Gacitua en MDQ #1: Sin cash pero con los Coen
Juan Francisco Gacitua
9 11 2009 - 02:28
¡Ah, pero si es Mar del Plata! Baby Jane dice que todavía es Clase A, vidriera de nuestro país al mundo, que supo albergar a Truffaut y hace unas horas le reservó un asiento del Auditorium a Adriana Aguirre.
De las páginas de un trabajo práctico que defendí en un oral hace no mucho tiempo, salían algunas reflexiones determinantes sobre el festival: que basta del maquillaje pobre que es la opulencia estética, que si la ciudad no le da bola, que qué pretender de ajenos, que hay que mantener al staff (y así mantener el perfil propio del evento), que tiene que ser una presencia constante para la comunidad local y no un campamento de relax del INCAA. El recorte presupuestario parece haber logrado milagros: “Las estrellas son las películas”, dijo dos o tres veces el carismático Martínez Suárez; o nuestro intendente, contando que se extienden proyecciones al puerto, al barrio Los Pinares y a la ciudad de Batán, en una ceremonia inaugural que no fue proselitista, larga ni embolante.
Es posible que, por las malas, las cabezas parlantes se hayan dado cuenta de que queremos buenas películas, sobre todo. No se siente muy bien, pero si este fuera el camino hacia un crecimiento un poco más ordenado y consistente del festival, puede aceptarse. Pero esto no podría concretarse si se mantienen las fallas de organización de siempre, presentes ya en el primer día, comenzando desde la mañana: algunas acreditaciones demoradas, se escuchó, lo cual es aceptable, usual, pero salí horrorizado de la sala de prensa con el nuevo sistema de entrega de entradas: sólo puede pedirse 1 (una) entrada para 2 (dos) funciones por día, elección que hay que comunicar en mostrador para esperar que en el cubículo de atrás se prepare el pedido. Ya en la noche, está bien, te puede pasar que en la película de apertura el audio esté desfasado, pero estaría mucho mejor si la ceremonia pudiera no ser un quilombo de gente caminando por toda la sala, parada a los costados de la platea misma, empleados del teatro pidiéndote que te corras para un lado y empleados de canales de televisión, que te corras para el otro.
No le pido al festival espectáculos colosales, o que me acerque a las grandes estrellas (un paseo por el vestíbulo del teatro me permitió reportar la presencia de personalidades de la talla de un Gustavo Garzón hecho mierda, Campanella, la ya mencionada Aguirre y el empleado de la fotocopiadora del colegio donde hice el polimodal), o que sea Cannes: sólo quiero que no pretenda aparentar que todo eso está sucediendo.
Película número 1: A Serious Man (no la vi entera). Muchas coincidencias respecto a la película inaugural del año pasado: misma desconfianza, misma ubicación en la sala, mismo periodista sentado al lado (quien quiera que sea, me alegro de que esté bien, recuerdo que llegaba al festival anterior después de una operación bastante grossa, según le contaba a un amigo), el mismo abandono antes del final. El año pasado The Hurt Locker me aburrió soberanamente, y A Serious Man no logró demasiado. A esta altura ya no se sabe si los Coen hacen sufrir a un personaje, y deshumanizan a todo al que esté a su alrededor porque algo bueno va a pasar y se viene una buena película, o simplemente de Von Triers que son. Humor seco y poco feliz con mejor destino en alguna serie, con actores conocidos por las series (Richard Kind, el primo de Larry David en Curb Your Enthusiasm y Simon Helberg, Howard en The Big Bang Theory). En la hora de filme, que tuve que dejar para llegar a tiempo a la función de la película sobre la que escribo a continuación, bastantes situaciones entre Wes Anderson y Napoleon Dynamite, con quién sabe qué final. Lo importante es que no me importa mucho, no se tomen muy en serio este párrafo, o no se tomen en serio a la película y bájenla cuando llegue el R5, al menos.
Película número 2: All Tomorrow’s Parties. ¿Podrá ser que esta película me cuente algo sobre qué es estar en el festival (del mismo nombre) que documenta? ¿Un poco más de información concreta sobre su origen, su desarrollo a través de los años, su filosofía? No esperen nada de eso. Caouette prefiere atacar los sentidos antes de llenarnos el cerebro, y la película misma se convierte en un recital. Grandes películas musicales hay a raudales, pocas son las que, como mi Biblia personal que es Stop Making Sense, lleven el rock and roll a su cine preferido. Se trata, en definitiva, de un compendio de filmaciones de recitales del festival, momentos de los artistas y los fans, y algunos segmentos de archivo, combinados, superpuestos y distorsionados a piacere. Catarata de momentos musicales y juveniles, de belleza indescriptible, que colman expectativas, dan ganas de aplaudir al final de las canciones, y hacen que la película sea una de las bandas indie que la retrata: joya secreta, que cuesta difundir, explicar y hacer gustar, y a la que Pitchfork le pondría un 9.2.
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