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Noventismo y Militancia
Gli Uccelli
Aug 16, 2008
Terminada la segunda semana, empezamos a encontrarle la respiración a los dailies, la velocidad que nos permitirá trotar sin ahogarnos ni parar cada cinco minutos para recuperar el aliento. Necesitamos encontrar eso, un piloto automático: si cada día es el día más importante de nuestras vidas, nuestras vidas no pueden durar mucho. (Hay una escena muy buena en Office Space donde el personaje de Ron Livingston, en terapia de grupo, dice que cada día de su vida es un poco peor que el anterior, que cada día odia un poco más su trabajo y está marginalmente un poco más deprimido. ”¿Se dan cuenta?”, les dice a los compañeros de terapia. ”Cada día es el peor día de mi vida”.)
Empecemos. El daily semi-nostálgico de Hernanii generó respuestas igual de semi-nostálgicas. Hay algunos que, tras una década de resistencia, admiten haberse rendido, como Javier Minetti, de Rosario:
A mí, los 90 post- Soda Stereo me dejaron un síndrome fatal que hace que hoy escuche sin tapujos a La Oreja de Van Gogh a todo volumen y con la frente alta ante el paso de mis vecinos.
O, a medias, Condesa Short, de Londres:
Me encantó el post. Quizás porque como chica rockera también me he negado a dejarme llevar por la diversión y bailar esas canciones. (…) Hoy recorrí las tres cuadras desde la salida del subte hasta la oficina cantando a viva voz Mirala, miralo, de Alejandra Guzman
Otros se pusieron a pensar sobre los ’90 y su propia vida en aquellos años, que en el fondo un poco de eso se trataba el daily. A algunos, como a Jonás Gómez, les dio culpa:
Este daily me quedó rebotando en la cabeza. Siempre me genera una sensación contradictoria pensar y hablar de los noventas. Por un lado está la cuestión social, toda la gente que perdió y todo lo que ya se dijo una y mil veces. Eso lo sé: no glorifico los menem-days de ninguna manera.
Pero en retrospectiva me doy cuenta de que, aunque no fui uno de los que viajaron a Miami, no la pasé mal. Esa década la relaciono con el ocio cultural y la información; en esos años descubrí los libros de Anagrama, cierta música, algunos lugares de capital. Tengo el recuerdo muy marcado de la transición que se fue dando cuando apareció el cable, internet y toda esa ola de data internacional que daba la impresión de que era fácil formar una comunidad internacional de gente con intereses similares.
Me genera una cuota de culpa bastante considerable pensar hoy en esos términos. No sé si estaré validando años de superficialidad dura sólo por el hecho de haber adquirido objetos bonitos.
Fede Piedras, del Once, le dice a Hernanii que “es posible imaginarte viviendo una juventud snob y aburrida” y hace un pronóstico similar para la próxima década:
Es probable que dentro de diez años alguien de mi generación esté diciendo lo mismo que vos ahora, pero sobre la cumbia.
Ángel Eléctrico, de Santa Fe, admite que él también durante su adolescencia fue un “fundamentalista musical”. Lo dice con nostalgia, porque ahora no sabe de dónde agarrarse:
En esa época por lo menos nos dábamos el lujo de mantenernos firmes en una postura quizás absurda pero –y sobre todo– contraria al mainstream (aunque para materializar esos ideales consumíamos simplemente otros productos igualmente masivos). Ahora, entre las capas de significado que se pretenden esclarecedoras de la actualidad (no menemista, pero ista al fin), ¿con qué actitud nos separamos del resto? ¿De dónde tomamos el alimento cultural? ¿De Página/12? No creo. Los años nos acercan paulatinamente al Zizek que llevamos dentro.
Recibimos varios comentarios entusiastas sobre la primera entrega de lo que promete ser otro ciclo chino de W. H. González. Citamos uno: J.P. Chirinos, de Recoleta, le dice a W.H. que el suyo
es el primer artículo que leo sobre China que no es una colección de Wikipedia o la contaminación de Beijing.
Elogios recibió también el daily de esta semana de Llach. Algunos, como Franco de los Santos, con menciones a su carrera solista:
Menos críptico que en Monolingua, con varias frases para ponerlas en un cuadrito.
Juan Agustín, de Belgrano, le pidió menos populismo a Santiago, que en un momento dudó de que todos los lectores de TP supieran quién era Fogwill:
No me esnobees, querés. Acá más o menos todos conocemos a Fogwill. Y a los que no lo leyeron, seguro que alguien se los contó. (De Roland Barthes: “¿Tengo que leer a Hegel? Si ya me lo contaron”.)
Acá nos gustó el daily de ayer de Raffo: ecos del TP de 2004-2005 empiezan a despegarse de las paredes y a tener vida propia. Si bien hubo partes que no entendimos (por culpa de él, no nuestra), nunca pensamos que alguien iba a venir a correrlo por izquierda –o derecha: a esta altura ya es imposible saber– y decirle, como le dijo un tipo que firma como El Tipo, que lo que dicen Gargarella y Amartya Sen es viejo y no es ninguna novedad porque ya lo dijo, hace 200 años… Simón Bolívar.
El Tipo dejó un link con las pruebas, que leímos por la mitad y después abandonamos, con un poco de culpa, pero no mucha.
También nos escribió Julieta Mortati, vieja amiga de la casa, que no sabe qué pensar todavía sobre The South Downs:
Los videitos son como los textos, cambian la perspectiva, son un collage esquizo de la nada y todo, que me copa. Pero después pensé que quizá se expongan demasiado, no sé si me gusta que aparezcan ustedes porque quedan determinados. Prefiero imaginarlos.
Mortati viene leyendo con una semana de atraso, y entonces se refirió también al primer daily de Raffo, con el cual fue implacable al principio y generosa después. O al revés:
No sé, Raffo, eso de la militancia, no nos peguemos a eso, es viejo, no son tus interlocutores, no es gente que te haga pensar, es como seguir hablando de descongelar heladeras. Ese discurso y estética Filosofía y Letras me parece de cuarta, porque para hacer “la revolución” no hace falta ponerse pulóveres con llama o las chicas, polleras de bambula, ya está, lo entendimos. Y bueh, yo no me voy a pelear con ellos si no lo entienden, que cada uno se ponga lo que quiera y diga las cosas que mejor lo representan, después no los llevamos a Broccolino ni en pedo. Lo que sí, acá los “militantes” parecen ser los únicos que tienen en la cabeza que hay que cambiar las cosas. Lo malo es que miran al pasado de una manera que no es la China de los Ancestros y bla bla bla. No sé cómo miran al pasado. Pero “los militantes” son casi los únicos, creo que también la iglesia, que se meten a las villas para jugar con los niños y tomar mate con sus madres. Yo ni en pedo me tomo un tren a José León Suárez para dar apoyo escolar y ellos sí. O sea, acá la pobreza no da más, te juro y cada vez estamos todos más lejos, que es lo más triste, y ellos van y se meten, y después de haber visto nenes con mocos de barro toda la tarde, es obvio que se aferren a una causa, sino se quedan solos.
Es difícil no coincidir con cada una de las cosas que dice Mortati en ese párrafo, pero convengamos en que es imposible estar de acuerdo con todas juntas. Por ejemplo: si los “militantes” (categoría que no imaginábamos tan vigente) dan para tanto, entonces sí te hacen pensar. Raffo acota que, por una de esas casualidades, en este mismo instante está descongelando su heladera, tratando de descubrir qué tipo de alimaña eligió la parte de atrás del artefacto para morir electrocutada (¿un ratón?) Y que está leyendo Poor People, de William Vollmann. Dos motivos por los cuales no va a haber más remedio que seguir hablando del tema.
Del mismo autor:
Fuegos Artificiales
La última Navidad
La bella y graciosa moza
Arenero: China ataca Kamchatka
Car Crash
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo
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