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Julieta Mortati
30 12 2005 - 00:30

Hace un calor infernal. De esos que te duelen en la boca del estómago. Agarro mi estuche de cds que llevo siempre en mi bolso como una mujer posta llevaría los cosméticos. Busco el último disco doble de Pez. ¿Cuál de los dos elijo? ¿Pongo o no pongo el tema dos? ¿Y si lo empiezo a escuchar desde el seis? No, dejo sonar solamente el ventilador de la compu, el trabajo del aire acondicionado y el tiqui- tiqui de mi teclado de veinte pesos. ¿Apago la luz? No. ¿Y los anteojos? ¿Dónde están? No importa, ahora no los puedo buscar, ya empecé, todavía veo.

I. ¿Cómo llega una persona a ponerse la camiseta de la empresa donde trabaja?

Me pidieron que fuera a ver el “screening” de un documental de MTV sobre Cromañón. Así le voy a decir a eso que pasó el 30 de diciembre a la noche, a consecuencias de lo cual, finalmente, murieron 194 personas.

Eran las diez de la mañana y había desayunado una banana. Por las dudas de que me quedara sin potasio. El representante de la compañía que le hace la prensa a MTV me estiraba una carpeta azul con una gacetilla y una birome con el logo de la empresa. Traje negro, camisa azul francia abierta –porque ya empezó el verano de este lado del Atlántico–, con una sonrisa blanca que le resaltaba por el bronceado y gel (¿era gel lo que tenía en el pelo?). Olía a perfume francés. Con el brazo del que le colgaba el reloj metálico, abrió la puerta corrediza del microcine descubriendo, detrás de las sillas, una mesa preparada al estilo desayuno de hotel de sindicato, pero para periodistas. Agarré la jarra con café.

— Tomá, esta es la leche en polvo. Esperá que te abro el frasquito… ahí está.

—Muchas gracias.

A un costado de la pantalla había un televisor donde pasaban el ranking top 20 de MTV, lleno de colores y lágrimas artificiales. Él me hablaba del diario, del documental, de gacetillas. Yo le decía a todo que sí. Lo acompañaba la jefa de prensa de MTV, que sonreía sin forzar la mueca, porque trabaja de agradadora. Ella habla de nosotros y defiende su empresa como si todo el tiempo estuviera defendiendo al hijo bobo frente a la maestra del jardín de infantes.

—No, no babea.

A mi primer vasito de café, ella ya había intercambiado mails, había estado hablando de lo cansada que uno llega a fin de año, del calor que se viene y de que sí, hay periodistas impuntuales, pero coman, coman que hay muchas medialunas. Media hora después, se puso de espaldas a la pantalla y dijo con los pómulos altos:

—Bueno, estamos muy contentos por presentar este documental… Gracias por levantarse temprano, sabemos que es difícil a esta altura del año. Nosotros estamos muertos, trabajamos un montón en este documental –de repente la sonrisa se le dibujó para abajo– sobre la tragedia de Cromañón…–suspiró, miró la alfombra– fue muy fuerte para todos nosotros hacerlo.

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II: Ante la catástrofe, ¿frescos o sensibles?

El documental de 45 minutos abre con las imágenes de la cobertura de los medios que anunciaron que se había incendiado una bailanta. Con el dedito acusador señalan la desinformación de la primera hora como si los medios tuvieran que estar preparados para lo inesperado, la sorpresa. No tienen por qué estarlo. La sorpresa nos sorprende a todos. En el medio del caos, se prende la cámara y se sale en crudo.

Pero los de MTV sí tuvieron tiempo para pensar. ¿Qué pensaron?

—Decidimos no entrevistar a Aníbal Ibarra para no darle un sesgo político.

Eso lo dijo Nicolás Artusi en la productora, muy seguro y polite como si fuera un diplomático. El productor, que estaba a su lado y al que le dicen Viyyi (pronunciando bien la YYYY, tipo de Belgrano) hasta fuera del ámbito personal, estaba asustado como un nene que no había estudiado. Castaño, gorrita visera, remerita Bensimon, cejas arqueadas.

Artusi me cae bien, pero en el especial va hilando el relato con una camisa blanca pulcra, pura, sin partido, en las dos últimas marchas re Cromañón, con la soltura e inexpresividad de alguien que presenta un videoclip. Y eso ya no me gusta. Como tampoco me gusta ver a una madre que, conteniendo el llanto, le dice a su hijo “no, vos no tuviste la culpa” (de que la hermana se murió).

Omar Chabán tampoco aparece. Iba a ser entrevistado sólo para hablar sobre el negocio del rock pero lo detuvieron antes de grabar. Callejeros no quiso participar al principio. Después sí (siempre oportunistas), cuando se cambió la carátula de la causa. Pero “no cumplieron con los tiempos de grabación”. ¡Qué mala suerte!

El que sí aparece el Pity Álvarez, de Intoxicados, una banda con canciones sensatas que es más que porro all day long, pero que finalmente fuman porro all day long.

—Yo estaba viajando a Tilcara cuando pasó... fue un garrón.

También los mejicanos Molotov (los que cantan gimme gimme all the power) analizaron los asuntos (para ellos) externos, caminando por lo que parecía la entrada de una quinta.

—Me parece que la responsabilidad es de los empresarios.

Y una madre. Que dice una frase que la repiten y la repiten.

—En este país, en un minuto podés estar con una foto colgada.

A este documental entretenido como un video de música, que resume todos los clichés mediáticos sensibleros no le faltó tocar los temas de: el rock chabón, las nuevas medidas de seguridad, la falta de lugares para tocar y la crisis en el under. Los padres de las víctimas como una nueva fuerza social, el antes y el después, la sorpresa ante lo inesperado que era lógico que alguna vez pasara, la culpa de todos, el aprendizaje de las cosas malas. Lágrimas, abrazos, santuario y zapatillas de lona blanca. Of course.

Una conclusión estética, entonces: Este año se usó el flequillo. La onda era un flequillo espeso y recto, que caía desde el centro de la cabeza. Así lo usan las y los “rolingas” desde siempre. El que usan ellos es más recto y más corto que el que aparece en la revista Para Ti que compran las chicas que miran MTV y FTV desde que el rock es una copia plástica de lo que ya pasó. El signo es el mismo, pero una cosa es cortártelo en Roho y otra que te lo corte tu mamá que es peluquera. Si te lo cortás en Roho, como mínimo, vas a terminar produciendo un documental. Si te lo corta tu mamá, probablemente seas el protagonista del Documental De La Tragedia para un canal que alimenta el lado humano-sentimental del sistema.


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El Bar