ARTICULOS RELACIONADOS















Ernesto Semán
8 December 2004, 17:16

I (NY)

Suponemos, porque sí, que buena parte de los que visitan esta página pertenecen al Pueblo Elegido, y nosotros acá, como si nada, sin haber saludado por el Hanukkah Aquí van unos saludos casi atrasados entonces.

No tan vasto, pero casi, es otro pedazo de memorabilia también recalentado hoy, el del asesinato de Lennon, ocurrido acá nomás para los que están en Nueva York. A esta altura, empezar cualquier comentario relatando cómo se enteró uno del asesinato (a los de treinta y pico, en general, nos avisaron nuestros papis…) debe ser un símbolo tan cargado y tan vacio como la remera del Che.

Lo que nos exime entonces de poner un link con canción alguna, algo por otra parte redundante en tiempos en que es prácticamente imposible pasar mas de una semana sin escuchar un tema de los Beatles, un castigo que, dicho sea de paso, no está nada mal.

Por lo demás, nada, pero nada interesante ha pasado siquiera cerca de nuestras vidas, o si pasó ni lo vimos. “El hallazgo del genoma del pollo abre nuevas vías de investigación sobre los virus y el cáncer”, nos cuenta El Mundo hoy. Salvo eso, y que los soldados norteamericanos (pibitos de veintipico de años de pueblos ignotos de este país) al menos le dijeron a Rumsfeld que las cosas tan bien no están, por acá hoy no ha pasado nada.

Happy Hanukkah. Ah, y día de la Virgen as well.

—————————————————————

II (MAD)

Angélica Gorodischer escribió hace décadas, en un libro maravilloso llamado Trafalgar que está, nada sorprendentemente, fuera de catálogo hace rato (quien nos quiera mandar una copia recibirá todo tipo de regalos a cambio, porque la nuestra se perdió en alguna mudanza). En uno de los cuentos de Trafalgar (“La lucha de la familia González por un mundo mejor”, si recuerdo bien), el protagonista aterrizaba en un planeta cuyos muertos seguían coexistiendo con los vivos para después de haber ingresado al estado que los definía como tales. Seguían ahí, para siempre. Y como buenos muertos que eran, se resistían al cambio. Algo de eso hay en la discusión omnipresente sobre las virtudes deseables del arte (y sus responsabilidades) que se instaló de pronto en Argentina con un fervor que ya ni siquiera podría ser visto como sesentista. “Cuarentista”, more likely — a veces, incluso, “cuartista”, si esa es la manera en la que uno se refiere al Siglo IV.

Me perdí el programa de Grondona. So shoot me; el domingo a las dos de la mañana tenía mejores cosas que hacer que sentarme ante la máquina a adivinar los movimientos de los panelistas a través de la membrana transparente (pero irritante) del stream mal encodeado de Canal 9. Parece, sin embargo, que fue revelador. Hermenegildo Sábat protesta al respecto en una nota que resulta completamente incomprensible, aunque seguramente no por su culpa. Los funcionarios de la ciudad empezaron a intuir en estos días las virtudes del silencio, y por eso no hay nada que decir acerca de ellos, pero ya pisarán el palito, porque en ellos reside, en gran medida, la responsabilidad de que el debate sea tan retrógrado.

Hay nuevos aportes; todos tenemos algo que decir al respecto, como corresponde. Y coinciden. Fabián Lebenglik dice:

Si lo que molesta es que la gestión cultural de la ciudad utilice los recursos públicos para organizar, entre muchas otras exposiciones artísticas, algunas de tono crítico, bueno sería subir la apuesta para conseguir que el Estado dejara de mantener, subsidiar y eximir de impuestos al clero, así las autoridades religiosas podrían sentirse máslibres de emitir opiniones e invectivas a su costa, evitando producir conflictos de intereses.

Mientras Noé Jitrik, a pocas páginas, dice exactamente lo mismo, pero mejor:

Y, de paso, que haya quien diga que la ofensa que Ferrari puede inferir a espíritus creyentes se hace a costa del pueblo cristiano que paga sus impuestos, no sólo rebaja el debate sino que pone a todos los que pagamos, cristianos o no, en una situación incómoda. Es un hecho conocido que los argentinos, todos por igual, sea cual fuere su afiliación, están movidos por una religión que felizmente los une: el sagrado horror al pago de impuestos. Por el contrario, con los impuestos que pagan los argentinos que no están tocados por esa gracia, crean en lo que crean, se sostiene la Iglesia Católica, mientras que a los agnósticos, dejados de la mano de Dios, nadie los ayuda.

Quién hubiera pensado que todo este quilombo iba a servir para que la tan mentada separación entre la Iglesia y el Estado volviera a discutirse en público, en los medios masivos. Para algo sirve, Bergoglio.

La bitácora del escándalo se atrasa, las notas sobre China también. Ya llegarán.


————————————

Del mismo autor:
Chacho en el bar
Todo lo que podría entrar en seis sílabas si uno supiera cómo escribirlo
Pirulo, Catrasca y el Presidente Genérico
Ha muerto Leslie Matchbox
Aleluia
Jedwabne
On A Slow Boat from China
40 Millones
Cuadritos y Masitas
dEvolution