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El duelo de Mario y el reto de Miguel
Esteban Schmidt
27 03 2005 - 18:45

Ver boquear a un pez en el piso de un bote te da tristeza si te pasa por primera vez, pero si estás acostumbrado no te pasa nada. Lo mismo te pasa si ves a un periodista tartamudear en una conferencia de prensa cuando hace una pregunta valiente. Primero te da pena, después te chupa un huevo.
Hagamos como si todo fuera por primera vez. Si no, no se puede escribir.
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Los hechos:
“BUENOS AIRES (AFP) – Mario Firmenich, ex jefe de la disuelta organización guerrillera Montoneros (peronista, izquierda) retó a duelo a un periodista que lo consultó sobre su actuación durante la dictadura (1976-83), en medio de una conferencia de prensa en la ciudad de Córdoba (centro). “Pendejo hijo de puta. Te has ganado un reto a duelo”, le recriminó Firmenich a Miguel Planels, cronista de la radio de la Universidad de Córdoba, cuando éste insistió con sus preguntas la noche del lunes, informó la prensa local. El incidente se produjo durante la presentación en ese distrito de un libro del ex jefe guerrillero titulado “Utopía, una alternativa al modelo neoliberal”. Firmenich, de 57 años, radicado en España, reaccionó cuando el cronista lo consultó sobre una supuesta reunión que habría mantenido en Europa durante la dictadura con el ex almirante Eduardo Massera”.
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Les commentaires.
Firmenich fue a Córdoba a presentar su libro “Eutopía” (France Press no conoce la palabra y no se tomó el trabajo), que más que un paper académico es una propuesta económica, según las palabras de Firmenich. Pero a Miguel Planels, cronista del servicio de radio y televisión de la Universidad Nacional de Córdoba, no le importó nada. Se quiso hacer el valiente con Firmenich. Pudo haber leído el libro, pudo haber pensado la pertinencia de la pregunta. Pudo haberlo hecho bien Planels, pero no pudo. Y Firmenich se sacó y le dijo: “Pendejo hijo de puta, te has ganado un reto a duelo”. Y todo se volvió una película de Berlanga.
Pasó el lunes 21 de marzo. Hoy domingo de pascuas nos preguntamos dos cosas:
1) ¿por qué Planels creyó que podía hacerse el vivo con Firmenich?
y
2) ¿por qué al viejo comandante lo puede chucear cualquier mocoso?
Y lo vamos a responder, imaginando un poco.
1) No sabemos nada de Planels. Internet no nos dice nada, excepto la cobertura de este episodio por distintos medios de prensa de todo el país. Sabemos que es periodista y que, en tanto tal, resuelve tomarse una serie de atribuciones que el resto de las profesiones, gremios, oficios, sólo se permite en interiores, en la vida privada o en bares. La atribución del reproche en voz alta, la fiscalía a la carta, la justicia por boca propia.
Como las preguntas se premeditan, aunque sea un poco y aunque sea mal, el hecho fue premeditado. Entonces, también nos preguntamos:
a) ¿Cuándo resolvió Planels preguntarle a Firmenich por sus reuniones con Massera?
R: Lo resolvió cuando le asignaron la nota en la redacción. Se puso frente a la compu y anotó todo lo que sabe sobre Firmenich. Un periodista sabe que las personas ocultan algo y que su trabajo funciona si lo pueden transparentar. Pensó las preguntas más transparentadoras que podía hacer. No las anotó, se las acordó. Luego en la conferencia, esperó que la charla cambiara un poco el eje para preguntar y torcerlo del todo.
b) ¿Por qué pensó que podía romper el curso de la conferencia?
R: Esta es la pregunta difícil y la respuesta es larga.
Un periodista cree que está autorizado a interpelar a cualquier persona sobre cualquier tema. ¿Anda uno por ahí, imputándole traición a sus compañeros, a cualquiera? ¿Por qué un muchacho que va de la redacción a la casa cree que puede preguntarle a un tipo que dirigió la guerrilla más importante de Sudamérica si se reunió o no con el demente que mataba a sus compañeros? Preguntarle fuera de contexto, ¿no?
¿Por qué cree que puede caerle al líder de una organización político militar, con el método con que cuenta la interna de la UCR de Córdoba? (Y no porque el militarismo tenga un status superior al civilismo radical, simplemente no es lo mismo)

En el principio de los tiempos, días después que Dios dividiera el cielo de la tierra, el rol de la prensa era la vulgarización de las opiniones o visiones que sobre el mundo tenían los sectores dominantes, o cuando menos, la que tenían los sectores más ilustrados de la comunidad ¡qué solían ser lo que tenían guita!. Se necesitaban imprentas, papel, ergo dinero. Con el tiempo, mucha otra gente, dominantes y no, vio la utilidad de los diarios, para comunicar sus propias ideas. Más y más tiempo después, los diarios empiezan a autonomizar su práctica, sin olvidar, a sus mentores y financistas, y desarrollaron los distintos géneros. El desarrollo de la escolaridad arma un mercado de lectores, de ciudadanos calificados y por ahí va lo que conocemos hoy. Se separa lo interesante de lo no interesante, se resuelve que lo que pasa lejos, importa menos que lo que pasa cerca, a menos que lo que pasa lejos, ejerza influencia sobre lo que pasa cerca. Así suena bien, y nada jodido.
Pero se fue pudriendo todo. Las razones las podemos dejar para otro día.
Recojamos evidencia, nomás.
Durante años escuchamos cómo se burlaban de Alfonsín algunos periodistas. Especialmente durante el gobierno de Menem. No era fácil acusar a Alfonsín de chorro, pues entonces lo que hacían era imputarle locura. “Se cree Superman, nos quiere salvar”. O del pacto militar sindical, o de los carapintadas, o de la libanización, enumeraban con el archivo de notas en las manos.
Alfonsín, forjado políticamente en una época donde los periodistas eran unos caballeros, truchos pero caballeros, cedía mucho material, para la nueva generación de periodistas graciosos. Estos periodistas querían denunciar la teatralidad de la política: “ey, están actuando”. En el nombre de la sinceridad, o de vivamos con la verdad, actitud a la que la vida en libertad, y la extensión y difusión de disciplinas como la psicología, al fin de cuentas, nos invitan. Y eso está bien porque te aviva, pero cuando el ejercicio de mostrar el lado falso de las cosas es el único ejercicio posible, el periodismo hace la tabla del cero. ¿Cero por cero?, ¿tres por cero?, ¿cien por cero?. Al otro día del chiste contra Alfonsín, el hombre de Chascomús, debía o intentaba seguir representando, bien o mal, y los periodistas debían…, seguir haciendo chistes.
En general, olvidan la responsabilidad social y no prestan uno de sus servicios públicos posibles, como recoger el material que, en abundancia, genera la comunidad, ponerlo en blanco sobre negro y que las personas las podamos pensar. Para que la vida cotidiana incluya el pensar. Vanidosos, enamorados de si mismos, consideran que el aporte a la humanidad que pueden hacer, en realidad ya fue hecho cuando nacieron y a cobrar las royalties.
Así, al menos en Argentina, que es lo que conocemos, la prensa oscurece, entorpece, confunde, encubre, complica la vida de las personas y de las instituciones. Cuando no son fiscales, los periodistas son burlones y si no, víctimas.
Se entiende, entonces, por qué Planels cree que puede hacerlo.
Pero ésta era la fácil.

La más difícil es saber por qué lo hizo con Firmenich, siendo que los periodistas no son meros valientes sino oportunistas del coraje. Que era la pregunta dos.
2) OK, los montos no ponen avisos en los medios.
Pero no es eso. El pleito no es con los Montoneros. Que ya fueron perdonados, incluso por los que no entienden nada. Montoneros ya suena bien, pasados todos estos años. Habrá una línea de jeans de Ona Saez, que se llame Los Montoneros, por qué no. “Los que usaba el abuelo”.
Hay algo en Firmenich.
Era el uno y sobrevivió tras la masacre. De haber muerto, tendría envergadura mítica. Vivo es candidato a la crucifixión. Pero si tuviera guita e invitara a almorzar a la gente, ya se pondría más amable. Y si no tuviera guita y se prestara a la joda, más amable. Y si hubiera hecho un mea culpa, con librito y presencia en lo de Susana Giménez, tapa de Viva. (Viva Perón.)
Pero se toma todo en serio. No se reconvirtió, que no significa que siga auspiciando la lucha armada, porque no lo hace. No se recauchutó para la tribuna y mantiene una serieuse insoportable.
A diferencia de Vaca Narvaja que regresó a Buenos Aires y puso una gomería y se reconvirtió para abajo, o Galimberti que tenía la tesis de que después de haber arriesgado la vida “por todo”, no podías hacer la revolución del crique, y se reconvirtió para arriba, Firmenich optó por quedarse parado en el mismo lugar. No cambiar, aunque admitiendo o resignándose a que los otros cambien. Mirando de lejos, clandestino en Barcelona, con la única novedad de su vida académica y el mismo misterio acerca de cómo financia su vida, que por cierto, es modesta. Parece estar parado en el mismo lugar desde el que dio la última indicación político militar. Ojo, no sabemos si es verdad, pero es como el descremado de todo el prejuicio en torno a él y de lo que de él se sabe y deja saber.
Vaca Narvaja y el finado Galimberti pudieron hablar del pasado con mucha verdad y se distinguieron entre sí respecto a qué hacer con lo que esa verdad les decía. Ellos sí cambiaron las pretensiones y actuaron en función de las nuevas. Vaca fue por los criques, Galimberti por el champagne Cristal. El conejo se movió, les podés preguntar por otras cosas. ¿Por qué un taller mecánico?, ¿por qué las fiestas en Punta del Este?, ¿no era usted un luchador?
Firmenich, por su parte, no resulta convincente en su pretensión académica. O él no convence, o el resto no se deja convencer. ¿Un libro de economía? No, tenía que haber hecho algo con su lugar de uno montonero. Algo reconocible. Algo más de las novelas, del cine. Si el plot point es que el tipo que secuestró a Aramburu escribe una tesis académica, te levantás del cine.
Su libro salió a la venta hace cerca de seis meses y fue olímpicamente ignorado por todo el ambiente intelectual porteño, donde naturalmente militan, muchos de quienes fueron sus compañeros, sus dirigidos, quienes hoy no demuestran la más mínima inquietud por saber o enterarse qué escribe o qué piensa la persona, cuyas órdenes, organizaban sus existencias hace treinta años. Curiosidad nomás, su falta, llama la atención. No cariño ni respeto, curiosidad.
Tras la pregunta de Planels y el escándalo, Firmenich se pudo haber ido con la sensación de que aquí ni se puede presentar un libro y pudo mantenerse en su papel de enojado y volar a España.
Por eso lo forrea un periodista, por inadaptado. Sin guita, sin custodia, sin gracia, sin cintura y sin novedades, uno de los tipos más importantes de los años setenta, termina boludeado por un movilero.
Si yo fuera Firmenich también estaría enojado. Acá nadie te reconoce nada.
A los 18 años planificando el secuestro de un milico con otros pibes de tu edad y no hacerlo por guita sino por política. Acá nadie te reconoce nada. No hace mucho, Firmenich enumeró a todos los montoneros que están en cargos públicos. El reconocimiento. ¿Eso lo tendrá enculado, torpe? ¿La falta de?
Tras la respuesta de Firmenich, Planels subió sus acciones en el gremio y todos los compañeritos del colegio mixto de la prensa se mostraron solidarios con él y espantados con Tyson que, cuando no, se puso violento. Naturalmente que el tema no fue que éste pibe acusó a Firmenich de algo horrendo y que el otro reaccionó lógicamente queriendo cagarlo a trompadas. Sino que cómo va a querer cagar a trompadas a un pibe, pobrecito, que hizo una pregunta que nos hacemos todos.
Sobre la pregunta de Planels que reactualizó todo el comentarismo choto sobre la contraofensiva, restan un par de palabras más. Yo separaría lo que los hechos parecen, de lo que los hechos son, del uso que se hace de ellos. Para algunas personas, la contraofensiva parece hecha contra los militares pero fue pactada con los militares. Para otras parece pactada con los militares pero fue hecha contra ellos. En los dos casos fue como el desastre de Huaqui y el capítulo, casi final, del delirio armado. El hecho se puede usar para entender la historia, para pensar o para echarle un container de desperdicio encima y que nos de asco hurgar alguna vez. Digamos que el contexto y la intención le permitieran a Planels o cualquier otro, sentarse frente a Firmenich y preguntarle si acordó con Massera la contraofensiva. ¿Qué pasa si el otro dice “no”? Como ya dijo “no” a eso, cien veces. ¿Cuántas veces se insiste con la misma pregunta? “Doctor Menem, ¿tiene una cuenta en Suiza?” “No”. Señor Nosiglia, ¿usted es el monje negro?” No. “Manzano, ¿usted se operó el culo?” “No”. ¿Cuándo parar de preguntar lo que no se quiere o no se puede responder? Si yo pregunto algo a sabiendas de que el otro no me lo puede responder, ¿para qué lo pregunto?
Por otra parte, la crítica a la contraofensiva es desinteresada de la verdad de los hechos. Se hace con la frivolidad con que se habla de fútbol en un bar. “Mandaron a los chicos al muere”, se dice muy alegremente. Exactamente, ¿dónde estaban en esa época? ¿Qué antecedentes de vida, les permiten cuestionar esa decisión? ¿Hicieron el curso de El arte de la guerra de Sun Tzu con el hijo de Rozitchner?
Y esta gente, la misma u otra, también se pone cómica, con los que fueron montoneros o del ERP y ahora son de derecha o, simplemente, pusieron una casa de regalos. ¿Pero nos pueden contar qué eran ustedes antes? ¿Quiénes son ahora? ¿Por qué, pero por qué, se burlan?
Las personas no llegan solas a esas ideas bobas. Son cebados por la prensa.
Hay que desgastar a esa profesión, limarla, pegarle en los tobillos hasta que los asuntos públicos se independicen de los medios. Y, bueno, después veremos que había allí, debajo de la pila de papeles.
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Del mismo autor:
La Familia Bilial
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Diario del Bafici # 3.5
Diario del Bafici # 0.75
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"Most of them", said the VP