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Ernesto Semán
2 November 2004, 09:14

Con el cambio horario, amanece temprano, nuevamente, en Nueva York. Cerca de las seis de la mañana, el patio que está atrás de mi casa se ve rosado. Y si uno se olvidó de cerrar las cortinas, se ve rosado cerca de las seis de la mañana. Nada de las primeras percepciones permite intuir lo que se avecina. Algo más de 100 millones de personas van a ir a votar para elegir un presidente. Esto es: un grupo enorme de gente delimitada por una idea de donde empieza y termina un territorio va a ir a poner una boleta en una urna o similar, una operación embuída de una religiosidad laica (o algo así decía Alfonsín): todos los que están dentro de ese territorio de límites imaginarios asumen que el que esté más veces mencionado en esas boletas se convierte en algo así como el líder de la tribu. Por el solo hecho de figurar en esas papeletas o pantallas o tarjetas, esa persona se hace acreedora de cierto poder sobre los otros; supuestamente, esos otros adquieren también cierto control sobre lo que esta persona hace y hará.

Como todo esto ocurre en los Estados Unidos, la cuestión se transforma en algo importante para todo el mundo. De hecho, hay que hacer un (necesario) ejercicio de descentramiento para darse cuenta de que el domingo hubo elecciones en Uruguay, lo cual difícilmente cambie todo el mundo, pero sí la vida de unos cuantos millones de personas. Puricelli y Nieto caminan las aguas del entusiasmo de antaño y el saludable cinismo de hoy para contarnos qué pasó, cómo lo vieron. Algo es seguro: no va a ganar Tabaré Vazquez en las elecciones de hoy.

Algo de lo de Estados Unidos ya lo escribimos acá. Quienes quieran un seguimiento en vivo de este día de la infamia, pueden ir a esta página del Times, que hará cobertura del asunto. O buscar en “Electoral Vote” para ver la evolución de cada Estado, en caso de que la cosa se ponga peleada. O chequear en MoveOn en caso de que, además de peleada, la cosa se ponga sucia, disputada, judicial.

Nueva York se prepara para una fiesta, no porque todos creamos acá que va a ganar Kerry, sino porque creer que lo creemos es la única manera de tolerarlo. Hay en el aire algo parecido al 30 de Octubre del ‘83 en Buenos Aires. No es que estemos saliendo de una dictadura, ni que Kerry sea Alfonsín ni Bush Videla o Bignone, pero.

Los bares de la ciudad parecen las tabernas políticas que fueron desde 1850 hasta la primera guerra, cuando se acabó la gracia. Hay invitaciones de todo tipo, pubs y cafes y restaurantes pusieron sus mejores pantallas de plasma ultranosequé para que veamos caer los números desde la tardecita. Otto Shrunken’s Head, en el Village, ofrece un trago gratis por cada Estado que gane Kerry, y alguna sorpresa promete si Bush empieza hoy el final de su mandato.

Morrissey, uno de nuestros elefantes sagrados, escribió este año:

America your head’s too big, Because America,
Your belly’s too big
And I love you, I just wish you’d stay where you is

In America, The land of the free, they said
And of opportunity
In a just and a truthful way
But where the president, Is never black female or gay
And until that day
You’ve got nothing to say to me
To help me believe

In America, It brought you the hamburger
Well America you know where, You can shove your hamburger
And don’t you wonder
Why in Estonia they say
Hey you, Big fat pig
You fat pig, You fat pig

Steely Blue eyes with no love in them, Scan The World,
And a humourless smile
With no warmth within
Greets the world

And I, I have got nothing
To offer you
No-no-no-no-no
Just this heart deep and true,
Which you say you don’t need

See with your eyes,
Touch with your hands, please
Hear through your ears,
Know in your soul, please
For haven’t you me with you now?
And I love you, I love you
I love you, And I love you
I love you, I love you

Lo que habría sido un exceso y/o una grasada es hoy, dadas las circunstancias, más que bienvenido. Y aunque un sector de Los Trabajos Prácticos prefiera el Morrissey de “The More You Ignore Me, The Closer I Get”, todos celebramos su statement reciente:

With all my heart I urge people to vote against George Bush. Jon Stewart would be ideal, but John Kerry is the logical and sane move. It does not need to be said yet again, but Bush has single-handedly turned the United States into the most neurotic and terror-obsessed country on the planet. For non-Americans, the United States is suddenly not a very nice place to visit because US immigration officers – under the rules of Bush – now conduct themselves with all the charm and unanswerable indignation of Hitler’s SS. Please bring sanity and intelligence back to the United States.

You gotta love the Morrissey.

Si logramos aceitar los más básicos mecanismos electrónicos, iremos comentando en vivo, acá, mientras nos comemos las uñas.


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