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Gabriel Puricelli
18 June 2005, 06:49
No sólo estamos en un show de Ringo Starr. En realidad, no estamos en un show de Ringo Starr, sino que somos extras en un programa de la tele, viernes a la mañana, más precisamente en “Good Morning America” que usted puede ver en ABC, si tiene cable. Así que la dinámica es más o menos así: uno se levanta a horario Semán, es decir, cerca de las cinco de la mañana, se toma el L en Williamsburg, New York. Combina con el F y, voilà, desciende en 42 y 6ta, una de las esquinas de Bryant Park, espacio verde que solía no serlo (verde, no espacio), donde se conseguía droga de todo tipo y precio y que tras el paso de Giuliani se ha convertido en uno de los parques mejor cuidados y más usados del centro de la ciudad.
Uno, entonces, se pone en la cola de los asistentes, para ser de los primeros que accedan, cuando abran las puertas del parque. Que se abren a las seis de la mañana, para algo que (en la vaga definición del ya mentado Semán) “empieza a las siete”. Pero hete aquí que a las siete empieza la prueba de sonido, que abre con un bis, un tema cuyo título desconocemos, pero que debe ser del nuevo CD de Ringo, quien se presenta en excelente forma, para alguien de 65 años, al frente de una banda de músicos que deben ser 15 años más jóvenes que él, pero no han sido tratados por la vida con la misma deferencia que le ha estado reservada al celebérrimo ex-Beatle.
Ringo está en mucha mejor forma que, digamos, Piero, por citar a otro habitué de TP. Alguien comenta que es la comida orgánica, o la buena vida, la deferencia de la vida. Alguien, por la tarde, hablando de la excelente forma de Ringo, dice con más certeza: “No hay caso, viejo. Es la merca.”
Con merca o arroz yamaní, Ringo está en plena forma a las siete de la mañana del viernes en Bryant Park (donde habrá comprado algo más que multigrain bread en sus años mozos). Toca esos dos temas y, enseguida, durante la misma prueba de sonido, una que sabemos todos, “Yellow Submarine”. El punto es que, hasta aquí, los asistentes argentinos al evento creíamos que estabábamos presenciando ya el show, cuando, de repente, Ringo se retira y a nadie parece importarle, contrariamente a los disturbios que tal actitud imprevista podría tener en, digamos, Obras.
Abandonado que hubo Ringo el escenario, un weatherman (sin relación con The Weather Underground) se dirige a la multitud y felicita a aquellos entre los asistentes que han traído cartulinas que los identifican como provenientes de Texas (¨Don´t mess with Texas¨) o alguna de las Dakotas, para luego explicar la dinámica de cómo va a ser esto, prometiendo incluso, que contará su próximo pronóstico desde abajo del escenario. En fin, que hay un largo hiato durante el cual se escriben parte de esto y que lleva al inevitable momento reflexivo: ¿para qué me levanté a las cinco de la mañana? Claro, hasta aquí no hemos aclarado que los asistentes al evento no superan los mil, a ojo de buen frecuentador del Luna Park o la Federación de Box, lo que vuelve retrospectivamente fútil haber venido a hacer la cola, ya que aun si hubiéramos llegado hace un instante, estaríamos de todos modos a tiro de hondazo del bueno de Ringo.
A tiro de hondazo viene a cuenta, porque luego viene el show, y Ringo canta por tercera vez los tres temas, los dos desconocidos y Yellow Submarine. En un intermezzo, el presentador le pregunta si de joven se hubiera imaginado que estaría a estas alturas de gira, tocando en público. “No, me imaginaba que iba a haber ahorrado mejor.”
Es una frase hecha, porque Ringo, de entre los motivos desconocidos por los que decide salir a un escenario, no tiene como prioridad el de la plata.
Ringo canta mal, bastante mal diría. Sin embargo no es Piero, ni uno lo trata como Piero. ¿Por qué? Porque era de Los Beatles, es la respuesta obvia. Aunque la beatlemanía, aquí y en todo el mundo pasó hace rato, el tipo es un Beatle, hizo tres o cuatro cosas que hicieron el mundo mejor para miles de millones de personas y eso lo pone en otro lugar. Es como un tiro libre mal tirado por Maradona y uno mal tirado por Carlos Tapia. Digamos, en ese plano, que Ringo canta como Maradona tirando el peor tiro libre de su vida.
El show es corto y uno tiene sueño, pero al menos son sólo tres temas y uno ha estado a unos diez metros de un Beatle y se va a comenzar el día tarareando Yellow Submarine.
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