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Esteban Schmidt
15 January 2006, 16:23
Buenas tardes. Si algo no necesitábamos hoy era este día espantoso que estamos atravesando en la zona del Río de la Plata. Queríamos club, naturaleza, asado al aire libre y ahora, con toda la furia, terminaremos en Zara viendo qué queda large en las rebajas. En fin, una vez Chucho Acassuso dijo que “el viento iguala el juego”, lo que era una explicación técnica y un lamento por no haber podido ganarle con más holgura a un Gaudio deplorable en el ATP de Buenos Aires del 2001. Con la lluvia es igual, todo se empareja. Quedamos mediocremente húmedos. Con el campo mojado, el papá de Diego Sinagra no hubiera hecho ese gol famoso a los piratas y, entiendo que el viernes, de haber llovido a cántaros como ahora, los muchachos que hicieron historia en el Banco Río de zona norte hubieran penado para escapar con el agua al cuello por el desagüe que lleva a la Panamericana.
En un día de lluvia, la gente se guarda en interiores y las diferencias no saltan a la vista. El mundo a conquistar se cierra muchísimo y de golpe se abrazan, a las dos de la tarde de un domingo gris, los mismos sueños que un bancario, el combo cine/shopping con la gorda. El bancario representaba todo lo que no queríamos cuando éramos chicos y la figura en cuya dirección contraria marchamos desde entonces, cada día, excepto los días de lluvia. El horario repetitivo, el sellado violento, los clips, las bandas elásticas, la esponja húmeda y, principalmente o por sobre todo eso, contar el dinero de otros, todo el tiempo. Ver pasar tanto, tanto, que sólo un cerebro diseñado para una descomunal represión puede no enloquecer con la tentación de agarrar los fajos y decir a todos adiós.
Por eso no fuimos bancarios, ni nada que se le parezca, y por otras razones, unas que lamentamos, no fuimos banqueros. En la foto del Banco, nosotros somos los que estamos quintos en la cola con una boleta de Edenor en una mano y el puño apretado de la otra, recordando cuánto nos gustaba que nos hamacaran. Tal vez por esa falta de ambición y apego al calor del pasado, es que nunca integramos una banda como por la que ahora, fuera del horario bancario, nos ponemos de pie para aplaudir.
Felicitaciones de verdad.

Dirán que soy un frívolo pero no soy el único. Me adelanto un poco a la celebración que se hará mañana en todas las oficinas, en todos los trabajos no prácticos. A la gente que dirá chapeau, a las chicas que digan “guau” por algo que sólo los varones podemos valorar exactamente. Las maestritas, varones o mujeres, de los medios harán un chiste con la genialidad del atraco y automáticamente harán un giro pedagógico a decir que eso no se hace. Qué aburridos.
La mayoría de la humanidad orienta su vida hacia fines individualistas. Estos muchachos, simplemente, buscaron un atajo que requirió de todo su coraje e inteligencia y, en lugar de ganar de a diez dólares por día, se repartieron un botín de dos palos para cada uno. Tuvieron que atravesar, para eso, por el día de mayor exposición y riesgo de todas sus vidas y le pusieron el cuerpo a las fantasías locas de los millones de tipos sin coraje que retiran los suelditos del Rio Cash y de todos los banelcos del mundo.
En las empresas se puso de moda hace algún tiempo llevar tipos exitosos en la competencia deportiva para que enseñen a los ejecutivos cómo ordenar un grupo de talentosos, cómo lograr que todos tiren para adelante y que se obtengan resultados. Valdano se ha comprado muchas cabezas de shorthorn contándole secretos de vestuario a gerentes de El Corte Inglés y, en el medio local, un Bianchi, un Cachito Vigil, aumentaron sus ahorros dictando variaciones del arte de la guerra. La banda del desagüe, por lejos, ha mostrado el mejor funcionamiento de equipo que hemos visto en la Argentina, más que el Ferro de Griguol y comparable con el mejor Al Qaeda, el de las Torres.
¿Dónde lo aprendieron? ¿En qué familia mamaron el riesgo? ¿Cuándo sintieron que podían darle la espalda al compañero de avería en un túnel oscuro?
Acá hay varias lecciones y no precisamente para los ejecutivos.
Y lo hicieron sin sangre, haciendo perder un poco de tiempo a los rehenes (muy recompensado por haberlos convertido en los actores secundarios de un hecho histórico). Osvaldito Seisdedos, el jefe de investigaciones de la bonaerense, uno de los tipos que mejor declara de la Argentina, cree que la anécdota la contarán los mismos chorros en la cárcel, pero lo dudo bastante. Si te bancaste la manzana rodeada durante siete horas y seguiste con el plan, ahora, con mosca, más todos los secretos de las cajas de seguridad para seguir haciendo mosca, no te enganchan ni de casualidad. El punto débil es cómo callarse la boca, cómo no contarle a alguien que vos fuiste el del asalto. Yo les propongo a los chorros que lo hagan en TP. Nos mandan un mail desde donde quieran y ya. Raffo, que no deja de soñarlos planeando el asalto, los dibuja.

Aunque puede ser un dibujo más amable, Huili, no seas moralista. Sin antifaces, con sombreros de paja, ya echados al sol.
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Del mismo autor:
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