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Gli Uccelli
19 March 2005, 10:04

Uno querría hablar de otras cosas. Más gratificantes, como la edición de los nuevos volúmenes de Fuzzy Warbles, en los cuales Andy Partridge sigue exhibiendo su capacidad infinita en canciones de entrecasa; o más preocupantes, como la tensión creciente entre China y Taiwán. Incluso, si el mundo fuera un poco mejor, podríamos dedicar este espacio de hoy, por completo, a una noticia buena de veras que jamás encontraría su lugar en los medios que solemos frecuentar: el próximo 28 de abril tendrá lugar en Londres lo que posiblemente sea el concierto del año, la mejor combinación imaginable en mucho tiempo: Andrew Bird +Tim Keegan + The Real Tuesday Weld. Como si estos tres nombres juntos no fueran suficientes para desesperarse por una entrada (y, para la mayoría de nosotros, un pasaje), los tres estarán acompañados por Kevin O’Donnell, uno de los bateristas más sutiles e imaginativos del planeta. Mi fin de abril pinta complicado, pero quienes estén en Londres para esa fecha, ya saben; Europa es poco generosa en este rubro y no suele ofrecer oportunidades como esta.

Uno querría, en realidad, hablar de cualquier cosa menos de los diarios. Incluso, como anhelábamos ayer, se podría encontrar aristas de interés en el escándalo del mes, del que una vez más la Iglesia es protagonista. Pero no. Hay que hablar de cómo hablan los demás del tema, inevitablemente, por ingrato que resulte, y la razón es simple: están todos locos. O todos mienten, repentinamente, porque sí, lo cual es otra manera de decir que están todos locos. Me refiero a esto:

What the fuck?

Decíamos que es ingrato y aburrido basarse en los medios, pero el pantano en el que los medios se encuentran sumidos es un espejo de innumerables miserias individuales que se concentran en ellos mediante estas demostraciones de que a nadie le importa en lo más mínimo lo que pasa, lo que se discute o no se discute, lo que se podría hacer o no para que las cosas mejoren. Ya vendrá alguien a decirme que la culpa es del menemismo y de la cultura del “sálvese quien pueda” [ahora que todo es sobre “la cultura de” — del trabajo, del terror, del cucurucho]. Whatever. Cientos, si no miles de tipos a los cuales alguien les paga el sueldo confluyen en la tarea de escribir pelotudeces, mentiras, verdades a medias sobre un tema simple como pocos, que puede resumirse en un párrafo brevísimo:

El Ministro de Salud menciona la despenalización del aborto en el contexto de un Gobierno que no tiene política al respecto ni ganas de tenerla. Un obispo nazi (en excelentes términos con las fuerzas más oscuras del partido gobernante) le envía una amenaza velada al Ministro: “ya vas a ver lo que te pasa si seguís diciendo esas cosas”. El obispo nazi ha hecho cosas terribles antes, así que hay elementos para creerle. El Gobierno, más que proteger a su Ministro, quiere ganar la pelea sin jugarse a decir nada sobre el aborto, ni sobre la Iglesia, ni sobre la religión, ni sobre la sociedad, ni sobre la cultura del calamarete frito. Le sale mal, obviamente.

¿Tan difícil era?


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