidieron su inclusión “en los derechos humanos”). En cuanto a todo el resto, es completamente razonable que no se lo llame “setentista”, ¡porque no existe más! ¡Por suerte! Si hubiera hoy señoras así, como las de Para Ti, les diríamos “setentistas”. Y de hecho las hay: habría sido una buena idea sindicar a Pando como setentista, que sí lo es, pero por algún motivo tu lista se compone de elementos del pasado.
Digamos que en el medioevo tardío, nadie habría acusado de “medieval” a la idea de no usar métodos anticonceptivos. Es cuando la Iglesia lo propone HOY que uno los señala como medievales. Y es, por supuesto, la reivindicación de valores o metodologías o mitologías que uno entiende propios de otra época lo que genera el apelativo de “setentista”. Podemos discutir aparte si esto es bueno o no, deseable o espantoso, pero preguntarse por qué nadie llama “setentistas” a falcon verdes que no existen hace tiempo es una torpeza que no convive bien con el resto de ese texto…
Claro que es un ejemplo, y no alcanza, pero tenéme cinco minutos más de paciencia y fijate en esto, de una nota anterior, en la que cuestionabas el hecho de que nadie se declarara en contra de la “redistribución” de la riqueza:
“Sin embargo, a pesar de que no hay nadie en la televisión, ni entrevistados ni entrevistadores, que diga abiertamente que la “redistribución de la riqueza” es un asunto que provoca rechazo y hasta espanto, algo de ese espanto se huele en la mueca de odio, sobre todo, de las señoras caceroleras, convertidas en las porristas de la SRA. Puede pensarse con cierto fundamento que hay algo que no se dice pero sí se piensa y que se siente muy adentro, muy en la propia historia de nuestra clase media, casi en su génesis: en el diseño original de este país, los pobres cumplieron una función que la clase media no está dispuesta a que dejen de cumplir. Para decirlo brutalmente: son los que están peor.”
y después:
“Es absurdo que a esta altura todavía todos y cada uno de los que pujan para que nada cambie se dejen puesta la máscara del humanismo que nunca sintieron, de la solidaridad que nunca actuaron y de la corrección política con la que se atragantan. La “redistribución de la riqueza” aparece hoy como un falso consenso, probablemente el más falso y canalla de todos.”
Bueno, es obvio por qué no lo dicen, ¿no? Porque les da vergüenza, y/o porque sienten que perderían puntos al decirlo en una sociedad en la que, otra vez por suerte, “queda mal” decir eso. De nuevo, podemos discutir aparte si la corrección política sirve para algo o es algo a combatir, pero el motivo está muy claro, y no es trivial haber conseguido un consenso en el que aun los más ricos sientan dificultades para enunciar su propio derecho a la riqueza.
Nadie me preguntó, pero aprovecho para agregar que a mí me parece bien ese consenso, como la mayoría de los que suelen agruparse bajo la categoría de “corrección política”. ¡Claro que sería mejor si todo el universo fuera benigno, y no hubiera individuos racistas o con el ánimo discriminador que se te ocurra! Pero todos sabemos que eso no sucede, salvo en los folletos de los Testigos de Jehová. Hace 50 años cualquiera podía decir “nigger” en los Estados Unidos sin que esto le trajera la más mínima consecuencia. Hoy no es así, y a mí me parece que el mundo es mejor por eso (no TAN mejor como debería ser, pero algo es algo). También me parece que es mucho más fácil sentarse a discutir sobre la implementación de políticas que conduzcan a un sistema menos injusto si hay un consenso previo sobre que el sistema es injusto. Si nadie se anima a decir que está en contra de la redistribución de la riqueza, tanto mejor: es una oportunidad para preguntarles: bueno, si estás a favor, ¿cómo te parece que podríamos empezar? Pero no, vos querés que DECLAREN que están en contra, o querés que se conviertan y piensen eso de verdad, y querés que ese sea el piso sobre el cual construir algo en común. ¿Por qué? En principio parece imposible pedir eso, pero si lo consiguieras, ¿qué ganás? Furthermore: ¿por qué te parece que sirve acorralar a la gente, desenmascararlos? Históricamente me parece que nunca sirvió para nada bueno.
Resumiendo: lo que me inquieta es ver cómo, para decir cosas con las que a veces coincido, partís de una base “falsa” o demasiado fácil de rebatir. Cuando no estoy de acuerdo con lo que decís, ese procedimiento me irrita, porque siento que me están tratando de boludo; cuando estoy de acuerdo (como ayer) el procedimiento me abochorna, porque ofrece un flanco demasiado vulnerable que termino compartiendo por carácter transitivo. Hay algo raro en ese punto ciego (intencional o no) que pasa por alto conclusiones obvias para medio mundo, y en el hecho de que ese sea el método de fundamentar tus opiniones.
Bueno, se me hizo un poco largo, así que me voy a desayunar, con la satisfacción del deber cumplido. Si te interesa y tenés ganas y tiempo, podemos seguir conversando. Y si no, qué se yo, veré qué se me ocurre, porque la verdad que no me convence la idea de discursos-isla, todos predicando y nunca una charla más estimulante.
Saludos,
Huili Raffo
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Raffo aclara que sus referencias a la corrección política son obviamente anteriores a la sesión de arenero sobre el mismo tema. Y cumple en informar que Sandra Russo no contestó. Lo cual, en su opinión, no demuestra pero sí sugiere que a ella le importan bastante poco tanto el “castellano correcto” que reclama hoy como los esfuerzos de los demás por tratar de entenderla.
Un poco ingenuo lo de Raffo, la verdad. Lo exhortamos a que no pierda más el tiempo con quijotadas y a que trate de ser feliz sin Sandra Russo, algo perfectamente posible y ampliamente demostrado por la inmensa mayoría de la población del planeta. Ojalá nos haga caso.
Del mismo autor:
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La última Navidad
La bella y graciosa moza
Arenero: China ataca Kamchatka
Car Crash
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo
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