La preantena - 04
Huili Raffo
27 03 2009 - 10:46
(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)
EXT. DESCAMPADO SUBURBANO / HOSPITAL ABANDONADO – NOCHE
Un taxi se detiene en lo que parecería ser el vértice final
entre la ciudad y la nada — casuchas de un lado y
oscuridad absoluta del otro. Dupont y los chicos se bajan.
Dupont tantea en sus bolsillos. Se vuelve hacia Ana con la
mano extendida aceptando, finalmente, el fajo de billetes.
Ana se lo entrega. Dupont paga el taxi.
Ana espera a que el taxi haya desaparecido para señalar
hacia el lado oscuro de la calle. No se ve absolutamente
nada. Dupont y Tomás miran a Ana con un temor escéptico.
Dupont descuelga una linterna de su cinturón. La enciende.
Gira de izquierda a derecha recorriendo con el haz de luz
el grueso paredón que se alza ante ellos. No se ve entrada
ni puerta de ningún tipo.
Ana toma a Dupont de la mano y empieza a caminar rodeando
el paredón. Se detiene a los pocos metros, ante un par de
chapas apiladas. Desliza las chapas hacia un costado,
descubriendo un hueco en el paredón.
POV de Dupont, a través del hueco: la entrada al hospital
abandonado, cubierta por maleza de años. Del otro lado del
edificio podemos ver el único auto estacionado: el auto del
Sr. Arbos.
Tomás se lanza hacia adentro por el agujero en el paredón,
por el cual apenas pasa. Dupont lo toma de la polera,
deteniéndolo. Tomás obedece.
Dupont se pone en cuclillas y mira el papel que tiene en la
mano: es un rudimentario mapa del hospital dibujado por un
niño (evidentemente Ana). Dupont mira a los chicos y se
señala la boca, en un gesto que remarca la importancia de
sus palabras.
DUPONT
“Entramos y salimos juntos. No nos separamos.”
Los chicos asienten.
DUPONT (cont’d)
“Pase lo que pase, antes de hacer nada, me miran a mí.”
Tomás vuelve a encarar hacia el agujero. Dupont lo detiene
otra vez.
DUPONT (cont’d)
“Todavía no.”
EXT. HOSPITAL ABANDONADO – NOCHE
Un momento después, del otro lado del hospital.
El Sr. Arbos abandona el edificio en dirección a su auto.
Camina con dificultad, carraspeando y tomándose el
estómago. El Dr. Illich lo escolta, con un papel en la
mano.
DR. ILLICH
(extendiéndole el papel)
“Necesitamos esto para el viernes.
Y a todo el mundo mirando, claro…”
El Sr. Arbos toma el papel sin detenerse. Tose un par de
veces. Se vuelve hacia el Dr. Illich, con la mirada
perdida. Se toca la cara.
SR. ARBOS
“¿Es normal esto? ¿Está seguro?”
DR. ILLICH
“Absolutamente. El cuerpo tarda en acomodarse.”
El Sr. Arbos asiente, desorientado. El Dr. Illich lo toma
del brazo con firmeza.
DR. ILLICH (cont’d)
“Entiende eso, ¿no? Para el viernes. Sólo tenemos control
sobre quienes estén mirando televisión.”
SR. ARBOS
(sacándoselo de
encima)
“De eso me ocupo yo.”
El Sr. Arbos apenas logra llegar hasta su coche — su
malestar físico es visible. Se apoya sobre el capot. No
puede ver (aunque nosotros sí) a Dupont y los chicos
cruzando subrepticiamente el predio cerrado hacia el
hospital, del otro lado del estacionamiento.
El Sr. Arbos se incorpora, inestable. El movimiento falso
de abrir la puerta delantera del auto se le transforma en
el gesto de señalarla.
El Dr. Illich le abre la puerta. El Sr. Arbos la usa de
sostén para acercarse al asiento. Deberíamos entender que
el Dr. Illich está considerando si debe o no permitirle
manejar en ese estado.
El Sr. Arbos echa un vistazo al hospital y toma aire,
recobrándose. Habla, aunque con mucho más esfuerzo que
antes.
SR. ARBOS (cont’d)
Vamos a hablar, Doctor.
Se sienta ante el volante. Aclara:
SR. ARBOS (cont’d)
Bueno, ustedes no. Yo. ¿Pero sabe
qué…?
Después de una breve pausa dramática, el Sr. Arbos se
desploma hacia adelante, desmayado, haciendo sonar la
BOCINA con la frente.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – CONTINUO
Ivo, que estaba desarmando y guardando la serie de
máquinas, reacciona ante el SONIDO de la bocina afuera. Se
acerca a la ventana.
POV de Ivo, a través de la ventana: el Dr. Illich tratando
de hacer reaccionar al Sr. Arbos, que sigue desmayado en su
auto.
Ivo se vuelve hacia Isadora, que sigue inconsciente, atada
a la máquina-camilla. Deja los cables que tiene en la mano
y sale de la habitación.
Isadora espera inmóvil unos segundos antes de abrir los
ojos.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PASILLOS – SIMULTÁNEO
Ana, que indudablemente conoce el lugar, tampoco mentía al
asegurar que no era un hospital: los grandes ambientes y
las cañerías externas sugieren un origen más industrial.
Hay camas y equipamiento médico herrumbrado, sin embargo,
desparramados por todas partes como si el edificio hubiera
sido transformado años atrás en un hospital de emergencia.
Dupont y los chicos atravesaban un pasillo largo y oscuro
en la planta baja cuando la bocina empezó a SONAR afuera.
Ahora espían por una ventana hacia el estacionamiento. Al
comprobar que nadie viene tras ellos, Dupont se da vuelta y
les hace señas de que sigan adelante. El no los sigue, sin
embargo. Algo en la entrada a uno de los grandes espacios
de la planta baja le ha llamado la atención.
Dupont avanza lentamente hacia adentro, con su linterna en
la mano. Ana le chista desde donde está.
ANA
“No. ¡Por ahí no es!”
Dupont no la mira. Acaba de entrar a un gran galpón
central, desierto y oscuro, pero repleto de camas vacías.
Todo tipo de objetos — ropa, valijas, garrafas, máscaras
quirúrgicas, mesas y sillas — se apilan al azar bajo la
gran pancarta que preside el ambiente. Es una reproducción
enorme de la fotografía en la cual una enfermera, mirando a
cámara, se lleva un dedo a los labios en señal de silencio.
Por un momento el tiempo de la narración se detiene: a
medida que la vista (y la linterna) de Dupont recorre las
peculiaridades del lugar, comenzamos a ESCUCHAR los sonidos
que que les habrían sido propios en el pasado. Gritos
lejanos, sollozos, el arrastrar de muebles y equipos. Una
voz femenina comienza a poder discernirse de a poco — el
loop grabado de una mujer diciendo siempre lo mismo con el
tono sereno de los aeropuertos:
VOZ (O.S.)
(lejana)
Hablar no es necesario. Ayúdenos
a combatir la plaga. Si necesita
asistencia, comuníqueselo a su
enfermera por señas, o usando un
intérprete.
El contraplano de Dupont debería ser suficiente para
hacernos entender que estos sonidos son algo que sólo él
escucha, o recuerda.
Tomás tironea de la manga de Dupont, haciéndolo salir de su
breve trance. Señala hacia Ana, quien señala a su vez hacia
afuera.
POV de Dupont: en el estacionamiento, Ivo y el Dr. Illich
ayudan al Sr. Arbos a salir del auto.
ANA
“¡Vamos!”
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – CONTINUO
Isadora consigue, después de varios intentos, liberar un
brazo de los cables que la atan a la camilla. El resto es
más fácil. Se escurre hacia abajo y se abalanza sobre el
lavatorio que hay al costado de una puerta.
Desesperada por agua, abre la canilla y bebe un trago.
Escupe. Lo que sale de las cañerías, después de años de
herrumbre y abandono, es casi sólido y completamente opaco.
Isadora deja la canilla abierta, salpicando, y se asoma por
la ventana.
POV de Isadora: abajo, en el estacionamiento, el Sr. Arbos
(que parece estar recobrándose) es ayudado por los otros
dos. Caminan nuevamente hacia el hospital.
Isadora bebe un par de tragos de lo que empieza apenas a
parecerse a agua, se moja la cara para despabilarse y sale
raudamente de la habitación.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PASILLOS – PRIMER PISO – CONTINUO
Isadora sale al pasillo, tenuemente iluminado por las luces
del exterior. Gira un par de veces. No tiene demasiada idea
de dónde está pero sí una decisión clara de hacia dónde
dirigirse: afuera. Se lanza hacia las escaleras.
Vemos a Isadora desaparecer escaleras abajo. La escuchamos
bajar los escalones. Permanecemos sin cortar el tiempo
suficiente como para saber que algo más va a pasar en ese
mismo plano. Entonces escuchamos el SONIDO de los pasos de
otras personas subiendo por otras escaleras.
Dupont y los chicos aparecen por el extremo opuesto. Miran
a ambos lados del pasillo, tratando de orientarse.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – NOCHE
Dupont abre la puerta del cuarto de las máquinas,
reconociéndolo instantáneamente.
Se vuelve hacia Tomás, que acaba de entrar tras él y ya se
ha dado cuenta también de que la camilla en la que yacía su
madre está vacía.
TOMAS
“¿Se fue? Yo dije que había que esperar en casa…”
Dupont le hace señas de que se calle. Se queda parado donde
está, mirando a su alrededor, tomando nota mentalmente de
todo lo que le rodea.
POV de Dupont: La camilla a medio desarmar, la ventana, el
lavatorio, la canilla abierta — las cañerías tapadas desde
hace años hacen que el agua rebalse, formando un charco en
el piso que se extiende hacia el pasillo.
Dupont mira por la ventana hacia afuera: no hay nadie. Se
vuelve hacia los chicos.
DUPONT
“No se muevan.”
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PASILLOS – PRIMER PISO – CONTINUO
Dupont ilumina con su linterna el charco en el piso: el
agua avanza lentamente sobre huellas de pies descalzos que
se alejan hacia la escalera — los pies de Isadora.
Dupont atraviesa el pasillo hacia las ventanas exteriores.
Esta nueva ubicación le permite ver toda la extensión del
predio trasero.
POV de dupont: a pocos metros del edificio, la
inconfundible silueta de Isadora, alejándose.
Dupont sonríe, aliviado. Empieza a correr hacia donde están
los chicos. Da media vuelta, se esconde al escuchar el
RUIDO de otros pasos subiendo las escaleras.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – SIMULTÁNEO
Los chicos se han quedado inmóviles donde estaban,
obedeciendo a Dupont. Se están mirando entre ellos con
cierta preocupación: ambos acaban de percibir, al mismo
tiempo, el SONIDO de la respiración de otra persona en el
cuarto.
Ana señala algo a Tomás con la mirada: el biombo que
ocultaba antes a Isadora. Podemos ver la silueta de una
persona parada detrás.
TOMAS
(a Ana, sin emitir un
sonido)
“¿Mamá?”
Ana niega con la cabeza, pero Tomás avanza de todos modos
hacia el biombo, con cautela. Lo descorre.
Se sobresalta al encontrarse con uno de los CIRUJAS que
dormía del otro lado de la habitación.
El Ciruja lo mira, inexpresivo, y alza su mano abierta
hacia Tomás, pidiéndole algo. Un par de otros cirujas se
incorporan en sus camas, más atrás.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PASILLOS – PRIMER PISO – SIMULTÁNEO
Dupont, escondido en una de tantas habitaciones vacías que
dan al pasillo, ve al Dr. Illich atravesarlo en dirección a
donde están los chicos.
POV de Dupont: El agua en el piso, después las cañerías
expuestas en el techo.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – CONTINUO
El Dr. Illich entra al cuarto de las máquinas. Los tres
cirujas despiertos están parados frente a él, los tres
extiendendo una mano abierta. No vemos a los chicos.
El Dr. Illich suspira, fastidiado, y saca un frasco del
bolsillo de su delantal. Extrae un par de pastillas del
frasco para cada uno de los cirujas y las apoya en sus
manos, mecánicamente. El Dr. Illich recoge otros frascos
con medicamentos (que es lo que venía a buscar) y ni se
fija en los cirujas hasta notar que, después de tragar sus
pastillas, siguen parados donde están.
DR. ILLICH
(a los cirujas)
“Vamos. A la cama. ¿Qué pasa?”
Los tres cirujas están mirando la puerta de entrada a la
habitación, que ha quedado abierta.
El Dr. Illich avanza hacia la puerta. La cierra de golpe,
descubriendo a Ana, que estaba escondida detrás.
Las luces PARPADEAN.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PASILLOS – PRIMER PISO – SIMULTÁNEO
Dupont está colgado de uno de los caños en el techo,
tratando de romperlo. Lo logra al tercer intento, cayendo
al suelo. El caño se suelta de un extremo, quedando
suspendido sobre el pasillo.
Dupont se incorpora y empuja los cables pelados del extremo
expuesto hacia el charco en el piso. Chispas.
Las luces se apagan.
EXT. HOSPITAL ABANDONADO – SIMULTÁNEO
El apagón es total. En la entrada, el Sr. Arbos e Ivo se
detienen.
SR. ARBOS
“¿Qué pasa ahora?”
Ivo se aferra al Sr. Arbos, como protegiéndolo de un
enemigo invisible.
SR. ARBOS (cont’d)
“¡Estoy bien! ¡Vaya y arregle eso!”
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – SIMULTÁNEO
El Dr. Illich se apresura a agarrar a Ana antes de que ella
se aproveche del apagón para escapar. Ella se resiste.
Los cirujas, habiendo conseguido sus pastillas, vuelven a
sus camas en la oscuridad. Debajo de una de ellas está
oculto Tomás.
Tomás se asoma un poco por debajo de la cama: no ve casi
nada, pero puede escuchar los forcejeos de Ana y el Dr.
Illich.
POV de Tomás, desde abajo de una cama: Ana se zafa del Dr.
Illich. Trata de abrir la puerta, que está atascada. La
silueta del Dr. Illich se le acerca, con una jeringa en la
mano (similar a la que usara el Sr. Arbos con Isadora).
TOMAS
¡NO!
Escuchamos hablar a Tomás, y los demás también lo escuchan.
Todos reaccionan de diferente manera, pero la sorpresa es
general. Nadie en esa habitación ha oído hablar a una
persona, no normalmente, no con su propia voz. Nadie se
mueve.
Tomás emerge de abajo de la cama y enciende su linterna. La
apunta hacia su propia cara y repite:
TOMAS (cont’d)
¡No!
Todos los cirujas, incluso los que dormían, huyen hacia
distintos puntos de la habitación. Ana y el Dr. Illich se
quedan donde están, paralizados.
Si bien Tomás percibe la autoridad instantánea que hablar
le confiere, no parece mucho menos sorprendido que el
resto. No tiene mucha idea de qué es lo que puede o no
hacer hablando. Duda. Apunta la linterna al Dr. Illich.
El Dr. Illich también está asustado, pero no es el tipo de
persona que sale corriendo. Avanza lentamente hacia Tomás,
con su jeringa en la mano.
TOMAS (cont’d)
¡No!
El Dr. Illich alza las cejas, sonríe. Con cada repetición,
la palabra de Tomás se vuelve menos amenazante. El Dr.
Illich extiende la jeringa hacia Ana mientras mira a Tomás,
entre desafiándolo y pidiéndole permiso.
La puerta se abre de un GOLPE, rebotando contra la pared y
haciendo volar la jeringa en su trayecto.
Dupont entra, cegando al Dr. Illich con la linterna fijada
a su gorro. Lleva en la mano el caño que arrancó del techo.
Lo alza.
DUPONT
(al Dr. Illich)
“¿No oyó al chico?”
INT. HOSPITAL ABANDONADO – SOTANO – SIMULTÁNEO
Ivo desciende por una escalera precaria, adentrándose en el
cuartucho donde languidecen desde hace tiempo los controles
de agua, gas y electricidad del edificio.
Ivo extiende el encendedor que tiene en la mano, tratando
de ver adónde se está metiendo. El suelo está inundado de
un agua oscura y aceitosa.
EXT. HOSPITAL ABANDONADO – SIMULTÁNEO
Dupont y los chicos se escapan por donde entraron, tomados
de la mano, en la más completa oscuridad. No se detienen
hasta estar seguros de haber cubierto una buena distancia.
Recobrando el aliento, Dupont ilumina a los chicos,
asegurándose de que están bien. Tomás toma aire como para
hablar. Dupont le tapa la boca.
Sin sacar su mano de la cara de Tomás, Dupont responde a su
mirada de preocupación mirando a su alrededor. Ambos
iluminan el círculo en torno a las malezas que los rodean.
No se ve nada. No hay más luz que la de sus dos linternas.
No hay elementos que les permitan orientarse. No tienen
idea de hacia dónde ir.
Después de haber girado un par de veces ni siquiera tienen
idea de dónde vienen o hacia qué lado iban.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – SOTANO – SIMULTÁNEO
Ivo, parado en un cajón para evitar mojarse, prueba
switches al azar en el tablero de electricidad. Uno
funciona.
EXT. HOSPITAL ABANDONADO – CONTINUO
El predio del hospital se ilumina. Momentáneamente. El
cortocircuito generado por Dupont no tarda en hacer saltar
los tapones otra vez.
Los segundos de luz, sin embargo, son suficientes como para
que Dupont y los chicos se den cuenta de dónde están:
Están en un punto equidistante entre el Hospital y el
paredón que lo rodea, a unos treinta metros del Sr. Arbos,
que los ve perfectamente y, después de un segundo de duda,
comienza a correr tras ellos. Se tropieza, se incorpora y
sigue corriendo.
Las luces se apagan de nuevo.
Dupont corre a ciegas, llevando a los chicos de la mano,
pero se detiene cegado por…
La LUZ de los faroles de un auto que se encienden. El auto
acelera furiosamente hacia ellos.
Dupont y los chicos se arrojan hacia un costado,
instintivamente, esquivando al auto. Pero el auto pasa de
largo.
El objetivo del auto es el Sr. Arbos, que lo ve arremeter
contra él, de rodillas, paralizado como una vizcacha.
Cuando estamos a punto de ver al Sr. Arbos ser arrollado
por lo que ahora reconocemos como su propio auto, el auto
frena.
Los faroles del auto quedan a milímetros de la cara del Sr.
Arbos. El auto retrocede tan velozmente como avanzó hasta
quedar al lado de Dupont y los chicos.
Dupont y los chicos ven la puerta del auto que se abre, y a
Isadora, en el asiento del conductor, urgiéndolos a subirse
a él.
El Sr. Arbos, en shock, permanece arrodillado al borde del
estacionamiento.
El auto se aleja.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – PRIMER PISO – NOCHE
Ivo y el Dr. Illich examinan el estado de la serie de
aparatos después de los destrozos aparentemente causados
por Dupont antes de salir. El Sr. Arbos, visiblemente
recuperado, enciende un habano y se dirige al Dr. Illich:
SR. ARBOS
“¿Y qué dijo, se puede saber?”
DR. ILLICH
“No.”
(aclarando, ante la
reacción de Arbos)
“Dijo “no”. Varias veces.”
El Sr. Arbos se agacha y recoge el set de tubos en su
estuche roto.
SR. ARBOS
“Puede ser cualquier cosa, eso. Puede ser un resfrío.”
DR. ILLICH
(insistiendo)
“Sin ayuda. Sin esfuerzo. Como si fuera normal hablar…”
El escepticismo del Sr. Arbos se vuelve rápidamente en
desinteres; lo que le importa son las máquinas.
SR. ARBOS
(re: las máquinas)
“¿Se puede arreglar?”
DR. ILLICH
“Todo se puede arreglar.”
(señala la camilla)
“Pero si no tenemos la Voz…”
SR. ARBOS
“La voz se la traigo yo.”
(mira hacia afuera por
la ventana)
“No tienen adónde ir.”
INT. BAR MARGINAL – AMANECER
Lo más parecido a un tugurio suburbano (en una ciudad sin
suburbios): un antro ruinoso alejado del centro. Hay una
suerte de escenario en un rincón sobre el cual dos sujetos
pálidos y cansados, vestidos con trajes ajenos, cantan para
los otros dos o tres parroquianos que quedan. En realidad
hacen playback, por supuesto — mueven los labios ante un
micrófono siguiendo la vieja canción puertorricense
(1920’s) que sale de un tocadiscos sobre una mesa.
DUO PATETICO
(playback)
Sucedió / Lo que tenía que
suceder / Que me cansaste / Que
me aburriste / Con tu querer…
Isadora y Dupont están sentados en la barra. Ella se
abalanza sobre la botella de agua que acaban de servirle y
la bebe entera sin respirar, pidiendo otra en cuanto
termina. Dupont bebe de una taza de café sin mirarla.
POV de Dupont: A través de la ventana, los chicos sentados
en el asiento del auto del Sr. Arbos. El auto está
semioculto, estacionado detrás de un tractor cubierto de
nieve.
Dupont se vuelve hacia Isadora con una mirada notablemente
hostil, acusadora. Isadora tarda un segundo en darse cuenta
de por qué la está mirando así.
ISADORA
“¿Cómo lo iba a pisar?”
DUPONT
“No frenando.”
ISADORA
“No se puede hacer eso, Nicolás.”
DUPONT
“¿Ah, no?.”
Dupont termina su café y se acerca al dúo de falsos
cantantes.
DUO PATETICO
(playback, a capella)
Sin embargo / ya ves / no me
inspiras amor / soloquiero
quemedejesporfavor…
Dupont retira la púa del disco y lo saca.
DUPONT
(al dúo)
“Permiso.”
Los hombres no reaccionan. Se quedan parados en el
escenario, mirándolo. Dupont acerca el disco a la luz que
empieza a entrar por la única ventana.
POV de Dupont: Detalle de la etiqueta del disco: “Cuarteto
Marcano, Puerto Rico, 1925”.
Dupont pasa el dedo por encima de la fecha, pensativo.
Después, en un gesto más propio de Tomás, le devuelve el
disco a uno de los cantantes, volviendo a concentrarse
repentinamente en sus problemas. El disco empieza a sonar
de nuevo y el dúo vuelve a empezar.
ISADORA
(a Dupont,
conciliatoria)
“La próxima vez lo piso. ¿Está bien?”
DUPONT
(pausa)
“La próxima vez nos matan.”
INT. AUTO DEL SR. ARBOS – SIMULTÁNEO
Ana y Tomás comen sendos sandwiches, sentados en el asiento
trasero del auto.
ANA
“¿A ver?”
Tomás vuelve la vista hacia afuera, evitando a Ana. Ella le
tironea del hombro, obligándolo a mirarla.
ANA (cont’d)
“Por favor…”
TOMAS
No.
Escuchamos la voz de Tomás, como antes, pero Ana pedía más
que eso:
ANA
“Otra vez lo mismo. ¿Es la única palabra que —”
TOMAS
No.
ANA
“¿Dijiste otra cosa, alguna vez?”
TOMAS
¡No!
Tomás se la saca de encima y salta por sobre el respaldo
del asiento, moviéndose hacia la parte delantera. Presiona
botones al azar en el tablero del auto, en un gesto de
distracción forzada.
ANA
(decepcionada)
“¿No te gusta hablar?”
Tomás no “escucha” esto último, al estar mirando hacia
adelante. Juega con la botonera de la radio apagada del
auto — uno de esos sistemas sesentistas de presets, que
movían el dial mecánicamente de un punto a otro.
EXT. BAR – CONTINUO
Ana se baja del auto. Se acerca a Dupont, que ya no está en
el bar sino acodado en el poste de un alambrado, a unos
pocos metros. El alambrado separa la zona mínimamente
urbanizada de una gran extensión nevada — posiblemente
campo sembrado en otra época del año, pero una planicie
infinita ahora, tan blanca como el sol que acaba de
asomarse.
Ana señala hacia el auto; está por mencionar a Tomás y su
habla repentina pero, percibiendo la indiferencia de
Dupont, se da por vencida antes de empezar. Cambia de
estrategia. Se trepa al portón, interponiéndose entre
Dupont y el campo.
ANA
“¿Y mi papá?”
Dupont deja caer su cabeza hacia adelante y vuelve a
suspirar, desbordado.
ANA (cont’d)
“Los ayudé a encontrar a la mamá de él.
Ahora me toca a mí.”
DUPONT
(pausa, sinceramente)
“Te juro que no puedo. Nunca pude y ahora menos.”
ANA
“Entonces me debe plata.”
Esto casi divierte a Dupont, por un momento.
DUPONT
“La plata era mía de antes.”
ANA
“Pero me la dio por perder a mi papá.
Si no lo vamos a buscar me debe plata.”
…lo cual vuelve a enfrentar a Dupont con sus problemas.
Responde casi a pesar suyo:
DUPONT
“La necesito, ahora, la plata.”
ANA
“Y yo necesito a mi papá. Y a ustedes no les importa.”
DUPONT
(estalla)
“¡Me importa, nena! Pero —”
(pausa, se le ocurre
algo)
“¿Que hacía tu papá con las cosas,
con la basura que recogía?”
ANA
“Basura no. Cosas sin dueño.”
DUPONT
(asiente)
“¿Las vendían? ¿A quién? ¿Adónde?”
ANA
(pausa, negociando)
“Pero después vamos a buscar a mi papá. ¿Promesa?”
Dupont asiente, sabiendo que va a arrepentirse de esta
promesa, la cumpla o no.
EXT./INT. DESARMADERO / AUTO DEL SR. ARBOS – DIA
El auto se detiene frente a un bloque cuadrado y neutro que
ocupa toda la manzana; un edificio viejo, como el hospital,
que ha ido perdiendo partes con cada reforma — fábrica,
luego estacionamiento, luego quién sabe. Lo que queda es lo
más básico: columnas, rampas, muy pocas paredes.
Dupont está al volante, Ana viaja a su lado. Señala hacia
un par de containers cerca de la entrada, al lado de un
montacargas.
ANA
“Las cosas se dejan ahí. Pero hay que
subir por adentro.”
INT. DESARMADERO / AUTO DEL SR. ARBOS – DIA
El auto sube por la rampa que circunda el edificio.
Todos los pisos son iguales: la extensión completa del
edificio, sin paredes, sólo interrumpida por columnas.
Sobre el piso de material, sin embargo, hay apilados una
gran cantidad de objetos de todo tipo y tamaño. Las pilas
son muy prolijas y homogéneas, demarcando sectores
compuestos por elementos afines: colchones; libros; ropa;
tornillos, tuercas y herramientas; lápices y biromes; etc.
Es todo lo contrario del hospital: un catálogo obsesivo de
categorías de objetos.
Hay PERSONAS ubicando diferentes objetos en sus sectores
correspondientes, pero apenas podemos verlos: en cuanto ven
el auto avanzar salen corriendo.
Dupont mira a Ana, sorprendido ante el pavor que inspiran a
su paso.
ANA
“Es el auto. Mejor subimos caminando.”
EXT. DESARMADERO – TERRAZA – DIA
Los objetos más diversos suben desde los containers hasta
la terraza por un montacargas improvisado en el hueco del
ascensor que ya no existe. MARCONI (46), un sujeto retacón
y ágil examina cada uno de los objetos con la rapidez que
da el oficio: los observa un segundo a través de la gran
lupa sujeta a su gorro y los va tirando en distintas cajas.
Con el rabillo del ojo, Marconi percibe la figura de Ana
acercándosele. Da media vuelta y acomoda su lupa de modo
que le cubra toda la cara — de frente, su cabeza parece
consistir en un redondo rostro gigante. Se pone en
cuclillas.
MARCONI
“¡Perdí mi lupa! ¡No veo nada! ¿Dónde está la lupa?”
Ana sonríe; se trata de un juego que evidentemente le es
familiar. Se acerca a Marconi y desliza la lupa hacia un
costado, devolviéndole su aspecto normal. Marconi la alza y
camina con ella en brazos.
MARCONI (cont’d)
(actuando)
“¡Ah! ¡Esta nena siempre encuentra todo!
¡No se puede creer!”
Ana lo besa en la mejilla. El la deja en el piso y se
vuelve hacia Dupont, que no es quien esperaba encontrar. Su
expresión cambia.
MARCONI (cont’d)
(a Ana)
“¿Y tu papá? ¿Este quién es?”
INT. DESARMADERO – DIA
Marconi se acerca al auto del Sr. Arbos, pelando una
mandarina. Dupont y Ana lo siguen.
La expresión de Marconi es inescrutable. Da un par de
vueltas alrededor del auto, deslizando su mano por el
capot, las manijas de las puertas. Toma un gajo de
mandarina, lo examina a través de su lupa y se lo lleva a
la boca.
MARCONI
(masticando)
“Es una broma, ¿no?”
Dupont y Ana niegan con la cabeza.
MARCONI (cont’d)
(didáctico, a Ana)
“A la Televisión no se le roba.
Es demasiado expuesto.”
(a Dupont, re: el auto)
“¿Cómo voy a vender esto?”
DUPONT
“De a partes. Y de a poco.”
MARCONI
“Por eso.”
(negociando)
“Mucho no le puedo dar.”
Marconi examina otro gajo de mandarina a través de su lupa.
Se lo ofrece a Ana. Ana lo toma.
ANA
“No queremos plata. Queremos cosas.”
INT. DESARMADERO – DIA
Más tarde. Un piso más abajo, o más arriba. Los objetos
elegidos por Dupont (herramientas, cables, testers,
tijeras, un atlas mundial, bolsas de dormir) se agolpan en
una larga mesa de cocina, ante la mirada atenta de Marconi,
quien va marcando su cotización personal y arbitraria en
una vieja máquina de sumar (mecánica). También hay ropa y
otros objetos cotidianos en obvio reemplazo de los que
había en las casas destruídas de Isadora y Dupont.
Ana recoge los objetos y los va cargando en el nuevo auto
que han conseguido a cambio. Es el extremo opuesto del auto
del Sr. Arbos: un coche frágil, chico e incómodo (en un
mundo realista sería una furgoneta Citröen).
Dupont está en la otra punta del piso, escudriñando objetos
que, deberíamos notar, se alejan cada vez más de lo que
alguien en su situación debería necesitar.
Dupont recoge una vieja raqueta de tenis, con el encordado
roto. Se mira la mano — la cicatriz transversal que notara
el Sr. Arbos. Empuña la raqueta, como intentando hacer
coincidir la cicatriz con la empuñadura, pero el objeto no
encaja. Lo descarta.
Ana se acerca a Marconi cargando un radiograbador (70’s).
Se lo muestra e inclina la cabeza, como pidiendo permiso.
Marconi asiente, condescendiente. Ana da media vuelta,
vuelve salticando hasta la furgoneta, y lo acomoda con el
resto de la carga.
Dupont apoya sobre el escritorio su último objeto: un
ukelele. Marconi recorre con la mirada los objetos sobre la
mesa; querría regatear, pero su mirada de desprecio sugiere
que le resulta difícil aferrarse a nada de lo que Dupont
elige.
DUPONT
“Y eso”
Dupont señala el interior de un cajón abierto que sobresale
de la mesa: una pistola Beretta (o similar), sólida y
negra.
Marconi asiente y sonríe (“sí, claro”). Cierra el cajón.
MARCONI
“¿Algo más?”
Dupont le mantiene la mirada. Marconi lo observa de arriba
a abajo, como adivinándole el talle. Se acerca a una pila
de viejas guías telefónicas que tiene detrás. Levanta la
primera y saca de la siguiente (que es en realidad un cajón
oculto) un pequeño revolver percudido y miserable — un
viejo modelo soviético. A Dupont le da lo mismo; jamás en
la vida usó un arma. Se detiene en una inscripción en la
base del revolver: el año de fabricación (1950).
DUPONT
“¿Estos números que son?”
MARCONI
(adivinando)
“¿El modelo?”
DUPONT
(niega, pensativo)
“Todo tiene.”
Dupont toma educadamente la vieja guía telefónica que
Marconi todavía tiene en la mano.
DUPONT (cont’d)
“Esto también.”
EXT. JARDINES RECREATIVOS – DIA
Isadora está sentada en un banco, con la cara entre las
manos. El lugar debería expresar instantáneamente por qué
lo han elegido para ocultarse: un boulevard desierto al
lado del río, salpicado de puestos y kioskos cerrados junto
a algunos juegos infantiles — se trata de un paseo
decididamente veraniego, alejado del centro.
Tomás está parado en la orilla. Un par de patos nadan
cerca.
Tomás tira una piedra al agua, espantando a los patos.
Después mira de reojo a Isadora, que sigue con la cara
entre las manos.
TOMAS
(arroja otra piedra,
sotto)
Uno.
Tomás habla. Ante la falta de reacción de Isadora, arroja
otra piedra y eleva la voz.
TOMAS (cont’d)
Dos.
Isadora chasquea los dedos.
ISADORA
“Tomás…”
TOMAS
(arroja otra piedra)
¡Tres!
Isadora se levanta, se le acerca, lo toma del hombro.
TOMAS (cont’d)
(se la saca de encima,
arroja otra piedra)
¡Cuatro!
(señalando el lugar)
No hay nadie.
(a Isadora)
Y no pasa nada. No me siento mal.
ISADORA
“No empecemos con eso. Será que los chicos
tienen más defensas. Pero es peligro—”
TOMAS
¡No pasa nada!
(hacia el río)
Pato. ¡Pato, pato pato!
(a Isadora)
No me voy a morir por hablar.
ISADORA
“Al final, sí.”
TOMAS
Como todo el mundo.
ISADORA
“Peor. Y mucho antes.”
(suspira, conciliatoria)
“¿No ves que nadia habla, hijo?”
TOMAS
Porque no pueden.
Isadora lo toma de la mano y lo arrastra de nuevo hacia el
banco con ella.
ISADORA
“No pueden porque la naturaleza es sabia.
Si hablaran se enfermarían como —”
Isadora se interrumpe, da media vuelta. Respira hondo,
recuperando una cierta calma didáctica.
ISADORA (cont’d)
“Como pasó en la plaga. Hace mucho. Leímos eso, ¿no?
La gente empezó a hablar y…”
TOMAS
Me cago en la plaga. Es todo
mentira. No hablan porque son
tontos.
ISADORA
(asiente)
“Tomás es el único genio. El único que sabe todo.”
TOMAS
El único que habla, por lo menos.
Hay una acusación implícita en esta frase de Tomás, e
Isadora acusa recibo. Una pausa, bastante larga, durante la
cual los dos se miran sin saber qué hacer ni qué decir.
TOMAS (cont’d)
(“mudo”)
“Quiero volver a casa.”
Se abrazan.
ISADORA
“Yo también, hijo. Yo también.”
Ambos giran la vista al mismo tiempo, primero con alarma y
después expectantes al ver a Dupont y Ana acercándose en la
FURGONETA.
Tomás lleva su mano a la cara de Isadora, apresurándose a
secarle las lágrimas para evitar que los demás la vean con
el maquillaje corrido.
EXT. JARDINES RECREATIVOS – DIA
Un rato después. Ana y Tomás están sentados sobre el capot
de la furgoneta, separados por el radiograbador que trajo
Ana del desarmadero. Un cable conecta el radiograbador con
la salida de 12V para encendedores (no hay
industrialización de pilas en la ciudad sin voz).
Escuchan la canción que reproduce el radiograbador: es una
versión sesentista de lo que tal vez reconozcamos como
“Massachussets” (1968), pese a la peculiaridad de que esta
cantada en checo. Ana sigue la canción con interés. Tomás
frunce el ceño, impaciente; es claro que le molesta no
entender una palabra de lo que escucha.
La grabación se detiene a los pocos segundos, con el típico
pitch descendente de una cinta tironeando contra un
cabezal. Tomás sacude el aparato, gira el dial de sintonía
al azar.
ANA
(arrebatándole el
aparato)
“No. Es otra cosa.”
(re: el dial)
“Eso no sirve.”
TOMAS
(girando el dial)
“¿Cómo no sirve? Para algo es.”
EXT. JARDINES RECREATIVOS – SIMULTÁNEO
La zona de juegos infantiles, desierta igual que el resto
del predio. Isadora y Dupont están sentados en sendas
hamacas, pendulando levemente sobre la nieve que se
derrite. Dupont tiene el atlas abierto sobre sus piernas;
lo hojea desorientado, cotejando con hojas arrancadas de la
guía telefónica.
Isadora se agarra con cada mano de una de las cadenas de
cada hamaca, girándolas. Ella y Dupont quedan enfrentados.
ISADORA
“Usan mi voz. Lo que quieren es eso.
Nos tenemos que esconder. O irnos.”
Dupont apoya su mano sobre la de ella. Ella suelta las
cadenas. Las hamacas giran un par de veces hasta
estabilizarse. La mano de Dupont roza el abrigo blanco de
Isadora.
DUPONT
(re: el abrigo)
“Siempre me gustó esto. ¿Dónde lo compraste?”
ISADORA
“Nicolás…”
DUPONT
“El lugar ese… El hospital. Estuve ahí antes.”
(le muestra el atlas)
“No está en los mapas.”
Isadora opta por intentar acercarse a los razonamientos de
Dupont en vez de combatirlos: se inclina sobre los mapas.
ISADORA
“¿La ciudad cuál es?”
DUPONT
“La ciudad tampoco está. No hay ciudades.
No se entiende.”
(re: latitud y longitud
en los mapas)
“¿Estos números qué son? Para mí son años.
Fechas.”
(re: la guía telefónica)
“Acá hay millones”
ISADORA
“Nicolás, no nos podemos sentar a mirar mapas.
¡Hay que irse!”
DUPONT
“¿Adónde?”
Dupont señala efusivamente los mapas al decir esto,
indicando que es justamente lo que está tratando de
resolver. Isadora impulsa su hamaca hacia atrás, sólo una
vez. Mira hacia el río: el puente que lo atraviesa y el
aparente vacío nevado del otro lado.
ISADORA
“¿Puede ser que no haya nada más?
¿Que hayamos sidolos únicos en salvarse?”
Dupont tarda en mirar a Isadora, perdiéndose la mitad de la
frase.
DUPONT
“¿Salvarse?”
ISADORA
“De la plaga. ¿Me vas a decir también que no existió…”
DUPONT
“No, no. La plaga existió.”
(pausa)
“Pero me parece que no nos salvamos.”
EXT. JARDINES RECREATIVOS – DIA
Un instante después, todavía en el sector de juegos.
Dupont, arrodillado en el piso, sacude los pocos restos de
nieve sobre el arenero. Con el dedo, dibuja una
rudimentaria cara humana en la arena. Antes de continuar,
se vuelve hacia Isadora, con el índice levantado.
DUPONT
(re: el abrigo de
Isadora)
“¿Dónde lo compraste?”
(sin esperar respuesta)
“¿Quién te enseñó a tocar el piano?”
(aclarando el punto)
“¿Nos acordamos de algo anterior a la plaga?”
Isadora no responde. Dupont traza una boca en la cara que
dibujó en la arena. Luego escribe:
———-
/ \ El Sr. X HABLA
/ \
| o o |
| |
\ O /
\ /
———-
Isadora asiente, intrigada. Dupont continúa:
———-
/ \ El Sr. X HABLA
/ \
| o o | SE ENFERMA (PLAGA):
| |
\ III / SI HABLA SE MUERE
\ /
———-
Isadora vuelve a asentir, con cierta impaciencia.
Dupont completa su diagrama:
———-
/ \ El Sr. X HABLA
/ \
| o o | SE ENFERMA (PLAGA):
| |
\ III / SI HABLA SE MUERE
\ /
———- SI NO HABLA SE OLVIDA
ISADORA
“¿Se olvida de qué?”
Dupont frota con su mano sobre la arena.
DUPONT
“De esto…”
(borra la primera línea)
“De esto…”
(borra la cuarta)
“De esto.”
(borra la segunda, y la
boca de la figura)
Isadora observa lo que quedó en el diagrama:
———-
/ \ El Sr. X:
/ \
| o o |
| |
\ / SI HABLA SE MUERE
\ /
———-
Dupont señala el dibujo, luego a sí mismo, luego a su
alrededor, en un gesto abarcador y genérico.
DUPONT (cont’d)
“Esto no es normal, Isadora. Nos pasa algo.”
Bruscamente, Isadora borra lo que quedó del dibujo.
Tardamos un segundo en darnos cuenta de que lo ha hecho
para evitar que lo vean los chicos, que acaban de
acercarse. Ana muestra a Dupont el casette con la cinta
enredada.
ANA
“Se rompió.”
TOMAS
“Tenemos hambre.”
(CONTINUARÁ…)
————————————
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