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Esteban Schmidt
10 July 2005, 18:27

I

Si alguien quisiera o necesitara bajar la ansiedad sexual este domingo pues lo mejor será que lea la nota de La Nación donde los adolescentes hablan de sexo. Un poco más deserotizante todavía que un manual de puericultura, si es que ello fuera posible. La periodista que habló con los adolescentes en “rondas de consulta” no dice “dice”, dice “desliza”. Es así: “¿Cómo es la vida sexual de un adolescente? ‘Intensa’, desliza una de las chicas.” Dejamos para uno de esos seminarios juntabobos que auspicia Clarín por qué los medios gráficos resuelven crear la peor literatura posible y ¿por qué el afán poético de sus redactores exactamente donde no hace falta? Esta mina desliza y redacta con mucho cuidado, como si estuviera comiendo un almendrado con charlotte delante de José Claudio Escribano, o como si estuviera debutando y se sacara la bombachita con todo temor y sin esperanza.

Lo que nos espanta no es lo horrible de lo que hacen, el producido, el artículo periodístico que, como se sabe, sirve para rellenar zapatos un día después; no sin antes, claro, haber dejado su estela viciosa de ignorancia, prejuicios y consensos obligados para los problemas más importantes. Imaginarlos componiendo el texto es lo peor. La cabecita frente a la compu, la palabrita por palabrita, cuando leen en voz baja lo que escribieron. Cuando sintieron que tenían que escribir “desliza”. “Ja, pongo desliza. Ta buena ¿eh?”. Las comas, después. “Todas las esdrújulas llevan tildes”. Y acomodar el culito contra el fondo de la silla como se enseña en los suplementos de salud y pedirle a Wilson, o a cualquier uruguayo, una medialuna. Y palabra por palabra. El sexo es siempre un tema, hablamos con la editora.

Y siempre es también la simpatía por los adolescentes, y por los viejitos. Y por los bebés, por todos los que no pueden oponer resistencia. La periodista puede tener cincuenta años y sería parte del país al que vamos a sobrevivir pero lo más probable es que tenga un poco más de veinte y que nos entierre. O nos deslice con las sogas y pueden despedirse y cuando quieran nos avisan y cubrimos.

—Ustedes nos dicen…

—.............

—¿Cubrimos?

Y el llamado a la mamá o al papá: “estoy en el diario”. Y la mamá en la casa diciéndole a la tía de la periodista, a su hermana. “Laurita está en el diario”. Es verdad que puede ser cualquier cosa. Cualquier profesión, hablamos de lo que tenemos más cerca.

Los diarios, mrghg. La recomendación de siempre de la novela de Henry James que se llama “Los diarios”, “The Papers” para quienes leen en la lengua de Harry Potter. “Lo hacemos lo peor que podemos por lo que nos pagan”, dice una de las protagonistas.

De lo que leímos hoy, creo que nada más. Bueno, un poquito más. Dice también La Nación que los docentes no quieren dar más clases, da para ser exploitation toda la semana con el tema. Un 45 por ciento no quiere enseñar. Y un cien por cien de los pibes no quieren ir a clase tampoco. No captan la idea del madrugón para hacer diagramas de Venn. Los salvan las figuritas en el recreo y cuando ya pasan de cuarto grado la burla al que usa anteojos, al que tiene una cicatriz, al que viene en colectivo. Toda esa hermosura de la infancia.

Ojo Nación, el cien por ciento de las cajeras de Disco no quieren ser más cajeras. Ni un puto día más.

Y otra cosa, la piba de La Nación usa la expresión “pareja estable” para referirse a los nenes de quince años. ¿Qué le pasó en ese momento en que pensó pareja estable para una nena de quince?

Escribir es pensar, ¿no?

Después de dominar la técnica de las notitas de los diarios y, preferentemente antes, podríamos pensar qué mierda escribimos. Y esas charlas con adolescentes ¿qué suerte de cliché son? ¿Por qué con los adolescentes hay que hablar en grupo? ¿Por qué hay que preguntarles a ellos para una nota sobre ellos? ¿Por qué no a un especialista? ¿Por qué dejarle al especialista la pregunta sobre la disfunción, y con los chicos hablar sobre la función? ¿Desde cuándo las personas dicen la verdad de lo que les pasa? Jamás de los jamases, es un tema muy sabido. Entre pensar, sentir, hacer y saber se nos hace un quilombo que me parece que La Nación tampoco puede resolver esta mañana. Y la piba que escribe la nota nos va a sobrevivir. Y una de las pibas que habla en ronda también. Se llama Mary.

¿Dónde tienen sus encuentros?

—Mary: A la tarde, en casa. Y…, estás sola y a la mucama la arreglás para que no hable.

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II

Nuestra abogada no se mete con lo que escriben los periodistas. Seguro le importa, porque es una mujer sensible, culta y apasionada. Es imposible que no lea, aunque sea un poquito, lo que escriben los tipos a los que defiende. No los defiende del editor que después que estuviste todo un día de guardia y te colaste al club de la armada y volviste al diario y escribiste diez mil caracteres, titula “Desagravio naval a Emilio Massera”. Con eso no puede hacer nada. Los protege del turro que no les quiere pagar. “¿Desliza o dice, doctora?” “Presentemos pruebas”, prefiere ella.

Un redactor amigo nuestro tiene un juicio laboral con una editorial que, como tantas, alimenta sus publicaciones con periodistas, diseñadores, fotógrafos y correctores a quienes les paga contra presentación de facturas. De esta manera se evitan pagar cargas sociales y pueden desprenderse de uno o de todos a los que tienen en esas condiciones, de un día para el otro, sin ningún problema. Bueno, sin ninguno no. Porque uno puede confrontarlos judicialmente y reclamarles las cargas, las vacaciones, la antigüedad, y todo lo que corresponde si es evidente que hubo una relación duradera y sistemática con la empresa. Los ayudaste con tu trabajo a hacer su negocio.

No todos hacen juicio porque no llegan estar el tiempo suficiente, o porque la editorial tiene otros emprendimientos y te podés colar en alguno más, porque preferís no tomarte el trabajo de las consultas con abogados, porque estás loco con otro tema que te ocupa demasiado la cabeza, porque ya bastantes guerritas tenés viviendo en una ciudad del tercero de los mundos y no querés presentarte a otra, sobre todo si las ventajas no son a priori evidentes.

Y, por último, podés no querer demandar a la compañía porque es muy difícil conseguir colegas dispuestos a testificar.

En lo que se conoce como la instancia de presentación de pruebas, se debe presentar prueba documental, revistas o diarios donde salieron sus notas, las facturas presentadas y testigos. Mamíferos que digan: yo lo vi, yo sé lo que hacía y desde cuándo.

Nuestro hombre pudo presentar su lista de testigos, pero penando un montón.

¿Por qué?

Porque se puede ser perfectamente periodista desde tu casa. Tu computadora personal es “la máquina”. El archivo es el google. Y podés estar on line con tu editor o con otro redactor y si hace falta decir algo, que casi nunca hace falta, se dice por teléfono. Es decir, podés no verle la cara nunca a ninguna de las pocas personas que trabajan en la redacción de una revista o un diario, aunque escribas cien notas en un año. Podés llegar a verlos una vez por mes cuando dejás la factura, lo cual, ojo, es peor que no verlos nunca. (Ese es el problema dos.) Al casi no conocerlos, no hay memoria común. Son relaciones sin anécdotas. Uno no puede basarse en todas las veces que fuimos juntos hasta el colectivo para pedirle que sea tu testigo o en lo mismo para cagarlo a trompadas si no quiere serlo.

El problema dos es que los colaboradores externos, si tienen buen ritmo de trabajo, terminan ganando más que los que están adentro. Por lo tanto esa visita de los colaboradores el día de facturar es el recordatorio de que los de planta, los internos, se quedan con menos y además se tienen que bancar el aliento del jefe todos los días. Si bien las empresas serían felices si tuvieran a toda la gente en negro, a algunos tiene que blanquear porque los necesita sentados en la redacción para la eventualidad de un cierre anticipado y los mil doscientos chivos de último momento. Esto genera que los redactores de la planta, los en blanco se sientan postergados o heridos en su orgullo. Si la redacción queda además en una zona fea de la ciudad y la redacción es como un taller de coreanos de la avenida Carabobo, son prácticamente hombres del subsuelo urdiendo venganzas silenciosas en la estación Perú.

El problema tres para conseguir testigos es el desempleo masivo que explica también lo anterior. Por lo tanto esta lista está en desorden, ¡pero no es una monografía! Es un artículo periodístico deslizado en TP. En varias negativas a testificar se impuso el temor a las represalias de los patrones. Las represalias son lo que el patrón “no me va a dar”, “lo que tengo prometido”. No es que les pega, es el dulce que no va a llegar.

Supongo que los problemas cuatro y cinco, son desprendimientos del tercero. Pero mencionémoslos porque tal vez a alguien se le ocurre algo con esto. Una colega le mencionó a nuestro amigo, una falta de amistad, un “no viniste más”, “no me llamaste”, más cruelmente un “me fallaste”.

—Es verdad, hice todo eso. No capto la idea de torturarse en un bar con alguien con quien no tenés de qué hablar.

ULTIMO MOMENTO. SE SUSPENDE LA REVOLUCIÓN CUBANA. CAMILO NO LLAMO A ERNESTO POR SU CUMPLE.

—No es personal el asunto, la demanda a la empresa está en otro plano. Justo ese otro plano del que no podíamos hablar nunca en bares.

En el quinto problema/ejemplo/caso no faltó la amistad. Pero nos ha hecho comprender, no los efectos benignos, que los tiene, sino los malignos, de la vulgarización de la psicología y todo el mundo de las emociones. EMOCIONLANDIA. Una piba fue dejada por su novio y sigue enojada. Ya hace un año. Esa emoción la tiene ocupada mentalmente en sus viajes en colectivo. Piensa mucho en eso. Su papá, ahora, está depresivo y medicado. Y ella, ya en los taxis, pide que le bajen la radio. Y cuando nuestro compañero llamó y pidió que fuera su testigo le dijo: “Ay, me matás con esto”. “Con el quilombo que tengo, si además me tengo que poner a pensar en si me conviene o no…”. Todas las emociones son la misma emoción. Un novio, una depresión, una tía con rulos, el trabajo de otro, los derechos, la Constitución, los cordones amarillos.

Armó la lista al final. Y si gana el juicio va a abrir unas botellas de champagne con todos los que aún siendo viejitos, viejitos, muertos, gastados, solos y pobres, sigan levantando las manos en una asamblea.


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