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Esteban Schmidt
18 December 2005, 08:35
Buen día, Palermo duerme hasta tarde hoy luego de la centésima edición del Festival Buen día, un acontecimiento rockero-textil que tiene epicentro en la plaza que se llamaba “Conquista del desierto”, entre Malabia, Costa Rica, Armenia y Nicaragua y que ahora tiene un nombre menos jodido políticamente, tipo Indios Chapaleufú. Los ecos del Festival llegaron hasta Paraguay, la calle, donde los tachos de basura estaban desbordados, ayer sábado a las cinco de la tarde, por culpa de nuestra juventud sobrehidratada.
El festival fue un plomazo, excepto para los fans de alguna banda de las que participaron como Mar, Fantasmagoria y Victoria Mil, y ya ser fan de una banda como éstas, donde los pibes pasan más horas en la peluquería que en el conservatorio, es para que te hagas ver, aunque nadie se hacer ver por estas cosas y en cambio se hacen ver los lunares, lo cual es muchísimo menos grave. La escala de valores está dada vuelta hace mucho y así nos va a los argentinos.
Cualquier alma sensible va, mira y se va al toque del Festival porque es todo muy ruidoso y se llena de gente que da vueltas alrededor de la plaza, una vuelta del perro mercantil y pop que tiene escalas, como el vía crucis, en cada carpita con espejo para probarse prendas que es la forma bien de decir ropa. Es un shopping al aire libre, un shopping no logo, pero un shopping.
¿Minas?, que es lo muchos se estarán preguntando. Normal, el básico de convenio en un evento auspiciado por Levi’s pero también por Asatej. Digamos, mucho proyecto de viaje a Cabo Polonio, conversado apresuradamente en Janio, o a Punta del Indio, con bastantes buenos culos de “bailar” más que del body pump o de la harina; ¿tetas?, de ellas en general, y muy buenas dentaduras en nuestras pibas. Hay que decir que Sanidad Escolar, Saavedra 15, en los años del Proceso funcionó bien, porque hubo mucha y buena medicina preventiva en las escuelas y en los jardines de infantes. Al menos en los jardines de la sexta, séptima, 17, 18, 19 y 20, las parroquias o secciones electorales (para los que no son radicales y nunca conocieron uno) donde se armó el grueso de la masa o colectivo, como diría Mario, que asiste a los Buen Día.
Pero lo mejor de todo es lo textil, es lo más novedoso que hay para mirar. Porque buen culo tenía Cleopatra, también. Hay muchas remeras lindas y muchas camisas lindas y muchas bombachitas lindas. Las remeras tienen estampados divertidos, con onda, como si fueras de izquierda, pero en Telefé. Estampados Pauls.
Compraremos esas remeras pronto, porque consagrarán nuestra pertenencia a Palermo y al mundo que vive de los signos. Hay una con la cara de Kitano, el actor, otra con seis caritas cosidas, de Arnold, el pibe de Blanco y Negro y otra que tiene un mapa del gol de Maradona a los ingleses en el pecho, y es un dibujo de la cancha vista desde arriba y el recorrido con línea de puntos que hizo el padre de Diego Sinagra hasta meterla, si se me permite, y provocar el relato del barrilete cósmico de Victor Hugo que está estampado, precisamente, en cursiva en la espalda de la remera.
Luego hay una casa de ropa que se llama Vida de Perros, pero con una tipografía como de Vida de Onda, y casi todos los que ayer bordeaban la plaza Chapaleufú, informo, atienden sus percheros regularmente en el negocio Tazz que está en la placita Serrano, un lugar donde las mesas de pool fueron tapados de collares, anillitos y aros. Así nos va a los argentinos II.
Si no, también atienden en un lugar llamado Fábrica de bananas, que antiguamente era una maduradero de bananas y ahora hay más percheros colgados con más remeras sin potasio. Hay algunas con dibujitos de Mao Tse Tung, ah, y las camisas presentan la novedad de que también están estampadas. Tienen como manchas medio sin control, viste, que hicieron los diseñadores. En fin, las remeras salen de treinta a cuarenta pesos y las camisas de cuarenta y cinco a sesenta y aunque los pibes le ponen pilas en los cortes, no son distintas que las Levi’s, Bensimon, en verdad las imitan, aunque cuestan como un veinte por ciento menos, con la diferencia de que las marcas tienen más costos, locales que pagar (a la calle o al pasillo del shopping), empleados con convenio colectivo, impuestos y gastos de comunicación de la marca.
La ropa de diseñadores jóvenes no tiene los problemas del capitalismo y el estado. No te dan factura, igual que los psicólogos, no pagan impuestos y sí, tienen un arreglo con los del maduradero de bananas pero no es lo mismo que negociar con Elsztain de Los Altos. En definitiva, esta ropa es más barata, siendo igualmente linda pero podría ser más barata aún y el diseño es más de lo mismo. Sólo es un gestito extra, un chiquitín más. Capaz que los de Airborn no te hacen la remera con Kitano, pero te pueden vender una con Tarantino. Y todos tienen remeras con mensajito, con significado que es significante en el pecho.
Sobre el Festival Buen Día, no mucho más. Quiero aprovechar para reivindicar a la ucraniana que atiende el kiosco de golosinas de la esquina a quien le compro los caramelos ácidos antes de salir a dar la pelea cada día. Es un kiosco que a pesar de la buena ubicación, en la casi esquina de Paraguay y Serrano, cambia permanentemente de dueño porque a nadie le va bien. Le fue mal incluso a la Chuchi de Petardos (el mejor programa de televisión de toda la historia), en la mejor época de la Chuchi, en el 2000.
Esta mañana que Palermo duerme, la ucraniana está al pie de su cañón comunista vendiendo a un ritmo de pueblo chico. Está pintada grotescamente, los labios bien rojos, la sombra de los ojos verdes en azul, en fin, mamá no salgas así, pero le pone huevo. Firme para pedir cambio, amable para agradecer, interesada en el lunfardo de los taxistas, orgullosa de su esfuerzo. Los inmigrantes del 2005 continúan haciendo la entrega grande, el sacrificio, ya sus nietos se encargarán de dilapidarlo, si les va bien. (continuará)
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