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Ernesto Semán
11 11 2004 - 19:20

Creo que el primer recuerdo fuerte que tengo de Yasser Arafat no es el mejor. Facultad de psicología de la UBA, Argentina 1984. Escrutinio de la elección del Centro de Estudiantes. Barras de los distintos partidos políticos de entonces (arqueología de la política: Franja Morada, Juventud Universitaria Peronista, Juventud Universitaria Intransigente, y saludablemente me olvidé de todo el resto de las siglas).

Las barras están calientes, porque alguien va a ganar, y el resto va a perder. Las barras están borrachas, porque es el primer escrutinio en democracia. Y probablemente porque sí. Los que están ahí, unas centenas de estudiantes en sus 20-30, se agitan con el correr de las horas, correr que de alguna manera se acelera pasada la medianoche. Cerca de las 2 am, es un viernes, cerca de las 2 am, los cantitos ya no refieren casi nunca al escrutinio, difícilmente a algo incluso.

Franja Morada toma partido por algo, probablemente el plebiscito por la paz con Chile, o algo así. La JUP, una de cuyas fracciones es apadrinada por Saadi —senador y dirigente del PJ catamarqueño— se enfurece. Una cosa lleva a la otra, es difícil recordar cómo, y por fin un grupo, al mando de un chico rubio cuyo nombre no recuerdo, se lanza, ya medio en chiste:

Oooole olé
Oooole olá
Ahi viene Arafat,
por el callejón,
matando judíos
para hacer jabòn

Por aquel entonces sabía qué era Palestina y conocía el nombre de Arafat, borrosamente asociado con la causa de un pueblo oprimido. Pero aun para mi espíritu guerrero, que incluso tomaba al antisemitismo como un chiste de mal gusto, algo que no podía ser enteramente cierto, aun para ese chico de 15 años, la consigna me pareció definitivamente mal.

Debe ser inevitable que una figura como la de Arafat se convierta en un provider, un soporte de múltiples significantes. No menos debe ser el caso de su muerte, adornada con honores por el imperio francés, celebrada quizás sólo por los más radicales de un sector, lamentada por centenares de millones por razones que, sin duda, exceden la causa palestina, mucho más lo que Arafat haya hecho al respecto.

Lo único que sí esperamos es que el habitual destemple de Kircnher para todo lo que sea relaciones internacionales se salteee este magnánimo evento. Para el íntimo bochorno, alcanza y sobre el audio de María Laura Avignón en Clarín y el texto imagen audio de Gustavo Sierra directo desde Ramalla.

Si vuestras computadoras y ánimos se los permiten, recomiendo escuchar los dos a la vez. Le Big Mac.


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