¡Baboak!
Chapelco Devocional
El Discreto Encanto
El día en que me hice peronista
Volver al Yucatán
Las dos caras de la enfermera
Xiao Baroque
Hola Loco
La Resistencia
1974
Crónicas de JingAn Temple (II)
Fiasco-chagui
Crónicas de JingAn Temple (I)
La Caridad Inducida
Costa Bonita
Yoknapatawpha Vive
Un día y fracción
Recursos Humanos
Alto en el cielo
Un mozo no es fuente
Uno de Setecientos
Jeremíacos
La Memoria Relevante
El Angel Exterminador
Los Formatos Eficientes
Vegas I
Yo no sé qué me han hecho tus ojos
Venta Directa y Gripe del Pollo
Los Macheteros
holy fuck
tp bar
tp shop
about tp
dailies
archivo
el podcast
the south downs
Acá falta algo. Ya va.
Estamos ordenando.
Mientras tanto:
————————
Search still works:
Crónicas de JingAn Temple (III)
Walter H. González
11 03 2006 - 15:25

“En esa silueta, en sus bordes imprecisos,
en el humo de su fumata y su falta de ojos,
en todo eso me convertí a fuerza de observar”
LuXun
Memorias de letras rusas en JingAn Huangpu
“¿Usted es amigo de LuMing, o acaso se enteró de nuestra reunión por el RenMin RiBao? Bah, sea como fuere, entre, hombre. ¿Ha visto las luces en el cielo?”
Las disputas en torno a la casa Huangpu no fueron entre personas, sino entre ideas.
Un jueves por la noche caminaba entre Laoshi Ming Lu y el templo Jingan. Buscaba yizuo yicha, una casa de té donde refugiarme de la lluvia y sus dedos. Una y otra vez, en noches como aquella, me había hecho golpear por el agua, en el sofocón de viento de la ochava, o en la canchita de tenis rota y abandonada, llena de pastos impropios en el parque Renmin Jiayuan. Pero aquella madrugada sentía que no debía limpiar nada; más aun, que debía preservar las marcas de mi insomnio. Para eso: la búsqueda de la casa de té, la pipa y el tabaco y mi cuaderno, “todo en la misma bolsa que cada semana llevo a Yuyao” pensé forzando una mueca de amigable ironía. Amigable con quién. Todavía dudaba: extrañar o temer al go imposible, al póster de Tupac Amaru y a los sueños fatuos de la adormidera mash Allah.
Shanghai, después de medianoche, tiene un efecto notable sobre los ajenos a la ciudad. El silencio es tal, y la quietud tan compacta y uniforme que uno sospecha que está quedándose dormido, o que inhaló una bocanada ajena de opio por las calle, o que una cuchillada sangrante está llevándose los sentidos. Siempre pienso en eso, en que me dan una puñalada y no me doy cuenta. No hay autos, ni personas ni animales ni bebés que lloren ni luces prendidas acerca de las cuales divagar. Sólo el silencio, el zumbido de la nada, y las montañas de basura. Las moscas. Y aquel jueves, ya viernes, por la hora pero no por los hombres, la lluvia. Los truenos.
“El miedo a los truenos (lit. shan3dian4, inmersión eléctrica, aunque una revisión del signo shan3 arroja una realidad visual: la silueta de un hombre, a contraluz, en la puerta) es una de las cosas más horripilantes que puede sufrir un hombre ¿no lo cree usted así?”
Sabía que frente al templo, en Nanjing Xi Lu, una casa de té permanecía abierta hasta el amanecer. Después cerraba y volvía a abrir en algún momento del día. Llevaba mi cuaderno, una birome robada, las cosas de fumar y algunas cosas menores no identificadas en los bolsillos. La acción que ocupa mi memoria sucedía en una casa a medio camino, frente a la escuela media del barrio. Se la conoce como la casa Huangpu, o Huangzi Lihong Mingpu. Es una casa de tres plantas, de ladrillo rojo, a veces verdoso. Tiene siete chimeneas, como la casa de Perón en Punta del Este. Es posible encontrar la casa Huangpu y sus historias en algunas guías de turismo en chino, para chinos. En la casa habitó durante quince años Mao Lihong, también conocido como Lu Xun, supuesto padre de la literatura china moderna. Digo supuesto porque China está en plan de acumular laureles, y yo de sacudirlos, sobre todo los ajenos.
“No se inquiete, dé una mirada desde la puerta si lo desea. O mejor aún, yo volveré a mi sillón, vea usted lo cómodo que se ve desde este lugar ¿no lo cree? Pues en ese sillón estuvo sentado nuestro director, el de todos los chinos ¿sabe a quién me refiero? Y fueron varias veces, no sólo una. Pero esa es otra historia ¿Cómo dice? Bueno, si lo desea, entre, cuando quiera, la puerta estará abierta”
El tabaco que suele fumarse en pipa tiene un aroma distintivo que lo diferencia del cigarrillo o los habanos. Es húmedo y pegajoso. No es cierto que sea dulzón: no son dulces los tabacos ingleses, baratos y deliciosos a fuerza de asperezas y recuerdos, o mejor dicho de imágenes prestadas, porque después de todo la mayoría de nosotros no tenemos nada inglés que recordar. Tampoco es cierto lo que acabo de decir: no todos son húmedos. El St Bruno, o mejor aun el Three Nuns son los ejemplos más notables. En ambos casos la hoja virginia pura, aplastada y machucada para que quepan más paquetes en el mismo espacio en que los holandeses o los daneses ponen menos, negra y dura, seca, arde con engañosa seguridad. Es común ver como una pipa amada pierde la vida ennegrecida por el fuego de estos malditos, sobre todo cuando ponemos un poco de TN en un aculotado de principiantes “The first inn at Nunbrook was built in 1497 and an inn in some form or other has stood there ever since. Many will be surprised by the relative youth of the present Three Nuns; although it gives the appearance of been considerably older, it was not built until 1939 in a mock Tudor style” La dureza del Three Nuns también ataca algunas manos, sobre todo en lo referente a los recién iniciados. El invierno Shanghainés, sin embargo, incita a consolarse con shapes grandes, llenos de tabaco seco. Será por eso que me llamó la atención el olor de un aromático, tan aromático y tan europeo, casi cosa de maricas.
“Ah, pero aquí tenemos a nuestro amigo. Venga, pase ¿Cómo dice? No señor, aquí todos somos perfectos desconocidos: a lo sumo compartimos el vicio de la pipa, y alguna que otra añoranza. Pero no se quede ahí parado, déme ese saco, y póngase junto al fuego (lit. ninshenti zai huo, su cuerpo en el fuego)
Torcí el cuerpo en varias direcciones buscando la veta del olor. Cuando la soledad desespera, una impresión cobra una importancia desmesurada. La promesa de algo; la sospecha de algo que está oculto y se anuncia. Las únicas luces encendidas en esa cuadra venían de la casona del escritor, hoy devenida en museo olvidado. En lugar de florcitas de Dinamarca encontré una fuerte traza de latakia siria, tan amarga y humosa que se me erizaron los pelos de la nuca. Traté de seguir el rastro. Me agaché hasta ver las cucarachas y la mugre de un pozo del fideo. Cuando encontré lo que buscaba giré la cabeza en una dirección. Aquella era la pared, y nada más. En frente, la casa de las chimeneas.
“Ahí lo tiene usted, ¿puede oirlo? Vamos hombre, no sea tímido. Cuéntenos de usted, preséntese, y no deje ahogar su pipa ¿Qué fuma? No, no hay buenos tabacos chinos; más aun, diría que no hay tabacos ¿Borkum Riff? Excelente. Aquí también gustamos de los daneses. Esta noche, por el clima, no hay (aquí pronuncia una palabras en Cantonés, idioma que reconozco pero no comprendo; los demás asienten y me ofrecen fuego)”
En la casa había gente. Era una reunión; algunos fumaban. En un gesto miserable me pregunté si podría participar.
————————————
Del mismo autor:
Ferro Revisited
China es grande
San Mao
El Poema Completo
La Tercera Línea
Cuchara llena, cuchara vacía
La luna, la cama y el piso
Xiao Baroque
Hola Loco
Los Radicales