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Ernesto Semán
11 April 2005, 08:17

El domingo, cerca de las tres de la tarde, la radio pasaba “Your Mother´s Son In Law”, la primera grabación en la vida de Billie Holiday, acompañada por la orquesta de Benny Goodman.

El tema es del 27 de noviembre de 1933. Holiday tenía 18 años y era una de las amantes de Benny Goodman, lo que no era totalmente necesario para convencerlo de ayudarla a grabar sus primeras canciones. Holiday no había empezado aún con la heroína y el opio y su voz era, y asi sonaba ayer domingo por la radio, hermosa.

A eso le siguió “For All We Know” en una versión posterior, claramente después de que la droga y sabe Dios qué distorsionaran su voz y la transformaran en algo hermoso, pero por otros motivos.

Luego siguió otro tema y otro. A la noche había otros temas, de otras épocas. Hoy lunes, a la mañana, otras grabaciones, otra época de Billie Holiday, ensayos vocales sobre alguna melodía famosa.

La radio era WKCB-FM 89.9, la estación de la Universidad de Columbia, manejada por sus estudiantes y dueña de una generosa colección de jazz. El proyecto de la radio es el Billie Holiday Marathon: 15 días seguidos de Billie Holiday, desde el 1 al 15 de abril, las 24 horas del día, interrumpido apenas por los llamados del DJ Jarenwattananon recaudando fondos para la radio. En total, son 360 horas de Billie Holiday: cuando terminen, el viernes, WKCR habrá pasado absolutamente todas las grabaciones conocidas hasta el momento (la radio está en internet acá, asi que no es necesario vivir en Nueva York para escuchar lo que queda).

El que se perdió los tres primeros días de la maratón de Billie Holiday fue Min Kuan Chen. Que en verdad casi pierde mucho más que eso. Chen hace deliveries para un restaurant chino en el Bronx (sí, el restaurant se llama Happy Dragon). El viernes 1 de abril fue a entregar una orden de camarones fritos con cebolla y otra de arroz frito con camarones a Tracey Towers —unas torres del Bronx que tienen poco que envidiale al Fuerte Apache argentino—, y se quedó atrapado en el ascensor… 81 horas.

Esta especie de autosecuestro terminó cuando Chen descubrió como tirar de la alarma del ascensor, lo que logró a las cinco de la mañana del martes. Chen había tomado el ascensor “express” que no para entre el piso 1 y el 22, y funciona tan mal que nadie en el edificio se preocupó por tener un ascensor menos. Ni un chino menos, al menos hasta que sus compañeros de trabajo vieron que no había vuelto, buscaron su bicicleta, comprobaron que había entregado la comida y denunciaron su desaparición a la policía. La policía fue al edificio, hizo una búsqueda aparentemente intensiva, recorrió todos los pisos en los que había estado Chen, habló con los últimos vecinos que lo vieron ahí, chequearon los videos de vigilancia del edificio y de la zona. Mientras sucedía todo esto a su alrededor, Chen permanecía encerrado —y callado— en el ascensor.

La historia de Chen es de las típicas neoyorkinas, el lado oscuro, pero no tanto, del American Dream. Vino hace 2 años a Nueva York desde Fuzhou, en Fujian, donde todavía viven su mujer y su hijo. Trabajando seis días a la semana en Happy Dragon, con entre 40 y 60 deliveries por día, Chen pagó en este tiempo los 60 mil dólares que le debía a los traficantes que lo ingresaron ilegalmente a los Estados Unidos, y desde entonces se dedica a ahorrar para girar remesas a su familia en China. Se calcula que, cada año, los chinos de todo el mundo envían unos dos mil millones de dólares a sus familias.

Chen habla muy poco inglés y está, como buena parte de los inmigrantes ilegales, en un limbo jurídico y linguístico impenetrable. Muy probablemente, cuando el ascensor se paró, Chen pensó en llamar a la policía pero no sabía cómo, pensó en que si lo lograba la policía podía deportarlo, pensó que de todos modos nadie entendía lo que él decía (conocí a un salvadoreño en Boston que había estado 14 horas en la calle, hasta que me escuchó hablando español, buscando la estación de subte y no se animaba a preguntarle a nadie dónde estaba porque no hablaba inglés), pensó que quizás se arreglara pronto, habrá considerado natural que no hubiera nadie que se preocupara por su extensa desaparición, y así durante 81 horas.

Es muy probable que Chen, de todos modos, no sea el target de WKCR, y que no hubiera escuchado a Billie Holiday aun si hubiera tenido una radio en el ascensor. Ahora son mundos separados, el del jazz y la comida china, en la esfera de la producción más que en la esfera del consumo (desde la época de Holiday hasta hoy, la comida china debe ser la más consumida en la comunidad negra de Nueva York).

En todo caso, un break de tres días en el trabajo es tan bueno como un descanso en la maratón de Billie Holiday. Nadie podría escuchar 15 días seguidos a Billie Holiday, y no es recomendable un domingo completo (aunque nadie hubiera sospechado que arrancar el lunes a la mañana con una especie de Summertime reventado es un gran comienzo de semana).

También están los diarios. Pero eso pasa siempre.


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