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1. Dawn
Gli Uccelli
4 November 2008, 09:34




12:33 BUE – Gab Had, en Boston

Intentaré, aunque no soy periodista — tiendo a coincidir con Greg Palast, Roberto Saviano y Zeitgeist the movie en cómo va todo. Proust. Bah, cualquiera. En un bar, un flaco con un iPhone, yendo de un screen a otro haciendo apuestas de cualquier cosa, basketball, movie box office returns, quién gana y por qué spread las elecciones, el body count en iraq del día de hoy, etc, todo material mediático es buen material para apuestas, da igual. Money talks, bullshit walks. Hustlers. No son todos así, mind you. Hay gente que cree en Obama como el Second Coming of Jesus, gente “passionate, involved!”, conozco varios. De hecho, unos me querían/quieren reclutar para ayudar en la campaña demócrata golpeando puertas, alentando al potencial hispano a tomar la decisión que cambiará sus vidas. Ya ven. Ni puta idea. Y cuanto menos idea, más estadísticas. En un rato sigo.




12:25 BUE – Noriega lee los diarios

Despierto desde las ocho y media, como me sucede desde que me declaré viejo. ¿O me declaré viejo cuando me di cuenta de que independientemente de la hora en que me acostara no podía llegar durmiendo a las nueve de la mañana? En cualquier caso, me levanto porque tengo mucho trabajo atrasado, y para colmo, ¡Obama!

No puedo ver tele, tengo que practicar el combo de escribir al tiempo que leo los diarios por Internet, un modo de trabajar que a pesar de ser increíblemente ineficiente me ha dado resultados satisfactorios. Ente mis notas para El Amante y para un libro español que tengo que entregar HOY cuelo la lectura de notas sobre la elección.

Primer malhumor. La nota de Caparrós a quien en persona, en el medio del Monumental, antes del superclásico, le elogié sus columnas políticas. La idea de Caparrós es que Obama no es suficientemente de izquierdas, o que no es el cambio, o no sé qué. Lo que sea, no es suficiente. Me parece no solo una nota aguafiestas —lo que no estaría necesariamente mal— sino que no parece demasiado argumentada, más bien suena automática.

Primer buenhumor. Me compensa la nota de Semán en Página 12, no solo porque es profiesta (¿cuál es el antónimo de “aguafiesta”?) sino porque demuestra solidez y conocimiento de la situación global.

En el New York Times leo tips para ir entendiendo el conteo de los votos. Me encanta la fórmula “canary in the coalmine”. Transcribo:

“FIRST BITE The suspense starts in Indiana. Most polls close at 6 p.m. and others at 7. Indiana is a ruby red state where Mr. Obama has been running closely with Mr. McCain. Be wary of results that do not include Gary, a city with a substantial African-American population. If Mr. Obama wins it, Indiana could be the canary in the coal mine predicting disaster ahead for Mr. McCain.”

Cientos de millones de personas en el mundo esperando que se muera el pajarito. What a show!




12:14 BUE – Schmidt, en Palermo

Me desperté con el ruidito del celular a las 0900. Saqué una pata de la cama tratando de no voltear la botella de Fond de Cave Cabernet que apoyé anoche en el suelo. Cuidando también de no mover peligrosamente la sillita de madera sobre la que apoyo la notebook y que hiberna a mi lado toda la noche. Superé los obstáculos, me diferencio del mono. Cuidé además que no se cayeran al suelo desde la colcha los dos libros con que me fui a dormir, La vida exagerada de Martín Romaña y El desperfecto, que trato de leer para diferenciarme más y más, casi para huir paranoicamente de la posibilidad de ser un mono o un estúpido. Y me paré y me puse un pantaloncito negro Nike hecho en Vietnam y las Adidas Bounce hechas en China. Y una musculosa hecha en el Chaco. Fui por café a la cocina. Un cuarto litro de La Planta de Café preparado en cafetera Electrolux. Puse leche en la taza, puse azúcar en el café con leche y puse al negro Oro. Saqué la hojita del almanaque de El Preferido que decía que era ayer para que diga que es hoy, cuatro de noviembre, que es San Carlos Borromeo, un santo que murió joven y pobre y diciendo: “Ya voy, Señor, ya voy”. Cómo habla la gente antes de morir. Dice el papel también que hoy es luna nueva. Que es cuando en el cielo no hay luna. Un quilombo sicológico para los que necesitamos satélites para vivir. El negro está afónico esta mañana. Corrige de mala manera a la locutora de piso que enmienda su error levantando un poco más la voz, siendo más locutora de lo que sería en su vida normal. La leche la calenté en el microondas, un minuto y puse tres galletitas Frutigran de chocolate en el plato. Me vine a la computadora de mi, llamemosló, estudio, o, studio (¡esssa!), y antes de empezar a mojar las galletitas con el café con leche, recordé que olvidé pesarme. Entonces me saqué la ropa, las zapas y me paré sobre la San Up digital. 71.2. ¡Biennn! Lo que sería un peso mediano, como Monzón y como Hagler. Pero yo quiero volverme un welter ahora como Boom Boom Mancini o como el Macho Camacho. Me anoto el peso en una planillita que clavo en el corcho. Bajé cuatro kilos en un mes. Sin dejar de tomar vino. Sos un exitoso, Estebitan, me digo. Y me siento y tipeo: me desperté con el ruidito del celular a las 0900.




Diego Fonseca, en Miami

Tengo un Jeep Liberty. Rojo, usado, modelo 2002. Ese tipo de auto, en Miami, te condena a ciertos espacios y te abre otros. Por él las gringas largas y las latinas pechugonas no van a distraerse más de dos segundos. Además, estoy casado. Pero lo que cuenta es el auto. El auto usado. Ese auto.

Mi Jeepín tiene ventajas y una de ellas es la altura. Desde el asiento del chofer, por ejemplo, puedo dominar bien la carrera por la autopista. Cuando encontrás un conductor típicamente bully lo intimidás haciéndole sonar el motor al lado. La bestia ruge y hasta para un tipo sin el más mínimo interés en la cultura del auto, es motivo de orgullo. Te sentís, oronda y redondamente, ancho. El Jeepín tiene otra condición: es profundamente americano. Es un auto de palineanos, Hockey Moms y Soccer Dads. Jóvenes, treintañeros, universitarios. La gente los adora. Cuando con mi mujer vemos otro Jeepín como el nuestro hacemos la gran Larry David con su Prius: lo saludamos.

Esa condición de auto usado, trabajado, caminado, adorable y convenientemente americano acercó el otro día a un motociclista. El tipo se estacionó a mi lado en el semáforo de Coral Way y Douglas Street. Era un típico motoquero en su Harley Davidson. Otro ícono. Llevaba un casco prusiano, jeans y chaleco de cuero y unos borcegos como para aplastar camiones sin miedo.

Mientras esperaba la luz verde, el tipo miró a mi Jeepín. Primero por lo bajo, después por lo alto. Entonces se nos cruzaron las miradas. Bah, las miradas: mi mirada con sus anteojos negros de Terminator. Yo sentí un escalofrío, lo juro, porque creí que el tipo era capaz de ladrar. Tenía la cara angulosa y una barba candado rubísima y se notaba que era accionista de Budweiser por el estómago bien cultivado.

Pero no ladró. Por el contrario, me levantó un pulgar e hizo una mueca de aprobación torciendo la boca como De Niro. Me invadió cierta felicidad infantil: mi Jeepín aprobado por un Road Warrior. Take that, rubias de South Beach!
Entonces el semáforo dio paso y el gigante aceleró poco a poco, casi a mi mismo ritmo, como si compartiéramos el orgullo de poseer dos íconos americanos. Mientras se alejaba, alcancé a leer la inscripción del chaleco.

It’s called the White House for a reason, decía.


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Del mismo autor:
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
3. Almuerzo
2. Matutinas
1. Residuo Nocturno
Al-Fon-Sín
Encuesta 2008: Resultados
Encuesta TP 2008