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Ernesto Semán
10 January 2005, 11:42

La noticia que aparece hoy dice que Apple está pensando en lanzar una “sub Mac” a sólo 500 dólares, y está destinada a generar una conmoción en los Estados Unidos, y probablemente en el resto del mundo después. Así será entre los Silicon Valley boys, que puede no ser relevante, pero también en el pequeño gran mundo burgués en el que muchos vivimos, al que cada tanto detestamos, y con el que mas o menos nos llevamos.

Leo la noticia a las ocho de la mañana, subte F de Nueva York, todo medio dormido; yo, el subte, la gente. Miro alrededor y es el panorama de siempre: mucha gente leyendo el Times, mucha leyendo el Post, mucha leyendo novelas variadas, mucha gente con sus iPods. Los iPods son mas bien caros, pero parecen resolver un problema clave que es cómo llevar la torre de Babel en el bolsillo. Nunca más la pregunta de qué tres discos te llevarías a una isla desierta. Para qué si hay iPods.

Ah, los iPods también son lindos, sensuales. Y la voracidad del mercado americano permitió que a la armonía de las líneas blancas o pastel y terminaciones levemente curvas y texturas de piel artificial, se le agregaran otras dirigidas a nichos específicos. Unos con luces rojas y verdes que se prenden y apagan todo el tiempo para el mercado latino, uno con un verde y rosa brilloso como de papel glacé y efectos visuales para los negros, unos negros como de cuero que, supongo, será para cierta franja del mercado gay. Eso, mas mil accesorios.

La “sub Mac”, dice la nota, le permitiría a un montón de esta gente dejar Windows atrás. Se trata de un mercado que llegó al iPod pero que aun convive con las PC porque comprar una Mac les resulta(ba) imposible.

La decisión de hacer este lanzamiento tiene (tendría, si finalmente se concreta) dos caras lamentablemente relacionadas: apunta a que Apple ingrese a una sección del mercado donde el margen de ganancia es mucho menor y que hasta ahora estuvo en manos de Windows; lo que arrastra, casi con seguridad, la pérdida de status de aquellos que compraron sus Apple a precios mas bien caritos (la crema del mercado) porque se llevaban no sólo una computadora sino un símbolo de pertenencia, símbolo que sólo se mantiene en la medida que haya otros que sigan sin poder acceder, pero que igual estén más o menos cerca de uno (habitantes de Darfur, por ejemplo, no califican).

Para quienes no sabemos demasiado, o incluso muy poco, de computadoras, es difícil medir el impacto tecnológico del asunto. Pero para quienes tengan dos dedos de frente, es fácil intuir lo que puede pasar. Los precios de las Mac en general tenderán a bajar mas rápido, porque los de la crema del mercado no estarán dispuestos a pagar ese extra de prestigio por una maquinola cuya manzanita va a tener medio mundo.

Es un fenómeno mas viejo que la ruda, que va de la mano de otro igualmente viejo, por el cual las innovaciones tecnológicas, para triunfar, tienden a socializarse, bajar su tasa de rentabilidad y tornarse “parte de la economía” mientras un nuevo invento se impone. A valores constantes, nadie pagaría hoy por una plancha lo mismo que hubiera pagado hace 80 años.

Todo lo cual no es un problema para los que buscaron una computadora de Apple por sólidos motivos enraizados en la tecnología y la informática. Pero sobreexpone la estupidez de los últimos que ingresaron al mundo Mac pagando un extra sobre cualquier otra computadora para tener el privilegio de acceder a un mundo que ahora se desvanece, como quien escribe estas lineas.


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