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Paula Conde
23 December 2005, 19:30

Después de grabar a Puricelli en un TDK de 60, durante un almuerzo en el Panini de Bulnes y Libertador, la sensación es de zarandeo. Lo que consigue Puricelli, de 39 años y con una infrecuente capacidad para no atragantarse con el arroz con pollo mientras habla de política, es despabilar y despendejizarnos a los que tenemos 22.

Puricelli atrapa. Es como un militante de la sustancia o de la esencia. De algún modo, hipnotiza con esa otra mirada –repleta de datos– y estimula a ver y entender otras cuestiones.

“Después de las elecciones del 23 de octubre hubo unos diez días fatales en los que el Gobierno se levantaba a la mañana y decía: ‘A ver, ¿dónde vamos a meter la pata hoy?’. Y el anuncio del pago de la deuda con el Fondo tapó todas estas cosas, el escándalo de Borocotó, el de Bielsa y ahora el del Consejo de la Magistratura, un tema que habría que ubicar en las primeras páginas de los medios. La pretendida reforma del Consejo de la Magistratura es un paso en falso del Gobierno, que corre el riesgo de dilapidar en temas institucionales y de justicia el capital positivo que acumuló con la reforma que hizo en la Corte Suprema. Es más, a poco de asumir, el Gobierno se legitimó, entre otras cosas, porque decidió hacer las cosas bien con el tema de la Corte Suprema. Y ahora, con la reforma en el Consejo de la Magistratura, donde básicamente lo que se está asegurando es tener una minoría con capacidad de veto dentro del Consejo, puede borrar todo ese capital. Y más interesante todavía es que las mismas ONG’s que apoyaron los cambios en la Corte Suprema ahora fueron a la reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales para decirle a Cristina Kirchner que el proyecto que estaba proponiendo no tenía ni pies ni cabeza. Que era un proyecto que no iba a mejorar, sino todo lo contrario, el funcionamiento de la justicia. Y la voz cantante de esta coalición de ONG es Andrea Pochak, la directora del programa de justicia democrática del Centro de Estudios Legales y Sociales, el CELS”.

Y en este punto es claro que lo que nos pasa a los de 20 con Puricelli, a Puricelli le pasa o le pasó con los que hoy están en la banda de los 50/60. Banda etaria, ¿no?

Sigue Puricelli.

“Andrea Pochak (de treinta y algos) marca un contraste interesante entre la gente de nuestra generación, que piensa de manera compleja e inteligente, y los setentistas, que revestidos del aura heroica con la que transitan la vida creen que pueden hacer cualquier cosa. El contraste entre Andrea Pochak y Cristina Kirchner es un debate muy interesante. Hay que ponerlo en primera línea no sólo por el contenido de lo que están discutiendo, sino por lo que simboliza ese choque de los de menos de cuarenta, que tienen un compromiso con la democracia, que tienen un compromiso con los mejores valores políticos en los que podemos pensar, y la generación del 70, que cree tener ganado el cielo y que muchas veces deja de pensar en términos de valores y piensa simplemente en términos de conveniencia porque total los valores ya los pusieron en juego cuando pusieron en juego la vida hace treinta años. Entonces, me parece que ese cuentito simpático entra un poquito en crisis cuando tienen que discutir no ya con una postura recalcitrante, con una postura de derecha, que en realidad lo único que hace es reforzar esa autoimagen de los setentistas como paladines de la justicia, sino cuando tienen que encontrarse con alguien que le debe poco a la generación de los 70 y que, al mismo tiempo, ha hecho, en el caso de Andrea desde el CELS, mucho ahora con la mejor calidad de la democracia. Andrea y otra gente de ese perfil no les tienen que pedir permiso a los setentistas para poder expresar una opinión en la arena pública”.

Lado B, sí. Lo cierto es que ya sea para tapar algunos deslices políticos o para causar efecto, el tema sensación de estos días, inevitablemente, es el pago de la deuda. Y acá, lo importante, es manejar con cuidado el supuesto “giro a la izquierda”.

“¿Qué es lo que queda con este asunto del pago de la deuda? Que ahora nos presta Venezuela, que en Venezuela está Chávez, que Chávez es, se supone, bueno, que estamos mejor que antes porque ahora le debemos a Chávez y no al Fondo. Y esto no es del todo cierto: porque si le debemos a Chávez, le debemos a más tasa que al Fondo. Y además, ni siquiera le debemos ya a Chávez, porque Chávez ya se deshizo de los bonos. Así y todo, esto no me lleva a decir que la medida del Gobierno fue mala, sino que la medida del Gobierno es una medida que puede ser vista con buenos ojos, pero que abre una serie de problemas que implican que el Gobierno y los argentinos estemos preparados para afrontarlos, para tener una política exterior que incida más en la discusión de la reforma de todas las instituciones del sistema internacional empezando por Naciones Unidas, con un ojo puesto en que la desaparición del Fondo no signifique más desregulación. Ese es el riesgo que se corre”.

Según como aparece en el reverso de su tarjeta, Puricelli es analyste politique et économique à l’ Ambassade du Canada. O en inglés, si se prefiere. Y dice. Que si hay estabilidad monetaria, las reservas pueden estar cerca de cero. Que son pocos los que piensan que la relación tres a uno con el dólar no es realista. Que la baja en las reservas no se traduce en vulnerabilidad de la moneda. Que no hay nada que indique que la Argentina va a pasar turbulencias, porque China, China no va a dejar de comprar soja, es fundamental para el Chop Suey, y el petróleo más caro de lo que está no puede estar. Así que entrar en pánico porque bajaron las reservas no va. Pero lo que está bueno es que se terminó la independencia del Banco Central. C’est fini con el mito neoliberal de que la autoridad monetaria tiene que tener más poder que el Poder Ejecutivo.

“El Presidente llamó a una conferencia de prensa y lo tuvo de florero al presidente del Banco Central y decidió reasumir en un acto simbólico el control sobre la autoridad monetaria. Es como cerrar un círculo de las políticas neoliberales. No es que termina con el neoliberalismo, pero sí con uno de los preceptos fuertes del neoliberalismo. Y en ese sentido es una medida osada y que establece un precedente que es bueno para este Gobierno y que es bueno para cualquier gobierno a la izquierda de éste que pueda venir después. Y lo mejor es que el presidente del Banco Central sea un ex neoliberal convencido como Redrado, uno de los tipos que derrochó tinta ratificando los principios del proceso neoliberal, que eran algo así como los mandamientos bíblicos. Un bollo y al tacho de basura. Pero a Redrado le interesa tanto ser funcionario y tiene tan poco apego a sus propias ideas que no tiene ningún problema en acomodarse”.

Las mesas de Panini se ocupan a la una de la tarde como en una película con fast forward. Trajes de Zara por acá, de Johnsons por allá, ortodoxos, heterodoxos pero todos trabajan. Algunos chinos, otros esforzados miembros de la pequeña burguesía gerencial de negocios chicos actuando como Gordon Gekko. Puricelli toma Coca light y no come pan que no sea pan de pizza. No usa el cuchillo para cortar el pollo, que ya está trozado. Se maneja sólo con el tenedor. Come y habla. Es amable con la fille de Panini de uniforme marrón y gestos básicos. El celular de Puricelli no suena durante una hora seguida, y no mira el reloj.

Ahora bien, lo que parecen tener en común estas dos generaciones, la de 20 y la de 40, claro, por más que la fille –insisto con esto porque no hay garçons en Panini- quiera deleitar con profiteroles, ensaladas de frutas y tortas, es que el postre será prácticamente siempre el helado de chocolate que en Panini es gelata de cioccolata. Hablamos, entonces, del rol de la oposición.

“La oposición ha criticado el pago de la deuda, pero poniendo en primer plano la adjetivación del Gobierno como un ‘gobierno fascista’, lo cual hace que todo el mundo se detenga en esa caracterización y no en la discusión sustantiva sobre la medida. Si hablamos del ARI, por ejemplo, Rubén Lo Vuolo, que es el principal economista de este partido, sacó un informe de coyuntura, muy sesudo, de diez páginas, muy profundo, pero no eligió poner en primer plano esa discusión sobre el mérito de la medida, sino que eligió simplemente descalificar el oportunismo, el fascismo del Gobierno y demás. Y cuando uno elige todos los días un adjetivo como ‘fascista’ para hablar del Gobierno, se evita que se discuta de política pública. Lo único que se pone en discusión es un adjetivo que genera titulares, pero no se pone a circular un argumento que genera discusión sobre política pública.”

“Y a lo mejor Lo Vuolo tiene razón. Pero el ARI, jugando al juego del pastor mentiroso, llama ‘fascista’ a un Gobierno que a todas luces no lo es. Aun concediéndole al ARI que tal vez, de acá a cinco o diez años, si no se ponen en caja algunas actitudes del Gobierno, puede derivar en un fascismo, no se lo puede llamar ‘fascista’ todos los días, porque lo único que se hace es gastar el significante de la palabra y además no hay política pública. Y si uno quiere ser oposición y reclamar su derecho a ser esa oposición, se puede reclamar ese derecho únicamente si se contribuye a definir una política pública”.

En esta reflexión acerca del lugar que ocupa (o no ocupa) la oposición, Puricelli también incluye el aporte (o el no aporte) de los medios. Justo él, sí. Alguien que llegó a la entrevista con el “The Guardian” inglés en la mano, con varios días de reading and reading (el Guardian era del 7 de diciembre) reflexionando si debía maravillarse o no por el nuevo formato.

“Con esto del ‘fascismo’, el ARI les facilita la vida a todos los periodistas. El productor de Nelson Castro llega y dice: ‘Tuve una idea bárbara: Carrió llamó ‘fascista’ al Gobierno, saquemos al aire a Carrió’. Y Nelson Castro le dice: ‘Ah, muy bien’, con lo cual el productor de Nelson Castro no tuvo que mover una neurona. Nelson Castro le hace una nota a Carrió, que vuelve a llamar ‘fascista’ al Gobierno y todos los demás programas también la quieren sacar al aire y Carrió dice lo mismo en todos lados. Y terminó el día y nos fuimos a la cama sin discutir la sustancia, las implicancias de la medida que tomó el Gobierno”.


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