La preantena - 06 (Final)
Huili Raffo
24 04 2009 - 16:48
(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)
INT./EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – ATARDECER
El ambiente adyacente a la cabina de control. Se escucha el
SONIDO de Dupont perforando la cinta de papel manualmente
en el cuarto de al lado. Tic-tuc-tic-tic.
Isadora, inquieta, sin saber qué hacer, intenta hacer andar
una bandeja giradiscos, sin éxito. Detrás, el Hombre
Globo, todavía vistiendo el abrigo de ella, revuelve una
pila de equipos electrónicos deshechos.
Isadora camina hacia el amplio ventanal que da al exterior.
El atardecer sobre la nieve es un degradé casi abstracto,
de blanco a gris, con una línea en el medio.
El Hombre Globo, se le acerca a Isadora por detrás. Se saca
el abrigo y se lo ofrece. Ella lo rechaza gentilmente. El
insiste.
HOMBRE GLOBO
“Refresca a la noche.”
Ella se pone el abrigo sobre los hombros. Los dos miran por
la ventana en silencio durante un momento.
El Hombre Globo extrae una pila de papelitos de un bolsillo
y tímidamente, ofrece uno a Isadora.
Isadora mira el papel: es un volante publicitario de “SUME
PUNTOS Y VUELE”, anunciando el gran evento de entrega de
premios.
El Hombre Globo extiende un bolígrafo ante Isadora.
HOMBRE GLOBO (cont’d)
“¿No me firma?”
Isadora apoya el papel sobre la ventana. Duda.
HOMBRE GLOBO (cont’d)
“‘Hombre Globo’, ponga. Me conocen así.”
Isadora escribe y le entrega el volante firmado: “Al Hombre
Globo, Papá de Ana, por salvarme la vida, entre otras
cosas.”
El Hombre Globo lo dobla con todo el cuidado del mundo
antes de guardarlo.
HOMBRE GLOBO (cont’d)
(re: los volantes)
“Es hoy. ¿Qué van a hacer sin usted?”
ISADORA
“Pondrán un disco.”
El Hombre Globo frunce el ceño.
ISADORA (cont’d)
Ponen un disco y cantan encima.
(tose)
Mueven la boca.
HOMBRE GLOBO
“No es lo mismo. Usted —”
(una pausa, duda)
“Yo la escuchaba todas las noches.”
ISADORA
¿Por qué?
Hablar sigue afectando negativamente a Isadora, pero ella
parece reticente a volver al modo “mudo”. El Hombre Globo,
protector, le hace señas de que no use la voz. Ella
insiste.
ISADORA (cont’d)
¿Por qué no es lo mismo? ¿Por qué
es mejor escucharme a mí que a un
disco viejo?
HOMBRE GLOBO
“Usted está ahí, cantando. Es de verdad. Se nota.”
Los dos vuelven a mirar por la ventana.
ISADORA
Gracias.
Una larga pausa.
ISADORA (cont’d)
¿Una tele no habrá, acá?
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – ATARDECER
Ana y Tomás están en otra habitación: el estudio musical de
la radio, destinado a performances en vivo. Hay un piano
semidestruído en un rincón. Tomás, que ha encontrado un
botiquín oxidado, dispone cinta adhesiva, alcohol y algodón
sobre un atril. Ana, sentada sobre una mesa, se deja
atender las heridas causadas por su reciente pelea con
Tomás, mirando para otro lado.
TOMAS
No me vas a perdonar, ¿no?
Ella no responde, ni lo mira.
TOMAS (cont’d)
Me imaginaba.
ANA
(después de una pausa)
Si me enseñabas, puede ser.
TOMAS
Si me enseñaras.
(se arrepiente de
corregirla)
¿A qué?
Ana arquea las cejas, como preguntando “¿No es obvio?”
TOMAS (cont’d)
(concediendo)
No me parece que hables tan mal.
Ella suspira, irritada. Se para, negando con la cabeza.
TOMAS (cont’d)
A ver. Enseñaras. Hablar. La
lengua va acá.
ANA
¡Ya sé, nene! Eso lo aprendo
sola.
(lo imita)
Me tengo que acostumbrarr.
(pausa)
Yo digo lo otro.
Tomás tarda unos segundos en darse cuenta de qué es “lo
otro”.
TOMAS
¡Ah, no! A cantar no.
Ella da media vuelta y se va. El la ataja.
TOMAS (cont’d)
Nos vamos a morir acá… De frío,
o de hambre — si no vienen y nos
matan antes y… ¿Lo único que te
importa es que te enseñe a
cantar?
Ana asiente.
TOMAS (cont’d)
Si nos salvamos te enseño.
Tomás, dando por terminada la discusión, empieza a guardar
los elementos del botiquín.
ANA
Si nos salvamos no vale.
El la mira sin entender la lógica de esa afirmación.
ANA (cont’d)
Si no nos salvamos quiero cantar,
antes. Una vez, aunque sea.
Una pausa. Los dos se miran en silencio.
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – NOCHE
Dupont “traduce”. Vemos sobre la mesa la cajita de cartón,
completamente agujereada, inservible. Dupont camina de un
lado a otro con los auriculares puestos. La cinta de papel
pasa rápidamente por su mano; él la perfora con los dedales
sobre su palma, lastimándose. El origen de la marca es
ahora evidente.
Isadora está apoyada en el vidrio que la separa de la
cabina de control, mirando a Dupont del otro lado. Tomás y
Ana se le acercan.
TOMAS
Mamá…
ISADORA
Ahora no, Tomás. Después.
TOMAS
Después no, Mamá. Ahora.
Ella señala a Dupont, del otro lado del vidrio, indicando
sus prioridades. Tomás niega con la cabeza.
TOMAS (cont’d)
Después vas a querer saber qué
dice — la cinta, la traduccion —
y si no dice nada te vas a
asustar y si dice algo también y
seguro que nos vamos a tener que
escapar otra vez y hacer más
cosas y…
ANA
(re: Dupont)
Le faltan como dos horas, además.
Es la primera vez que Isadora escucha hablar a Ana; la
vemos reaccionar de manera acorde.
TOMAS
Yo te dije. Habla.
Isadora se agacha, extendiendo su mano hacia Ana.
ISADORA
¿Cómo puede ser?
ANA
Aprendí sola.
INT. CANAL DE TELEVISION – CABINA DE CONTROL – NOCHE
Vemos el estado del AUDITORIO desde distintos ángulos, a
través de varios monitores de TV: Sobre el escenario, un
cartel de leds luminosos reproduce cíclicamente una lista
de nombres con sus correspondientes puntos (i.e.: Catalina
Velázquez — 254.300 Puntos, etc.). Las gradas están casi
llenas, y sigue entrando gente.
La mirada del Sr. Arbos está fija en otros monitores, que
muestran gráficos de medición de rating en vivo.
El Sr. Arbos se da vuelta, encarando al Dr. Illich, que
está a su lado, tomando una copa de una bandeja que le
ofrece un EMPLEADO de catering.
SR. ARBOS
“Está todo el mundo mirando. Todo el mundo.”
DR. ILLICH
“No se puede posponer, ¿no?”
Mirada fulminante del Sr. Arbos (“¿A usted qué le
parece?”).
DR. ILLICH (cont’d)
(termina su copa)
“Tengo todo listo pero sin la voz
de ella no puedo hacer nada.”
El Sr. Arbos, sacudiéndose el pelo con ambas manos, camina
hacia un rincón de la habitación, como una fiera enjaulada.
El Dr. Illich lo sigue.
El Sr. Arbos respira hondo, tratando de calmarse. Chasquea
los dedos para llamar al empleado de catering.
SR. ARBOS
(al Dr. Illich)
“¿Necesitamos que hable, ella?”
DR. ILLICH
“Necesitamos la VOZ.”
En un movimiento veloz y calculado, el Sr. Arbos toma al
empleado de la nuca y lo empuja hacia el piso. La bandeja y
su contenido caen al suelo. El Dr. Illich retrocede,
asustado.
El Sr. Arbos presiona con su rodilla el estómago del
empleado. Sin soltarlo, extrae su cortador de habanos. El
empleado se queja sin emitir ningún sonido.
SR. ARBOS
(al Dr. Illich)
“¿No es médico, usted?”
El Sr. Arbos entierra el cortador de habanos en el cuello
del Empleado, a la altura de la tráquea. El empleado grita
(lo escuchamos). El Sr. Arbos lo suelta.
SR. ARBOS (cont’d)
“Con un poco de ingenio voz tiene cualquiera.”
El Dr. Illich se apresura a detener la hemorragia del
Empleado con una sevilleta. Mira al Sr. Arbos, suplicante.
DR. ILLICH
“No es lo mismo. Tiene que poder cantar,
es algo que se entrena…”
SR. ARBOS
“Bueno, entréneme a alguien. Tiene tres horas.”
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – ESTUDIO MAYOR – NOCHE
Ana está sentada sobre el piano. Isadora tiene una linterna
en la mano; con la otra toca una tecla y canta la misma
nota, indicándole a Ana que haga lo mismo.
ISADORA
Laaaaaa…
ANA
(completamente fuera de
tono)
Laaaaaa…
Isadora ilumina el interior de la boca de Ana, con
curiosidad científica. Le toca el cuello. Ana la esquiva.
ANA (cont’d)
¿Podemos cantar, ahora?
Isadora intenta un par de acordes. El piano está arruinado.
Algunas teclas no producen ningún sonido, y casi todas las
más graves golpean contra basura y objetos depositados en
el interior del piano. Tomás, que está sentado al lado de
Isadora, identifica estas teclas rápidamente y procede a
usarlas en modo percusivo, generando un ritmo que invita a
Isadora a sentarse y tocar.
Un par de acordes más hasta que Isadora da con una canción
para cantarle a Ana.
ISADORA
(canta)
Ayer
estaba recordando
tu casa, mi casa
lugar
donde la luna se aburrió
esperando
cedrón
por donde el tiempo se perfuma y
pasa…
El combo Tomás/Isadora se las arregla para transformar la
deformidad del piano en una música extraña, de una belleza
insospechada. Ana escucha fascinada. A medida que la letra
de la canción se hace más sórdida, su expresión cambia, sin
embargo.
ISADORA (cont’d)
(canta)
Y al ver
que nos pusimos viejos
y estamos
más solos
siento un vals en tu piano llorar
y me pongo a pensar
si no llora de amor.
ANA
La del pato es mejor…
ISADORA
(canta)
Pudo el amor ser un nudo
mas dudo que pudo
luchando vencer —
ANA
No. No me gusta.
Isadora y Tomás dejan de tocar.
ANA (cont’d)
¿Son todas así, tristes?
TOMAS
Las buenas sí.
(atajándose, re:
Isadora)
Es lo que dice ella.
Una mirada reprobadora de Isadora a Tomás. Después, en
secreto a Ana:
ISADORA
Pero exagero.
Como respuesta a su madre, Tomás arranca con una serie de
acordes que nos son familiares. Isadora reconoce la canción
inmediatamente; mira a Tomás como para asegurarse de que él
quiere enseñarle a Ana su canción favorita, la que
comparten, la que tocaban todas las noches en casa.
TOMAS
(justificándose)
No es triste, y es fácil.
Isadora besa a Tomás en la frente y lo reemplaza en el
piano.
ISADORA
(canta, a Ana)
Cuando estás conmigo
se esfuman las tristezas
(están presas en mi pieza)
Ana se ríe, divertida al tomar literalmente la estrofa.
ISADORA (cont’d)
Cuando estás conmigo
relevo en el olvido
a todos mis amigos
Al comprobar que la primera frase es siempre la misma, Ana
empieza a cantar, mal pero con entusiasmo.
ISADORA (cont’d)
Cuando estás conmigo
la luna en la ventana
parece la mañana…
ANA
Cuando estás conmigo…
Un ZUMBIDO creciente llama la atención de Tomás, que se
levanta sin interrumpir y camina hacia la puerta.
ISADORA (cont’d)
Cuando estás conmigo
se pierde en un momento
toda noción del tiempo
ANA
Cuando estás conmigo…
ISADORA (cont’d)
Cuando estás conmigo
encuentro saludable
ser bien irresponsable…
ANA
Cuando estás conmigo…
Isadora deja de tocar al percibir el ZUMBIDO, que es ya muy
evidente. Viene de la cabina en donde está Dupont.
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – CONTINUO
El ZUMBIDO son los gritos saturados del padre de Tomás en
el final de la grabación, a través de los auriculares que
Dupont tiene puestos.
Ana, Isadora y Tomás miran a Dupont a través del vidrio.
La grabación termina. El extremo de la cinta se desprende
del carrete izquierdo y queda dando vueltas en el aire.
Flap. Flap. Flap.
La cinta ensangrentada de la teletipo deja de deslizarse
por la mano de Dupont.
Dupont, ensordecido y exhausto, no ha dejado de traducir en
todo este tiempo. Se saca los auriculares con su mano libre
y los arroja al piso.
Dupont se vuelve hacia los otros tres. Todos se quedan
inmóviles durante un momento, la vista fija en la
“traducción” — la hoja que se ha ido escribiendo en la
terminal de la máquina teletipo.
Dupont arranca la hoja del carrete, manchándola de sangre.
Lo vemos hacer el movimiento falso, instintivo, de quien
está por leerla. Pero no la lee.
La extiende hacia el otro lado del vidrio, ofreciéndosela a
Tomás.
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – NOCHE
Un momento después. El botiquín está ahora en manos de
Isadora, que hace lo que puede con las heridas que se ha
hecho Dupont en la palma de la mano; los dedales punzantes
le han desprendido toda la piel sobre la franja exacta de
la cicatriz anterior.
Tomás está sentado en el piso, con las piernas cruzadas,
sosteniendo la hoja de papel. Notamos que la ha leído antes
que los demás y que nadie ha hecho nada para impedírselo —
una suerte de acuerdo tácito reconociéndole ese derecho.
Ahora, sin embargo, todos (Ana y el Hombre Globo incluídos)
lo miran expectantes.
Tomás abre la boca para pronunciar unas palabras
preliminares que nunca dice. Lee, en cambio:
TOMAS
(lee)
Perdimos contra la plaga buscando
un virus. El virus son las
palabras. Las palabras te matan.
(para sí mismo)
Ya sabíamos eso.
(sigue leyendo)
Para no morirse hay que dejar de
hablar. Por eso la…
(duda ante una palabra
que no entiende)
¿La amnesia?
ISADORA
Olvidarse de las cosas.
Dupont mira a Isadora, observando que esto reafirma su
teoría anterior.
TOMAS
Y por eso se cierra la —
ISADORA
—la tráquea, sí.
TOMAS
(lee)
Son síntomas. La Exordia combate
los síntomas.
Tomás mira a Isadora.
ISADORA
Exordia. La medicación. Se
llamaba así.
(a Dupont)
Lo que tomé cuando estaba
embarazada.
TOMAS
Por eso hablamos, nosotros dos.
(a Isadora)
Gracias por decírmelo antes.
(sigue leyendo)
Pero aumentar la dosis no sirve.
Lo probé — mi papá probó con él
mismo, dice, y es peor.
(re: la cinta grabada)
No dice por qué es peor, pero se
escucha.
Tomás traga saliva. Toma aire. Hace una pausa demasiado
larga antes de seguir leyendo.
TOMAS (cont’d)
se puede sacar las palabras del
cuerpo. Las palabras infectadas
se quedan ahí.
(otra pausa)
No hay cura.
Tomás mira a los demás. Dobla la hoja en dos.
TOMAS (cont’d)
Ya está.
ISADORA
¿Nada más?
HOMBRE GLOBO
“¿No dice adónde ir, no dice qué hay que hacer…?”
TOMAS
Eso solo. Y ni sabemos si es
cierto.
ISADORA
Parece cierto.
Dupont asiente. Tomás señala a Ana.
TOMAS
¿Y por qué puede hablar ella,
entonces?
Esto es una sorpresa para Dupont y el Hombre Globo. Ella
los mira.
ANA
La-la-la.
El Hombre Globo mira a su hija con cierto temor. Dupont se
le acerca, extendiendo su mano sana. Ella se ataja.
ANA (cont’d)
Si no me toca el cuello, mejor.
ISADORA Y TOMAS
(a Tomás)
Por la edad, tal vez. O es un
caso aislado. Igual no sabemos si
no le va a hacer mal —
Escuchamos las cinco líneas de diálogo que siguen, de
confusión creciente, sin apartarnos de la cara de Dupont.
Su expresión cambia. Es claro que se le está ocurriendo
algo relevante.
ANA (O.S.)
Yo me siento bien.
ISADORA (O.S.)
Ahora se sienten bien, pero —
ANA
¿Y si todos los chicos pueden
hablar pero no saben?
TOMAS (O.S.)
Los que nacieron después de la
plaga, como nunca se enfermaron —
ISADORA Y TOMAS (O.S.)
Ojalá, hijo. Pero eso no
soluciona..
Dupont chifla, llamándolos al silencio.
DUPONT
“La última frase de nuevo, Tomás, por favor.”
Tomás despliega la hoja.
TOMAS
(lee)
No hay cura.
DUPONT
“Antes.”
TOMAS
(lee)
No se puede sacar las palabras
del cuerpo.
Una pausa.
DUPONT
“¿La máquina no hace eso?”
Nadie parece entender a qué se refiere.
DUPONT (cont’d)
“La máquina. Del hospital.”
ANA
No es un hospital, pero sí hace
eso. Saca las palabras de la
gente y se las pone a ese gordo
horrible.
Mediante un par de gestos cuyo significado exacto sólo él
entiende, Dupont se las arregla para transmitir lo
esencial: si les saca las palabras, y las palabras son el
problema, la máquina puede curar a la gente.
Ana, Dupont y Tomás se vuelven hacia Isadora al mismo
tiempo.
ISADORA
No, yo ahí no vuelvo.
Tomás se levanta de golpe y recoge la válvula del traje
inflable. Mira a Dupont.
TOMAS
¿Esto anda?
Dupont no tiene tiempo de responderle: Tomás corre hacia la
ventana y sale al exterior.
ISADORA
Tomás…
EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – CONTINUO
Ana, Isadora y Dupont salen detrás de Tomás (el Hombre
Globo los observa desde adentro). No nieva, pero hay mucho
viento afuera. El suficiente como para levantar nieve y
basura del piso y obligar a Isadora a levantar la voz.
ISADORA
Tomás, por favor…
(a Dupont)
Dame un buen motivo.
DUPONT
“Es justamente lo que quieren de nosotros,
y si funciona…”
ISADORA
¿Y si no? ¿Quién me asegura que
no me van a matar después? ¿Quién
le —
Isadora se dobla hacia adelante en un ataque de tos. Se
tapa la boca con la manga de la camisa. Dupont intenta
sostenerla, pero ella lo rechaza, dándose vuelta.
Tomás se ha detenido unos pasos más adelante y examina el
traje desinflado.
Al comprobar que tomás sigue ahí, Isadora enfrenta otra vez
a Dupont. Vemos una mancha negra en la manga de su camisa.
Isadora niega con la cabeza. Ana se interpone entre ella y
Dupont.
ANA
¡Si funciona se cura todo el
mundo! ¿No es un buen motivo ese?
Una pausa durante la cual la actitud de Isadora se ablanda,
no para coincidir con Ana sino para excusarse con una
honestidad dolorosa:
ISADORA
No les debo nada, nena.
Para Ana, es una respuesta tan horrenda como inesperada.
Isadora lo percibe.
ISADORA (cont’d)
Es la verdad.
Tomás se les acerca, arrastrando el traje desinflado,
completamente al margen del tono trágico que ha adquirido
la conversación. Le muestra la válvula a Dupont.
TOMAS
¿Anda o no anda?
Dupont responde con un gesto que indica: “Si lo arreglo,
sí.” Respuesta suficiente para que Tomás siga arrastrando
el traje en dirección a la radio. Antes de entrar por la
ventana se vuelve hacia los otros tres.
TOMAS (cont’d)
¿Un buen motivo? Yo tengo. Acá no
hay nada. No se puede vivir así.
Hay que volver a casa. Otra
manera de volver no hay.
Tomás entra a la radio. Vuelve a asomarse, señala a Isadora
y agrega:
TOMAS (cont’d)
Pero tiene razón. No tiene que ir
ella, tengo que ir yo.
Ante la expresión atónita de los otros tres, concluye:
TOMAS (cont’d)
Ella se tiene que curar, también.
EXT. CANAL DE TELEVISION – TECHOS – NOCHE
Una semiesfera inflable, cual estructura geodésica, asoma
por una gran abertura cuadrada en el techo del edificio. La
rodeamos descubriendo el cielo estrellado, de manera que
parece casi una toma obtenida en el espacio exterior: la
semiesfera un planeta, las estrellas más atrás.
A medida que retrocedemos vemos el techo abierto del cual
la semiesfera emerge y arriba, acercándose, una esfera más
pequeña…
Es Dupont quien desciende en el traje inflable del Hombre
Globo, cargando a Tomás sobre sus hombros. Dupont y Tomás
aterrizan sin demasiado esfuerzo sobre la terraza del
canal. Vemos ahora también la punta de la gran ANTENA que
atraviesa todo el edificio.
Tomás se desata del traje antes que Dupont. Se acerca a
espiar hacia abajo, por la abertura.
POV de Tomás: el auditorio, abajo. La semiesfera inflable
no es otra cosa que la parte superior del ENORME GLOBO
AEROSTATICO cuya canasta se encuentra debajo del escenario
central, lista para emerger revelando al ganador. El
auditorio está repleto.
Dupont agarra a Tomás del brazo.
DUPONT
“Entramos y salimos juntos. No como la vez pasada…”
ANA
La vez pasada el que se separó —
DUPONT
Shh!
(le tapa la boca)
“No se habla. Hasta que yo diga.”
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – CONTINUO
En el escenario: El mismo Dúo Patético que vimos en el bar,
entusiasmados por presentarse ante tal cantidad de público.
Maquillados y vestidos de manera acorde con el evento,
hacen playback sobre una de sus viejas canciones
puertorriqueñas.
DUO PATETICO
(playback)
A mi me llevan de noche
cuando me dan un paseo
pues dicen que soy muy feo
pa’ llevarme en un gran coche..
El Sr. Arbos fuma sin parar al lado del escenario. Mira los
carteles anunciando los nombres y sus puntos, después su
reloj pulsera. Se agacha hacia la cortina roja que cae a
los cuatro lados del escenario elevado, ingresando en…
El cubículo subyacente al escenario.
Es un ambiente despojado, similar a los que habitualmente
hay debajo de cualquier escenario, con dos
particularidades:
La canasta del globo aerostático, ubicada justo debajo de
una trampa corrediza por la cual, entendemos, ascenderá
cuando el globo se eleve.
Un montacargas, al que el Sr. Arbos se sube. Desciende.
INT. CANAL DE TELEVISION – DEBAJO DEL AUDITORIO – CONTINUO
El Sr. Arbos se baja del montacargas, que conduce
directamente al depósito donde el Dr. Illich ha improvisado
su laboratorio para la ocasión. Volvemos a ver la red de
máquinas que vimos en el hospital, aunque dispuestas a
mayor escala. Todos los cables conducen a lo que no puede
ser sino la base de la enorme antena que vimos en el techo.
El Sr. Arbos pasa por al lado de las máquinas y se dirige
hacia un rincón poco iluminado. Escuchamos unos GEMIDOS
sordos a medida que nos acercamos.
El Dr. Illich está inclinado ante una mesa sobre la cual
yace atado UN HOMBRE. Una intensa lámpara ilumina los
instrumentos quirúrgicos del Dr. Illich. No vemos bien lo
que está haciendo, ni querríamos verlo, tampoco.
El Dr. Illich se vuelve hacia el Sr. Arbos y niega con la
cabeza en un gesto de derrota.
DR. ILLICH
“Hay que decidir algo.”
SR. ARBOS
(mira hacia arriba,
luego su reloj pulsera)
“Ya decidí. Me voy a pegar un tiro, ahora,
a las diez y cuarto.”
Alguien GOLPEA la puerta. Los dos vuelven la cabeza hacia
una de dos puertas, que están situadas en extremos opuestos
del lugar.
GOLPEAN otra vez. Luego, alguien SILBA la cortina musical
del canal, del otro lado de la puerta.
El Sr. Arbos abre la puerta. Dupont avanza, apuntándole a
la cara con su pequeño revólver. Tomás está agarrado de la
otra mano de Dupont. Cierra la puerta.
SR. ARBOS (cont’d)
(aliviado)
“¡Dupont!”
DUPONT
(re: un sillón en el
medio del salón)
“Sientesé ahí y haga lo que dice el chico.”
SR. ARBOS
(retrocede un paso)
“No creo.”
El Sr. Arbos presiona algo en el interior de uno de sus
bolsillos. Oímos un TIMBRE sonar en la habitación contigua.
La puerta de la pared opuesta se abre y entra Vera, la mamá
de Ana, seguida por Ivo que le apunta a la cabeza con una
pistola.
Dupont no baja su revolver, pero tampoco puede disimular su
sorpresa. El único que no parece afectado por la tensión
creada por las armas es Tomás, que mira a Dupont con
desconcierto.
TOMAS
¿Y si hablamos, mejor?
Dupont niega con la cabeza.
TOMAS (cont’d)
(a Dupont)
Odio esto.
(a Ivo)
¿Qué me importa, la señora?
Matelá si quiere.
Vera cierra los ojos. Dupont presiona con fuerza la mano de
Tomás.
DUPONT
“Es la mamá de Ana.”
TOMAS
Ah, no la mate, entonces.
(a Ivo, re: la pistola)
Deme eso.
Nadie se mueve. Tomás se vuelve rápidamente, quedando en la
línea de fuego entre Dupont y el Sr. Arbos. Apoya su frente
contra el revólver.
TOMAS (cont’d)
A ver. ¿Tiene que ser así? A mí
me da lo mismo.
Tomás toma el revólver en sus manos, todavía apuntando a su
frente.
TOMAS (cont’d)
Mi mamá no vino. Me manda a mí.
Ivo consulta con la mirada al Sr. Arbos, que asiente. Ivo
baja el arma.
TOMAS (cont’d)
Mejor.
Tomás agarra también la pistola de Ivo y se acerca al Sr.
Arbos portando ambas armas.
TOMAS (cont’d)
Hagamos así: la señora se va…
Nadie contradice a Tomás, pero Vera no se mueve, paralizada
por el miedo y la sorpresa extrema de escucharlo hablar a
Tomás.
TOMAS (cont’d)
(a Vera)
¡Se va, dije!
Vera huye. Tomás introduce prolijamente la pistola en el
bolsillo del saco del Sr. Arbos y le devuelve el revólver a
Dupont.
TOMAS (cont’d)
(al Sr. Arbos)
Nadie mata a nadie y yo hago lo
que usted quiere. ¿Qué le parece?
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – NOCHE
En pantalla de TV: Lluvia de video, rayas verticales
ondulantes.
Ana, Isadora y el Hombre Globo en la antesala de la radio.
Parado al lado del viejo televisor que ha encontrado entre
los escombros, el Hombre Globo mueve una pequeña antena
improvisada con una percha, tratando de captar la imagen.
ESCUCHAMOS, aunque bastante mal, el número musical del Dúo
Patético.
ANA
Papá…
HOMBRE GLOBO
Shh!
Ana se le acerca. Le habla despacio, como a un chico.
ANA
¿No hay una antena enorme afuera?
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – CONTINUO
La canción del Duo Patético termina. Moderado aplauso del
público.
La Chica de los carteles (quien anunciara a Isadora en sus
presentaciones televisivas) da una vuelta por el escenario
portando la frase “¡OTRA! ¡UN TEMA MAS!”, que es leída por
todos en las grandes pantallas de video.
Mínimos, aislados aplausos. El Dúo Patético arranca con el
bis forzado, con su habitual inexpresividad.
INT. CANAL DE TELEVISION – DEBAJO DEL AUDITORIO – CONTINUO
Todo está preparado para la TRANSFERENCIA.
La disposición de las máquinas es similar a la que vimos en
el hospital, con la diferencia de que es Tomás y no Isadora
quien se encuentra en la camilla vertical.
El Dr. Illich da vueltas a la camilla, tratando de ajustar
las abrazaderas y los cables al cuerpo de Tomás. El Sr.
Arbos, ya instalado en el sillón con todos los tubos
puestos, lo mira, impaciente.
DR. ILLICH
(excusándose)
“No está pensado para chicos, esto.”
TOMAS
(re: Dupont)
Porque lo hizo él. No le gustan
los chicos.
Dupont está atado a una silla, a un costado del cableado,
bajo la mirada atenta de Ivo. Señala la camilla con la
cabeza:
DUPONT
“Ajústelo de atrás.”
El Dr. Illich le hace caso. El Sr. Arbos termina su habano
y lo apaga aplastándolo con su zapato, con nerviosismo
creciente. Mira a Dupont, que le rehúye la vista.
El Dr. Illich se instala ante el tablero con letras y mira
al Sr. Arbos: están listos.
El Sr. Arbos aspira y exhala un par de veces. Mira a Tomás.
Se saca los tubos. Mira a Dupont.
SR. ARBOS
“Está bien, Dupont. Dígame qué gana, usted.”
Dupont no lo mira, ergo, no le escucha. El Sr. Arbos se
para, con los tubos colgando y le tuerce la cara hacia él.
SR. ARBOS (cont’d)
“¿Por qué volvieron?”
TOMAS
No gana nada. Volvimos porque
está bien. Porque es lo que hay
que hacer.
SR. ARBOS
(a Tomás, con calma)
“No creo que tengas la menor idea
de lo que vamos a hacer.”
TOMAS
Sí tengo. Le vamos a sacar las
palabras a todos y se las vamos a
poner a usted.
El Sr. Arbos no disimula lo certeras que le parecen estas
palabras.
TOMAS (cont’d)
Ellos se van a curar y usted se
va a morir.
El Dr. Illich y el Sr. Arbos se miran. “¿Qué?”
TOMAS (cont’d)
(al Sr. Arbos)
Las palabras hacen mal. Por eso
nadie habla.
SR. ARBOS
“Se te ve bastante saludable, sin embargo.”
TOMAS
Con los chicos es distinto. Son
palabras nuevas, creo. No sabemos
bien cómo es.
Aliviado, el Sr. Arbos vuelve a ubicarse en su silla.
SR. ARBOS
(a Dupont)
“¿Eso es todo? ¿Me iban a asustar?”
TOMAS
Es la verdad.
El Sr. Arbos mira al Dr. Illich con la intención de
descartar definitiva y razonablemente todo peligro para sí
mismo.
El Dr. Illich niega con la cabeza, indicando que lo que
dice Tomás es un disparate.
SR. ARBOS
(a Tomás)
“¿Y si es la verdad, por qué el Doctor,
que sabe tanto, y yo, que sé bastante,
no te creemos?”
TOMAS
Porque son tarados.
Como toda respuesta, Ivo y el Dr. Illich se calzan sus
equipos protectores de orejeras y anteojos oscuros. El Dr.
Illich, con un gesto, interroga al Sr. Arbos para saber si
le da o no un kit protector a Dupont.
SR. ARBOS
“Sí. Póngale, a ver qué hace.”
Dupont se deja poner los lentes oscuros y las orejeras.
SR. ARBOS (cont’d)
(a Dupont)
“No hay nada allá afuera, ¿no? No hay adónde ir.”
No hay respuesta en la expresión de Dupont. El Sr. Arbos
mira con desprecio la mano vendada de Dupont.
SR. ARBOS (cont’d)
(poniéndose los tubos)
“Me imaginé.”
El Sr. Arbos se acomoda en la silla. Espera hasta ESCUCHAR
aplausos bajando desde el auditorio.
SR. ARBOS (cont’d)
“Adelante.”
El Dr. Illich, ante el tablero, acciona los controles
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – CONTINUO
La Chica de los carteles, que subía al escenario portando
la frase “Y PARA ANUNCIAR AL GANADOR…”, Se detiene y mira
hacia arriba.
Escuchamos y vemos, en su encarnación luminosa, la VOZ de
Tomás salir de PARLANTES en el techo e inundar el recinto.
Su voz es más aguda que la de Isadora, y más potente.
La Chica cae de rodillas, sin soltar el cartel.
Vemos, de a poco, las PALABRAS salir de cada uno de los
espectadores y elevarse serpenteando hacia arriba, más allá
del techo, esquivando el globo, dando vueltas y
entrelazándose hacia la antena que las atrae.
EXT. CANAL DE TELEVISION – TECHOS – CONTINUO
La ANTENA, absorbiendo no sólo las palabras de quienes
están en el auditorio sino las de todas las personas
mirando el evento por televisión.
La ciudad atravesada, cubierta por hilos de palabras
confluyendo en la antena.
EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – EL MISMO MOMENTO
Isadora y Ana abrazadas sobre la nieve. El viejo televisor
está a la intemperie, conectado rudimentariamente a la
antena abollada de la radio. Reproduce el grito/canto de
Tomás.
Un hilo luminoso de palabras fluye en espiral por la retina
de Isadora, atraídas y finalmente engullidas por el viejo
televisor que tiene delante.
Tal vez veamos en el fondo al Hombre Globo tiritando,
espiando la escena desde el interior del canal a través de
la ventana abierta.
INT. CANAL DE TELEVISION – DEBAJO DEL AUDITORIO – CONTINUO
Tomás, con los ojos abiertos perdidos en la nada, tiembla.
Su VOZ es ensordecedora, pero ya no constante.
Los últimos chorros de VOZ salen de Tomás, atrayendo las
últimas palabras posibles de todos quienes la escuchan.
Silencio. La cabeza de Tomás cae hacia adelante, inerte.
Con la demora que implica el proceso, las últimas palabras
fluyen por los TUBOS, atraídas hacia su destino final,
entrando por la boca y por la nariz del Sr. Arbos.
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – EL MISMO MOMENTO
Silencio. Las pantallas de video reproducen la imagen de la
Chica de los carteles, inmóvil.
La Chica se para con dificultad, aturdida, aunque
manteniendo su pose y el cartel extendido:
“Y PARA ANUNCIAR AL GANADOR…”
La Chica da vuelta el cartel:
“…EL SR. ANTONIO ARBOS”.
Los ESPECTADORES también están aturdidos. Algunos miran las
pantallas de video, otros se miran entre sí, o miran hacia
arriba, o buscan cosas en sus asientos.
Alguien empieza a APLAUDIR rítmicamente. Otros lo imitan.
INT. CANAL DE TELEVISION – DEBAJO DEL AUDITORIO – CONTINUO
El Sr. Arbos ya se ha sacado los tubos de la cara, aunque
todavía le cuelgan del saco y de las muñecas. Está parado
ante el tablero con letras, terminando de tomar una botella
entera de agua sin detenerse a respirar entre tragos.
Arroja la botella al piso. Toma una naranja de la bandeja
especialmente preparada a su lado. Le muerde un pedazo con
cáscara y todo, con la voracidad que ya vimos antes en él e
Isadora. Chupa el resto de la naranja, manchándola del
líquido negro que exuda su boca. Recién después respira.
El Dr. Illich e Ivo se sacan los equipos protectores.
Notamos el APLAUSO creciente que viene del auditorio.
SR. ARBOS
(mascullando)
Usarpedirdespuésdarir…
Vemos que las letras del tablero siguen en sincro la voz
del Sr. Arbos, reacomodándose a toda velocidad para formar
distintas palabras que él piensa y dice:
usar
pedir
después
dar
ir
per sua dir
SR. ARBOS (cont’d)
¡PERSUADIR!
Es la voz monstruosa que le escuchamos en el hospital, pero
ahora el Sr. Arbos parece poder controlarla eficazmente.
Gira hacia el Dr. Illich, señalándose la cabeza, y sonríe.
SR. ARBOS (cont’d)
Hay que encontrarlas. Pero no son
palabras, son —
(gira hacia el tablero
de nuevo, murmura)
Tocadiscos…
Las letras en el tablero, afinadas ya a la velocidad del
pensamiento del Sr. Arbos hormiguean furiosamente
reproduciendo la búsqueda de palabras en su cabeza. En
fracciones de segundo leemos:
tocadiscos
dos a seis
pecados en
insecto pescado
ideas conceptos
SR. ARBOS (cont’d)
¡IDEAS, CONCEPTOS…!
(al Dr. Illich)
¡De generaciones enteras… La
civili—
El Sr. Arbos se interrumpe. Mira a Dupont, que sigue
impávido con lentes oscuros y orejeras, atado a la silla.
El Sr. Arbos le saca el equipo protector. Los dos se miran.
SR. ARBOS (cont’d)
La CIVILIZACION, Dupont…
El Sr. Arbos atraviesa el espacio que lo separa del
montacargas en dos zancadas. Entra y, antes de cerrar la
puerta corrediza, se vuelve hacia los demás terminando su
frase:
SR. ARBOS (cont’d)
Empieza hoy.
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – NOCHE
El montacargas sube, atraviesa el ambiente intermedio en el
cual está la canasta del globo y emerge en el medio del
escenario.
Un MICROFONO de pie emerge al mismo tiempo, quedando
exactamente a la altura de la boca del Sr. Arbos una vez
que éste se baja del montacargas.
La multitud APLAUDE.
La Chica, que todavía sostiene el cartel “EL SR. ANTONIO
ARBOS”, le entrega un sobre.
INT. CANAL DE TELEVISION – DEBAJO DEL AUDITORIO – EL MISMO
MOMENTO
El Dr. Illich se agacha a recoger los restos de la naranja
chupada por el Sr. Arbos. Examina el líquido oscuro que la
impregna. Mira a Tomás, que sigue inconsciente atado a la
camilla, después a Ivo.
DR. ILLICH
(re: Dupont)
“Desátelo.”
Ivo duda. El Dr. Illich le repite la orden. Mientras Ivo
obedece, destapa una botellita y la apoya bajo la nariz de
Tomás. Cuando ve que empieza a reaccionar ante el olor,
comienza a liberarlo de la camilla.
TOMAS
(reaccionando, a Dupont)
¿Funcionó?
DUPONT
Shh!
Dupont ayuda a caminar a Tomás, pero mira al Dr. Illich.
DR. ILLICH
(re: una de las puertas)
“No vayan por ahí, está todo cerrado.”
Dupont sigue mirándolo con desconfianza.
DR. ILLICH (cont’d)
“Si lo que ustedes dicen es cierto,
mejor que seamos amigos.”
DUPONT
“¿Y si no?”
El Dr. Illich mira a Ivo, que ya se ha puesto a desarmar
obedientemente los aparatos.
DR. ILLICH
(re: Ivo)
“Le echo la culpa a él.”
DUPONT
(asiente)
“Razonable.”
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – EL MISMO MOMENTO
En el escenario: el Sr. Arbos abre el sobre. Saca una
tarjeta y la despliega. Acerca su cara al micrófono.
Tose, manchando el micrófono. La tos SATURA la
amplificación disponible. Los espectadores reaccionan a la
violencia de ese sonido, pero siguen expectantes, en
silencio.
El Sr. Arbos limpia el micrófono.
SR. ARBOS
EL…
INT. CANAL DE TELEVISION – ESCALERAS DE SERVICIO – EL MISMO
MOMENTO
Dupont lleva de la mano a Tomás lo más rápído que puede,
escaleras arriba. Conoce el lugar.
Atraviesan una puerta que los conduce a…
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – CONTINUO
…el espacio que subyace al escenario.
Dupont se sube a la canasta del globo, sin dudar un
segundo.
Arriba del escenario: El Sr. Arbos ante el micrófono.
SR. ARBOS
GANADOR…
Debajo del escenario: Tomás está por subirse a la canasta
del globo cuando nota que está siendo observado por
alguien.
A través de las cortinas que los separan de las primeras
butacas, Tomás ve a un NIÑO INFIMO, casi un bebé, dando
pasos torpes agarrado a la base del escenario — el Niño no
tiene ningún interés en el evento, pero señala a Tomás al
descubrirlo.
Tomás apoya el dedo índice sobre su boca, en gesto de
“silencio”. El Niño Infimo lo imita.
Arriba del escenario:
SR. ARBOS (cont’d)
ES…
El Sr. Arbos toma aire y abre la boca. Saca la lengua, con
la boca abierta. Tose, con la lengua todavía afuera.
Abajo del escenario: Tomás asoma la cabeza subrepticiamente
para espiar lo que sucede en el escenario, a un metro de
donde están.
Arriba del escenario: El Sr. Arbos sigue parado ante el
público enseñando la lengua, que está oscurecida por el
líquido que empieza a correr ahora por su barbilla.
El Sr. Arbos se señala la punta de la lengua con el dedo,
en un gesto que podrá entenderse como “lo tengo en la punta
de la lengua”.
El Sr. Arbos se toma la lengua con la mano y tira hacia
adelante. Con timidez, al principio, extrayendo de todos
modos unos quince centímetros más de lo que cabría esperar.
SR. ARBOS (cont’d)
Hm…
Hay horror pero también curiosidad en los movimientos del
Sr. Arbos, como en quien examina su propia herida. Se toma
la lengua con las dos manos. Sigue extrayendo. No se trata
de una lengua larga sino de un órgano indefinido de volumen
creciente que apenas pasa ya por los límites de su boca.
El Sr. Arbos está extrayéndose a sí mismo en la forma de
una MASA de tejido linfático oscuro: una lengua gigante.
Debajo del escenario: Dupont aparta a Tomás del resquicio
por el cual está espiando. Se apresta a liberar el GLOBO.
TOMAS
(sotto)
No. Quiero ver.
Dupont no le hace caso. Libera los nudos. El Globo comienza
a elevarse.
Tomás se agarra de una de las tablas en la base del
escenario.
TOMAS (cont’d)
(a Dupont, sotto)
¡Quiero ver qué le hicimos!
La canasta del globo, que estaba subiendo, se
desestabiliza, quedando atrapada a mitad de camino, mitad
abajo y mitad arriba del escenario.
Algunos espectadores se paran para ver mejor. El resto
observa en el filo de sus asientos.
El Sr. Arbos mira de reojo hacia la canasta del globo que
emerge.
El Sr. Arbos intenta girar, pero ya no puede moverse: el
volumen de lengua en el escenario es equivalente al de su
cuerpo entero.
Tomás y el Sr. Arbos se miran. El Sr. Arbos deja caer los
brazos. La masa de tejido sigue fluyendo hacia afuera,
consumiendo lo poco que queda del Sr. Arbos.
TOMAS (cont’d)
(al Sr. Arbos, sin
malicia)
Yo le dije…
Habíamos pensado que Tomás hablaba bajo para no hacerse
notar, pero ahora observamos que está afónico. Se toma la
garganta.
Dupont EMPUJA hacia arriba, despegando una de las tablas y
liberando la canasta, que continúa su ascenso.
TOMAS (cont’d)
(a Dupont)
¡No!
Dupont lo toma del brazo pero Tomás salta hacia el
escenario, en dirección opuesta a la del Sr. Arbos.
TOMAS (cont’d)
(a Dupont)
Un minuto, nada más.
Tomás rodea al Sr. Arbos y baja del escenario en busca de
algo, o alguien. Recorre las primeras filas con la vista
hasta que lo encuentra.
Tomás vuelve a subir al escenario cargando al Niño Infimo,
el que lo espiaba cuando subieron.
Del Sr. Arbos sólo queda la ropa, y un charco uniéndola a
la masa linfática que oscila ante el micrófono como un
flan.
El público APLAUDE.
Habiendo liberado la canasta, Dupont está ahora agarrándose
a la base del escenario para evitar que el globo ascienda.
Le hace señas con la cabeza a Tomás, implorándole que se
apure.
Tomás corre el micrófono, apartándolo de los restos del Sr.
Arbos. Empuja la base del micrófono hacia abajo, dejándolo
a la altura exacta del Niño Infimo.
El Niño Infimo mira a Tomás.
EXT. CANAL DE TELEVISION – TECHOS – NOCHE
El globo asciende, llevando en la canasta a Dupont y Tomás.
Abajo, el público APLAUDE ante el ascenso del globo.
INT. CANAL DE TELEVISION – AUDITORIO – NOCHE
El público ha dejado de aplaudir y espera, a falta de otra
cosa, el desarrollo de los acontecimientos en el escenario.
No hay suspenso, pero sí una suerte de extraña tensión que
parecería poder prolongarse infinitamente: todos miran al
escenario, el Niño Infimo los mira a ellos.
Cuando se aburre de mirar al público, el Niño Infimo mira
hacia arriba. El globo ya no se ve.
Volviendo a mirar hacia abajo, el Niño Infimo se descubre a
sí mismo en las pantallas de video que hay en las cuatro
paredes del auditorio. Da vueltas en su lugar, sin apartar
la vista de las pantallas, con la curiosidad de quien se ve
por primera vez a través de una cámara.
El Niño Infimo se señala a sí mismo en las pantallas.
NIÑO INFIMO
¡Nene!
La VOZ del Niño Infimo es amplificada y escuchada por
todos.
El Niño Infimo sonríe, fascinado. Vuelve a señalarse, con
más énfasis.
NIÑO INFIMO (cont’d)
¡Néne!
El público mira al Niño Infimo con una curiosidad
completamente nueva. Entre ellos, una CHICA JOVEN que
estaba recogiéndose el pelo se detiene, frunce el ceño y
murmura para sí:
CHICA JOVEN
(sotto)
Nene.
EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – EL MISMO MOMENTO
No nieva, pero hay mucho viento. Isadora, que está en
cuclillas mirando la transmisión pasa la mano por la
pantalla sucia del televisor a la intemperie.
ISADORA
(para sí misma)
Nene.
Isadora levanta la vista al escuchar que Ana parece
GRITARLE lo mismo desde la oscuridad, a lo lejos.
Isadora se para, barriendo la zona iluminada con la vista
en busca de Ana.
Ana está a unos cincuenta metros, señalando hacia arriba.
ANA
¡Vienen!
EXT. DUNAS NEVADAS – NOCHE
El Globo, visto desde abajo, iniciando su descenso.
Nuestra tendencia natural a asumir que se trata del POV de
Isadora es traicionada al descubrir que no es ella sino el
Hombre Ratón quien mira el globo aerostático desde el
suelo.
Ignorante de los acontecimientos en el Canal de TV, el
Hombre ratón intenta discar un número en alguno de los
teléfonos, pero sus dedos están duros por el frío — el
Hombre Ratón está casi congelado después de días de
búsqueda en la nieve.
Sin apartar la vista del globo, el Hombre Ratón huele el
aire en un par de sus característicos espasmos. Se da
vuelta, al oir un CRUJIDO a sus espaldas.
EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA / DUNAS – NOCHE
Ana corre, iluminándose con una linterna, hacia la zona en
la que el globo aerostático está aterrizando. Isadora y el
Hombre Globo corren tras ella.
En la canasta del globo: Tomás y Dupont se miran al
comprobar que la velocidad de descenso es mayor de la que
suponían y probablemente mayor de lo que la canasta puede
soportar.
El globo baja en diagonal, desviado por el viento,
alejándose de la radio en dirección a las dunas.
Ana se detiene, sin dejar de mirar el globo.
ANA
(re: el impacto que
viene)
¡Ay!
En la canasta del globo: Tomás y Dupont se agarran,
preparándose para el golpe.
La canasta GOLPEA el suelo. La inercia la hace rodar sobre
sí misma un par de veces. Se habrían estrellado si no fuera
un globo; la parte inflable, que cae detrás, los estabiliza
mínimamente. La canasta oscila hasta quedar parada, aunque
abollada y con sus parantes rotos, sobre la nieve.
ANA (cont’d)
¿Tomás?
ISADORA
(tras ella)
¿Tomás?
Dupont se asoma, dede el interior de la canasta,
recuperándose del sacudón. Tomás hace lo mismo un segundo
después; ve a Isadora acercándose a él con los brazos
extendidos.
Tomás extiende su brazo, esperando ser ayudado a salir de
la canasta, pero los Isadora y él no se tocan. Tomás tarda
un momento en darse cuenta de que está alejándose de
Isadora.
La PARTE INFLABLE del globo ha llegado al piso y está
completamente embolsada hacia un lado, como la vela de un
barco. Los arrastra hacia la oscuridad.
Dupont mira a Tomás, tranquilizándolo.
DUPONT
“Saltamos.”
Tomás asiente, pero no salta. La velocidad de la canasta
crece. De pronto se ha convertido en un trineo a vela
conducido hacia la nada.
TOMAS
(repentinamente
asustado)
No puedo.
Dupont no tiene tiempo de convencerlo de que salte. Intenta
alzarlo para saltar juntos. Recién entonces se da cuenta de
que Tomás está sujeto a la canasta. Uno de los parantes de
metal está incrustado en la pierna de Tomás, atravesándola.
Dupont tantea el parante. Tomás niega rápidamente con la
cabeza.
TOMAS (cont’d)
Me duele.
La canasta golpea, rebotando contra las irregularidades del
piso, pero no se detiene.
Dupont lucha para incorporarse en la canasta. Una vez
parado, se agarra de los dos parantes sanos. Empuja hacia
afuera.
La canasta se DESARMA en decenas de pedazos, que ruedan
empujados por el viento y la inercia junto a Dupont y
Tomás.
El Globo desaparece en la oscuridad, arrastrado por el
viento.
EXT. DUNAS / ESTACION DE RADIO ABANDONADA – UN MOMENTO
DESPUÉS
Dupont se incorpora, aturdido. Gira la cabeza bruscamente
para todas partes. Se tranquiliza al ver que Tomás está
sentado a pocos metros, junto al Hombre Globo.
TOMAS
(al Hombre Globo)
Estoy bien, de veras. No sé si
puedo caminar.
El Hombre Globo, que sigue helándose, en camiseta después
de todo este tiempo, le extiende su mano temblorosa.
Dupont se acerca y apoya su abrigo sobre los hombros del
Hombre Globo. Alza a Tomás y lo ayuda a dar un par de pasos
tentativos.
El Hombre Globo, Dupont y Tomás (rengueando) abandonan la
oscuridad hacia la luz, a través de la cual ven las
siluetas inmóviles de los demás.
Tres siluetas, no dos.
La luz es la que emiten los faroles de la camioneta del
canal, delante de la cual está el Hombre Ratón, empuñando
su pistola/jeringa junto a Ana e Isadora.
Dupont gira la cabeza hacia atrás buscando al Hombre Globo.
Lo ve apuntándoles con el pequeño revólver de Dupont, que
estaba en el abrigo que ahora lleva puesto.
El Hombre Globo le entrega el revólver de Dupont al Hombre
Ratón. Ana no puede creer lo que ve.
ANA
¿Papá?
HOMBRE GLOBO
(a Isadora y Dupont)
“La Televisión da trabajo. Ustedes no respetan nada.”
ANA
¡Papá!
HOMBRE GLOBO
(a Isadora y Dupont)
“Y no me hagan hablar a la nena.”
ANA
¡No me hacen hablar…
HOMBRE RATÓN
(a Ana, blandiendo el
arma)
¡Tsch!
El Hombre Ratón tiembla de frío. Los mira a todos, tratando
de decidir qué hacer ahora — no tiene órdenes para esto.
Dupont nota que Tomás, en silencio, ha aprovechado estos
últimos instantes para extraer el parante incrustado en su
pierna; lo empuña ahora como un palo.
DUPONT
(subrepticiamente, a
Tomás)
“Cuidado con este que no te entiende.”
El Hombre Ratón apunta su arma a Tomás. Tomás duda un
segundo y después avanza, empuñando el parante, sin miedo.
TOMAS
No hay más Televisión.
(pausa)
No sé qué hay, pero Televisión no
hay más.
Dupont entrecierra los ojos.
El Hombre ratón DISPARA. Una milésima de segundo antes de
que un BULTO ENORME lo tire al piso, haciéndole errar.
El bulto es la CRIATURA que persiguió al Hombre Globo en la
radio. El torso del Hombre ratón le entra entero en la
boca.
La criatura sacude la cabeza un par de veces, como un perro
deforme, desparramando pedazos del Hombre Ratón hacia la
oscuridad.
La criatura alza la vista hacia el Hombre Globo y gruñe.
El Hombre Globo huye.
Dupont está aprovechando para reunirse con Ana, Isadora y
Tomás para hacer lo propio, pero los cuatro se detienen
cuando la criatura se vuelve hacia ellos, en actitud
amenazante.
La criatura avanza lentamente hacia ellos. Se acerca a
Tomás.
Tomás, que está aferrado a la cintura de Dupont (a esto sí
le tiene miedo) nota que la criatura tuerce la cabeza,
examinándolo con lo que podría incluso ser curiosidad.
Tomás y la criatura se miran.
Tomás frunce el ceño y se agacha un poco, acercando su cara
aun más a la de la criatura.
TOMAS (cont’d)
(duda)
¿Papá…?
La criatura se dispara hacia la oscuridad con la velocidad
de una lagartija.
Tomás e Isadora se miran.
Tomás corre en la dirección en la que huyó la criatura,
persiguiéndola.
TOMAS (cont’d)
(corriendo)
¿Papá?
Ana corre con su linterna en la mano, persiguiendo a Tomás.
ANA
¡Tomás!
Ana pierde de vista a Tomás.
Atravesamos las dunas con Ana, que sigue corriendo sin
parar durante un buen trecho, más de lo que le da el
aliento, hasta que se detiene.
Tomás está parado en lo alto de una formación rocosa. Vemos
su silueta contra la tenue claridad del cielo. Está
amaneciendo.
Ana se acerca a él despacio. Tomás la mira acercarse,
determinado a ver su expresión cuando descubra lo que él ya
ha visto…
LOS RESTOS DE UNA CIUDAD INMENSA semienterrados en la
nieve, abajo, a lo lejos.
Ana y Tomás se miran.
TOMAS
Massachussets.
EXT. DUNAS – DIA
Meses después. Es verano, a juzgar por la ausencia de nieve
y la ropa que Tomás y Ana, visiblemente recuperados, llevan
puesta.
No sabemos qué más ha cambiado, puesto que seguimos en el
mismo lugar (e incluso, de ser posible, en el mismo
encuadre) de la escena anterior.
Observamos que la ciudad que se ve a lo lejos sigue
enterrada en su mayor parte por gruesas capas de arena que
había bajo la nieve.
Nos acercamos despacio a Tomás y Ana, que están sentados en
las rocas. Hablan.
TOMAS
Es bruto, no es malo.
ANA
¿Qué importa? Importa lo que
hacen.
TOMAS
¡Ay, nena! El mío ni siquiera es
una persona.
ANA
¿Y qué es?
TOMAS
¿No lo viste? No sé, un bicho…
ANA
Pero te salvó.
TOMAS
No sabemos.
ANA
¿Qué no sabemos?
TOMAS
Si es él.
ANA
¿A ver la nota?
Tomás finge no entenderle.
ANA (cont’d)
La nota. La traducción.
Tomás, concediendo que a Ana no se le escapa nada, saca de
su bolsillo la hoja de papel que contiene la traducción de
lo que su padre había dicho en la cinta.
Leemos la nota con Ana: después de la última frase (“No hay
cura”) hay en realidad dos más:
Los quiero mucho.
Perdón.
Ana le devuelve la nota.
ANA (cont’d)
Gano yo.
TOMAS
Pero no le digas a nadie.
ANA
A tu mamá le digo…
TOMAS
¡No!
ISADORA (O.S.)
¿Qué discuten, chicos?
Ambos se dan vuelta hacia la voz de Isadora, que se les
acerca cargando unos bolsos. Vemos a Dupont más atrás,
reorganizando cosas en la parte de atrás de la camioneta
del canal, que se han apropiado.
ANA
(a Isadora)
Qué papá es peor.
DUPONT
(desde atrás, señalando)
“El de ella.”
ANA
(a Tomás)
¿Ves?
ISADORA
(a Dupont)
¡Nicolás!
Isadora deja los bolsos en el piso y empieza a regañar a
Dupont, pero terminan besándose, apoyados en la camioneta.
El logo del canal ha sido reemplazado por la tapa de
“Massachussets”, de los Bee Gees, pegada con cinta
adhesiva.
Los chicos miran a Dupont e Isadora besándose. Después se
miran entre ellos, tal vez considerando imitarlos. Tomás,
incómodo, hace ademán de levantarse. Ana le agarra la mano
y le mantiene la mirada.
TOMAS
(después de una pausa)
¿Cómo no voy a ir?
ANA
Lo mismo digo.
TOMAS
Alguien se tiene que quedar, acá.
ANA
¿Para qué?
TOMAS
(empieza convencido y
termina dudando)
¡Para hablar! Para — Ahora que
pueden hablar no tienen
palabras… ¿Los chicos qué
saben? ¿Cien? ¿Quinientas?
Alguien les tiene que enseñar a —
Ana, que ya había decidido, se levanta en medio de la
frase.
ANA
Que aprendan solos.
Ana se sube a la camioneta.
ANA (cont’d)
(a Dupont)
Yo voy, también.
Dupont interroga a Tomás con la mirada. Tomás se encoge de
hombros.
Isadora se acerca a Tomás blandiendo una cantimplora. Se
miran durante un segundo.
TOMAS
Can-tim-plora
ISADORA
(escéptica)
¿De veras?
Tomás asiente.
ISADORA (cont’d)
Gracias.
Isadora sale de cuadro.
Tomás, que sigue sentado en las rocas, vuelve a extraer la
hoja de papel con la traducción. La mira un momento. Se
levanta y sale de cuadro en la dirección en la cual salió
Isadora.
TOMAS (O.S.)
¿Mamá?
Nos quedamos un momento ahí, escuchando el viento, viendo
tenues ráfagas de arena oscurecer las ruinas de la ciudad
abandonada a lo lejos.
FADE OUT.
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