TPtuit:

Pero bueno. Murió Spinetta. Nada de todo lo demás me importa. Me fui. | 4 hours ago

@_GavriloPrincip @EstebanSchmidt Una vez más "postkirchnerismo" es una etiqueta vacía que oculta el hecho de que no sabés pensar solo. | 4 hours ago

@_GavriloPrincip @EstebanSchmidt Además está mal planteado esto. No tiene por qué haber UN antikirchnerismo. | 4 hours ago

@miconian never watched it | 4 hours ago (in reply to miconian)

@ffugaz @_GavriloPrincip @EstebanSchmidt No estoy en ninguna vereda, idiota. No hay dos veredas. Esa es la fruta que vende el kirchnerismo. | 4 hours ago (in reply to ffugaz)

–––––———————

los trabajos practicos

Schadenfreude Olímpica
Hernán Iglesias Illa
1 10 2009 - 15:12

Actualización de viernes. Ganó Rio. Vi la transmisión en directo en el sitio del COI y un poco me emocioné. Viva Rio. Maravilhosa.

—————

Mientras prestamos atención a otras cosas, los argentinos no sabemos que mañana puede ser un pésimo día para nuestro orgullo nacional.

Mañana Brasil puede conseguir su primera sede olímpica, para Rio. Si se les da, confirmaría la pertenencia de Brasil al Dream Team de los países grossos y nos dejaría a nosotros vagando, un poco más solos y un poco más resentidos, en la multitud de los países vagamente reconocibles (¡Maradó!, ¡Tango!, ¡Bife!, ¡Adrián Suar!).

Otra opción, levemente menos espantosa, es que la organizadora de los Juegos Olímpicos de 2016 sea Madrid. Es apenas menos espantosa porque España ya organizó unos juegos y porque España, en fin, ya nos hemos acostumbrado espiritualmente a que España sea un país mejor que Argentina. Pero es solamente un poquito menos dolorosa: para el resentimiento típico argentino, que sufro en dosis leves pero del que me reconozco infectado, Madrid y Rio, España y Brasil, son dos ciudades-países con los que los argentinos nos miramos directamente a los ojos y no tenemos nada que envidiarles. Es más, históricamente, si ha habido alguna diferencia, era a favor nuestro: ni los gallegos ni los brasucas han tenido, normalmente, gran cosa para enseñarnos.

Verlos partir hacia otras fiestas es doloroso: los españoles hace tiempo que nos dejaron (más allá de su reciente sacudón) y los brasileños se están poniendo el taxido: clubes nuevos los esperan. Ni siquiera en fútbol podemos competirles: España es campeona de Europa y Brasil trota por las Eliminatorias mientras nosotros tiramos los dados para ver si caen del lado de Palermo o Jonás.

Estuvimos cerca de los juegos en 1997, pico del optimismo primermundista menemista, cuando parecía que estábamos en la sala de espera, cuando parecía que con una leve corrección moral-democrática –llamada Alianza, y lanzada ese mismo año– tendríamos nuestro propio fin de la Historia. Perdimos.

La favorita para mañana es Chicago, que llega con el aura obamera. La otra candidata es Tokio. Lo peor de nosotros mismos, la parte más hedionda de nuestro ser nacional, ruega por una victoria de alguna de estas dos, ciudades tan consolidadas en el firmamento que no nos molestaría ver y aplaudir una nueva coronación. Somos jodidos. Y mañana, como en la época de Michael Jordan, hinchas de Chicago.