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Ernesto Semán
6 January 2005, 16:43

A la impericia le sumás la mala leche y te queda Buenos Aires hoy, una combinación de After Hours con Do The Right Thing, 200 grados de calor, se corta la luz, los muertos que van por 188 y la tele que te atornilla el cerebro. Aunque, nobleza obliga, nuestros informantes recién llegados a Buenos Aires tras medio año de ausencia, no pueden dejar de asombrarse porque en Palermo la gente está “más producida que nunca” y se vive con cervezas en los cafes con las mesitas en la vereda.

No es para ponerse del lado de Chabán, pero qué abogado le tocó. O es una estrategia muy sutil o lo está hundiendo. Sus primeras declaraciones fueron que debía ir a la cárcel. Ahora que no es ininimputable. Un poco de piedad, al menos para jugar al juego del abogado defensor y el fiscal.

Si uno no tiene un familiar o amigo en medio del incendio, o si el humor sana todas las heridas, lo mejor es fumarse un porro o inyectarse mayonesa y leer después la increíble poesía de Leonardo Moledo en Página/12, un verdadero atentado al gusto que sólo pasará desapercibido porque la tragedia es mayor que la comedia.

Moledo es uno de los nombres que nos lleva a muchos a abrir Página cuando vemos su firma. Pero qué es eso de:

La muerte no es heroica, ni es sublime:
la muerte es una puta que se vende

Ugh. Y la parte de:

La tragedia no es heroica aquí
ni en este día
de nuestro país letal, donde se arrastran
criaturas de la noche revolviendo la basura
prostitutas fláccidas en su zona roja

Agh. Fito Paez al momento de su romance con Mónica Cahen Danvers. La poesía es cosa seria, che. En esa página escribe Juan Gelman.

Para completar una lectura de diarios argentinos, poesía mayor es la de Gustavo Sierra en Palestina. Si tienen tiempo y ganas, está la presentación multimedia, con el anillo y la careta de Sierra.

Si no, la nota del diario ofrece los primeros signos de la transformación de Sierra.

“Acá ya está todo jugado —me dice Nemer Hammad, uno de los asesores de la campaña de Abbas y ex embajador palestino en Italia, en un rincón del Gran Hotel de Ramallah—. Lo único que está por resolverse es con cuánta legitimidad sale de estas elecciones Abu Mazen.”

Sierra, obviamente, ya habla en primera persona en el medio de una nota, lo que en el periodismo se considera un privilegio aunque ya no de pocos, como entrar en el Salón Oval o tocarle una teta a Madonna. Se supone que, o bien uno es tan importante como el evento —las primeras elecciones en Palestina después de la muerte del líder del Estado Palestino— , o bien lo que le han dicho a uno tiene una densidad que la primera persona reafirma.

Caparrós, a años luz de Sierra, ha hecho uso y abuso de su figura y aunque tullido, ha sobrevivido en el intento. Sierra, en cambio, combina su aparición en medio de la nota, algo de poesía como la caída de “fino hielo” (suponemos que granizo) y hacia el final, frases de un estudiante reprobado de TEA: “En tanto, en Hebrón, Abbas terminó de hablar sin mayores problemas, salvo porque quedó todo mojado a pesar de que tenía a su alrededor a varios guardaespaldas sosteniendo paraguas.” Todo en una sola nota.

Además de la calidad del personal, el problema con el nuevo periodismo es que su nombre lo acompaña como adjetivo a lo largo de la historia, pero lo nuevo del nuevo periodismo, to tell us the truth, es viejísimo. Truman Capote y Paul Celan se retuercen en sus tumbas. Celán es el más agraviado porque la afrenta de Moledo es insuperable por este día, pero Capote es más extrovertido —si eso es posible bajo tierra— y le dice: “Tomá, a vos te jode Pagina, leéte esto de Clarin”.


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