dailies
comments?
tp-skypeline
el podcast
the south downs
————————
————————
algunos hititos:
- los farewell rants
- elecciones 2005
- ibarra destitutio
- q vs. joven guardia
- chino básico
- fútbol por tv
- bafici 2006
- el mundial 2006, según q y hernanii
© 2004/2008 bajo licencia de Creative Commons.
Ernesto Semán
10 March 2005, 09:09
Parece que Nelson Rodrigues dijo una vez que “diante de Chico Buarque, todo homem é um corno em potencial”, algo que no necesita traducción. Como tampoco la necesita una nota que Tutty Vasquez había hecho hace mil años y medio a Marieta Severo, por entonces la esposa de Chico, en la que decía que “as mulheres de todo o Brasil — das bisavôs às netinhas — só se mantinham ao lado de seus namorados, maridos ou amantes porque não podiam dormir com o Chico.”
La deidad de Chico Buarque y su condición de Hombre Total puede renacer desde varias fuentes; su historia, su leyenda o su presente, su libro Budapest, un relato sobre el lenguaje y una historia de amor y odio a la lengua y a la patria cuyo estilo es la obra en sí (algo de cómo escribe Chico Buarque se parece a cómo construye Oscar Niemeyer, otra vaca sagrada de la elite cultural brasileña).
La última reaparición del Buarque como Dios, en cambio, vino de la mano de un escandalete. Chico suele caminar como cualquier otro por Ipanema y Leblon. La leyenda dice que si uno está entre las 12 y la 1 del mediodía en cualquier punto de esos 3.400 metros de playa, lo verá pasar haciendo su recorrida diaria.
Hace unos días, un poco más tarde, cuando el sol se pone detrás del morro y la favela, Chico estaba en Leblon, besando a una mujer. Casada. Casada con un conocido suyo. La mujer es una morocha impresionante, de nombre Celina Andrade Lima Sjosted. Su esposo es el dueño de un estudio de grabación. Un fotógrafo los vio, besándose en público, inconfundiblemente Chico, clickeó, volvió a mirar con sus propios ojos, clickeó de nuevo, así varias veces, bajó las fotos en su computadora, habló con los medios que podían interesarse, quizás le pegó una última mirada a las fotos en su pantalla antes de que dejaran de ser sólo de él, y las mandó por email a un par de diarios y revistas.
Por algún motivo, Chico y Celina tenían cierto interés en que las fotos no salieran publicadas, a resultas de lo cual habría llamado a varias revistas pidiendo/amenazando para que no salieran. Los medios armaron entonces en un gran escándalo: Chico Buarque, un estandarte del Brasil libre, al frente de una cruzada contra la libertad de prensa. Desde O Globo hasta todas las revistas y blogs de la ciudad le han dedicado generoso espacio en las últimas semanas.
Vaya uno a saber si la libertad de prensa se juega en estas cosas. Chico es un personaje público, que se besa con quien quiere en un lugar tan público como una playa de Rio. Es tan cierto que ese tramo de su vida privada transcurre en público como que su publicación o no afecta a cualquier cosa menos a la libertad de prensa. El argumento de la prensa brasileña, de que Chico Buarque, el Hombre Total que tanto hizo por la libertad del país, no puede por eso luchar por su propia libertad, suena lógico pero es absurdo.
Más que a la libertad de prensa, el incidente afecta más bien al sentido común, y a la necesidad de que la separación entre lo público y lo privado sea siempre implícita y no enunciada. Si no, sucede lo que debió hacer Celina: un comunicado anunciando que no es la novia de Chico y que con su marido, aunque viven bajo un mismo techo, desarrollan vidas independientes.
Es probable que Chico se ausente de Ipanema por unos días y vuelva a sus libros y a su música. Budapest, su novela, es, también, una elegía a esos dos mundos, una de las más bellas declaraciones de amor imposible, amor al acto y a la contemplación, esos mundos irreconciliables que le hacen pensar a muchos que Rio no es para ir a estudiar ni a hacer nada, simplemente porque es imposible pensar y crear en un lugar donde tanto ha sido creado.
“Houve un tempo em que, se tivese de optar entre duas cegueiras, escolhia ser cego au esplendor do mar, as montanhas, ao por-do-sol no Rio de Janeiro, pare ter olhos de lero que há de belo, em letras negras sobre fundo branco.”
Jose Costa, su alter ego en Budapest, se ha dado cuenta. Y aunque no por eso llegará a resolverlo, seguirá creyendo que hay algo para crear, que algo de lo que hemos hecho vale más que todo lo que nos rodea. Aun en Rio de Janeiro.
————————————
Del mismo autor:
Chacho en el bar
Todo lo que podría entrar en seis sílabas si uno supiera cómo escribirlo
Pirulo, Catrasca y el Presidente Genérico
Ha muerto Leslie Matchbox
Aleluia
Jedwabne
On A Slow Boat from China
40 Millones
Cuadritos y Masitas
dEvolution