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Cuchara llena, cuchara vacía
Walter H. González
10 06 2006 - 13:38
Esta semana viajé por la costa sudeste de China. Llegó un mensaje de morfología telegráfica a mi casilla de correo electrónico: ”...esperamos su llegada. En Hangzhou lo podemos encontrar, y viajaremos hasta Jinhua. Luego siga su viaje” (sic). Hangzhou es una ciudad gloriosa y fantástica. En la visión europea de la mitología asiática, se cuenta que Marco Polo cayó rendido frente a la belleza de los canales y puentes que habitan en Hangzhou. De allí, de esa visita (¿apócrifa?), se desprende el mote de “Venecia de Oriente”. Sea como fuere, Hangzhou es un lugar antiguo y moderno a la vez, como todo en China. Hoy entiendo que mi conocimiento del mundo era incompleto y parcial, viciosamente sesgado hacia Venecia, antes de visitar Hangzhou.
Salí de Shanghai a las diez de la mañana. El calor en el centro y sur de China a esta altura del año es insoportable. Lo peor se espera para julio. Subí al tren. En menos de dos horas estaba en Hangzhou. Me esperaban en la puerta de la estación dos hombres. Uno de ellos sostenía un cartel hecho con una hoja A4. Se leía mi nombre chino, impreso en color negro.
-Ni hao, ni hao. Ni men zen me yang? Wo shi Gu Ren De -dije apretando las manos de ambos al mismo tiempo.
Dimos algunas vueltas. Almorzamos. Después de la comida, un pucho. Después del pucho, la ruta. En tres horas llegamos a Jinhua. Trabajé todo el día. A la noche tomé un micro hasta Fuzhow. Después seguí viaje hasta Shenzhen, y finalmente Hong Kong, desde donde escribo.
Traje conmigo una antología de Li Bo, y algunos textos de apoyo, como la etimología y, desde ya, el diccionario. He revisado estas notas, el estudio del famoso poema de Li Bo, y me sorprendí por la inefable naturalidad con la que puedo eludir el plan inicial, para irme por las ramas, las hojas y las raíces. Mi proyecto inicial incluía el estudio individual de cada signo, a fondo, en detalle. Pero una revisión mesurada de las intenciones, o debiera decir “mesurante”, reveló que tal proyecto se extendería como el problema del viajante de comercio, en una red acotada e infinita (lo de acotada es por lo físico, y lo imbécil, que es más o menos lo mismo).
Hong Kong es una ciudad (¿isla, país?) gloriosa, luminosa. Hasta las alcantarillas y sus detritos inspiran y motivan. Será por eso que he decidido seguir adelante, e incluir aquello que deseo decir, aquello que realmente creo que vale la pena. Hong Kong es un buen lugar para revisar proyectos mediocres.
Esta semana leí por ahí que el arte gusta de las cadenas, de los límites y las fronteras. Pocas veces estuve tan de acuerdo con una idea. Al menos en música aquello es dolorosamente cierto. No voy a decir que la escritura de estas notas constituye un arte, ni nada que se le parezca, sea lo que aquello fuere, pero voy a adaptar aquella idea, reduciendo arte a ejercicio. Luego: los ejercicios gustan de los límites, las cadenas. Voy a atar este ejercicio al hierro de conocer los signos, uno a uno.
En la última entrega de esta serie analizamos la segunda línea. Nos quedan dos versos; diez caracteres. En este oportunidad, en lugar de insertar texto chino generado con la computadora, escribiré en mi propia caligrafía. De este modo podrán seguir con menos dificultad las explicaciones posteriores referidas a cada signo en particular. Las últimas dos líneas son:

Su transcripción fonética:
ju3 tou2 wang4 ming2 yue4,
di1 tou2 si1 gu4 xiang1.
Comencemos nuestro recorrido analizando el primer signo, ju3. ju3 significa levantar, elevar. A continuación podrán ver el caracter ju3 escrito en cinco estilos diferentes. El primero, podrán notar, difiere de los que siguen, que parecieran estar en una serie más cerrada. El caso es que la primera grafía corresponde al signo simplificado, tal como se utiliza en la República Popular China, mientras que los otros cuatro son estilos de escritura siempre en la forma tradicional.

Para comprender este signo es necesario revisar otros signos. Trabajaremos de aquí en adelante en la forma de escritura más antigua, dado que nos será más fácil visualizar las relaciones entre signos, partes de signos y otros signos.
Veamos la siguiente colección:

I representa un par de manos que se acercan a un objeto desde arriba. Ahora está claro que II representa un par de manos “desde abajo”. En este caso, las manos de II suelen estar sosteniendo, ofreciendo algo, mientras que manos en la actitud I suelen tener la intención de agarrar algo. III es una grafía muy antigua para designar un recipiente, similar a un cucharón. Este signo tiene más de 4000 años de historia, tal cual lo ven ustedes. IV es una ampliación del cucharón: es el cucharón lleno de materia (¿sopa?). V es un par de manos ofreciendo el cucharón. VI es contundente: dos manos ofrecen la cuchara, y dos manos quieren tomar esa ofrenda. Este es el signo chino yu3, dar. VII, finalmente. es nuestro caracter. La diferencia entre VI y VII es formal, muy menor. Agrega debajo esa especie de ramita. Esa ramita es una grafía que significa mano. Su presencia no tiene un valor semántico muy notable, sino que viene, en principio, a distinguir VI de VII. Nuestro caracter significa elevar, levantar.
En general, el signo III, la cuchara, en general se refiere a contenidos. IV, la cuchara llena, es para los chinos “la cuchara llena que se está vaciando”. De allí su significado “dar”. Este signo fue complicando su grafía con el correr de los siglos. Las manos abajo, como en V, fueron agregadas inicialmente, y luego se agregaron las manos superiores, para dar más claridad al signo y diferenciarlo de muchos otros.
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