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Mientras tanto:
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Ex-Presidenciable
Franco Rinaldi
17 03 2006 - 20:21
“Don Franco, pórtese mal,
que portarse bien es aburrido”
El policía que está en la puerta
del edificio donde trabajo.
El ante, ante sábado (el de La noche de los Museos), despedimos a una amiga. La despedida arrancó en un depto, en Palermo, con poca luz y mucho vino, como corresponde. El más flojito de los tintos, un Benjamín Nieto y el más rico un Alamos. La música se la seleccionaba desde una Laptops y si no era Deis Matius Band pega en el palo. Cecilia Sosa, que se encontraba entre las concurrentes, me contó que María Moreno estaba a punto de dictar un curso nuevo en el rojas, pero que este era muy selecto.
Yo hace como tres años, gracias a Dios, hice un taller con María. De ese curso en el Lasalle los lunes por la noche, junto a siete cristianos más, me salió una digna, digamos, crónica sobre como fue mi primera (y hasta ahora única) vez como fiscal de la democracia (en realidad fiscalicé para el ARI, pero yo lo hice por la democracia, ese juego en donde la posta la tiene un rato cada uno). Esa crónica ahora la escribiría mejor. No olvidaría nunca el detalle de las empanadas frías y la gaseosa de limón caliente y casi sin gas que nos dieron a media tarde, ni los dichos de los fiscales duhalde-kirchneristas al presidente de mesa para que se apure con el recuento de los votos. No por botonear, sino para que la escena sea imaginable.
En los últimos años aprendí eso. Contálo de modo tal que se lo puedan imaginar. No qué te produjo a vos, sino cómo era el lugar. Que las sensaciones las transmitan los hechos, o las expresiones que reconocemos o en las que nos reconocemos.
“Veníte” me dijo Cecilia. Le contesté que estaba haciendo un taller ahora con el binomio San-San (Santiago Llach-Washington Cucurto) y que con ese estaba muy contento.
La semana pasada me llamó mi amiga y periodista Luciana Peker. Me dijo, “Franco, ¿por qué no le escribís a María Moreno, tenés que mandarle una autobiografía…puede ser bueno.”
Este verano, a la vuelta de mi tour europeo 2006, le mostré un texto a mi gran amigo Schmidt, convencido de que tenía un daily, viví tanto en 18 días ¿cómo no voy a tener cosas para contar?
Esteban me dijo, “Franco, hagamos cosas para que el país sea más lindo”. Pensé que era duro e injusto. Dos días después volví sobre el texto. No tenía un daily, tenía un compilado de experiencias con muchos juicios de valor y algo invariable, siempre una queja, siempre una crítica. Pensé que Esteban tenía razón.
Por las dudas María Moreno mire está página, o alguien se lo quiera contar; se me ocurrió que la mejor manera de escribir una misiva como saludo a los Trabajos Prácticos es completar algo que comenzamos a contar (perdóneseme el uso del plural, es el idealismo que se me filtra) con La Broadcasting.
Apartado 1 (y único)
Mascali dio marcha atrás. Parece que la carpeta que armaron sobre mí en la secretaría de comunicación no era suficiente. Traducido:en la cuenta les rendía más mantenerme que rajarme, (dicen que entre la documentación no estaba mi abrazo con el ex-Capitán Ulloa en el Teatro Colón). Ahora hago investigaciones para un programa de la radio de alto voltaje que mantendrán en vilo al país.
Pero lo que quería agregar era esto:
A los 11 años, detrás del árbol de Paltas que había en el fondo de la casa de mis abuelos, yo discurseaba como Alfonsín. Decía que había que pagarle mejor a los jubilados y a los maestros. También gritaba por la mejora de la salud pública. Lo de los jubilados era porque quería que mis abuelos (un matrimonio fenómeno) me regalaran más cosas. Mamá es docente de escuela pública. Y el segundo lugar, después de la escuela, que más visité desde chico hasta terminar el secundario fueron los hospitales públicos, que en general no tenían venda para hacer un yeso.
A los 14 años quería ser presidente y pensé que un buen comienzo era intentar llegar a la presidencia del centro de estudiantes de la escuela. A los 16 fui presidente. Entré como vice, pero a la semana el presidente electo renunció (por motivos personales, claro) y yo estaba listo para calzarme el traje de número Uno del centro de estudiantes, del Comercial 84, que dicho sea de paso, se los juro por Dalma y Yannina, se llama Dr. Victorino de la Plaza, como el ex presidente de la Nación. Se podría haber llamado Hernando de Lerma o Martín Miguel de Güemes, pero no, se llama Victorino de la Plaza. Lo presidencial siempre estuvo dando vueltas en mi historia caliente, rápida.
Ahí conseguí mi segunda novia. Ella estaba en la comisión directiva, entró por la lista que había salido segunda como primera minoría. Cecilia, se llama, y su apellido es alemán. Hace unos meses cuando la llamé, después de muuuucho tiempo para saber en qué andaba, me dijo:
“Ayer le estaba hablando a una amiga de vos”
Respiré hondo.
“¿En serio?”
“Sí, en serio”
Cinco minutos después me contó que se había casado y que estaba embarazada. Por estos días estará aprendiendo a ser una gran madre.
Hace algunos meses se rumoreaba fuerte, para julepe de los troskos, mi candidatura a Presidente del centro de estudiantes de la facultad de Sociales de la UBA. Fue mencionado incluso en este sitio.
La verdad es que aún hoy, es tentadora la idea de sentarse,en el sillón máximo de Balcarce 50. Pero ahora por las noches sueño que el 45 atropella a la piba que me dijo que no, o con estudios de radios en donde aparece de vez en cuando Schmidt. También de vez en cuando sueño con escaleras. Ya no sueño más con ser presidente. Sé que no lo voy a ser. No trabajo para eso. Trabajo para escribir mejor, para leer mejor, para contar mejor. En estas tres cosas desde fines de 2004, TP ayudó mucho. Sobre todo como lector.
Las cosas se terminan; y eso casi siempre duele, incluso cuando se termina algo que era doloroso. Por estos días con el estallido del SanVicentegate, se puso de onda, como la ropa camuflada, recordar la corrección que Marx le hace a Hegel en el 18 Brumario (el libro sobre Napoleón III) agregando a lo que Hegel había dicho de la repetición de la historia, que una vez sucede como tragedia y la segunda como farsa. Eso aplicado a TP no parece ser un buen augurio para el futuro cercano, mediano y lejano. Yo prefiero la recuperación de Steiner que hace Borges, en la traducción aún no prohibida por María Kodama, en “los textos recobrados”. Borges recuerda que Steiner sentenció: “Si algo se acaba, debemos pensar que algo empieza”.
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