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Diario del Mundial # 9.1
Quintín
17 06 2006 - 14:07
Sábado 17 de junio. 13 hs.
1. Viendo Portugal (2) – Irán (0), me asaltó la sospecha de que ayer había sido demasiado injusto con los mexicanos. Portugal pareció durante largos minutos igualmente impotente frente a un equipo que salió a amontonarse atrás sin ambición y sin pudor. Que, sin embargo, haya terminado ganando, no mejora demasiado las cosas. Nuestra presunción de que este sería el peor grupo del campeonato se vio ampliamente confirmada con los últimos dos partidos.
2. También se confirmó que no da buenos resultados la actitud ultradefensiva. Solo Trinidad y Tobago contra Suecia y Angola contra México obtuvieron el cero a cero buscado. Los demás, incluyendo a los iraníes de hoy, fracasaron miserablemente. Se sale a impedir que el contrario juegue, se deja un delantero solitario arriba con la esperanza de que el otro equipo se descuide y sorprenderlo con un gol. Pero hasta ahora, es bueno señalarlo, eso no ha ocurrido nunca, los contrarios tampoco se descuidan. Pero, finalmente, estas tácticas no solo afean los partidos, sino que achican a los propios practicantes. Con el resultado definido, después de una derrota que nunca pudo ser victoria, las caras de los jugadores hablan elocuentemente de una humillación autoinflingida.
3. El amarretismo de algunos técnicos alcanza niveles patéticos. No sólo se sale a cuidar el empate sino que, cuando este se rompe, se sigue jugando igual, sin arriesgar nada, como si lo único importante fuera evitar una goleada. Esa actitud explica un hecho que señalamos hace algunos días: los equipos grandes les siguen ganando a los chicos, pero es muy difícil que lo hagan por un resultado abultado.

4. La actitud de Irán, que para colmo tiene jugadores como para hacer un mejor papel, no disculpa a Portugal. El equipo con más figuras internacionales del grupo jugó otra vez muy mal. Así como los mexicanos se exceden en disciplina, los portugueses son los campeones de la terquedad. Se empeñan en creer que los jugadores contrarios son árboles y tratan de pasarlos como tales. Cuando advierten que, aun sin ser cracks, tienen movimientos humanos y les quitan la pelota, se fastidian. Lo que no impide que vuelvan a intentar lo mismo en la jugada siguiente. Cristiano Ronaldo, un jugador tan hábil como tonto, es el mejor ejemplo de esta costumbre.
5. Pero, a pesar de los periodistas deportivos, hay que excluir de la lista a Luis Figo. A los 33 años el capitán portugués demuestra que posee, no solo destreza, sino inteligencia para jugar al fútbol, la cualidad de la que parece carecer su equipo. Tratando de organizar el juego, de dar incluso una mano en defensa y, sobre todo, de pasarle la pelota a los compañeros, Figo ha sido decisivo en las dos victorias de su equipo. Con una gran jugada individual contra Angola el otro día y hoy primero con un excelente pase para Deco (que pateó muy bien de afuera del área) y luego fabricando o haciendo más evidente el dudoso penal que convirtió Cristiano Ronaldo.
6. Aunque los comentaristas repitan que el penal de hoy y otros son “evidentes”, las repeticiones en cámara lenta no son, por lo general, concluyentes en absoluto. Es casi imposible saber si hubo realmente un golpe o si el presunto infractor se zambulle apenas siente el contacto con el adversario. Sólo viendo la jugada en tiempo real se puede apreciar, viendo cuánto retarda el movimiento del atacante el choque, si hay infracción o si el contacto es casual o provocado por el atacante). De todos modos, el árbitro francés Poulat fue un desastre. Inventó una enormidad de faltas inexistentes contribuyendo a empeorar aún más el encuentro. Mostró las siete tarjetas que parecen las mínimas reglamentarias para la segunda fecha (irán en aumento, suponemos).
Esta nota es parte de la Cobertura Obsesiva de Alemania 2006, a cargo de Quintín.
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