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Ernesto Semán
27 November 2004, 11:51

Una posibilidad, si a uno le quedaron unos bonos que de milagro se estén cotizando a buen precio, es irse a hacer snorkel a los fiordos de Noruega. El paisaje y las aguas de Tysjford son de una belleza que, a primera vista, invitan a observarlo con campera, gorro y bufanda, pero parece que el Tysfjord Turistsenter Hotel te provee de todo como para se parezca, sino a Belice, al menos a Puerto Madryn, en lo que a temperatura se refiere.

En un medio ambiente estrictamente regulado, los pescadores están autorizados a sacar el 15 por ciento del arenque. El 85 por ciento restante queda para los orcas, cuya población en la zona se incrementó de 400 a 1000. Eso sin contar cuánto aumentaron de peso.

Ir a Tysfjord desde Italia sale un par de miles de Euros, contando el hotel y las excursiones y el snorkel por una semana. Europa está cara, Noruega siempre lo fue, y hacer snorkel en medio de las ballenas con un frío de la hostia ni te cuento.

La pesadilla alucinatoria de cualquier argentino que tenga algo que ver con la negociación de la deuda externa en estos días podría ser la de un cuadro paranoico clásico: imaginar un italiano relativamente acomodado, terriblemente vulgar, cambiando unos bonos de la deuda argentina como quien se desprende de un lastre, para pagarse una semana en los fiordos de Noruega con su amante, todo mientras la dureza de Italia lleva a la Argentina tres casilleros atrás, su inserción internacional sigue estando tullida y eso se traduce en millones y millones que otra que los Fiordos de Noruega, no llegan ni a un fin de semana en Mar del Plata.

En esto de los símbolos y la política, recordando los corcoveos de Ricardo Lagos con George W. Bush unos días atrás, lo que está haciendo Néstor Kirchner no está nada mal. Uno ya sabe que no hay una atadura moral en todo esto, pero en verdad hincha un poco las pelotas que un país, whatever that means, que ha sobrevivido en esta tierra fruto de la casualidad y la oportuna buena onda de otros —entre ellos Argentina— tenga un líder que además de ser un grasa y un ladrón y un estafador y un fascista en grado extremo que dejan a Bush a la altura de un líder socialdemocráta moderado y sustancioso. Más rompe la paciencia que el tipo se ponga al frente de un grupo de banqueros estafadores, que además de cagar a sus clientes, ahora buscan con bastante buenos resultados, la forma de que Argentina pague por ello.

Es posible que no todo esté conectado, pero la paranoia es un buen combustible para la máquina. Y no siempre el más nocivo. Al fin y al cabo, que uno sea paranoico no significa que no lo estén persiguiendo.


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