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No me detestes
Gli Uccelli
Sep 5, 2008
Como era previsible, fue Schmidt quien, al desplegar su última serie como un virus, infiltrándose en la barrita de la derecha (schmidt, schmidt, schmidt) recibió la casi totalidad del correo de la semana. Muchos elogios y pocas críticas, algunos elogios disfrazados de críticas para no perder el tono cool que a veces hace falta para que la admiración de un desconocido no suene excesiva, y una objeción extraordinaria, no tanto por la objeción en sí sino por el post-scriptum:
Encuentro bastante interesante lo que contás. Me animo a hacerte una crítica: no pongas tantas subordinadas. O sea, no expliques tres veces lo mismo y tu texto será de más facil lectura.
Por favor, no me detestes.
escribió Alberto Insúa, de Buenos Aires. Aunque a algunos nos parece una gran virtud de la prosa de Esteban, justamente, la manera en la que explica tres veces lo mismo, podemos asegurarle públicamente a Insúa que Schmidt no lo detesta. Y también que lo citaremos a menudo, cuando se nos haga costumbre terminar todo comentario crítico igual que él, algo que muy probablemente suceda.
Natalia Zuazo, de Villa Crespo, eligió el camino contrario, la celebración condenatoria:
Fuck! Basta de escribir estas cosas! Me la paso haciendo publicidad de ustedes y creo que en vez de poner Google Ads, que quedan tan feos, esta semana pueden contratarme. Ah, y sobre el post, yo estuve ahí. Por eso no voy a hacer nada más que decir yo estuve ahí. El resto lo dice Schmidt.
Y un rato más tarde, agregó:
Ah, y olvidé decir que yo ya era feliz por “haberla visto venir” y “haberme ido” y haber escapado de las garras de ese hoy secretario de redacción que nos decía que “hacer Internet no es hacer periodismo”. Pero leer lo de Schmidt me produjo una felicidad que se multiplica cuando lo releo y me confirma mi ex promiscua y hoy inteligente decisión.
La satisfacción de los ex-promiscuos no puede tener, por supuesto, un correlato simétrico en la esfera de los consumidores de noticias, porque quienes ya no las leen son libres y no se enteran, y quienes todavía las leemos no tenemos ningún motivo para ponernos contentos. Pero como bien lo expone Daniel The Floterman, de Colegiales, agudizar el calvario de los lectores de diarios no es necesariamente algo malo:
Lamentablemente, otra vez Schmidt vuelve a inquietarme. De la paz habitual de aceptarlo todo, vuelvo a inquietarme. Es verdad que en la resignación habitual podemos encontrar algo de tranquilidad como para no tener que estar pensando demasiado para que mierda estamos. Vuelvo a caer atormentado en la real necesidad o no de informar y ser informado.
¿Informado sobre qué? ¿Informado de qué?
Cómo distinguir qué nos ayuda a ubicarnos y hacernos cargo de nuestra vida y qué es simple morbo, hecho leído como ficción en dónde asumimos no poder participar, modificar, terminar.
Siento día a día una extraña sensación de enfermarme al informarme.
Siento un extraño relajo en deshacerme de todo, no hacerme cargo, dejar las palabra default, paco y De Angelis o D’elia fuera de mis ojos.
Una extraña sensación de no dejarme informar, y alegremente no tener que participar de conversaciones y discuciones con imbéciles alimentados a base de Ari Paluch.
Que hago, Dr. Schmidt? Que hago?
Que hacemos?
No es una pregunta fácil, así, en abstracto, pero estamos seguros de que alguna respuesta habrá en las próximas entregas del Primer Borrador, la semana que viene.
Más. Ni siquiera compartiendo coyunturalmente su agenda consiguió Schmidt un link de lo más rancio de la blogósfera kirchnerista, porque es gente aguerrida y con una clara idea de sus objetivos, pero algo es algo: dos comentadores de renombre (o alguien que firma como ellos) se hicieron eco de las tres entregas del Primer Borrador. Uno fue Pepe Palermo:
La verdad muchacho lo suyo es impecable. Hace pensar. No sé si estoy tan de acuerdo con la historia de los límites netos, digo que todo esté tan separado y que algo no se pueda mezclar, porque creo que justamente lo que un humano debe ser es una mezcla, no un periodista, o un padre o un pintor (lo digo en mi género) sino todo junto y todo lo que fuere, pero hace pensar lo suyo, porque en esta mezcla viene la banalización y lo banal no es broma, lo banal, tal como se lo utiliza, se ha convertido en la herramienta precisa para ocultar a lo profundo de la vida y lo profundo de la vida transcurre también en la superficie con la injusticia, en el dolor de los hospitales mal equipados, en los maestros mal pagos y en el fondo económico de todo ello, que lo llamamos fondo porque cuesta más verlo y porque la vida nos trascurre como más en superficie porque es lo que aparece como algo casual y no relacionado.
Y no se la hago larga en el fondo ya que lo mío es una felicitación.
Y el otro es un lector que responde al wainfeldiano nick de “Escriba”, que empezó tranquilo (“Me gustó. Que sigan los éxitos.”) y a los dos días ya se puso desagradable:
Siga. (¿Se hizo realidad mi deseo y ya se fugaron otros que escriben en el blog de Schmidt ante la patente realidad de que no les salen textos tan potentes como estos?)
Es que la potencia es muy importante y la relevancia del wattaje jamás fue comprendida por el progresismo blanco, con sus parlantes Tannoy y sus pequeños amplificadores Rega. Por suerte Schmidt es un tipo generoso y nos deja escribir en su blog aunque no cantemos todos igual que él.
El último mail que recibimos fue de Raffo, a través de la Intranet de TP. Tapado por cajas de cartón en su nueva casa, nos pidió permiso para publicar acá lo que en su opinión no amerita un daily, pero nos dijo que “si no lo menciono me voy a sentir mal el resto de mis días”:
Todavía me duelen los dedos por haber puesto a mano el link a rambletamble en medio de la Oda a Artemio que oficia de intermezzo amable en la tercera parte del Primer Borrador. Porque en mi opinión ese blog es el peor uso posible del recurso “Internet”, tanto en la forma como en, precisamente, el uso. Lo de la forma es obvio: nada, ni siquiera la posibilidad (que consideré) de que Artemio tenga setenta y cinco años, puede atenuar el carácter ofensivo de ese template genérico de Blogger modificado con recuadritos con bevel. Es lo más feo que vi en mi vida, más feo que los sites de sectas monstruosas compuestas por una persona sola, esas páginas que se quedaron en el 95, con fondo gris de Netscape; más feo que el site de la Hermandad Teosófica Luciferiana, que por lo menos tiene a la señora esa que te mira fijo. Desidia y desprecio por la herramienta, un uso sin sensibilidad ni cariño ni nada, papel para envolver las papas. Ni hablar de la música.
Pero peor que eso es el hecho de que el blog de Artemio parece ser, curiosamente, el recurso que le permite disimular la flagrante contradicción en su doble condición de encuestador y agitador, una contradicción que, me parece, es tanto o más objetable que la falta de rigurosidad terminal que Esteban denuncia cuando habla de los chistes en los diarios de Lanata. No me importa ni me escandaliza demasiado lo que haga Artemio López con su vida (y, de hecho, estoy bastante de acuerdo con el artículo que escribió hoy mismo en, justamente, Crítica); lo que quiero decir es que sin el blog, Artemio es Moreno. O, mejor dicho, Moreno es Artemio sin Creedence. La humanización del perrito y el rock nostálgico está ahí, bien calculada para que el tipo pueda oscilar entre su papel de termómetro oficial y sus llamados momentáneos a los Comandos del Orden Negro sin hacerse cargo de nada. Todo vale. Y entiendo que Schmidt pueda sentirse hermanado con Artemio en su persistencia anti-ibarra y (mal que me pese, con todo el dolor del mundo) en su amor a la patria, que seguimos sin saber qué es, porque no puede ser lo mismo, no hay forma de que sea lo mismo cuando Esteban habla con él y cuando habla conmigo. Pero podemos humanizar a todo el mundo. Todos tienen perrito. Lanata no sé si tiene perrito, pero Lanata puede ser Tucker si uno quiere, ¿por qué no? ¿Por qué las maniobras cuestionables del patriota son más aceptables que las empresas fallidas del individualista genérico? ¿Cómo estamos midiendo? En cualquier caso, aun coincidiendo en lo de la “movilización afectiva”, tengo que decir que la mía, cuando abro el blog de Artemio, sí estoy seguro de que es cualitativamente distinta a la que experimenta Esteban. La mía es un escalofrío, entrecerrando los ojos antes de que cargue, como cuando uno se acerca a la escena de un accidente, con pedazos de persona o de animalito desparramados por el piso.
Por favor, no me destestes.
Del mismo autor:
Fuegos Artificiales
La última Navidad
La bella y graciosa moza
Arenero: China ataca Kamchatka
Car Crash
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo
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