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Ernesto Semán
8 March 2005, 14:34
Bill Clinton tiene que operarse de nuevo para sacarse unos tejidos que quedaron maltrechos de su operación anterior. Si uno lee la descripción de lo que el New York Times considera un “envejecimiento normal”, es para preocuparse. Dice que Clinton no tiene ha tenido mayores problemas de salud, a no ser los derivados del paso del tiempo: un tejido canceroso en la espalda en 1996 y uno protocanceroso en la nariz poco más tarde. Hipertensión y colesterol. Insuficiencia cardíaca que obligó a la última operación. Deficiencia auditiva, que obligó a que le colocaran un audífono microscópico hacia el final de su gestión. Todo eso, más el tejido nuevo que está causando presión sobre la parte inferior del pulmón izquierdo.
El resto, todo bien.
Bush, en cambio, parece no tener la mayoría de estas complicaciones, lo cual le dará larga vida para hacer lo que quiera. Entre otras cosas, nominar como nuevo embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas a John R. Bolton, un tipo cuyo perfil agota las metáforas zoológicas de halcón, dinosaurio, mamut, lo que sea.
Condoleezza Rice lo describe buenamente: “He is a tough-minded diplomat, he has a strong record of success and he has a proven track record of effective multilateralism”.
De todo, es probable que sólo lo de “tough-minded” sea cierto. Por lo demás, Bolton es uno de los que más claramente se ha pronunciado por la parcial o completa eliminación de la institución de la que ahora forma parte. Es como nombrar a un nazi como embajador en Israel, a un gusano como embajador en Cuba, un tipo que difícilmente haga de las Naciones Unidas algo mejor de lo que es. Como para confirmarlo, Rice puso entre los mejores ejemplos de la diplomacia americana en Naciones Unidas a Jeanne Kirkpatrick, una verdadera bestia (cuyo nombre puede sonar familiar en la Argentina por la saga de Malvinas).
Bolton es parte del conjunto de cuadros que protagonizaron la política o se formaron durante los años de Ronald Reagan. Muchos de ellos están en los equipos de Bush; notoriamente, John Negroponte y Elliot Abrams que, como Bolton, empezó trabajando con Jesse Helms, el senador republicano de Carolina del Norte.
Credenciales no le faltan, a Bolton. Una vez dijo: “if the U.N. secretary building in New York lost 10 stories, it wouldn’t make a bit of difference.” Otra vez, agregó que “there’s no such thing as the United Nations.”
Supongo que por eso un asesor del Secretario General de las Naciones Unidas le dijo al Times que la nominación de Bolton es “a disaster” y agregó: “The real question is what is Bolton’s mission. Does he come here to attack the institution, or does he really come here to help the U.N.?”
El problema es que algo de lo que dice Bolton es cierto, aunque por motivos radicalmente distintos a los que tiene él. Si uno tiene un corazón tan multilateral como el de Los Jaivas y le ha tocado la suerte (o desgracia) de haber presenciado sesiones varias de las Naciones Unidas, entre ellas alguna del Consejo de Seguridad, podría coincidir rápidamente con que el edificio de la ONU podría perder 10 pisos y, en verdad, lo único grave sería arruinar una joya del modernismo arquitectónico.
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