Click here







ARTICULOS RELACIONADOS

El Surrealismo Italiano
Pagliaccio
Loser Wins
Ultimas obsesiones
La Chica Eki
22
Vivir en el Limbo
¡No me gorilee!
El Síndrome Benito
Chau TP
La herencia de Maurice William
Lenin & McCarthy
Diccionario político argentino #5
La Inseguridad
San Mao
Presente
Creer o reventar
La insatisfacción permanente
Ex-Presidenciable














Sans camoufler
Esteban Schmidt
20 October 2006, 13:31

A Ernesto, Huili y Puri.

El último fin de semana, laaaargo, por el homenaje a los muchachos de la armada española que anclaron en Dominicana en 1492, fue soleado y un poco ventoso, primaveral en la forma, el asunto de los arbolitos en flor, pero otoñal en el contenido porque a la sombra había que abrigarse o putear debidamente por el fresco, que sería algo así como: “la concha de su madre, salí sin el buzo”. En cualquier caso fue amable, casi perfecto, si comparamos con otras regiones y más si no se es demasiado pobre y hay, por lo menos, tres pesos para un café al aire libre sobre la vereda del sol. Ahí, sentados con la espalda estirada, con el pilón de diarios en la mesa y la magnífica cara de orto que Dios nos dio (dio no dio), solos o acompañados, pensando en todo lo que nos podría pasar si nos tomáramos el trabajo, pudimos comprobar el último grito de la moda, que no es exactamente un ¡ey!, sino algo así como un ¡¡march…!!

Pareció un accidente estadístico cuando antes de mediodía había visto sólo a setenta y dos personas vestidas igual, pero cuando a media tarde llevaba contadas trescientas nueve me dije, porque hice cinco materias de Socio, que era una estructura, una tendencia firme. Resulta que legiones de vecinos de todos los colores, de todas las suelas de zapatos, los nacidos y criados en Palermo pero también las parejitas llegadas de Flores al microcentro de Armenia y Costa Rica, a conocer el ghetto perfecto y que se acomodan en los bares equivocados, agarraditos de la mano, pegados a la ventana, emocionados por el paseo; todos ellos, salieron a la calle vestidos con una prenda de camuflaje a la vista. Hablamos de remeras ajustadas para los hombres, con alguna inscripción equívoca como army of souls, y pantalones para las mujeres con el tiro bien corto, para que se les marque la cola y la raya de la misma.

La moda es global y entiendo, como dicen los abogados, que recién está empezando en Buenos Aires, por lo que en las próximas semanas veremos más y más prendas camufladas hasta que la cantidad de compañeros vecinos disfrazados como para la guerra, nos genere la inquietud, a los que intentamos liderar sin éxito esta comunidad, de por qué no cagarnos a tiros de nuevo entre nosotros (olviden San Vicente porque distrae). La pregunta llegará recién en noviembre y explotará en Navidad cuando los arbolitos se llenen de musculosas, bermudas y boxers camuflados. Para entonces, la guerra debería resultarnos completamente indiferente. Pero tenemos un problema. El primer síntoma de mis dificultades para liderar a las masas es que ni hoy ni en Navidad sabría a quién matar con mis manos o mandar a achurar primero.

Cuando es política, la duda se puede disfrazar de un cálculo sofisticado, táctico, que encubre déficits más pesados en la personalidad. Así es que me pregunto: ¿Cómo armás hoy esa lista de buena fe? ¿Quién es mi Aramburu? ¿Eh? Jodido el orden. Sobre todo si tenés opinión formada sobre cinco o seis temas distintos y le podés tener tanto hambre a la conchuda de Nilda Garré como al anormal de José María Muscari, un teatrista con ¡un entusiasmo! que es para ir a cagarlo a trompadas sin sacarte los anillos, en caso de un alto el fuego pedido de urgencia por la ONU, y abrirle la panza como un médico filipino y sacarle las tripas. El orden, por otra parte, no te lo puede dar la fortuna del tipo que te vas a cargar, en el sentido de que la base material determina la superestructura del orto y que, por eso, por los ricos hijos de puta es que estamos como estamos, porque nuestro primer crimen debe ser político, esto es simbólico y factible. Puede ser rico o puede ser uno de esos forros que están por la mitad. La culpa, llegado el caso, es lo de menos; ya maté tantos boludos en sueños que cuando me toque hacerlo, será un dejá vu, un dejá soñé sur la plage abandonnée.

Esas prendas de camuflaje, en mi recuerdo de innumerables paseos sórdidos por el centro porteño, se vendían —antes de esta asimilación repentina por la moda oficial— en puestos que decían rezago militar debajo de la 9 de julio en ese largo túnel de luz blanca que une Cerrito con Carlos Pellegrini, del cual, si bien se sale vivo, se emerge sin esperanzas para lo que quede del día en que cometimos el error de creer que evitando semáforos y autos llegaríamos más descansados y mejores personas del otro lado del río. Desde la primera vez que fui por ahí abajo supe que estaba todo irremediablemente mal y para siempre; y, sin embargo, me sumergí una y otra vez en ese pasadizo horrible con la ilusión de que un día me iban a devolver una pared con colores. Esa tendencia a buscar y buscar donde no hay, algo lindo, vida con la que podamos conectar, es la peor cara de la esperanza. Es consanguínea de la estupidez.

Cuando la esperanza queda liberada de la compulsión a la repetición es lo mejor que hay. Ahí sí, ves. Estás fresco, la vida es un pizarrón verde y a estrenar, el mundo es un salón a 23 grados con olor a jazmín. Me gusta sentir la esperanza, que algo me la da, aunque más me gusta sentir que es alguien el que la ofrece. Y es con personas que uno celebra vínculos históricos y amorosos y con quienes hace memoria común.

Los compradores de aquella ropa camuflada en aquellas tiendas bajo la 9 de julio eran habitualmente tipos piantados que vivían con la madre, muchachos de ojos tristísimos cuando toman el café con leche en tazas blancas como de hospital. También la compraban compañeros que asistían a recitales de heavy metal o de bandas como Cadáveres de Niños y que, sin ser estrictamente piantados —porque de mañana iban a la facultad, y tenían rutinas productivas y proyectos—, se ponían castrenses para salir de noche como forma de marcar diferencia con otros fenómenos paranormales como el de Soda Stereo. ¿Qué les querían decir estos soldados de la noche a los fanáticos de Soda? Yo creo que algo que no tiene nada que ver con la dictadura, León. En ese caso el pantalón verde no era un elogio metonímico del terrorismo de estado, aunque sí era, si querés, algo previo, como su precalentamiento, algo así como qué bien que les vendría a estos putos hacer la colimba, un poco de esfuerzo, carajo, un mate cocido a las cinco de la mañana, sabés como se te acaba la sobredosis de tv.

Ahora, me refiero a hoy, no sé qué sentido tiene el camouflage pero no deja de alegrarme que a la hora de comprarse el atuendo, la gente sienta que no será confundida con algún mogólico del 601 que metía máquina. Cosas así liberan. Aunque sea inevitable que una ciudad donde todas las personas están vestidas de fajina nos genere una fuerte inquietud a los líderes morales. En fin, dejo esta materia para los historiadores o forenses que se ocupen de esta época en el futuro.

A lo que yo iba es que pensando en uniformes, el que me parece mejor o ese del que no me puedo desprender es el guardapolvo blanco. En fin, me pone el borde del populismo.

—¡Qué fantasía pelotuda!

—¿Por qué no me cojo a Canela, si soy así de forro?

Bueh, es que toda mi religión inconsciente se resume en un guardapolvo blanco. Tomarse el colectivo a la mañana, que tus papás crean en los maestros, que los chicos estudien e integren un coro, que una tarde acompañen a un compañerito internado y vayan todos los nenes del grado al hospital, vestidos de civil y se vean entre ellos por primera vez fuera de la escuela en algo que no es un cumpleaños… Y esa lenta integración al mundo real, al mundo de los adultos, a esa película que dura como quince años hasta que empezás a ver las costuras de las cosas. Eso es todo en lo que creo y todo lo que he sido.

Para esta época del año, octubre, sol, remeras cortas, los pibes de cada quinto año, de cada año, del Normal Mariano Acosta, sea que marcara la cancha Isabelita, Videla, Viola, Leopoldo Luque o Alfonsín, arrancaban durante el recreo largo de media mañana una vuelta olímpica espectacular que encabezaba el más quilombero o desubicado de cada tanda y que tenía en la cola al más cagón o respetuoso de cada curso que, por supuesto, no siempre significa lo mismo. Eso, en el arranque, porque al final del recreo había doscientos tipos de todos las divisiones del secundario y chiquitos de varios grados involucrados haciendo la cometa.

El Acosta es un edificio de dos plantas que ocupa tres cuartos de manzana entre las calles Urquiza, Moreno y 24 de Noviembre, con idas, vueltas, escaleras, catacumbas, laboratorios, vivienda del casero y hasta residencia para un yacaré; por lo tanto, la murga era larga, interminable casi siempre, e inevitable para todos. La recorrida tenía paradas fijas, pequeñas tomas amistosas como el buffet atendido por un señor al que le decíamos “cariño” porque él nos decía “cariño” a nosotros y por su esposa a quien llamábamos simplemente tía. Luego se avanzaba sobre la “imprenta” de Williams, un hombre que funcionaba en cámara lenta y sacaba fotocopias y después salíamos al patio, que era la clara representación de la libertad. Volviendo por la planta baja, los nenes de primaria terminaban en andas de los secundarios y los maestros saludaban con el pulgar derecho y una sonrisa sincera, como de pueblo, a los pibes que tuvieron de alumnos diez años antes y estos maestros de apellidos Politti, Carrara o Albanese, que también usaban guardapolvo blanco, tenían apretada en el bolsillo superior una boleta de Prode con una Bic.

El ruido de un recreo durante todo el año se caracteriza por no exceder un murmullo gritón de fondo, sin melodía, unos goles cantados por nenes con voces finitas, ponele que un campanazo robado por un pibe alto que llegó a la soga, pero no más. Luego el timbre, formar, si había que formar, al aula y al silencio. Hasta algún día de octubre en que sin aviso, sin cálculo, porque llegó la temporada, escuchabas la canción a lo lejos “tengo las bolas por el pisoooo, naaaaadie me lo va a negar eeeeste es el último añooooo, ya nos vamos del Normal”, que crecía un punto de volumen en cada reinicio. Salías al patio y veías a la banda de boludos grandes con guardapolvos saltando sobre los pisos superiores de cerámicos antiguos sostenidos por columnas de hierro. De lejos y de abajo, podías ver la oscilación del suelo. Era una fiesta, era una cosa de locos, estaba permitida, estaba bien, y lo mejor de todo es que a veces terminaba mal. Y ese momento en que estaba por terminar mal, que si querés es como el instante previo a un diluvio cuando olés esa lluvia que ya llovió a lo lejos y que el viento te trae para que te prepares, eran como siete desembarcos en Normandía. En andas a los ocho años o cargando un pendejo en los hombros a los dieciocho, saltando en masa, excitado por la ondulación del suelo, cantando, que lo parió, nunca fui tan feliz.

De repente, alguien bajaba una persiana que no había que bajar. La que separaba la parte más antigua del edificio y el ala más nueva a la que llamábamos Siberia porque los materiales con los que fue construida no aislaban tan bien el frío del invierno como la otra. Era una persiana de madera y marrón que se cerraba desde adentro de Siberia y que si los canas de los celadores quedaban del otro lado, era quilombo grosso en serio, porque significaba al menos doscientos menores sin control. Los ordenanzas la enganchaban en altura con una cadena y, entonces, había que trepar para descolgarla y que cayera hasta escuchar el ¡blum! en el suelo. A los ocho, a los diez, a los doce, a los catorce, a los quince, dieciséis, diecisiete y dieciocho años, cada vez que eso estaba por pasar, tuve una sensación física que puedo definir sin exagerar y sin metáfora como pre eyaculatoria.

Después, el sudor, la calentura, el arrebato contra la cortina, con los puños, gritando “hijos de puta, hijos de puta”, “la concha de su madre”. Me colgaba de la cadena de la campana, alentaba a los demás levantando los brazos como los futbolistas que piden presión de la tribuna, yendo aula por aula de Siberia para reclutar buenos salvajes, saltando sobre los listones de madera del suelo, viendo la ondulación, sintiendo el quilombo en las rodillas.

Cuando terminé el secundario me pasaron muchas cosas, todas muy obvias; trabajar, mantenerme, hacerme grande y aguantarme la mersada ambiente. En todos los casos, siempre busqué restaurar aquella sensación del despelote escolar, la clausura de Siberia y que nos vengan a buscar. Todos los días de mi vida fui y soy un chico sudado debajo de un guardapolvo blanco pegándole con el puño a una cortina, trepándola, zarpado, promoviendo una fuga o un encierro y gritando con toda mi alma: ¡la concha de su madre!

  1. Fa, loco: qué textazo. Los pelos de punta me puso, los del cuerpo, los chiquitos. Si reconocer una sensación no es una capacidad universal, y menos aún transmitirla, este escrito es un acto de maestría y, por eso mismo, de compañerismo.

    ajv    Oct 20, 03:52 PM    #
  2. Loco!!! esta nota fue una explosion!!! desde que lei que cerraba tp estaba esperando que publicaras la ultima,
    para adelante como baston de ciego! saludos!

    scrip++    Oct 20, 04:12 PM    #
  3. emocionante Esteban.
    Haces que parezca que no todo esta perdido.

    sergio    Oct 20, 05:16 PM    #
  4. cosas que voy a extrañar de TP:
    la cobertura de las elecciones
    los podcasts
    enojarme con algunos textos
    lo lindo que escribe Schmidt.

    Eugenia Mitchelstein    Oct 20, 05:55 PM    #
  5. Lindas palabras.
    Una vez más la prosa schmditeana marca tendencia.
    Alguna vez escribió sobre la moda de los morrales cruzados y los anteojitos Bafici (los mismos que de sociología). Por suerte ya estan out.
    Ojala que para temporada verano/otoño07 fracase en los camuflados y los guardapolvos salgan victoriosos.

    Ezequiel Hara Duck    Oct 20, 06:02 PM    #
  6. Al día de hoy, yo me sumerjo en ese pasadizo con la mórbida ilusión de seguir viendo al enano que lustra los zapatos a la altura del obelisco, sixty feet under. El delantal color azul embetunado me ilusiona hasta Cerrito. Nunca me lustré con él, nunca le pregunté su nombre. De chico me dijeron que los enanos se morían pronto. Se va a extrañar tu tecleo monkeano.

    Fernando Pérez    Oct 20, 06:42 PM    #
  7. ¡La concha de su madre! Gracias Esteban.

    jorge    Oct 20, 07:21 PM    #
  8. Creo que soy una de las seis personas de las que se espera que escriba algo para azuzar la necrofilia TPera, pero como todo lo que yo pueda escribir es a lo sumo una nota al pie a la opus magnum de Herr Schmidt, vamos a aprovechar las facilidades tecnológicas y ser literales una vez más, y esta será mi contribución marginal y glosaica. Supongo que el género venerable y medieval del comentario tendrá acá un límite de caracteres, pero sólo lo sabré cuando aprete o apriete el botón. Deseaba con todo mi corazón escribir un texto para este grande finale, pero la semana vino alterada por el orden peronista y las entregas infinitas del freelancismo simbólico. Llegué a abrir un Word (¿todavía se usa ese programa?) que empezaba “Acá estoy, en la maleza de los lugares comunes, y se me vienen a la mente tres o cuatro o cinco cosas”, después citaba el verso más famoso que se escribió en la Argentina en los años 90 (“no hay, no hubo, no va a haber”, googleen por favor y lean entero) y visualizaba una obvia dedicatoria (“A Huili Raffo y Esteban Schmidt”). Una zapada textual, en fin, el típico Gran Post Sobre Nada. Compañeros trabajadores prácticos, ustedes me han brindado buena parte de los momentos de mayor felicidad lectora de los últimos tiempos. Si alguno tiene gmail conservará en el archivo mi primera comunicación con TP, una noche en que envié una objeción a lo que me parecía cierta fácil invectiva de Semán a los swinging nineties. Bueno, hay un montón de cosas para decir y casi nada. A veces lamento que TP o su descendencia no fuera algo de su misma textura literaria pero con un impacto mucho más masivo. A veces parece que las condiciones están dadas, pero quizás falta la pata peronista o quizás la época pide otra cosa, la comunidad creativa. Un amigo solía decir que la Telefónica era un partido de cuadros, y hoy vi en el subte a un muchacho con una carpetita que decía “célula de trabajo independiente”, y supuse que laburaría para una ONG. Pero no, después unas tetas se corrieron y me dejaron ver el logo de Movistar. La Telefónica un partidos de cuadros, las de teléfonos celulares organizaciones populares armadas. En fin. No sé qué tiene que ver. Pero creo que algo. Vamos por la guerra prolongada. Salud, amigos, y mucha mierda.

    Santiago Llach    Oct 20, 07:48 PM    #
  9. Después de colgar este texto TP puede descansar en paz.

    sergio criscolo    Oct 20, 09:09 PM    #
  10. “Algún día todos podremos ir a la escuela” le hacía decir Charly Garcia a una barbie en un concierto mtv unplugged in the early nineties…
    Final apoteótico de Esteban Schmidt para un website que varias veces me ha hecho feliz.

    Marcelo    Oct 20, 11:45 PM    #
  11. Me parece una falta de respeto que uses la palabra “mogólico” para adjetivar al tipo que “metía máquina”. Deberías ser más cuidadoso, salir de ese tonto rol de escritor maldito y pensar un poco más en el daño que podés causar.

    Sandunga    Oct 21, 12:49 AM    #
  12. Schmidt, me saco el sombrero virtual ante tus textos.

    DagNasty    Oct 21, 04:42 AM    #
  13. .¿esto termina aca?

    didiego    Oct 21, 06:50 AM    #
  14. No, no termina acá. Sigue hasta la semana que viene.

    Huili Raffo    Oct 21, 06:59 AM    #
  15. Che, un agradecimiento a Sandunga, que vino a graficar por qué TP optó desde el principio por no tener comments…

    Puri    Oct 21, 12:54 PM    #
  16. Schmidt, sos lo mas parecido a un gol de independiente

    gemeloscocteau    Oct 21, 12:56 PM    #
  17. Acertadísimo lo suyo, Puri. Gracias Sandunga.

    Huili Raffo    Oct 21, 01:05 PM    #
  18. No sé si entenderás
    qué es lo que siento yo
    Debajo de esto hay alguien que no creció
    Puedo recordar
    Cuando éramos felices
    ¡Yo quiero ser chico y jugar!

    -emocionante, Esteban. Y estoy de acuerdo.

    simismo    Oct 21, 02:08 PM    #
  19. ¿y los fueron a buscar?

    pedro    Oct 21, 05:59 PM    #
  20. Tengo una idea de porque se van, persiguen la excelencia y eso en este país es innecesario.
    Este final de TP me hace acordar a cierto recital en obras en el que Serú Girán y Jade terminaron tocando Cristálida.
    cruzando la tormenta
    Miro ya los relojes
    entre la neblina
    y las luces primeras
    entre la neblina
    y las luces primeras ya empezaron a desperezar
    gorriones en la leña
    ¿Cómo hacer que este valle de huecos no suba más por mí?
    No tengo más Dios
    Sombras inútiles las de este parque
    los que llamaba no aparecieron
    Todo gigante muere cansado de devorar a los de abajo

    Samurai jack    Oct 21, 06:53 PM    #
  21. Bueno, que la ironía pavota provenga de Gabriel Puriccelli es previsible. Lamento ayer haberme enojado. Pero tengo un hermano mogólico y no me hace bien ver que se usa esa palabra para resaltar cualidades negativas en otro. Mucho peor me hace cuando se le aplica a un torturador. Igual, todo bien. El resto del texto me encantó, tanto como este sitio al que leo desde hace mucho tiempo y, lo juro, lamento que no pueda seguir haciéndolo. Simplemente creo que con determinadas cosas, por hacerse el vivo, se puede hacer daño. De onda.

    Sandunga    Oct 22, 12:49 AM    #
  22. La falta de humor y de medida son complicadas, nunca en los medios se puede decir mogólico porque es cantado que aparece alguien que lo toma de manera personal, pasa lo mismo con los ciegos.
    Propongo que lo indultemos a Schmidt teniendo en cuanta que se estan despidiendo

    Samurai jack    Oct 22, 04:12 AM    #
  23. Ironía cero, Sandunga. Pavote, puede ser, usted dirá, más aún con la ventaja de que al no ser mi posting anónimo, echo mi honra (o mi deshonra) a la jauría. Todo lo que quería decir, es que los comments tienen este problema insoluble de los mal, sobre y sub-entendidos. Yo, que tengo mi habla exageradamentre expurgada de alusiones políticamente incorrectas, no puedo dejar de pasar la incorrección por alto en aquellos que escriben lindo y en cuya escritura esa incorrección no se vuelve ripio. En la redacción de TP se están desternillando de la risa ante esta dosis de mi propia medicina que me propina Sandunga, recordando un episodio que involucró a un compañero sordomudo que yo defendía con vehemencia… Y Puricelli con una sola “c”.

    Puri    Oct 23, 01:33 PM    #
  24. Y bueh…otra vez lo mismo Esteban…voy a tener que empezar a buscarte de nuevo, como cuando el 28 de diciembre de 2001 se terminó “El Opio de los Medios” con el Ruso y Fonsalida, como cuando el 30 de diciembre de 2004 se despedía “Un tiro en la Noche”. Tu presencia se me ha vuelto escurridiza en los medios y el final de TP me lo demuestra. Ojalá se los pueda ubicar pronto en un proyecto similar. Fueron una buena compañía, más allá de no estar de acuerdo con muchas de las opiniones volcadas, pero de todos modos es innegable el ejercicio de verdadera vocación intelectual que se profesaba aquí. Muchas gracias. Y por un futuro retorno. Les saluda, Hernán de Plátanos, Berazategui.

    hernan    Oct 25, 07:00 PM    #
  25. El texto es emocionante, yo cambiaria la palabra “mersada” por grasada” porque “mersada” es una “mersada” pero nada podra opacar por mucho tiempo a la sentencia del año, parece dicha por Maradona o por Bioy pero fue dicha por Shmidt y en cuanto pueda te la afano: “—¿Por qué no me cojo a Canela, si soy así de forro?”
    Me hubiese gustado que se me ocurriera a mi.
    Felicitaciones

    martin lerma    Oct 27, 04:35 PM    #
  26. qué vas a hacer ahora Esteban que no nos vas a poder mostrar a todos tu ombligo?

    Carl Schmidt    Oct 29, 02:00 AM    #
  27. fa, qué textazo!!!, felicitaciones, qué lástima que se acaba!
    gracias totales, Esteban

    Laura Sanchez    Oct 29, 02:02 AM    #
  28. Excelente como era previsible Tifis (si, asi le deciamos en los 80). Al haber compartido parte de esa etapa en el Acosta me emociono, me identifico, me acuerdo…
    La parte donde hablas del tunel de la 9 de julio frisa lo poetico, si ademas de tener esa cabecita fueras compositor escribirias canciones del carajo.
    Respecto al guardapolvo blanco en si, es paradojico, yo tambien soy eso, pero en aquel tiempo nos hinchaba las pelotas cuando el preceptor Lamparita nos increpaba con un “guardapolvo señor!”. Sera que cuando tenemos igualdad a palos queremos ser distintos, pero cuando somos distintos extrañamos la uniformidad, o como dicen los Divididos “te da asco el overol y con un jean lo extrañas”.
    Tambien recuerdo una buena forma de combinar igualdad-acatamiento y diferencia-rebelion: venir en noviembre a la escuela en malla, remerita, ojotas … y guardapolvo blanco con uno o dos botones abrochados nada mas…
    Bueno, hace 22 años que somos amigos asi que mi opinion esta un tanto sesgada jaja.
    Para abundar en ese clima escolar les dejo a los lectores no acosteños 2 perlas, una es del himno del colegio y otra fue creada por los pibes medio siglo despues: “se el diamante que bruñe al diamante, se mañana mas sabio y mejor” “yo naci en un conventillo / que es de chapa y alquitran / soy de Plaza Miserere / soy de la Escuela Normal”.

    Eche Nike    Nov 2, 04:48 PM    #

————————————

Del mismo autor:
La Familia Bilial
Corto
Diario del Bafici # 3.5
Diario del Bafici # 0.75
La estela que dejó Aníbal
El Chivo Necesario
Ni con un corazón de fantasia
Meteorología
"Most of them", said the VP
Alianza Junkets