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Eliseo Brener
6 August 2005, 14:03
Algunas cosas lo sacan a uno de quicio muy fácilmente y entonces le dan ganas de mandar al mundo a la puta madre que lo parió y dejar de argumentar para siempre y enfrentar a cualquiera que se acerque irguiendo el mentón a la voz de “¿qué te pasa? ¿cuál es el problema?”, pero uno sabe que no sólo terminaría con un bollo en la cara, sino que además habría sido inútil, como en tantos casos que vemos a diario.
En una oficina donde yo solía trabajar hace años, se habían contratado los servicios de una empresa que se dedica a proporcionar información clasificada tuya, mía, de cualquier vecino empadronado en nuestra patria, lo cual se usa para determinar si a esa persona se le da un crédito o no. Supuestamente eso viola los derechos de habeas data, y así se lo cuestionaba alguien a quien era nuestra jefa en ese momento, persona con actitud oficinesca intachable, que divide al mundo en buenos y malos y que —por supuesto— se ubica a sí misma del lado de los buenos . Ante este cuestionamiento, la jefa tranquilizó el ambiente diciendo:
—Bueno, pero nosotros sólo estamos contratando un servicio. Si hay algo ilegal, no somos los responsables.
Sin pensar lo que estaba diciendo, repliqué:
—Claro, también podemos pagar a alguien para que mate a otra persona, total solamente estaremos contratando un servicio.
Las miradas de los que me rodeaban y el consecuente silencio me dijeron claramente que mis días estaban contados en esa oficina. De manera que bajemos el tonito, estudiemos el caso e intentemos hacer las preguntas con la mayor ingenuidad posible y sin otra animosidad que la de intentar entender.
¿Alguien me puede explicar por qué carajo si lo de Terri Schiavo era una gran controversia, lo de Susan Torres pasa sin pena ni gloria?
Brevemente: Susan Torres, a quien se le declaró un cáncer fulminante estando embarazada, sufrió muerte cerebral y fue mantenida artificialmente con vida hasta que pudiera nacer su bebé. Cuando el cáncer amenazaba tomar el útero, se realizó una cesárea con 12 semanas de anticipación a un desarrollo normal y una vez que su bebé hubo nacido, la mujer fue desconectada y murió en cuestión de horas.
Este caso y el de Schiavo son diametralmente opuestos y quizá sólo tengan en común el hecho de dos mujeres que en cierta circunstancia son mantenidas artificialmente con vida, una durante años, la otra durante apenas semanas o meses. Pero ante la posibilidad de desconexión resulta que se arma un gran debate nacional e internacional en el caso de Schiavo y ningún debate en el caso de Torres. Trato de ubicar algún testimonio o sugerencia en este sentido y no lo puedo encontrar.
En un blog –que me tranquiliza al comprobar que no soy el primer demente que relaciona un caso con el otro– encuentro lo siguiente:
You’ll notice that, unlike its counterparts in the Terri Schiavo case, the left isn’t gunning for Mr. Torres because of his good-faith decision about his wife and her wishes.
(Notarán que, a diferencia de las partes implicadas en el caso de Terri Schiavo, la izquierda no le apunta a Mr. Torres por su decisión de buena fe respecto de su esposa y los deseos de ésta.)
Pero si alguien sostiene que la izquierda no le apunta al marido de Torres por su decisión de alargar artificialmente la vida de su mujer, sigo sin encontrar quien señale el hecho de que tampoco la derecha le cuestiona el haberla desconectado una vez realizada la cesárea.
Da la sensación de que los familiares de Torres están un poco más sanos que los de Schiavo: en este último caso los padres de la mujer cruzaban juicios con su marido, los cuales eran el origen de las controversias que llevaban a medio mundo a encolumnarse detrás de una posición y otro medio mundo detrás de la otra. Es interesante ver los problemas en su relación íntima con un juego de relaciones en un contexto familiar que se proyectan hasta límites insospechados. La intervención de los medios, las encuestas de opinión, la intervención de las distintas instancias judiciales, la intervención del estado sancionando leyes especiales son elementos que aparecen a partir de una disputa familiar, y no antes.
Hay una posibilidad bastante macabra: que quienes apoyen la posibilidad de alargar artificialmente (o hasta que Dios lo decida) la vida de una persona en estado vegetativo tengan claro el pronóstico que decía que Schiavo conectada podía sobrevivir indefinidamente, mientras que lo de Torres podía ser cuestión de días o semanas.
En el caso Schiavo, recordemos, el marido tenía la guarda de la mujer y era el partidario de desconectarla, mientras que los padres de ella (sus suegros) eran quienes iniciaban y seguían a muerte las demandas judiciales para impedirlo. No me puse a buscar para ese caso cómo se conseguían los fondos para mantenerla conectada, lo cual no es un detalle menor cuando hablamos de America. Revisando Wikipedia, donde se encuentra un amplio desarrollo de toda la historia, sí pude encontrar que un magnate de medios le ofreció un millón de dólares a Michael Schiavo por la transferencia de la guarda a sus suegros. El caso, en algún lugar, atraía inversores.
En Clarín, de acuerdo a la primera cobertura del caso Torres que cayó en mis manos, el fundraising fue bastante trabajoso. Los gastos para mantener viva a la mujer, los cuales no eran cubiertos por Medicare, llegaban en este punto a un millón de dólares, mientras que la familia había logrado reunir cuatrocientos mil. No vamos a sostener que la guita sea el factor ético determinante, pero sí es una especie de termómetro para ver por dónde cierran las cuentas éticas.
Y yo tengo la sensación de que las cuentas éticas cierran por algún lado cuando aparece otra vida en el medio. En este caso, parece que el hecho de poder rescatar a la bebé hace canonizar de alguna manera a la madre, un poco como sucede con la Difunta Correa, y al pasar a la categoría de santa, el hecho de que viva en forma terrenal ya no cuenta demasiado. De alguna manera, el hecho de procrear santifica y cierra el balance.
Y ya que hablamos de sacrificios, canonizaciones y muertes justificadas, como se cumplen sesenta años de Hiroshima, no está nada mal leer el artículo –revelador– editado en el New York Times ese mismo día.
Truman (después de tirar la bomba) dice:
It was to spare the Japanese people from utter destruction that the ultimatum of July 26, was issued at Potsdam. Their leaders promptly rejected that ultimatum. If they do not now accept our terms, they may expect a rain of ruin from the air the like of which has never been seen on this earth.
(El ultimatum de Postdam del 26 de Julio fue pronunciado para evitarle al pueblo japonés la destrucción más absoluta. Sus líderes rechazaron el ultimatum de inmediato. Si no aceptan ahora nuestros términos, pueden esperar una lluvia de destrucción como no se ha visto jamás en la tierra.)
El impacto de la percepción del enemigo en el interlocutor de ese mensaje (los propios) es supuestamente tan medido como en un mensaje emitido actualmente. “Los vamos a hacer mierda”, dice Truman con franqueza y hay que entender que la valoración que cualquier persona del común pudiera tener de un exterminio en ese momento es completamente distinta a la de hoy.
El alarde de contar con un arma tan devastadora tampoco es algo que hoy pudiera hacerse tan alegremente:
“That bomb,” Mr. Truman said, “had more power than 20,000 tons of TNT. It had more than 2,000 times the blast power of the British ‘Grand Slam,’ which is the largest bomb (22,000 pounds) ever yet used in the history of warfare.” (...) “What has been done,” he said, “is the greatest achievement of organized science in history. ”
(“Esa bomba”, dijo Mr. Truman, “tenía más potencia que 20000 toneladas de TNT. Tenía más de 2000 veces el poder destructivo del ‘Grand Slam’ británico, que es la bomba más grande (10 Toneladas) jamás utilizada en la historia de la guerra”
(...) “Lo que se hizo,” dijo, “es el mayor logro en la historia de la ciencia organizada”)
Con los resultados a la vista, cierto pragmatismo argumenta a favor de la demostración de fuerza, que aún con su enorme costo en vidas humanas, tuvo la utilidad de terminar definitivamente con la guerra. Ese mismo día, la visión de la “acción psicológica” se opone a la de la carnicería, con resultados inciertos, aunque me inclino por carnicería 2 – acción psicológica 1.
It was obvious that officials at the highest levels made the important decision to release news of the atomic bomb because of the psychological effect it may have in forcing Japan to surrender. However, there are some officials who feel privately it might have been well to keep this completely secret. Their opinion can be summed up in the comment by one spokesman: “Why bother with psychological warfare against an enemy that already is beaten and hasn’t sense enough to quit and save herself from utter doom?”
(Es obvio que los oficiales de más alto rango tomaron la importante decisión de dar a conocer las noticias de la bomba atómica por el efecto psicológico que esto puede tener para obligar a Japón a que se rinda. Sin embargo, hay algunos oficiales que en la intimidad sienten que bien podría haberse mantenido esto completamente en secreto. Su opinion se puede resumir en el comentario de un vocero: “¿Por qué preocuparse por la guerra psicológica contra un enemigo que ya está vencido y no es lo suficientemente razonable como para rendirse y salvarse de la destrucción total?)
Ni un rasgo de lo que hoy entendemos por corrección política en la descripción del blanco y su destrucción:
Hiroshima, first city on earth to be the target of the “Cosmic Bomb,” is a city of 318,000, which is- or was- a major quartermaster depot and port of embarkation for the Japanese. In addition to large military supply depots, it manufactured ordinance, mainly large guns and tanks, and machine tools, and aircraft-ordinance parts.
(Hiroshima, la primera ciudad en la tierra que fue blanco de la “Bomba Cósmica”, es una ciudad de 318000 habitantes que es – o fue – un gran centro de abastecimiento y puerto de embarcación de los japoneses. Además de albergar grandes depósitos de aprovisionamiento militar, fabricaba armamento pesado, tanques, herramientas mecánicas y repuestos de aviones.)
Que es. O fue. No me importa mucho. Fue, me parece.
La explicación científica para el vulgo es más bien una mitología de superhéroes de historieta:
What is this terrible new weapon, which the War Department also calls the “Cosmic Bomb”? It is the harnessing of the energy of the atom, which is the basic power of the universe. As President Truman said, “The force from which the sun draws its power has been loosed against those who brought war to the Far East.”
(¿Qué es esta arma novedosa y terrible, que el Departamento de Guerra llama también la “Bomba Cósmica”? Es el comprimido de la energía del átomo, que es la potencia elemental del universo. Como dijo el Presidente Truman, “La energía de la cual el sol toma su potencia ha sido diseminada contra aquellos que llevaron la guerra al lejano oriente”)
Hoy sería imposible para cualquiera, incluso para los yanquis, ya no atacar de esa manera, sino ponerlo en esas palabras. Pero cuando hablamos de superhéroes, también han cambiado los tiempos y no alcanza con pontificar simplemente sobre el bien y el mal. Se requieren discursos y accionar políticos concretos, y es por eso que Terminator se ocupa del calentamiento global desde su puesto de gobernador de California:
Para 2010, reduciremos los gases de efecto invernadero a los niveles que producíamos en 2000; para 2020, los reduciremos a los niveles de 1990; y para 2050, California reducirá estos contaminantes en un 80% respecto de los niveles de 1990.
Sólo viniendo desde el futuro se puede vaticinar cómo será la emisión de gases tóxicos de acá a 45 años. El círculo de las cuestiones con las que arrancamos hoy se cierra, como suele suceder, con los niños, que dan para todo.
¿Por qué preocuparme por el calentamiento terrestre? Porque tengo 10 millones de razones —los niños de California; entre ellos, mis cuatro hijos—.
Los niños (de California). La verdad que como superhéroe te fuiste al carajo. Traigan al flautista de Hamelin.
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