La preantena - 03
Huili Raffo
21 03 2009 - 00:04
(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA
Un momento después. Dupont hace entrar a Ana al cuarto
contiguo, la conduce del brazo hasta donde está Tomás y se
pone en cuclillas para hablarles a ambos.
DUPONT
“Necesito que se queden tranquilos acá, que no toquen
nada y que no hagan ruido. ¿Puede ser?”
Los dos chicos se miran. Tomás alza el dedo índice.
TOMAS
“¿Cuánto tiempo?”
DUPONT
(exasperado)
“¡No sé cuánto tiempo, Tomás! ¡El que haga falta!
¡El que yo diga! ¿PUEDE SER?”
Los dos chicos se miran de nuevo.
DUPONT (cont’d)
“¡No es una pregunta!”
Dupont sale, dando un portazo. Lo escuchan cerrar la puerta
con llave del lado de afuera.
Tomás atraviesa el cuarto hasta el rincón opuesto y se
sienta en el piso a leer su libro. Es evidente que Ana no
tenía ninguna intención de hacerle caso a Dupont, pero la
actitud obediente (y antisocial) de Tomás la desconcierta
un poco.
Ana da unos pasos al azar por el cuarto — originalmente el
depósito trasero, se ha convertido ahora en el sitio donde
Dupont esconde las pocas máquinas que no embaló la noche
anterior.
Ana rodea un escritorio con dos televisores encima, un par
de componentes y el joystick que vimos antes. Abre un
cajón. Lo cierra. Intenta encender uno de los televisores.
Tomás le chista, desde donde está.
TOMAS
“Dijo que no toquemos nada.”
ANA
“Y quién es, el Rey? ¿Qué me importa lo que dijo?”
TOMAS
“No hay reyes. Somos una Autocracia Monetaria de
Emergencia.”
ANA
(pausa)
“Ah, estás loco.”
Suena el TIMBRE. Los chicos escuchan el SONIDO de varias
personas caminando en el taller, arrastrando cajas. La
actitud de Ana se vuelve más sobria al intuir que a su
alrededor están pasando cosas que no entiende. Se acerca a
Tomás y se sienta en el piso a su lado.
ANA (cont’d)
“¿Tu papá también se le perdió a él?”
TOMAS
“No tengo papá. No hables más.”
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO
En el taller: el Hombre Ratón dirige a sus subalternos, los
OPERADORES, que vacían de cajas el lugar — no son
idénticos, pero parecen distintas versiones de una misma
persona, meras sombras. Arrastran las cajas hacia afuera y
las cargan en una camioneta del canal.
Dupont está parado junto a la puerta, inexpresivo. A su
lado, Ivo va anotando los ítems devueltos en una planilla.
Las miradas de Ivo y Dupont se cruzan.
Dupont lo ignora. Atraviesa el cuarto, recoge una caja que
quedaba debajo del lavatorio y se la entrega al Hombre
Ratón.
DUPONT
“No se olviden de esta”.
Las manos inseguras del Hombre Ratón dejan caer la caja.
Tropieza.
HOMBRE RATÓN
(recomponiéndose, a
Dupont)
“¿Es todo?”
Dupont asiente.
HOMBRE RATÓN (cont’d)
(a Ivo)
“¿Es todo?”
POV de Ivo: La planilla, en la cual la mayoría de los ítems
están chequeados con una “v”, pero no todos.
Ivo mira a Dupont. Marca rápidamente los ítems faltantes.
IVO
“Es todo lo que había, sí.”
La mirada de agradecimiento de Dupont no es percibida por
Ivo, que sale tras los demás sin darse vuelta.
Dupont apoya su espalda sobre la puerta después de
cerrarla. Respira hondo. Los sonidos de actividad en el
cuarto contiguo no le dan tiempo a pensar mucho más.
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO
En cuanto entra en el depósito trasero, Dupont ve a los
chicos trepados al escritorio, manipulando los monitores de
TV. Tomás le está mostrando a Ana el funcionamiento del
joystick.
Dupont les chista, primero, y después chifla sonoramente
mientras se abalanza sobre los aparatos. Tomás se da
vuelta, tranquilamente.
TOMAS
“Está bien. De veras. Ya me di cuenta de cómo se usa.”
DUPONT
“¡No toques eso!”
Optando por lo más rápido, Dupont da un manotazo. El
joystick sale despedido por el aire. Tomás cae al piso y se
queda sentado. Dupont se da cuenta de lo excesivamente
violento de la maniobra y le extiende la mano a Tomás para
que se levante.
DUPONT (cont’d)
“Perdón.”
Tomás ignora la mano extendida de Dupont. Se queda
mirándolo tan sorprendido como asustado. Dupont se pone en
cuclillas a su lado.
DUPONT (cont’d)
(disculpándose)
“Tomás, no es para chicos, eso. Antes de tocar
algo hay que saber para que sirve…”
Al señalar los aparatos la mirada de Dupont se cruza con la
de Ana, que se había quedado inmóvil sentada sobre el
escritorio.
ANA
“Sirve para ver qué hacen los que se llevaron las cajas.
Sin que ellos sepan.”
Rápido, cubriéndose de la posible reacción de Dupont, Ana
señala a Tomás y agrega:
ANA (cont’d)
“Me lo dijo él.”
Dupont se para despacio, descubriendo la imagen en…
El monitor de TV: Lo que ve la cámara espía, situada en la
parte de atrás de la camioneta del canal — las nucas de
Ivo y del Hombre Ratón, que va manejando.
DUPONT
“Funciona…”
Que funcione es algo que Tomás daba por sentado.
DUPONT (cont’d)
(para sí mismo)
“¿Adónde van?”
Tomás se encoge de hombros otra vez. No tiene la menor
idea.
EXT. EDIFICIO ARBOS – DIA
La descomunal entrada a un edificio imponente.
Isadora se baja de un taxi. Su cara está oculta por
anteojos oscuros y por la fina capucha en la que termina su
largo abrigo blanco.
El portal mecánico se abre a su paso, sin que ella haga
siquiera ademán de anunciarse.
INT. ASCENSOR – EDIFICIO ARBOS – DIA
Isadora sube sola en un ascensor sin ventanas. Se mira al
espejo. Se da vuelta y mira hacia el indicador luminoso
sobre la puerta: no hay ningún número, nada que sugiera la
existencia de distintos pisos. En cambio, lo que vemos es
una barra de progress, como la de una computadora. Apenas
ha subido un 25%.
Isadora desliza su espalda contra el espejo hasta quedar en
cuclillas. Se saca los anteojos oscuros.
INT. RESIDENCIA DEL SR. ARBOS – EDIFICIO ARBOS – DIA
La puerta del ascensor se abre directamente sobre un enorme
salón en uno de los pisos más altos. Isadora entra, con el
abrigo en la mano. Deja caer el abrigo y su cartera en un
sillón, sin mirar, y avanza.
No parece haber nadie más. Isadora rodea un brillante piano
de cola rozándolo con la mano y sube un par de escalones
hacia el bar; un ambiente casi independiente, tan excesivo
como el resto, pero despojado de todo signo hogareño.
Isadora no se sorprende al encontrar una botella de vino
blanco ya destapada (aunque aun fría y con su contenido
intacto). Al girar en busca de una copa, ve algo que la
hace quedarse inmóvil donde está.
POV de Isadora: La parte de atrás de un sillón, sobre cuyo
apoyabrazos se desliza apenas un grueso tubo flexible, que
conduce a un artefacto eléctrico. Por la junta que hay
entre el tubo y el artefacto suben blancas volutas de humo.
Isadora rodea el sillón cautelosamente, con la botella y la
copa en la mano.
En el sillón está sentado el Sr. Arbos, esperándola.
Sonríe. El par de tubos (son dos) se estrechan a medida que
se alejan del artefacto volviéndose dos canutos que entran
por la nariz del Sr. Arbos — el conjunto tiene un aspecto
similar al de los dosificadores de suero de los hospitales.
Con la vista fija en Isadora, el Sr. Arbos da una larga
pitada a su habano y habla:
SR. ARBOS
¡LETRA DEL GAS!
Lo escuchamos hablar. Su voz es monstruosa, apenas humana.
Isadora da un paso atrás.
Paradójicamente, vemos la frase subtitulada sobre la imagen
— los subtítulos aparecen justo la primera vez que no los
necesitamos. Pero la frase subtitulada se reordena. Vemos
las letras (la misma, exacta, cantidad de letras) cambiar
de lugar. De este modo, “Letra del gas” se convierte en
“Llegas tarde”, revelando la intención original de la
frase.
Isadora se queda paralizada donde está.
SR. ARBOS (cont’d)
(con esfuerzo)
¡Pequinés venenosa!
En los subtítulos: “Pequinés venenosa” se transforma en
“Pensé que no venías”.
ISADORA
“¿Qué?”
En los subtítulos: “Pensé que no venías” se reordena en
sincro con la siguiente frase del Sr. Arbos, formada con
las mismas letras.
SR. ARBOS
(protestando)
Es que sin nene pavo…
El espanto inicial de Isadora da lugar a una mezcla de
desconcierto y repugnancia. Vuelve las palmas de sus manos
hacia arriba, indicando que no entiende una palabra.
Molesto, el Sr. Arbos comienza a desconectarse del
artefacto, mientras sigue mascullando, aunque ya sin la
intención de ser entendido.
SR. ARBOS (cont’d)
(en voz baja)
Aunque ni tan monofásica…
En los subtítulos: “Aunque ni tan monofásica” se reordena
formando “Esta máquina no funciona”.
El Sr. Arbos se arranca los tubos que le quedan. Toma aire
para seguir hablando, instintivamente, pero su garganta
emite en cambio una tos seca incontenible. Se incorpora.
SR. ARBOS (cont’d)
(mudo, tosiendo)
“Todavía. Nos falta poco.”
El Sr. Arbos le arrebata el vaso de vino a Isadora y lo
bebe de un trago, después de lo cual deja de toser y
empieza a tranquilizarse.
Isadora apoya delicadamente la copa sobre el bar y la
reemplaza por otra, que llena por la mitad. Toma un sorbo y
recién entonces vuelve a mirar al Sr. Arbos, que la mira
expectante.
ISADORA
“No parece.”
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA
En monitor de TV: el interior de la camioneta, captado por
la cámara-espía. El cuadro vibra a medida que la camioneta
se interna en un camino estrecho lleno de baches. Ivo se da
vuelta para sostener las cajas, quedando de frente a la
cámara, y le dice algo al Hombre ratón. Como la noche
anterior, vemos esta frase, subtitulada en la pantalla del
televisor.
IVO
(subtitulado, en TV)
Más despacio.
Frente a los televisores, Tomás gira la cabeza hacia
Dupont.
TOMAS
(re: el subtitulado)
“Eso es lo que dicen, ¿no?”
Dupont asiente, señalándose los labios.
En monitor de TV: Ivo vuelve a mirar hacia el frente; su
siguiente frase al Hombre ratón aparece subtitulada como un
galimatías ininteligible.
DUPONT
“¿Adónde están? ¿Qué es eso?”
Tomás se incorpora para poder leer los labios de Dupont. Se
señala sus propios labios, devolviéndole el gesto de un
momento antes.
ANA
“¿Falta mucho?”
DUPONT
(a Tomás, re: el
monitor)
“Pensé que llevaban las cosas al canal.
Pero no. No sé adónde van.”
ANA
“A buscar más cosas”
Los otros dos la ignoran por completo.
En monitor de TV: la camioneta ingresa a un predio desolado
a través de un portón metálico sobre el cual puede leerse
claramente la palabra “HOSPITAL”.
TOMAS
“A un hospital”.
DUPONT
“No me digas.”
Tomás los interrumpe tirando de la manga de Dupont y
señalando el monitor: la camioneta se ha detenido y todos
se bajan.
Dupont se abalanza sobre el joystick.
EXT. HOSPITAL ABANDONADO – CONTINUO
DETALLE: El periscopio de la cámara espía baja bruscamente,
quedando oculto justo antes de que uno de los operadores la
alce para depositarla en el piso.
Estamos en lo que alguna vez fue el estacionamiento trasero
de un hospital importante. Un paredón alto lo rodea,
ocultándolo de los alrededores. Paulatinamente, y en gran
medida por la actitud de Ivo (que no parece haber estado
aquí antes) notamos que el lugar difiere significativamente
del resto de la ciudad. La arquitectura del edificio es
simple y funcional (50’s); el predio se ve tan deteriorado
y antiguo como el sitio en el que se refugió el Hombre
Globo.
Los operadores vuelven a subirse a la camioneta, habiendo
apilado todas las cajas sobre una ruinosa plataforma de
madera con ruedas. El Hombre Ratón le indica a Ivo la
dirección en que debe ir — las entradas traseras al
hospital parecen más bien las de un frigorífico.
El Hombre ratón también se sube a la camioneta, desde donde
ve cómo Ivo se adentra en el hospital, empujando la
plataforma. Antes de ponerse en marcha, el Hombre Ratón
disca un número en el video-teléfono de la camioneta.
En monitor del videoteléfono: El Sr. Arbos atiende,
inconfundible pese a que vemos sólo la mitad de abajo de su
cara.
INT. RESIDENCIA DEL SR. ARBOS – EDIFICIO ARBOS – CONTINUO
El Sr. Arbos frente a su videoteléfono, que es
particularmente sofisticado: un headset inalámbrico con
mini-cámara incluída y un pequeño monitor que sostiene en
la mano.
El Sr. Arbos no habla — esto es: no mueve los labios en su
intercambio con el Hombre Ratón —; responde con su dedo
pulgar extendido hacia arriba. Espera. Muestra otra vez su
pulgar hacia arriba. Espera. Piensa un segundo y responde a
otra pregunta con el pulgar hacia abajo.
Al mismo tiempo, vemos en el fondo a Isadora, que elige un
disco de vinilo de la escasa aunque privilegiadamente
ubicada colección y va hacia el tocadiscos. Comienza a
sonar una GRABACION ANTIGUA y deteriorada.
Isadora se sienta en un taburete giratorio frente al piano.
Toca abstraída sobre la grabación, sin esfuerzo, para sí
misma.
El Sr. Arbos cuelga el videoteléfono y comienza a sacarse
los tubos que todavía cuelgan de su camisa. Antes de
enrollarlos prolijamente se los extiende a Isadora, como
quien ofrece un cigarrillo.
ISADORA
(sin mirarlo)
“No necesito, gracias.”
El Sr. Arbos la toma del mentón y le gira suavemente la
cabeza para hablarle.
SR. ARBOS
“No por ahora.”
(re: los tubos)
“Vamos a ver cuando salgan palabras de acá.”
El Sr. Arbos se aleja unos metros hasta el estuche abierto
en el piso, donde coloca los tubos con sumo cuidado. Al
notar que Isadora ha dejado de tocar el piano eleva la
vista, comprobando que su comentario ha surtido efecto:
ISADORA
(didáctica)
“Si salen palabras de ahí uno se muere.”
El Sr. Arbos se incorpora con una mueca despectiva.
SR. ARBOS
“Palabras mías no, Isadora. No soy imbécil.”
Esto genera curiosidad en Isadora; antes de que se le note,
gira en su taburete y sigue tocando.
Vemos al Sr. Arbos detrás de Isadora mientras ella toca. Se
quita el saco. Se agacha hacia el estuche y toma un objeto
que no distinguimos. Se acerca al piano.
El Sr. Arbos apoya una mano sobre los hombros de Isadora.
La deja ahí hasta que ella deja de tocar. Recién entonces
gira el taburete — la cara de ella queda apenas por encima
del cinturón de él. Se miran. El Sr. Arbos le pasa
delicadamente la mano por la mejilla, recogiéndole el pelo
de un lado.
SR. ARBOS (cont’d)
“Sé cómo hacer para hablar…
Con tu ayuda.”
Isadora sonríe en un suspiro breve (como diciendo:
“hubieras empezado por ahí”). Sin levantarse, baja la vista
y comienza a desabrochar la camisa del Sr. Arbos.
ISADORA
“¿A cambio de qué?”
La mano del Sr. Arbos, que había quedado apoyada en la nuca
de ella, se tensa. El cuello de Isadora se tuerce
espasmódicamente hacia atrás.
SR. ARBOS
“Gratis.”
Recién entonces vemos la jeringa en la mano del Sr. Arbos,
inyectando un líquido espeso en la nuca de Isadora. Es él
quien evita la mirada de ella, ahora, durante los pocos
segundos que pasan hasta que la droga hace efecto.
INT. ESTACIONAMIENTO – EDIFICIO ARBOS – DIA
Un enorme sótano desierto. Hay lugar para más de cincuenta
coches, pero sólo el auto del Sr. Arbos rompe la simetría
de decenas de columnas iguales.
Las puertas del ascensor se abren. El Sr. Arbos sale del
ascensor cargando a Isadora, inconsciente.
INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – DIA
El Hombre Globo ha hecho de la radio su base/refugio,
fogata incluída: sobre un rincón no inflamable vemos la
rejilla que viajó colgada del Hombre Globo hasta ahí,
convertida en improvisada parrilla. El grabador sigue
funcionando. Lo ESCUCHAMOS en el fondo.
VOZ (O.S. EN GRABADOR)
— hay que empezar por ahí. Todas
las instrucciones están ahí. Dos
veces. Porque incluso al
principio tiene que haber nivel.
Pero que funciona mal, funciona
mal. Debería decir la fecha. Pero
por supuesto no me la acuerdo.
El Hombre Globo da un mordisco a lo que sea que está
asando: un animal de origen indiscernible, tal vez un
conejo, o una rata. No parece gustarle, pero mastica y
traga. Lo vuelve a poner sobre la parrilla y aviva el fuego
arrojándole tapas de discos. Sólo las tapas — Jobim, Chet
Atkins, vinilo viejo genérico. Un par de discos derretidos
a su lado sugieren su aprendizaje reciente sobre las
ventajas del cartón como elemento inflamable.
VOZ (cont’d)
Sé lo que me escucho decir:
pienso en la tierra y no me la
acuerdo.
En la medida del pasado, al tener
una salida, las máquinas pueden,
pero uno se olvida…
El tono de irritación creciente de la voz grabada llama la
atención del Hobre Globo, que se detiene a escucharla más
detenidamente (aunque nada hace pensar que entiende más que
nosotros; posiblemente incluso menos).
VOZ (cont’d)
(in crescendo)
Para prevenir que la puerta
conduzca a alguna tapa tiene que
haber sido evidente que el
contagio confirma constantemente
que sus actos obedecen a empezar
por la defensa del aparato! ¡No!
La grabación reproduce una suma de SONIDOS perturbadores:
golpes, quejidos, un acople, un grito. Después de una larga
pausa, el hombre vuelve a hablar en la grabación, con
renovada calma.
VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d)
(suspira)
¿A ver ahora?
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA
En monitor de TV: Oscuridad. Formas desenfocadas apenas
visibles que vibran; lo que capta la cámara espía adentro
de una caja cerrada.
Tomás gira perillas en el monitor, en un vano intento por
mejorar la imagen. Se vuelve hacia Dupont, que acaba de
entrar buscando sus llaves.
TOMAS
“Sonido no tiene,¿no?”
Dupont se pone su abrigo largo.
DUPONT
(a Tomás)
“No pensé que iba a hacer falta.”
(a Ana)
“Vamos.”
Ana, que está sentada en el otro extremo del cuarto
revolviendo entre las figuritas victorianas, mira a Dupont
sin moverse de donde está. Dupont la toma de la mano y se
acerca con ella al escritorio.
DUPONT (cont’d)
“Voy a llevar a esta nena a su casa.”
Dupont se estira hacia otro videoteléfono sobre el
escritorio y lo pone al lado de Tomás.
DUPONT (cont’d)
“En cuanto abran las cajas, donde sea…
Necesito que me llames. ¿Se entiende?”
ANA
“No.”
TOMAS
“Me preguntó a mí.”
Ana se suelta de la mano de Dupont.
ANA
“No voy a mi casa. Voy a buscar a mi papá.
Si ustedes no vienen voy sola.”
Tomás y Dupont se miran. Se vuelven hacia Ana al mismo
tiempo con el mismo gesto: señalando la puerta.
Ana sale por la puerta hacia el taller sin dudar un
segundo.
Dupont suspira, irritado. Va tras ella, que ya ha salido a
la calle con un portazo cuando él entra al taller.
Escuchamos el SONIDO de Tomás discando el videoteléfono en
el cuarto contiguo, luego el del videoteléfono móvil de
Dupont sonando en su bolsillo.
Dupont abre la puerta de calle, sabiendo que va a encontrar
a Ana esperando. Efectivamente.
Dupont vuelve hacia el escritorio. Ana lo sigue, resignada
– ella también quiere saber qué pasa.
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA
Un buen rato después. Dupont, Ana y Tomás están instalados
frente al monitor de TV. Las máquinas han sido desembaladas
en el hospital y la imagen ha vuelto: Dupont opera
sutilmente el joystick haciendo un reconocimiento del
lugar. Los tres comen galletitas saladas de una bolsa.
TOMAS
(re: lo que ven en el
monitor)
“¡Mi máquina!”
Dupont asiente.
En monitor de TV: El paneo remoto de Dupont nos muestra las
máquinas de Dupont reordenadas por primera vez para cumplir
la función conjunta a la cual están destinadas. Es un setup
bastante complejo que incluye también nuevos elementos.
De izquierda a derecha, podemos ver, conectados en serie:
Un biombo de hospital, una antena de un metro y medio de
altura, la máquina (correctamente identificada por Tomás)
que nombraba cosas en la primera escena, su tablero
(dispuesto ahora verticalmente) lleno de letras, un
recipiente cúbico y un viejo sillón de dentista.
Detrás de las máquinas hay un cortinado que las separa del
resto de la habitación. Parado, inmóvil en el extremo
derecho, está Ivo.
DUPONT
(re: Ivo, en el monitor)
“¿Qué hace?”
INT. HOSPITAL ABANDONADO – ATARDECER
Dos hileras de camas extendidas a lo largo de un ala
lóbrega del hospital, iluminada sólo por la luz que entra
por las ventanas.
Una figura escuálida recorre el pasillo formado por las
camas, deteniéndose cada tanto a observar a quienes yacen
en ellas. Es el DOCTOR ILLICH, un hombre alto y de mirada
hiriente.
Sobre las cuatro o cinco camas ocupadas duermen, o intentan
dormir, otros tantos hombres de aspecto miserable,
completamente vestidos.
El Dr. Illich llega al cortinado al final de la habitación.
Nos damos cuenta de que estamos del otro lado de la cortina
tras la cual estaban las máquinas.
El Dr. Illich abre la cortina, buscando a Ivo.
INT. HOSPITAL ABANDONADO / INT. LOCAL REP. DE TV – CONTINUO
Vemos y leemos en el monitor lo que dice el Dr. Illich (a
partir de aquí cortamos entre ambos decorados varias veces;
todo lo visto a través del monitor lleva subtítulos).
DR. ILLICH
(a Ivo)
“Espere unos minutos que se duerma el último
y hágalo pasar.”
El Dr. Illich apenas ha terminado de decir esto cuando una
puerta se abre. Entra el Sr. Arbos, que deja caer el
estuche de los tubos al piso con desdén.
SR. ARBOS
“No anda, esta mierda.”
DR. ILLICH
O usted no la sabe usar.
Ivo se aparta y vuelve a quedarse parado en un rincón. El
Dr. Illich se inclina ante el Sr. Arbos, señalando el
sillón de dentista. Su actitud combina magistralmente lo
servil y lo despectivo.
DR. ILLICH (cont’d)
“Buenas tardes. Siéntese.”
El Sr. Arbos se sienta, reacio. El Dr. Illich sigue
hablándole mientras lo conecta a los tubos que vimos antes.
En el taller: Dupont corrige el cuadro con el objeto de no
perderse una palabra. Tanto él como los chicos siguen la
escena con interés y desconcierto.
DR. ILLICH (cont’d)
“¿Cuál es el problema?”
SR. ARBOS
“Anda mal. Dice cualquier cosa.”
DR. ILLICH
“A ver. ¿En qué piensa, usted, cuando habla?”
SR. ARBOS
(pausa)
“Depende.”
DR. ILLICH
“¿Piensa en las palabras, antes de decirlas?”
El Sr. Arbos gira sus palmas hacia arriba, indicando que no
se le ocurre de qué otra manera podría hablar. El Dr.
Illich niega con la cabeza.
DR. ILLICH (cont’d)
“Así nunca va a andar.”
El Dr. Illich acomoda el estuche de los tubos en el
cilindro vacante (que era para eso) y se acomoda ante el
tablero con letras, que se ilumina.
DR. ILLICH (cont’d)
“¿A ver cómo hace? Muéstreme.”
El Sr. Arbos cierra los ojos.
DR. ILLICH (cont’d)
“¡Tsch, tsch! Piense, no hable, mire.”
El Sr. Arbos se concentra de mala gana, con los ojos
abiertos.
Las letras se mueven en el tablero vertical. Vemos aparecer
la palabra:
“TELEVISION”
Pero un rápido movimiento de las manos del Dr. Illich la
convierten en:
“ESTE VIOLIN”
El Dr. Illich lza las cejas y sonríe al Sr. Arbos, como
diciendo “¿Entiende ahora?”. Mueve las manos de nuevo y las
mismas letras forman la frase:
“NI EL SOVIET”
SR. ARBOS
(irritado)
“Ya entendí.”
DR. ILLICH
“Piense en el televisor, ahora.”
El Sr. Arbos lo intenta. Las letras se mueven, formando:
“ESTE NI LO VI”
DR. ILLICH (cont’d)
“¡No la palabra! ¡La cosa!”
Las palabras se reacomodan solas a gran velocidad:
“TELEVISION”
El Dr. Illich se aleja del tablero, habiendo demostrado lo
que quería. El Sr. Arbos se incorpora en el sillón con una
timidez impropia de sí mismo.
SR. ARBOS
“Pero si pienso en las palabras…
¿No me va a hacer mal?”
DR. ILLICH
(con desprecio)
“Es que usted no las piensa: las elige.”
(descorre las cortinas)
“De las que piensan ellos.”
Quedan a la vista los indigentes que duermen en el otro
lado del salón, que sin las cortinas es ahora uno solo,
enorme.
En el taller: Dupont mira a los chicos, que están pegados
al monitor, mirando compulsivamente. No tiene idea de qué
están por ver.
DUPONT
“Chicos… No sé si quieren ver esto…”
En el hospital: El Dr. Illich se acerca al biombo en el
extremo izquierdo, dispuesto a descubrir el último eslabón
en la cadena de artefactos — él puede ver lo que hay
detrás del biombo; nosotros no.
DR. ILLICH
(al Sr. Arbos)
“¿La trajo sedada?”
SR. ARBOS
“Sí, pero no hacía falta. La próxima vez la puedo
convencer perfectamente de que lo hagam —
DR. ILLICH
“¿Le parece?”
El Dr. Illich empuja el biombo con un pie, descubriendo
a…
Una mujer con los brazos en cruz (sabemos que es Isadora,
pero no le vemos el rostro) sujeta a la máquina-camilla que
vimos antes en el taller de Dupont. La camilla está a 45
grados. Los cables que salen de la camilla conducen a
monitores que reproducen esquemáticamente las partes del
cuerpo a las que están conectados.
TOMAS
(atando cabos)
“Esa es la camilla que estaba acá.”
DUPONT
“No miren.”
TOMAS
(para sí mismo)
“¿Mamá?”
En el taller: Dupont acerca su cara al monitor.
En el hospital: El Dr. Illich termina de enderezar la
camilla, descubriendo la cara de Isadora.
En el taller: Dupont abraza a Tomás contra su pecho,
tratando de protegerlo de las imágenes pero al mismo tiempo
incapaz de dejar de mirar él mismo. Cuando su mirada se
cruza con la de Tomás, sin embargo, se da cuenta de algo
que termina de paralizarlo:
Tomás lo cree cómplice en lo que sea que van a hacerle a su
madre.
Tomás camina hacia atrás, alejándose aterrado de Dupont
mientras mira de reojo la imagen en el monitor. Dupont se
incorpora, tratando en vano de argumentar su inocencia con
gestos.
Ana no entiende nada.
Tomás huye despavorido. Dupont va tras él, vuelve, se
dirige a Ana:
DUPONT
“No te muevas de ahí.”
Sale a la calle a perseguir a Tomás.
Ana queda sola frente al escritorio. En el monitor, Ivo y
el Dr. Illich se calzan orejeras y grandes anteojos
oscuros.
Ana se tapa los ojos.
INT. HOSPITAL ABANDONADO – CONTINUO
El Dr. Illich acciona un control, sentado ante el tablero.
Por primera vez vemos a todos los aparatos funcionando en
conjunto. Las luces comienzan a titilar.
Isadora canta.
No es una canción ni un grito sino un SONIDO único y
penetrante, como si su voz estuviera siendo extraída por el
vacío. Tal vez reconozcamos fragmentos de las canciones que
hemos escuchado hasta ahora, pero como parte de una
cadencia inhumana y constante.
Algo empieza a salir de las camas en las que duermen los
indigentes. Luces, primero, que son atraídas con fuerza por
la máquina del medio, como humo atraído por un extractor.
Después vemos más claramente que se trata de PALABRAS.
Grupos de letras tridimensionales que salen del sueño de
los indigentes en un fluir inconstante y se almacenan en la
máquina.
A los pocos segundos, el Dr. Illich opera un interruptor y
todo termina. Isadora vuelve a quedar inconsciente.
El Sr. Arbos toma aire. Su voz, la misma voz monstruosa que
oímos antes, resuena en la gran sala. Esta vez, el Sr.
Arbos controla lo que dice.
SR. ARBOS
POR PRIMERA VEZ, DESDE LOS AÑOS
DE LA PLAGA…SE ESCUCHA LA VOZ
DE UN HOMBRE…
El Sr. Arbos se pone de pie, gritando:
SR. ARBOS (cont’d)
¡YO, — ABORTO INSANO!
Los hombros del Sr. Arbos caen de golpe al escuchar las
últimas dos palabras que acaban de salir de su boca. Mira
al Dr. Illich con más desconcierto que indignación. [Al no
contar con el subtitulado (ya no estamos alternando con el
TV de Dupont) vuelven los inter-títulos].
SR. ARBOS (cont’d)
“¿Aborto insano?”
Una breve manipulación del Dr. Illich sobre el tablero
reordena las letras de “Aborto insano” en “Antonio Arbos”.
El Dr. Illich se disculpa mientras desconecta al Sr. Arbos
de las máquinas.
DR. ILLICH
“¿Qué quiere? Son cirujas. Pero imagine cuando tenga
todas las palabras… de toda la ciudad ahí dentro.”
SR. ARBOS
“Las cosas.”
DR. ILLICH
(mientras enrolla un
cable en un soporte
metálico)
“Las palabras son las cosas.”
El cable que el Dr. Illich acaba de enrollar se desenrosca
como un mini-látigo — zip! Lo vuelve a enrollar sin mirar,
pero el soporte comienza a moverse hacia arriba y abajo.
El Dr. Illich mira el soporte más detenidamente: vemos que
se trata de la cámara-espía de Dupont.
INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO
Ana sigue con los ojos tapados. El joystick sobre el
escritorio se mueve solo, levemente, en respuesta al
forcejeo del Dr. Illich en el hospital.
En monitor de TV: Primero el rostro en primer plano del Dr.
Illich, que arranca la cámara de su base y luego el del Sr.
Arbos, que se la arrebata.
SR. ARBOS
“Dupont.”
La imagen en el monitor se interrumpe.
Ana entreabre tentativamente los dedos. Mira el monitor:
Lluvia de video. Nada.
EXT. CALLES DE LA CIUDAD – NOCHE
Nieva otra vez. Dupont corre hasta una esquina, desde donde
ve a Tomás, ya a una buena distancia. Lo llama (como
puede). Tomás no se detiene.
Dupont persigue a Tomás hasta alcanzarlo. Lo toma de los
hombros para hablarle.
DUPONT
“No sé lo que está pasando.
No tengo nada que ver…”
TOMAS
(lo interrumpe)
“Las máquinas son suyas.”
Tomás se zafa de Dupont sin esperar una respuesta y sigue
alejándose, sin correr ahora, por el medio de la calle
desierta. Están entrando al callejón que conduce a la casa
de Tomás. Dupont responde instintivamente, aunque a
espaldas de Tomás (sin ser visto)
DUPONT
“Ni son mías ni pensé que las podrían usar para —”
Tomás se detiene al notar que la puerta de su casa está
entreabierta. Hay luz adentro.
TOMAS
“¿Mamá?”
Tomás empieza a correr hacia su casa. Dupont lo alcanza en
dos zancadas y lo alza en el aire, deteniéndolo.
INT. CASA DE TOMAS – NOCHE
Dupont entra primero, con cautela, llevando a Tomás de la
mano.
El lugar, reconocible sólo por los grandes ventanales y la
disposición de los ambientes, ha sido saqueado de una
manera brutal. Muebles destrozados, el contenido de
armarios y aparadores hecho trizas en el piso.
Dupont se detiene en la entrada, paralizado. Tomás no
reacciona. O, mejor dicho, reacciona con una calma anormal.
Da un vistazo al living y al cuarto de música, que están
completamente destruidos. Entra lentamente a la cocina y
vuelve con un escobillón.
Más que barrer, Tomás empieza a empujar los despojos en el
piso con el escobillón. A los pocos segundos se detiene,
ante lo titánico de la tarea. Se queda parado sosteniendo
el escobillón, que tiembla levemente.
Dupont se acerca con calma a Tomás.
DUPONT
“Vamos, Tomás…”
Tomás niega con la cabeza, enfáticamente.
TOMAS
“Mamá va a volver. A las diez.”
Dupont está juntando fuerzas para decirle lo contrario
cuando el RUIDO de una puerta que se abre los sobresalta a
ambos. Dupont salta como un resorte para proteger a Tomás.
Ana acaba de entrar por la puerta lateral, en el carrito
automático de Tomás.
Tomás y Dupont la miran desconcertados.
ANA
“Vino gente.”
EXT. LOCAL DE REPARACION DE TV – NOCHE
Ana, Tomás y Dupont se ocultan detrás de los autos
estacionados a unos cuantos metros del local, que está
siendo saqueado por la horda del canal — la camioneta está
estacionada enfrente.
Vemos las previsibles siluetas del Hombre ratón y los
operadores a través de las ventanas, destruyendo lo poco
que quedaba en el taller de Dupont.
DUPONT
(a Ana)
“¿Te vieron?”
Ana niega con la cabeza.
EXT. CASA DE ANA – NOCHE
La callecita con casas iguales, completamente desierta.
Dupont toca el timbre. Baja los cuatro escalones que
separan la puerta de la vereda y espía por las ventanas —
no hay luz adentro. Toca el timbre otra vez. Se vuelve
hacia los chicos, que lo observan parados en la vereda.
ANA
“Mi mamá trabaja de noche. Le dije.”
Dupont, agobiado, se lleva las manos a los ojos y se sienta
donde está, en los escalones. Cuando vuelve a abrir los
ojos los chicos siguen parados exactamente en el mismo
lugar, expectantes.
TOMAS
(a Dupont)
“Mamá no va a volver, ¿no?”
Dupont niega con la cabeza a pesar suyo. Es la primera vez
que lo vemos francamente desbordado por la situación.
DUPONT
“No sé, Tomás. No sé qué hacer.”
Tomás avanza y se acurruca en los escalones, apoyando su
cabeza en Dupont, que lo abraza.
Ana, de la nada, levanta la mano, como si pidiera permiso
para hablar. Los dos la miran.
ANA
“No es un hospital.”
Una pausa.
ANA (cont’d)
“Hay cosas viejas. Con mi papá fuimos.
Como tres veces. No es un hospital.”
Dupont y Tomás se incorporan lentamente al mismo tiempo, en
una actitud que roza la amenaza.
Ana se besa el dedo índice dos veces, haciendo el gesto de
jurar sobre la cruz (aunque con una inocencia completamente
laica).
Dupont y Tomás la siguen mirando en silencio. Ana asiente
otra vez más, con énfasis.
(CONTINUARÁ…)
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