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Mariano Siskind
29 September 2004, 15:26
Los editores de TP podrían abrir una nueva sección: descargue nervios y tensiones… péguele a Feinmann.
¿Alguien leyó con cuotas parecidas de indignación y vergüenza ajena su última intervención, el domingo pasado, sobre Nietzsche y las elecciones presidenciales de USA, donde le pide al lector que no lo abandone, que no sea burro, que se quede a mirarlo, pensar, que se deleite con el espectáculo intelectual que él, J.P. Feinmann, le está brindando? Dice Feinmann, en medio de su simplista explicación de la oposición entre Nietzsche y la tradición filosófica que inaugura Hegel (oposición añeja e increíblemente improductiva): “Advertencia al lector: no abandone aquí la lectura. No crea que todo se complica demasiado. Entréguese al espectáculo del pensamiento. No es un show sino un vértigo. Es el exquisito espacio en que la condición humana encuentra su más alto punto. Acaso la música pueda ir más allá. Pero sólo ella”.
¡¡¡Por el amorrrrrrrrr de diossssssss!!!
¿Cómo es posible: ese arranque de soberbia? Un poco de pudor (¡y un editor!) a la derecha, por favor.
El artículo del domingo hace la lectura más pelotuda que he leído en mucho tiempo de las próximas elecciones en Estados Unidos. El rodeo pseudo filosófico que da el artículo es una excusa (hay que llenar líneas para ir a la contratapa; hay que justificar el espacio de enunciación de ‘filosófo del régimen’) para decir la banalidad más grande que se ha publicado en el periodismo reciente: da lo mismo si las elecciones las gana Kerry o Bush, total, nada va a cambiar; la gran mayoría del universo va a seguir sufriendo hambre y opresión.
La verdad es que el tema da para mucho más que una nota al pie. Daría para analizar la persistencia de un discurso que hasta los más retrógrados militantes de un centro de estudiantes berreta evitan enunciar: “hasta que llegue la revolución, todo da lo mismo, eso del gradualismo y el reformismo es para social-demócratas y putos”.
También da para usar el fallido de Feinmann para interpelar las convicciones de los sectores del campo intelectual (Feinmann aside, porque su discurso no da para mucho más que para la parodia) que apoyan al gobierno, respecto de temas como Cuba, participación en intervenciones coordinadas por organismos multilaterales para prevenir masacres, etc. Y por último, el slip of the tongue de Feinmann permite declarar lo obvio: que no da lo mismo que gane Bush o Kerry; que están en juego muchísimos muertos en tres o cuatro guerras futuras en North Korea, Iran, Indonesia, Sudan, Syria, Colombia; que la reorganización de las hegemonías mundiales y de los organismos internacionales depende del resultado de la elección, que el crecimiento o caída de la economía más grande del mundo (de la que dependen todas las economías del mundo, incluida muy especialmente la Argentina) puede llegar a estar seriamente afectada por el resultado; y, por último, y central en función de la importancia que tiene Estados Unidos como caja de resonancia para la ‘imposición’ de consensos hegemónicos, tal vez, esté en juego en esta elección el set de principios ético-políticos alrededor de los cuales se organiza una sociedad, que legitimará o deslegitimará (de maneras both directas e implícitas) caminos alternativos a las sufridas recetas canónicas para América Latina.
Nota de los editores: “Péguele a Feinmann” es, de hecho, una categoría que ha estado contemplada desde el principio (LGF, a su derecha). Ampliaremos sobre el significado de la denominación, más tarde.
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