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No se entiende
Gli Uccelli
Oct 18, 2008

Buena parte de los mensajes de la semana fueron para felicitarnos por el debut de Casas. Muchas gracias a Alejandro Varsky, a Pedro de Lincoln, a Maxi Zwenger, a Matías De Petris y a Bel de Neuquén. Nosotros también estamos contentos. Hubo algunas objeciones a Casas — la mayoría escandalizadas y ofendidas por la frase Astiz/Kirchner, sin haberla entendido en lo más mínimo. Dato interesante: la minoría de fans de Damien Hirst (dos: José de Palermo y Raffo de East Sussex) no se ofendió para nada.

A Fede Piedras, del Once, y a Ariel Svarch, de Atlanta, dos ubicaciones culturalmente entrelazadas, no les gustó, o les cayó mal, la crónica-daily de Santiago Llach en el Colón con Tommy Ramone y sus muchachos. Dice Fede:

Ya sabemos –incluso yo, a mis 25 años, más allá de no haber vivido taaaanto como ustedes- que el mundo es una mierda y todo eso, pero, man, relajá. Matando todo parecés uno de esos republicanos salidos de Harvard o Yale que se ponen a justificar el imperio yanqui. El tiempo pasa y nos vamos volviendo bolches Ja, haceme reír, ni siquiera vos te crees esa frase.

Flaco, dejá de ir a boludeces de ese estilo y listo. Te volvés mongo por el estado actual de las cosas pero empezás el texto justificando a tu amigo porque se rompió el culo (suena horrible locu) desde pendejo para ser parte de este sistema. Encima no te gustan las caras de campo de concentración nazi de las modelos, pero tampoco dejás de sentarte en la fila uno que te consiguió tu amigo. No sólo le criticás su mundo, sino que además sos desagradecido. Para colmo, sobre el final, en esta especie de crónica programática, aspiras al descontrol, pero se me da que, entre tanta impostura, frente a la revolución francesa hubieses sido un perfecto alemán.

Durísima acusación. Pero a falta de máquina del tiempo, en TP tenemos evidencia gramatical que demuestra lo contrario. Llach no hubiese; Llach HABRIA (una diferencia que enfurece particularmente a Santiago.)

Pasemos a Ariel, que nos escribe seguido y ya es casi un ombudsman:

¿Quién te entiende, Llach? Bah, es una pregunta retórica. En realidad, te entiendo. A todos nos gusta ir a eventos para divertirnos un rato y morfar de arriba. Después, recuperando la piel de cínico comentarista de la cultura de consumo, le pegamos un poco a todo y a todos, condenamos una cultura que, de la liberación sexual sesentista –ojo: también la criticamos, pero no es lo mismo– degeneró en pornografía pública en clave doble moral. Y nos sentimos satisfechos y volvemos a casa convencidos de que seguimos siendo de izquierda, que queremos cambiar el mundo.

A veces me pregunto por qué no reflexionamos sobre nuestras reflexiones. A veces hay que ponerse las pilas y animársele a la paradoja de Russell que todos llevamos dentro. Igual predico pero no practico, eh. Habré emigrado, pero yo, Argentino.

Muchos mensajes siguieron comentando esta semana nuestro primer arenero sobre la corrección política, que publicamos la semana pasada. Ya la semana pasada habían apuntado bastante bajo, pero esta semana fue desconsolador. Omitamos aquí los más recalcitrantes, que incluyeron amenazas de violencia física y acusaciones antisemitas (la derecha zombie también nos pega, no vayan a creer, sólo que la ignoramos olímpicamente), y pasemos a otros mensajes formalmente más civilizados.

Uno fue de Boudu, un veterano comentador anónimo de la blogósfera argentina, que resume en pocas palabras décadas de lugares comunes y razonamientos hechos con las patas. Dice Boudu en su email cortito:

Lo de puto y negro no le importa a nadie. Lo único incorrecto políticamente hoy en día es la redistribución de los ingresos.

Decir que la “redistribución de los ingresos” es un concepto políticamente incorrecto nos parece miope y autoindulgente. Miope porque se basa en una evaluación bizarra de la realidad. Todo el mundo está a favor de la “redistribución de los ingresos”. Todo el mundo DICE estar a favor. Al menos en público, y de eso se trata la corrección política, de lo que decimos en público. Esto es tan así que hasta Sandra Russo le dedicó hace poco una columna entera en Página/12. (Curiosamente, en su respuesta —privada— a esa columna, que publicaremos en breve, Raffo mencionó al pasar el tema de la corrección política, y a partir de ahí nos pusimos a hablar de esto. Habrá más; stay tuned.) Lo de Boudu es también autoindulgente porque le permite sentirse parte del bando de los buenos, sentirse melancólicamente un santo, un rebelde. ¡Ah, si todos fueran como yo!

Y una más. El mensaje parece reflejar un viejo vicio del progresismo porteño: la idea de que la corrección política es de derecha, de que la corrección política es el status quo y entonces hay que ponerse en contra. Repetimos, soplando, para que quede claro: creemos que la corrección política es una emoción progresista que consiste, básicamente, en presionar para que grupos de poder dejen de nombrar y tratar a los demás como lo venían haciendo desde siempre. La corrección política es revisionismo light, reformismo semántico. Nos puede gustar o no, pero por favor no demos vuelta las cosas, porque así nadie se entiende.

Terminamos, como dicen en Página, con “otras voces” sobre el tema:

Hipocresía I
La cultura del diferente. Creo que ahí está la clave de la corrección política. No hay que fijarse en la cartelera porteña de espectáculos y en los programas de television: Hairspray, Gorda, la chica esta que se hace llamar Cumbio. La diferencia es funcional. Hay que fabricar opuestos que se legitimen en la tele. ¿Y qué pasa con la cultura de lo diferente? Genera corrección política. El gay, la obesa de cuestión de peso, el lesbianismo fashion, el puto que ponemos de panelista. Y la corrección política es alimento balanceado para la hipocresía. Y la hipocresía es la mamita de esa insólita virtud llamada tolerancia, donde no sos extranjero en ninguna parte. Un ciudadano del mundo de mierda, bah.
–Hernán Firpo
Buenos Aires

Terapia para incorrectos
Lo políticamente correcto a veces me jode. Me jode cuando lo veo como un pseudorespeto a la pseudodiferencia vendido como un admirable respeto a la diversidad. Se respeta a los que respetan las diferencias, por lo tanto no se respeta a todos, ya que a aquellos que no tienen posturas politicamente correctas, no los “respetamos”. O le damos el respeto estipulado para los “malos”, “inmorales”, los fuckin intolerantes, los realmente diferentes.

Tolerar a los maricones –ya que la elección sexual es una diferencia considerada como irrelevante entre nosotros– y no tolerar al que no lo hace, sugerirle un curso de convivencia, lo veo como querer que todos sean de alguna manera como vos. Todo bien si me das buenas causas por las cuales ser tolerante, pero todo mal si te escondés con la aceptación de la diferencia.
–Daniela Nipoti
San Fernando

Del mismo autor:
Fuegos Artificiales
La última Navidad
La bella y graciosa moza
Arenero: China ataca Kamchatka
Car Crash
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo


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