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Ernesto Semán
8 August 2005, 09:17

Hay gente que nace con la estrella y gente que nace estrellada, eso ya se sabe. Un amigo manda desde Buenos Aires un email perdido y a vuelta de correo electrónico resulta que se ha ganado un iPod, entero, perfecto. Otro amigo llama a la radio, a National Public Radio, a la mañana, como lo haría cualquier oyente de Radio Mitre, y resulta que con esa llamada se ha ganado dos entradas para ver la premier de 2046, la última película de Wong Kar-Wai, en el exclusivo cine del edificio Sony de Nueva York. (Hay que acordarse: llamar siempre a la radio cuando haya un concurso.)

Si en cambio es uno, pues uno compra un par de cervezas, Magic Hat. La tapita de una de ellas, del lado de adentro, dice: “Hey big Shot, your breath is Rot.” La otra: “Overachievers Underestimate the Rest of Us.” (tp empieza en estos días a reducir drásticamente las expresiones en inglés, a menos que vayan acompañadas de su respectiva traducción, porque aparentemente estamos decididos a hacernos entender, de una vez por todas, qué tanto. En este caso, de todos modos, vale más la explicación de este artículo que la traducción al español de la estupidez con la que arrancaba este párrafo). Muy gracioso. Hay que conformarse con que al menos las tapitas de cervezas no te manden al carajo.

El mismo que se sacó un iPod por mandar un email, quién pudiera, nos cuenta o recuerda que Mukombo era la figurita difícil del Mundial ‘74. Mukombo terminó por ser la forma en la que estudiantes y otros coleccionistas de figuritas se referían a Kitbag Mwanza Mukombo, lateral izquierdo de la selección de la República Democrática del Congo (conocida como Zaire). La hazaña de Mukombo y los suyos no es poca, amerita ser incluso ser la figurita más difícil si se cuenta que fue el primer equipo del Africa subsahariana en participar en un mundial. Hazaña apenas empañada por las tres derrotas consecutivas, los catorce goles en contra, la goleada de 9 que le dio Yugoslavia, la penúltima posición final y la insólita anécdota del tiro libre que iba a patear Brasil contra Zaire y que, cuando pitó el árbitro, fue pateado por un jugador de Zaire que salió corriendo desde la barrera y que, aparentemente, apenas sabía las reglas del futbol.

El punto es: ¿qué figurita será en el futuro Alejandro Armendariz, que falleció ayer en la ciudad de Saladillo, a los 82 años? (Increíblemente, es imposible informarse en Clarín sobre la causa de su muerte. Hay que ir a La Nación para saber que tuvo complicaciones luego de caerse por una escalera hace unas semanas.)

La hazaña de Armendariz, “dirigente radical de la provincia de Buenos Aires”, es parecida a la de Mukombo. Ganar la gobernación de la provincia de Buenos Aires para el partido radical, la única vez desde 1983, la única vez en elecciones totalmente libres y abiertas desde 1945. Eso es entrar al Mundial. Luego la gestión, la penuria de esos cuatro años, eso es salir como salió Zaire. O no.

Casi nadie de menos de 40 se acuerda demasiado de la gestión de Armendariz, salvo por el hecho de que la provincia perdió, famosamente, ocho puntos de la coparticipación federal, lo que bien puede ser visto como un beneficio general para el país que se distribuyó esa torta, aunque dificilmente se recuerda así. En general, se recuerda a Armendariz como el debil, o flojo o genuflexo, algo innato en su carácter que le habría hecho perder ese botín de los bonaerenses.

Más se lo recuerda por haberle ganado a Herminio Iglesias. Y más finamente, como uno de los tantos experimentos claves de la política argentina desde 1983, y que pueden sintetizarse en la siguiente pregunta: ¿cómo se hace para gobernar el país, sobrevivir en el intento y tener alguna relación con el peronismo bonaerense? Se ha probado de todo: con, sin, sobre, tras. El experimento Armendáriz le permitió llegar al final del mandato, pero no mucho más. El experimento Kirchner es, de momento, novedoso y prometedor.

Escasa vocación de cambio, bajísimo perfil, más sorprendido que entusiasmado por hacer uso del poder, Armendáriz es una de las figuras menos convocantes para que jóvenes y menores varios se acercen a la vida política con algo más que el cinismo de apariencia inteligente que tapa mal y poco el éxito de décadas de desmantelamiento del espacio público argentino. Pero trascendiendo el estado anodino de la Foto Armendáriz, cabe preguntarse qué era lo que llamaba a tipos como Armendáriz a acercarse a la política en 1954 en la loma del culo, en Saladillo, como para ser concejal a los 21 años, candidato a intendente a los 25, y así. Qué impulsaba a un médico que podía dedicarse a lo suyo a ser luego concejal, diputado, etcétera.

Es difícil encontrar esa respuesta desde el presente (y excede el espacio y la función de esta página) aunque sería interesante saber cuál es la mirada de todo aquello hoy y ahora, por parte de quienes hoy tienen la edad del Armendáriz de los años 50, 60 o 70, antes de ser tan anodino como en su foto. Algunas de las mentes más afiladas de la juventud contemporanea, con centenares de libros leídos e incluso escritos, y seguidores en los medios pero no en los más importantes sino en los que más nos importan, y una extraordinaria capacidad para expresarse por escrito (no olvidar la gran ayuda del procesador de textos) y hacer citas o comentarios corrosivos, e intereses en las artes y las ciencias y en el cine, y una vida que ha llevado a muchos a vivir en ciudades y países; algunas de las mentes más afiladas de toda esa generación, decía, dificilmente logren elaborar un pensamiento que, desnudo de artificios, sea en substancia mas sofisticado que el que se escucha saliendo desde el asiento delantero de un taxi cualquiera, al costo de una inversión social mucho menor. Y al menos a cambio de un viaje por la ciudad.


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