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San Mao
Walter H. González
12 10 2006 - 20:34

A la vuelta de Xi An, Shanghai estaba desierta y helada. Cumplí con la tarea y las promesas y dormí vestido hasta que Lu Ming llamó. Después salí.

Desde la ventana de la casa Huang Pu, donde suelo reunirme a fumar con los pocos shanghaineses que entienden de pipas, se tiene una vista privilegiada de Jing An. La calle Beijing Xi, con sus casonas afrancesadas y sus edificios de departamentos típicamente comunistas, cuadrados, uniformes y ordenados, se extiende en diagonal desde la intersección con Wulumuqi Lu, afectada por una suave curvatura que pone frente a los ventanales Huang Pu medio kilómetro de vidas. A diferencia de otras grandes ciudades, pasada la medianoche es difícil encontrar ventanas iluminadas. La noche es más profunda en Shanghai.

Aquella madrugada la reunión era menos animada que de costumbre. Apenas si éramos cuatro, contándome a mí, mientras que las semanas anteriores superamos la docena de personas. Estaba estúpidamente excitado, y tenía ganas de decir cosas impropias acerca de lo que veía por la ventana.

—¿Qué mira hombre, tan intrigado? —preguntó Liu Liu con las que fueron las primeras palabras que me dedicó en toda la noche. Hacía cuatro horas que nos llenábamos de humo y alcohol.

—Nada. No sé. Busco algo, creo. —respondí con una mueca de zalamera cortesía, cosa a la que los chinos ebrios (o casi, este grado hay que observarlo) son especialmente aficionados.

—Bueno —rió Liu Liu —siendo así creo que lo mejor será abrir otra botella.

Pensaba en JingYeSi, en TP, en que se cierra todo y no termino de contar lo que quería contar. Bah. Si al fin y al cabo pensé nadie está interesado y nadie puede tomarse en serio la poesía, so pena de ¿qué? Liu Liu insistió:

—¿Beberá usted con nosotros?

No lo reconocí en su gesto, en su tono. Hablaba en un chino especial para mí, pausado, sin modismos de Shanghai. Dio una larga pitada a su billiard arenada y cancerosa, como para liquidarla, y escupió una serpiente de humo verde y persistente que recorrió en una espiral el cuarto, desde los sillones hasta el techo. Se acomodó, sacó el celular del bolsillo del saco y presionó los botones “pero aquí no queda nada; una llamada y hago traer algo de casa”.

Aquella tarde las cosas habían salido bien. Dos o tres gestos adecuados terminaron en una notable recompensa. Por una vieja promesa, tuve que comprar un reloj de casi cien mil yuanes. Lo llevaba puesto, un Tank Solo. El absurdo que todo aquello significaba me exponía mucho más al alcohol, y por ende a mí mismo.

Alguien golpeó. Liu Liu saltó del sillón y abrió la puerta que da a la calle. Entró un chino adolescente que hablaba con susurros minúsculos, pecoso, afeminado, marcado por la sangre del Turquestán del Este, ahora China. Sus labios llamaron mi atención, gruesos y rojos, en una boca menor a los esperado para esos brazos largos. Parecía pintada, como en la ópera china, los personajes femeninos. El chico traía una botella de Camus XO Elegance envuelta en un pañuelo. Liu Liu es un tipo de guita: hay bodegas y seda en su vulgaridad.

—¿Conoce usted este veneno?— me preguntó señalando al chico o a la botella.

“Sí, he probado. Creo que es excelente para este momento” dije mientras volcaba los restos de whisky en el canasto con maderos para el hogar. Cerré los ojos buscando la paz que me permitiese gozar del cognac.

—¿Le gusta lo que ve? Uno es Camus, el otro San Mao.

El chico, siempre mirándome a los ojos, abrió el cognac y me sirvió. Llenó el vaso hasta que rebalsó y chorreó sobre mi mano. El hilo de bebida se metió por la manga, hasta el codo, mojando un camino bajo la camisa.

—Si también gusta de la bebida, Sanmao esta noche se casará con usted —susurró Liu Liu en mi oído.

El chico desabrochó mi manga y limpió el cognac con sus dedos sucios. Alguien dijo algo. San Mao llenó mi vaso otra vez.

————————

Algo más tarde, en un cuarto ínfimo, de cuatro por cuatro. Ínfimo porque es toda la casa: la cama, la mesa, la cocina, el baño, el espejo, el sexo y las lámparas sobre apliques de baquelita comunista tienen su lugar. Es el lugar de San Mao.

—¿Conocés Jing Ye Si?

—Claro, todos los chinos conocemos Jing Ye Si. jing4 ye4 si1 / Añoranza en la noche serena.

La espalda contra la pared helada y húmeda me recordó los tiempos en que compartía la habitación con mi hermana, hace décadas, en Caballito. El olor a pescado frito que bajaba por las tablas del techo me abrió el apetito. Miré a San Mao, que trataba de recordar el poema.

chuang2 qian2 ming2 yue4 guang1 / Frente a mi cama un rayo de luz lunar

Sí señor, aquí, el super niño chino dando lecciones de literatura clásica, recitando para un lao wai desteñido y cansado. No pude evitar pensar en los orígenes de Mao, en la pelea con sus padres por un matrimonio arreglado al que se oponía, en la fantasía que gravita sobre el Gran Conductor. Ahora el chico no solamente recitaba, sino que freía huevos. Prendí un pucho, y el olor del pescado se mezclo con el de las personas y el tabaco.

yi2 shi4 di4 shang4 shuang1 / Será la escarcha que cubre la tierra

San Mao vive con su abuelo, que ahora está en Shandong, por tres semanas. Comparten la cama, minúscula y sin algo similar a un colchón. Viven del sueldo de San Mao y de una ínfima pensión que el viejo obtiene del gobierno. La cama está pintada de negro. Hay junto a la puerta una cómoda en la que Zhu, el abuelo de San Mao, acomoda los pulóveres que su esposa, hace años, le tejió. La mujer murió hace una década. Entre los abrigos guardan una copa, la única pieza de vidrio que tienen.

ju3 tou2 wang4 ming2 yue4 / Levanto la mirada, y veo la luna

La luz, el calor y la voz de una radio destartalada brotan de un único cable, de unos enchufes negros, cubiertos de telas de arañas. Un reloj, bolsas llenas de ropa, cajas con papeles y una bicicleta durmiendo el olvido contra una pared.

di1 tou2 si1 gu4 xiang1 / Bajo mi cabeza, y pienso en mi hogar.

—Bien. Ese poema, San Mao, lo estudié especialmente -dije

—¿Si?

Después viene la parte en la que le explico a San Mao qué fue TP. Más tarde, solo, en la calle, caminé un rato con los vidrios de los lentes empañados. 

  1. juan    Oct 13, 12:44 AM    #
  2. Ezequiel Baum    Oct 13, 12:44 PM    #
  3. artemio lopez    Oct 13, 06:50 PM    #
  4. Maria Laura    Oct 22, 01:14 AM    #

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