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Ernesto Semán
1 December 2004, 09:05
En la portada de su edición electrónica, The Guardian titula hoy “Medic Miracle” con el siguiente texto: “Why paralysed people the world over are rushing to Beijing for treatment.” Lo que, traducido a-la-Clarín, sería algo así como: “Por qué los paralíticos de todo el mundo salen corriendo para tratarse en Beijin.” Tomando la traducción al pie de la letra, no se necesita leer el resto de la nota. Está todo ahí.
En general, los títulos de La Nación son menos graciosos. Esta vez, la excepción es La Peligrosa Retórica”, la nota del día de don Joaquín Morales Solá. Una retórica peligrosa es de lo más interesante que uno podría encontrar hoy en la política argentina. Esperemos que Solá, Morales, tenga razón, aunque me temo que estemos hablando de cosas distintas, y que el hombre supone que titular una nota “La Peligrosa Retórica” no se inscribe dentro de cierta retórica, que es la del escandalizado (en general, la del periodista escandalizado) porque las cosas no se hacen como deberían.
Entre los párrafos memorables de la nota, destaca éste:
“Kirchner tiene cierto prejuicio ideológico con el líder italiano; el presidente argentino suele hacer política exterior guiado por sus propias ideas, que es, sin duda, una mala manera de relacionarse con el mundo. Berlusconi debió haber intuido esa aprensión de Kirchner, porque nunca dio un paso para alcanzar un acuerdo.”
Primero, como dicen desde Madrid al leer la nota, “porque lo de “prejuicio ideológico” para con Berlusconi es algo así como acusar a alguien de animosidad caprichosa hacia Satán. Pero además porque no hay ninguna manera de fundamentar que no es al revés.”
Aparentemente, Solá supone que los presidentes no tienen ideas propias y que eso permite una buena política exterior, o algo así. Supone, de paso, que lo de Berlusconi es algo así como la política socialdemócrata europea de la posguerra, y no la apropiación del Estado por parte de una manga de vagos y ladrones, apologetas del fascismo en algunos casos, cuyas acciones carecen de la más mínima transparencia (y en muchos casos ni siquiera la más mínima legalidad), en lo que será uno de los capítulos más bochornosos de la historia moderna de Italia.
Y supone, en tren de suponer, que lo que pasó entre Argentina, Italia, los bancos y los ahorristas fue una simple y racional estimación de beneficios, que luego la política echó a perder con sus meteretes. Aaaggghhhh.
Solá sigue construyendo la idea de un Kirchner patotero, alimentado por las avanzadas del presidente y su gobierno, aun cuando lo que dice —y sobre todo en el caso de Italia— no es más que una cuota de racionalidad (dicha con la virulencia propia de una negociación por 150 mil millones de dólares, y no un picado en el country de Morales Solá) que sólo llama la atención por la cantidad de boludeces y mezquindades que se han dicho históricamente. El resto de la nota se va en un tono que relata a los gobiernos del G-7 como una máquina de relojería suiza atada a una racionalidad económica y justa, enojados con un gobierno desprolijo y amarrete atado a caprichos personales como, por ejemplo, “las ideas del presidente.” Aaagggggghhhh.
Por otra parte, y para que nadie se siga alterando, Kirchner tiene pensado dejar de lado sus berrinches de provincia y recibir al presidente de Paquistán unas cuarenta veces, tener una reunión, jugar al tenis, ir a ver una peli, tomar la leche juntos y cenar en casa como amigos de toda la vida (si alguien vio una foto de Pervez Musharaff, se dará cuenta de que es un esfuerzo sobrehumano), lo que podría dejar de lado por unos días el lamentable debate sobre cuánto trabaja el presidente, qué poco tiempo le queda para recibir visitas, y qué hacen los extranjeros cuando llegan a Buenos Aires y no van a cenar con Kirchner.
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