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Eliseo Brener
12 October 2005, 15:37

En el colectivo, un lector de Clarín arquetípico en un asiento de la hilera de a uno. Remera gris, pantalón rojo, zapatillas. Pelada de hombre joven, barbita de la que se deja solamente bajo el labio inferior, barbilla levemente abalconada. El tipo mira la noticia del joven baleado por un prosegur o un adt o algo así, no sé bien. La noticia incluye infografía, con plano detallado de cómo fueron los movimientos en la autopista, cómo el auto de Edgardo tocó al auto de los hermanos Andrés y Pablo. Tiene dos secciones el dibujo. En el primer tramo se ve un auto rozando al otro. En el segundo se ven las colas del peaje y unos muñequitos que son los hermanos que se bajan del auto y se arriman al daihatsu que los rozó en actitud de reclamo. Con un círculo está marcado el chofer asesino. En una ampliación del detalle del círculo ya se ve el desenlace, donde el francotirador –que es rojo como su auto– dispara a quemarropa contra el muchacho protestón. Los momentos están numerados en la infografía y vamos por el momento número 3. En el momento número 4, el epílogo donde se ve la naturaleza verdaderamente siniestra del asunto, y lo cito textual:

El asesino se sube al auto y huye sin parar en el peaje.

El lector se indigna bufando. Tiene el celular colgado del cuello con una correa artesanal de cuero trenzado. Mira la hora cazando el celular con la izquierda y bufa nuevamente. Mira por la ventanilla. Callao está pesada y todavía no pasamos el nudo de Corrientes. El tipo tiene que llegar a Marcelote y no le gusta lo que está demorando el bondi. No sabemos concretamente si su indignación es por el asesinato a quemarropa o porque se le hace tarde. Enrolla el clarín, que es siempre grueso y se resiste. Mira hacia la puerta de adelante y hacia la de atrás, a ver cuál está más despejada y brinda un mejor plan de escape. Mira por la ventanilla: todavía falta bastante y entonces desenrolla de nuevo, o capaz se le desenrolla solo el clarín, es como una mascotita mezcla de gato y mantaraya: plegado inspira inquietud y extendido es ominoso. Se abre en la página de los chistes y el lector acerca la mirada. No sabemos si es Diógenes o la tira de Langer lo que le cambia la expresión del rostro y es el mismo lector que va cambiando su fisonomía como una especie de Dr. Jeckyll y ahora se ríe mostrando los dientes. Ju ju ju se ríe, y se ve que el chiste le hizo bien, le cambió el estado de ánimo, o mejor dicho, no. Su estado de ánimo es más o menos el mismo que hace un instante. Oscila entre la risa de contratapa y el rictus de infografía, esa infografía que nos explica cómo nosotros podemos ser esa víctima, porque de asesinos está lleno el mundo, pero especialmente la Argentina, y todo es siempre así porque estamos llegando tarde a todos lados, la autopista está congestionada, todo está congestionado, las vías de acceso están desbordadas y entonces nos ponemos nerviosos y queremos romper todo y por ahí rozamos al auto vecino y el tipo al que rozamos se enoja y al fin y al cabo es el trajín que nos pone locos y quién sabe si al ponernos locos no lo matamos y entonces podemos ser también el asesino. El asesino que es víctima de la vorágine. Ya estamos tan en el horno que no sabemos quién es la víctima y quién el victimario, pero las cosas se ponen claras con el planito. El asesino es el de rojo y dejate de joder, no tiene perdón de Dios. Es de una maldad que no admite discusión: no solamente fue él el que rozó al otro auto, sino que además cuando le reclamaron, mató. Y por si fuera poco, después siguió de largo en el puesto de peaje. Estaría demorado, pero es una barbaridad. Estas cosas terminan uniéndonos a los argentinos.

Yo, que estoy parado ahí al lado, tengo calor. Veo que la ventanilla de este lector está cerrada y pienso que sería bueno pedirle que la abra, pero al mismo tiempo veo que la ventanilla no tiene manija para abrirla y entonces la operación podría complicarse un poco y eso quizá nos lleve a un entredicho y quién sabe dónde terminemos. Cuando suceden estas cosas me pongo a elucubrar resultados y a elaborar pronósticos y fundamentos de lo más descabellados, que no sé si actúan de manera mimética, como algo que me permita sobrevivir y llegar a destino, aunque no sea muy en horario. Tomo nota de mi pronóstico y sus fundamentos:

Por qué Boca tiene que perder con River el domingo:

Una vez anotado el pronóstico, veo que se descomprimió el pasillo del bondi ahí atrás y alguien dejó vacante un asiento con ventanilla abierta. Ahí voy.


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