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La preantena - 04
Huili Raffo
Mar 27, 2009

(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)

EXT. DESCAMPADO SUBURBANO / HOSPITAL ABANDONADONOCHE Un taxi se detiene en lo que parecería ser el vértice final entre la ciudad y la nada — casuchas de un lado y oscuridad absoluta del otro. Dupont y los chicos se bajan. Dupont tantea en sus bolsillos. Se vuelve hacia Ana con la mano extendida aceptando, finalmente, el fajo de billetes. Ana se lo entrega. Dupont paga el taxi. Ana espera a que el taxi haya desaparecido para señalar hacia el lado oscuro de la calle. No se ve absolutamente nada. Dupont y Tomás miran a Ana con un temor escéptico. Dupont descuelga una linterna de su cinturón. La enciende. Gira de izquierda a derecha recorriendo con el haz de luz el grueso paredón que se alza ante ellos. No se ve entrada ni puerta de ningún tipo. Ana toma a Dupont de la mano y empieza a caminar rodeando el paredón. Se detiene a los pocos metros, ante un par de chapas apiladas. Desliza las chapas hacia un costado, descubriendo un hueco en el paredón. POV de Dupont, a través del hueco: la entrada al hospital abandonado, cubierta por maleza de años. Del otro lado del edificio podemos ver el único auto estacionado: el auto del Sr. Arbos. Tomás se lanza hacia adentro por el agujero en el paredón, por el cual apenas pasa. Dupont lo toma de la polera, deteniéndolo. Tomás obedece. Dupont se pone en cuclillas y mira el papel que tiene en la mano: es un rudimentario mapa del hospital dibujado por un niño (evidentemente Ana). Dupont mira a los chicos y se señala la boca, en un gesto que remarca la importancia de sus palabras. DUPONT “Entramos y salimos juntos. No nos separamos.” Los chicos asienten. DUPONT (cont’d) “Pase lo que pase, antes de hacer nada, me miran a mí.” Tomás vuelve a encarar hacia el agujero. Dupont lo detiene otra vez. DUPONT (cont’d) “Todavía no.” EXT. HOSPITAL ABANDONADONOCHE Un momento después, del otro lado del hospital. El Sr. Arbos abandona el edificio en dirección a su auto. Camina con dificultad, carraspeando y tomándose el estómago. El Dr. Illich lo escolta, con un papel en la mano. DR. ILLICH (extendiéndole el papel) “Necesitamos esto para el viernes. Y a todo el mundo mirando, claro…” El Sr. Arbos toma el papel sin detenerse. Tose un par de veces. Se vuelve hacia el Dr. Illich, con la mirada perdida. Se toca la cara. SR. ARBOS “¿Es normal esto? ¿Está seguro?” DR. ILLICH “Absolutamente. El cuerpo tarda en acomodarse.” El Sr. Arbos asiente, desorientado. El Dr. Illich lo toma del brazo con firmeza. DR. ILLICH (cont’d) “Entiende eso, ¿no? Para el viernes. Sólo tenemos control sobre quienes estén mirando televisión.” SR. ARBOS (sacándoselo de encima) “De eso me ocupo yo.” El Sr. Arbos apenas logra llegar hasta su coche — su malestar físico es visible. Se apoya sobre el capot. No puede ver (aunque nosotros sí) a Dupont y los chicos cruzando subrepticiamente el predio cerrado hacia el hospital, del otro lado del estacionamiento. El Sr. Arbos se incorpora, inestable. El movimiento falso de abrir la puerta delantera del auto se le transforma en el gesto de señalarla. El Dr. Illich le abre la puerta. El Sr. Arbos la usa de sostén para acercarse al asiento. Deberíamos entender que el Dr. Illich está considerando si debe o no permitirle manejar en ese estado. El Sr. Arbos echa un vistazo al hospital y toma aire, recobrándose. Habla, aunque con mucho más esfuerzo que antes. SR. ARBOS (cont’d) Vamos a hablar, Doctor. Se sienta ante el volante. Aclara: SR. ARBOS (cont’d) Bueno, ustedes no. Yo. ¿Pero sabe qué…? Después de una breve pausa dramática, el Sr. Arbos se desploma hacia adelante, desmayado, haciendo sonar la BOCINA con la frente. INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISOCONTINUO Ivo, que estaba desarmando y guardando la serie de máquinas, reacciona ante el SONIDO de la bocina afuera. Se acerca a la ventana. POV de Ivo, a través de la ventana: el Dr. Illich tratando de hacer reaccionar al Sr. Arbos, que sigue desmayado en su auto. Ivo se vuelve hacia Isadora, que sigue inconsciente, atada a la máquina-camilla. Deja los cables que tiene en la mano y sale de la habitación. Isadora espera inmóvil unos segundos antes de abrir los ojos. INT. HOSPITAL ABANDONADOPASILLOS – SIMULTÁNEO Ana, que indudablemente conoce el lugar, tampoco mentía al asegurar que no era un hospital: los grandes ambientes y las cañerías externas sugieren un origen más industrial. Hay camas y equipamiento médico herrumbrado, sin embargo, desparramados por todas partes como si el edificio hubiera sido transformado años atrás en un hospital de emergencia. Dupont y los chicos atravesaban un pasillo largo y oscuro en la planta baja cuando la bocina empezó a SONAR afuera. Ahora espían por una ventana hacia el estacionamiento. Al comprobar que nadie viene tras ellos, Dupont se da vuelta y les hace señas de que sigan adelante. El no los sigue, sin embargo. Algo en la entrada a uno de los grandes espacios de la planta baja le ha llamado la atención. Dupont avanza lentamente hacia adentro, con su linterna en la mano. Ana le chista desde donde está. ANA “No. ¡Por ahí no es!” Dupont no la mira. Acaba de entrar a un gran galpón central, desierto y oscuro, pero repleto de camas vacías. Todo tipo de objetos — ropa, valijas, garrafas, máscaras quirúrgicas, mesas y sillas — se apilan al azar bajo la gran pancarta que preside el ambiente. Es una reproducción enorme de la fotografía en la cual una enfermera, mirando a cámara, se lleva un dedo a los labios en señal de silencio. Por un momento el tiempo de la narración se detiene: a medida que la vista (y la linterna) de Dupont recorre las peculiaridades del lugar, comenzamos a ESCUCHAR los sonidos que que les habrían sido propios en el pasado. Gritos lejanos, sollozos, el arrastrar de muebles y equipos. Una voz femenina comienza a poder discernirse de a poco — el loop grabado de una mujer diciendo siempre lo mismo con el tono sereno de los aeropuertos: VOZ (O.S.) (lejana) Hablar no es necesario. Ayúdenos a combatir la plaga. Si necesita asistencia, comuníqueselo a su enfermera por señas, o usando un intérprete. El contraplano de Dupont debería ser suficiente para hacernos entender que estos sonidos son algo que sólo él escucha, o recuerda. Tomás tironea de la manga de Dupont, haciéndolo salir de su breve trance. Señala hacia Ana, quien señala a su vez hacia afuera. POV de Dupont: en el estacionamiento, Ivo y el Dr. Illich ayudan al Sr. Arbos a salir del auto. ANA “¡Vamos!” INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISOCONTINUO Isadora consigue, después de varios intentos, liberar un brazo de los cables que la atan a la camilla. El resto es más fácil. Se escurre hacia abajo y se abalanza sobre el lavatorio que hay al costado de una puerta. Desesperada por agua, abre la canilla y bebe un trago. Escupe. Lo que sale de las cañerías, después de años de herrumbre y abandono, es casi sólido y completamente opaco. Isadora deja la canilla abierta, salpicando, y se asoma por la ventana. POV de Isadora: abajo, en el estacionamiento, el Sr. Arbos (que parece estar recobrándose) es ayudado por los otros dos. Caminan nuevamente hacia el hospital. Isadora bebe un par de tragos de lo que empieza apenas a parecerse a agua, se moja la cara para despabilarse y sale raudamente de la habitación. INT. HOSPITAL ABANDONADOPASILLOSPRIMER PISOCONTINUO Isadora sale al pasillo, tenuemente iluminado por las luces del exterior. Gira un par de veces. No tiene demasiada idea de dónde está pero sí una decisión clara de hacia dónde dirigirse: afuera. Se lanza hacia las escaleras. Vemos a Isadora desaparecer escaleras abajo. La escuchamos bajar los escalones. Permanecemos sin cortar el tiempo suficiente como para saber que algo más va a pasar en ese mismo plano. Entonces escuchamos el SONIDO de los pasos de otras personas subiendo por otras escaleras. Dupont y los chicos aparecen por el extremo opuesto. Miran a ambos lados del pasillo, tratando de orientarse. INT. HOSPITAL ABANDONADONOCHE Dupont abre la puerta del cuarto de las máquinas, reconociéndolo instantáneamente. Se vuelve hacia Tomás, que acaba de entrar tras él y ya se ha dado cuenta también de que la camilla en la que yacía su madre está vacía. TOMAS “¿Se fue? Yo dije que había que esperar en casa…” Dupont le hace señas de que se calle. Se queda parado donde está, mirando a su alrededor, tomando nota mentalmente de todo lo que le rodea. POV de Dupont: La camilla a medio desarmar, la ventana, el lavatorio, la canilla abierta — las cañerías tapadas desde hace años hacen que el agua rebalse, formando un charco en el piso que se extiende hacia el pasillo. Dupont mira por la ventana hacia afuera: no hay nadie. Se vuelve hacia los chicos. DUPONT “No se muevan.” INT. HOSPITAL ABANDONADOPASILLOSPRIMER PISOCONTINUO Dupont ilumina con su linterna el charco en el piso: el agua avanza lentamente sobre huellas de pies descalzos que se alejan hacia la escalera — los pies de Isadora. Dupont atraviesa el pasillo hacia las ventanas exteriores. Esta nueva ubicación le permite ver toda la extensión del predio trasero. POV de dupont: a pocos metros del edificio, la inconfundible silueta de Isadora, alejándose. Dupont sonríe, aliviado. Empieza a correr hacia donde están los chicos. Da media vuelta, se esconde al escuchar el RUIDO de otros pasos subiendo las escaleras. INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISO – SIMULTÁNEO Los chicos se han quedado inmóviles donde estaban, obedeciendo a Dupont. Se están mirando entre ellos con cierta preocupación: ambos acaban de percibir, al mismo tiempo, el SONIDO de la respiración de otra persona en el cuarto. Ana señala algo a Tomás con la mirada: el biombo que ocultaba antes a Isadora. Podemos ver la silueta de una persona parada detrás. TOMAS (a Ana, sin emitir un sonido) “¿Mamá?” Ana niega con la cabeza, pero Tomás avanza de todos modos hacia el biombo, con cautela. Lo descorre. Se sobresalta al encontrarse con uno de los CIRUJAS que dormía del otro lado de la habitación. El Ciruja lo mira, inexpresivo, y alza su mano abierta hacia Tomás, pidiéndole algo. Un par de otros cirujas se incorporan en sus camas, más atrás. INT. HOSPITAL ABANDONADOPASILLOSPRIMER PISO – SIMULTÁNEO Dupont, escondido en una de tantas habitaciones vacías que dan al pasillo, ve al Dr. Illich atravesarlo en dirección a donde están los chicos. POV de Dupont: El agua en el piso, después las cañerías expuestas en el techo. INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISOCONTINUO El Dr. Illich entra al cuarto de las máquinas. Los tres cirujas despiertos están parados frente a él, los tres extiendendo una mano abierta. No vemos a los chicos. El Dr. Illich suspira, fastidiado, y saca un frasco del bolsillo de su delantal. Extrae un par de pastillas del frasco para cada uno de los cirujas y las apoya en sus manos, mecánicamente. El Dr. Illich recoge otros frascos con medicamentos (que es lo que venía a buscar) y ni se fija en los cirujas hasta notar que, después de tragar sus pastillas, siguen parados donde están. DR. ILLICH (a los cirujas) “Vamos. A la cama. ¿Qué pasa?” Los tres cirujas están mirando la puerta de entrada a la habitación, que ha quedado abierta. El Dr. Illich avanza hacia la puerta. La cierra de golpe, descubriendo a Ana, que estaba escondida detrás. Las luces PARPADEAN. INT. HOSPITAL ABANDONADOPASILLOSPRIMER PISO – SIMULTÁNEO Dupont está colgado de uno de los caños en el techo, tratando de romperlo. Lo logra al tercer intento, cayendo al suelo. El caño se suelta de un extremo, quedando suspendido sobre el pasillo. Dupont se incorpora y empuja los cables pelados del extremo expuesto hacia el charco en el piso. Chispas. Las luces se apagan. EXT. HOSPITAL ABANDONADO – SIMULTÁNEO El apagón es total. En la entrada, el Sr. Arbos e Ivo se detienen. SR. ARBOS “¿Qué pasa ahora?” Ivo se aferra al Sr. Arbos, como protegiéndolo de un enemigo invisible. SR. ARBOS (cont’d) “¡Estoy bien! ¡Vaya y arregle eso!” INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISO – SIMULTÁNEO El Dr. Illich se apresura a agarrar a Ana antes de que ella se aproveche del apagón para escapar. Ella se resiste. Los cirujas, habiendo conseguido sus pastillas, vuelven a sus camas en la oscuridad. Debajo de una de ellas está oculto Tomás. Tomás se asoma un poco por debajo de la cama: no ve casi nada, pero puede escuchar los forcejeos de Ana y el Dr. Illich. POV de Tomás, desde abajo de una cama: Ana se zafa del Dr. Illich. Trata de abrir la puerta, que está atascada. La silueta del Dr. Illich se le acerca, con una jeringa en la mano (similar a la que usara el Sr. Arbos con Isadora). TOMAS ¡NO! Escuchamos hablar a Tomás, y los demás también lo escuchan. Todos reaccionan de diferente manera, pero la sorpresa es general. Nadie en esa habitación ha oído hablar a una persona, no normalmente, no con su propia voz. Nadie se mueve. Tomás emerge de abajo de la cama y enciende su linterna. La apunta hacia su propia cara y repite: TOMAS (cont’d) ¡No! Todos los cirujas, incluso los que dormían, huyen hacia distintos puntos de la habitación. Ana y el Dr. Illich se quedan donde están, paralizados. Si bien Tomás percibe la autoridad instantánea que hablar le confiere, no parece mucho menos sorprendido que el resto. No tiene mucha idea de qué es lo que puede o no hacer hablando. Duda. Apunta la linterna al Dr. Illich. El Dr. Illich también está asustado, pero no es el tipo de persona que sale corriendo. Avanza lentamente hacia Tomás, con su jeringa en la mano. TOMAS (cont’d) ¡No! El Dr. Illich alza las cejas, sonríe. Con cada repetición, la palabra de Tomás se vuelve menos amenazante. El Dr. Illich extiende la jeringa hacia Ana mientras mira a Tomás, entre desafiándolo y pidiéndole permiso. La puerta se abre de un GOLPE, rebotando contra la pared y haciendo volar la jeringa en su trayecto. Dupont entra, cegando al Dr. Illich con la linterna fijada a su gorro. Lleva en la mano el caño que arrancó del techo. Lo alza. DUPONT (al Dr. Illich) “¿No oyó al chico?” INT. HOSPITAL ABANDONADOSOTANO – SIMULTÁNEO Ivo desciende por una escalera precaria, adentrándose en el cuartucho donde languidecen desde hace tiempo los controles de agua, gas y electricidad del edificio. Ivo extiende el encendedor que tiene en la mano, tratando de ver adónde se está metiendo. El suelo está inundado de un agua oscura y aceitosa. EXT. HOSPITAL ABANDONADO – SIMULTÁNEO Dupont y los chicos se escapan por donde entraron, tomados de la mano, en la más completa oscuridad. No se detienen hasta estar seguros de haber cubierto una buena distancia. Recobrando el aliento, Dupont ilumina a los chicos, asegurándose de que están bien. Tomás toma aire como para hablar. Dupont le tapa la boca. Sin sacar su mano de la cara de Tomás, Dupont responde a su mirada de preocupación mirando a su alrededor. Ambos iluminan el círculo en torno a las malezas que los rodean. No se ve nada. No hay más luz que la de sus dos linternas. No hay elementos que les permitan orientarse. No tienen idea de hacia dónde ir. Después de haber girado un par de veces ni siquiera tienen idea de dónde vienen o hacia qué lado iban. INT. HOSPITAL ABANDONADOSOTANO – SIMULTÁNEO Ivo, parado en un cajón para evitar mojarse, prueba switches al azar en el tablero de electricidad. Uno funciona. EXT. HOSPITAL ABANDONADOCONTINUO El predio del hospital se ilumina. Momentáneamente. El cortocircuito generado por Dupont no tarda en hacer saltar los tapones otra vez. Los segundos de luz, sin embargo, son suficientes como para que Dupont y los chicos se den cuenta de dónde están: Están en un punto equidistante entre el Hospital y el paredón que lo rodea, a unos treinta metros del Sr. Arbos, que los ve perfectamente y, después de un segundo de duda, comienza a correr tras ellos. Se tropieza, se incorpora y sigue corriendo. Las luces se apagan de nuevo. Dupont corre a ciegas, llevando a los chicos de la mano, pero se detiene cegado por… La LUZ de los faroles de un auto que se encienden. El auto acelera furiosamente hacia ellos. Dupont y los chicos se arrojan hacia un costado, instintivamente, esquivando al auto. Pero el auto pasa de largo. El objetivo del auto es el Sr. Arbos, que lo ve arremeter contra él, de rodillas, paralizado como una vizcacha. Cuando estamos a punto de ver al Sr. Arbos ser arrollado por lo que ahora reconocemos como su propio auto, el auto frena. Los faroles del auto quedan a milímetros de la cara del Sr. Arbos. El auto retrocede tan velozmente como avanzó hasta quedar al lado de Dupont y los chicos. Dupont y los chicos ven la puerta del auto que se abre, y a Isadora, en el asiento del conductor, urgiéndolos a subirse a él. El Sr. Arbos, en shock, permanece arrodillado al borde del estacionamiento. El auto se aleja. INT. HOSPITAL ABANDONADOPRIMER PISONOCHE Ivo y el Dr. Illich examinan el estado de la serie de aparatos después de los destrozos aparentemente causados por Dupont antes de salir. El Sr. Arbos, visiblemente recuperado, enciende un habano y se dirige al Dr. Illich: SR. ARBOS “¿Y qué dijo, se puede saber?” DR. ILLICH “No.” (aclarando, ante la reacción de Arbos) “Dijo “no”. Varias veces.” El Sr. Arbos se agacha y recoge el set de tubos en su estuche roto. SR. ARBOS “Puede ser cualquier cosa, eso. Puede ser un resfrío.” DR. ILLICH (insistiendo) “Sin ayuda. Sin esfuerzo. Como si fuera normal hablar…” El escepticismo del Sr. Arbos se vuelve rápidamente en desinteres; lo que le importa son las máquinas. SR. ARBOS (re: las máquinas) “¿Se puede arreglar?” DR. ILLICH “Todo se puede arreglar.” (señala la camilla) “Pero si no tenemos la Voz…” SR. ARBOS “La voz se la traigo yo.” (mira hacia afuera por la ventana) “No tienen adónde ir.” INT. BAR MARGINALAMANECER Lo más parecido a un tugurio suburbano (en una ciudad sin suburbios): un antro ruinoso alejado del centro. Hay una suerte de escenario en un rincón sobre el cual dos sujetos pálidos y cansados, vestidos con trajes ajenos, cantan para los otros dos o tres parroquianos que quedan. En realidad hacen playback, por supuesto — mueven los labios ante un micrófono siguiendo la vieja canción puertorricense (1920’s) que sale de un tocadiscos sobre una mesa. DUO PATETICO (playback) Sucedió / Lo que tenía que suceder / Que me cansaste / Que me aburriste / Con tu querer… Isadora y Dupont están sentados en la barra. Ella se abalanza sobre la botella de agua que acaban de servirle y la bebe entera sin respirar, pidiendo otra en cuanto termina. Dupont bebe de una taza de café sin mirarla. POV de Dupont: A través de la ventana, los chicos sentados en el asiento del auto del Sr. Arbos. El auto está semioculto, estacionado detrás de un tractor cubierto de nieve. Dupont se vuelve hacia Isadora con una mirada notablemente hostil, acusadora. Isadora tarda un segundo en darse cuenta de por qué la está mirando así. ISADORA “¿Cómo lo iba a pisar?” DUPONT “No frenando.” ISADORA “No se puede hacer eso, Nicolás.” DUPONT “¿Ah, no?.” Dupont termina su café y se acerca al dúo de falsos cantantes. DUO PATETICO (playback, a capella) Sin embargo / ya ves / no me inspiras amor / soloquiero quemedejesporfavor… Dupont retira la púa del disco y lo saca. DUPONT (al dúo) “Permiso.” Los hombres no reaccionan. Se quedan parados en el escenario, mirándolo. Dupont acerca el disco a la luz que empieza a entrar por la única ventana. POV de Dupont: Detalle de la etiqueta del disco: “Cuarteto Marcano, Puerto Rico, 1925”. Dupont pasa el dedo por encima de la fecha, pensativo. Después, en un gesto más propio de Tomás, le devuelve el disco a uno de los cantantes, volviendo a concentrarse repentinamente en sus problemas. El disco empieza a sonar de nuevo y el dúo vuelve a empezar. ISADORA (a Dupont, conciliatoria) “La próxima vez lo piso. ¿Está bien?” DUPONT (pausa) “La próxima vez nos matan.” INT. AUTO DEL SR. ARBOS – SIMULTÁNEO Ana y Tomás comen sendos sandwiches, sentados en el asiento trasero del auto. ANA “¿A ver?” Tomás vuelve la vista hacia afuera, evitando a Ana. Ella le tironea del hombro, obligándolo a mirarla. ANA (cont’d) “Por favor…” TOMAS No. Escuchamos la voz de Tomás, como antes, pero Ana pedía más que eso: ANA “Otra vez lo mismo. ¿Es la única palabra que —” TOMAS No. ANA “¿Dijiste otra cosa, alguna vez?” TOMAS ¡No! Tomás se la saca de encima y salta por sobre el respaldo del asiento, moviéndose hacia la parte delantera. Presiona botones al azar en el tablero del auto, en un gesto de distracción forzada. ANA (decepcionada) “¿No te gusta hablar?” Tomás no “escucha” esto último, al estar mirando hacia adelante. Juega con la botonera de la radio apagada del auto — uno de esos sistemas sesentistas de presets, que movían el dial mecánicamente de un punto a otro. EXT. BARCONTINUO Ana se baja del auto. Se acerca a Dupont, que ya no está en el bar sino acodado en el poste de un alambrado, a unos pocos metros. El alambrado separa la zona mínimamente urbanizada de una gran extensión nevada — posiblemente campo sembrado en otra época del año, pero una planicie infinita ahora, tan blanca como el sol que acaba de asomarse. Ana señala hacia el auto; está por mencionar a Tomás y su habla repentina pero, percibiendo la indiferencia de Dupont, se da por vencida antes de empezar. Cambia de estrategia. Se trepa al portón, interponiéndose entre Dupont y el campo. ANA “¿Y mi papá?” Dupont deja caer su cabeza hacia adelante y vuelve a suspirar, desbordado. ANA (cont’d) “Los ayudé a encontrar a la mamá de él. Ahora me toca a mí.” DUPONT (pausa, sinceramente) “Te juro que no puedo. Nunca pude y ahora menos.” ANA “Entonces me debe plata.” Esto casi divierte a Dupont, por un momento. DUPONT “La plata era mía de antes.” ANA “Pero me la dio por perder a mi papá. Si no lo vamos a buscar me debe plata.” …lo cual vuelve a enfrentar a Dupont con sus problemas. Responde casi a pesar suyo: DUPONT “La necesito, ahora, la plata.” ANA “Y yo necesito a mi papá. Y a ustedes no les importa.” DUPONT (estalla) “¡Me importa, nena! Pero —” (pausa, se le ocurre algo) “¿Que hacía tu papá con las cosas, con la basura que recogía?” ANA “Basura no. Cosas sin dueño.” DUPONT (asiente) “¿Las vendían? ¿A quién? ¿Adónde?” ANA (pausa, negociando) “Pero después vamos a buscar a mi papá. ¿Promesa?” Dupont asiente, sabiendo que va a arrepentirse de esta promesa, la cumpla o no. EXT./INT. DESARMADERO / AUTO DEL SR. ARBOSDIA El auto se detiene frente a un bloque cuadrado y neutro que ocupa toda la manzana; un edificio viejo, como el hospital, que ha ido perdiendo partes con cada reforma — fábrica, luego estacionamiento, luego quién sabe. Lo que queda es lo más básico: columnas, rampas, muy pocas paredes. Dupont está al volante, Ana viaja a su lado. Señala hacia un par de containers cerca de la entrada, al lado de un montacargas. ANA “Las cosas se dejan ahí. Pero hay que subir por adentro.” INT. DESARMADERO / AUTO DEL SR. ARBOSDIA El auto sube por la rampa que circunda el edificio. Todos los pisos son iguales: la extensión completa del edificio, sin paredes, sólo interrumpida por columnas. Sobre el piso de material, sin embargo, hay apilados una gran cantidad de objetos de todo tipo y tamaño. Las pilas son muy prolijas y homogéneas, demarcando sectores compuestos por elementos afines: colchones; libros; ropa; tornillos, tuercas y herramientas; lápices y biromes; etc. Es todo lo contrario del hospital: un catálogo obsesivo de categorías de objetos. Hay PERSONAS ubicando diferentes objetos en sus sectores correspondientes, pero apenas podemos verlos: en cuanto ven el auto avanzar salen corriendo. Dupont mira a Ana, sorprendido ante el pavor que inspiran a su paso. ANA “Es el auto. Mejor subimos caminando.” EXT. DESARMADEROTERRAZADIA Los objetos más diversos suben desde los containers hasta la terraza por un montacargas improvisado en el hueco del ascensor que ya no existe. MARCONI (46), un sujeto retacón y ágil examina cada uno de los objetos con la rapidez que da el oficio: los observa un segundo a través de la gran lupa sujeta a su gorro y los va tirando en distintas cajas. Con el rabillo del ojo, Marconi percibe la figura de Ana acercándosele. Da media vuelta y acomoda su lupa de modo que le cubra toda la cara — de frente, su cabeza parece consistir en un redondo rostro gigante. Se pone en cuclillas. MARCONI “¡Perdí mi lupa! ¡No veo nada! ¿Dónde está la lupa?” Ana sonríe; se trata de un juego que evidentemente le es familiar. Se acerca a Marconi y desliza la lupa hacia un costado, devolviéndole su aspecto normal. Marconi la alza y camina con ella en brazos. MARCONI (cont’d) (actuando) “¡Ah! ¡Esta nena siempre encuentra todo! ¡No se puede creer!” Ana lo besa en la mejilla. El la deja en el piso y se vuelve hacia Dupont, que no es quien esperaba encontrar. Su expresión cambia. MARCONI (cont’d) (a Ana) “¿Y tu papá? ¿Este quién es?” INT. DESARMADERODIA Marconi se acerca al auto del Sr. Arbos, pelando una mandarina. Dupont y Ana lo siguen. La expresión de Marconi es inescrutable. Da un par de vueltas alrededor del auto, deslizando su mano por el capot, las manijas de las puertas. Toma un gajo de mandarina, lo examina a través de su lupa y se lo lleva a la boca. MARCONI (masticando) “Es una broma, ¿no?” Dupont y Ana niegan con la cabeza. MARCONI (cont’d) (didáctico, a Ana) “A la Televisión no se le roba. Es demasiado expuesto.” (a Dupont, re: el auto) “¿Cómo voy a vender esto?” DUPONT “De a partes. Y de a poco.” MARCONI “Por eso.” (negociando) “Mucho no le puedo dar.” Marconi examina otro gajo de mandarina a través de su lupa. Se lo ofrece a Ana. Ana lo toma. ANA “No queremos plata. Queremos cosas.” INT. DESARMADERODIA Más tarde. Un piso más abajo, o más arriba. Los objetos elegidos por Dupont (herramientas, cables, testers, tijeras, un atlas mundial, bolsas de dormir) se agolpan en una larga mesa de cocina, ante la mirada atenta de Marconi, quien va marcando su cotización personal y arbitraria en una vieja máquina de sumar (mecánica). También hay ropa y otros objetos cotidianos en obvio reemplazo de los que había en las casas destruídas de Isadora y Dupont. Ana recoge los objetos y los va cargando en el nuevo auto que han conseguido a cambio. Es el extremo opuesto del auto del Sr. Arbos: un coche frágil, chico e incómodo (en un mundo realista sería una furgoneta Citröen). Dupont está en la otra punta del piso, escudriñando objetos que, deberíamos notar, se alejan cada vez más de lo que alguien en su situación debería necesitar. Dupont recoge una vieja raqueta de tenis, con el encordado roto. Se mira la mano — la cicatriz transversal que notara el Sr. Arbos. Empuña la raqueta, como intentando hacer coincidir la cicatriz con la empuñadura, pero el objeto no encaja. Lo descarta. Ana se acerca a Marconi cargando un radiograbador (70’s). Se lo muestra e inclina la cabeza, como pidiendo permiso. Marconi asiente, condescendiente. Ana da media vuelta, vuelve salticando hasta la furgoneta, y lo acomoda con el resto de la carga. Dupont apoya sobre el escritorio su último objeto: un ukelele. Marconi recorre con la mirada los objetos sobre la mesa; querría regatear, pero su mirada de desprecio sugiere que le resulta difícil aferrarse a nada de lo que Dupont elige. DUPONT “Y eso” Dupont señala el interior de un cajón abierto que sobresale de la mesa: una pistola Beretta (o similar), sólida y negra. Marconi asiente y sonríe (“sí, claro”). Cierra el cajón. MARCONI “¿Algo más?” Dupont le mantiene la mirada. Marconi lo observa de arriba a abajo, como adivinándole el talle. Se acerca a una pila de viejas guías telefónicas que tiene detrás. Levanta la primera y saca de la siguiente (que es en realidad un cajón oculto) un pequeño revolver percudido y miserable — un viejo modelo soviético. A Dupont le da lo mismo; jamás en la vida usó un arma. Se detiene en una inscripción en la base del revolver: el año de fabricación (1950). DUPONT “¿Estos números que son?” MARCONI (adivinando) “¿El modelo?” DUPONT (niega, pensativo) “Todo tiene.” Dupont toma educadamente la vieja guía telefónica que Marconi todavía tiene en la mano. DUPONT (cont’d) “Esto también.” EXT. JARDINES RECREATIVOSDIA Isadora está sentada en un banco, con la cara entre las manos. El lugar debería expresar instantáneamente por qué lo han elegido para ocultarse: un boulevard desierto al lado del río, salpicado de puestos y kioskos cerrados junto a algunos juegos infantiles — se trata de un paseo decididamente veraniego, alejado del centro. Tomás está parado en la orilla. Un par de patos nadan cerca. Tomás tira una piedra al agua, espantando a los patos. Después mira de reojo a Isadora, que sigue con la cara entre las manos. TOMAS (arroja otra piedra, sotto) Uno. Tomás habla. Ante la falta de reacción de Isadora, arroja otra piedra y eleva la voz. TOMAS (cont’d) Dos. Isadora chasquea los dedos. ISADORA “Tomás…” TOMAS (arroja otra piedra) ¡Tres! Isadora se levanta, se le acerca, lo toma del hombro. TOMAS (cont’d) (se la saca de encima, arroja otra piedra) ¡Cuatro! (señalando el lugar) No hay nadie. (a Isadora) Y no pasa nada. No me siento mal. ISADORA “No empecemos con eso. Será que los chicos tienen más defensas. Pero es peligro—” TOMAS ¡No pasa nada! (hacia el río) Pato. ¡Pato, pato pato! (a Isadora) No me voy a morir por hablar. ISADORA “Al final, sí.” TOMAS Como todo el mundo. ISADORA “Peor. Y mucho antes.” (suspira, conciliatoria) “¿No ves que nadia habla, hijo?” TOMAS Porque no pueden. Isadora lo toma de la mano y lo arrastra de nuevo hacia el banco con ella. ISADORA “No pueden porque la naturaleza es sabia. Si hablaran se enfermarían como —” Isadora se interrumpe, da media vuelta. Respira hondo, recuperando una cierta calma didáctica. ISADORA (cont’d) “Como pasó en la plaga. Hace mucho. Leímos eso, ¿no? La gente empezó a hablar y…” TOMAS Me cago en la plaga. Es todo mentira. No hablan porque son tontos. ISADORA (asiente) “Tomás es el único genio. El único que sabe todo.” TOMAS El único que habla, por lo menos. Hay una acusación implícita en esta frase de Tomás, e Isadora acusa recibo. Una pausa, bastante larga, durante la cual los dos se miran sin saber qué hacer ni qué decir. TOMAS (cont’d) (“mudo”) “Quiero volver a casa.” Se abrazan. ISADORA “Yo también, hijo. Yo también.” Ambos giran la vista al mismo tiempo, primero con alarma y después expectantes al ver a Dupont y Ana acercándose en la FURGONETA. Tomás lleva su mano a la cara de Isadora, apresurándose a secarle las lágrimas para evitar que los demás la vean con el maquillaje corrido. EXT. JARDINES RECREATIVOSDIA Un rato después. Ana y Tomás están sentados sobre el capot de la furgoneta, separados por el radiograbador que trajo Ana del desarmadero. Un cable conecta el radiograbador con la salida de 12V para encendedores (no hay industrialización de pilas en la ciudad sin voz). Escuchan la canción que reproduce el radiograbador: es una versión sesentista de lo que tal vez reconozcamos como “Massachussets” (1968), pese a la peculiaridad de que esta cantada en checo. Ana sigue la canción con interés. Tomás frunce el ceño, impaciente; es claro que le molesta no entender una palabra de lo que escucha. La grabación se detiene a los pocos segundos, con el típico pitch descendente de una cinta tironeando contra un cabezal. Tomás sacude el aparato, gira el dial de sintonía al azar. ANA (arrebatándole el aparato) “No. Es otra cosa.” (re: el dial) “Eso no sirve.” TOMAS (girando el dial) “¿Cómo no sirve? Para algo es.” EXT. JARDINES RECREATIVOS – SIMULTÁNEO La zona de juegos infantiles, desierta igual que el resto del predio. Isadora y Dupont están sentados en sendas hamacas, pendulando levemente sobre la nieve que se derrite. Dupont tiene el atlas abierto sobre sus piernas; lo hojea desorientado, cotejando con hojas arrancadas de la guía telefónica. Isadora se agarra con cada mano de una de las cadenas de cada hamaca, girándolas. Ella y Dupont quedan enfrentados. ISADORA “Usan mi voz. Lo que quieren es eso. Nos tenemos que esconder. O irnos.” Dupont apoya su mano sobre la de ella. Ella suelta las cadenas. Las hamacas giran un par de veces hasta estabilizarse. La mano de Dupont roza el abrigo blanco de Isadora. DUPONT (re: el abrigo) “Siempre me gustó esto. ¿Dónde lo compraste?” ISADORA “Nicolás…” DUPONT “El lugar ese… El hospital. Estuve ahí antes.” (le muestra el atlas) “No está en los mapas.” Isadora opta por intentar acercarse a los razonamientos de Dupont en vez de combatirlos: se inclina sobre los mapas. ISADORA “¿La ciudad cuál es?” DUPONT “La ciudad tampoco está. No hay ciudades. No se entiende.” (re: latitud y longitud en los mapas) “¿Estos números qué son? Para mí son años. Fechas.” (re: la guía telefónica) “Acá hay millones” ISADORA “Nicolás, no nos podemos sentar a mirar mapas. ¡Hay que irse!” DUPONT “¿Adónde?” Dupont señala efusivamente los mapas al decir esto, indicando que es justamente lo que está tratando de resolver. Isadora impulsa su hamaca hacia atrás, sólo una vez. Mira hacia el río: el puente que lo atraviesa y el aparente vacío nevado del otro lado. ISADORA “¿Puede ser que no haya nada más? ¿Que hayamos sidolos únicos en salvarse?” Dupont tarda en mirar a Isadora, perdiéndose la mitad de la frase. DUPONT “¿Salvarse?” ISADORA “De la plaga. ¿Me vas a decir también que no existió…” DUPONT “No, no. La plaga existió.” (pausa) “Pero me parece que no nos salvamos.” EXT. JARDINES RECREATIVOSDIA Un instante después, todavía en el sector de juegos. Dupont, arrodillado en el piso, sacude los pocos restos de nieve sobre el arenero. Con el dedo, dibuja una rudimentaria cara humana en la arena. Antes de continuar, se vuelve hacia Isadora, con el índice levantado. DUPONT (re: el abrigo de Isadora) “¿Dónde lo compraste?” (sin esperar respuesta) “¿Quién te enseñó a tocar el piano?” (aclarando el punto) “¿Nos acordamos de algo anterior a la plaga?” Isadora no responde. Dupont traza una boca en la cara que dibujó en la arena. Luego escribe: ———- / \ El Sr. X HABLA / \ | o o | | | \ O / \ / ———- Isadora asiente, intrigada. Dupont continúa: ———- / \ El Sr. X HABLA / \ | o o | SE ENFERMA (PLAGA): | | \ III / SI HABLA SE MUERE \ / ———- Isadora vuelve a asentir, con cierta impaciencia. Dupont completa su diagrama: ———- / \ El Sr. X HABLA / \ | o o | SE ENFERMA (PLAGA): | | \ III / SI HABLA SE MUERE \ / ———- SI NO HABLA SE OLVIDA ISADORA “¿Se olvida de qué?” Dupont frota con su mano sobre la arena. DUPONT “De esto…” (borra la primera línea) “De esto…” (borra la cuarta) “De esto.” (borra la segunda, y la boca de la figura) Isadora observa lo que quedó en el diagrama: ———- / \ El Sr. X: / \ | o o | | | \ / SI HABLA SE MUERE \ / ———- Dupont señala el dibujo, luego a sí mismo, luego a su alrededor, en un gesto abarcador y genérico. DUPONT (cont’d) “Esto no es normal, Isadora. Nos pasa algo.” Bruscamente, Isadora borra lo que quedó del dibujo. Tardamos un segundo en darnos cuenta de que lo ha hecho para evitar que lo vean los chicos, que acaban de acercarse. Ana muestra a Dupont el casette con la cinta enredada. ANA “Se rompió.” TOMAS “Tenemos hambre.” (CONTINUARÁ…)

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