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TP

by
Huili Raffo

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CONEJO EDITOR

TP según Gustavo Noriega.

(Extraído del libro Holy Fuck)

Descubrí TP en 2003 ó 2004, de casualidad, navegando. No recuerdo si lo que me llamó primero la atención fueron los dibujos de Huili o lo sorprendente del texto; bien escrito, audaz, sin lugares comunes. A medida que leía me daba cuenta de que el site tenía una relación especial con los lugares comunes: los evitaba, sin usarlos siquiera como parodia o comentario: simplemente los ignoraba. Las ideas eran nuevas, los temas eran rabiosamente contemporáneos y expuestos de una manera que me resultaba inédita. Me animé a escribir unas líneas en un formulario para dejar mensajes (los comments eran elegantemente desdeñados), elogiando y mostrándome sorprendido por la cantidad de palabras en inglés que tenían las notas. Un tal Raffo me contestó con amabilidad pero sin demagogia y me dijo que ya le habían hecho el mismo comentario. No sé si terminó su respuesta con un “fuck you” pero lo cierto es que la recopilación de notas recordando la gesta tepetiana que usted tiene en sus manos se llama “Holy Fuck”.

Después de un breve intercambio epistolar, Raffo me invitó a escribir de lo que se me ocurriera. Le dije que los textos me intimidaban, que no me parecía poder estar a la altura de quienes escribían habitualmente. No era falsa modestia, sé que me puedo ganar la vida escribiendo, se trataba de otra cosa. Lo que sucedía era que muchos de los textos de TP tenían cualidades que me eran ajenas: largos, pacientes, oblicuos. Uno comenzaba a leer una nota sobre algún momento de la vida privada de quien escribía, que se demoraba en detalles aparentemente innecesarios y de pronto sucedía una epifanía, el momento satori: “Ah, estaba hablando de…” Y lo que reemplazaba a los puntos suspensivos era algo de la actualidad política o cultural. Participé un poco al margen, escribiendo notas puntuales, respondiéndole a alguien, breve, impaciente, directo, sin poder encontrar mi momento satori. Mi profecía se autocumplió y el libro no tiene ninguna nota escrita por mí, salvo esta introducción.

Más allá de su renovación estética, la revolución de TP, al menos la que provocó en mi cabeza, fue su relación con la discusión pública. La vuelta a la política en los años kirchneristas —los años de TP— fue en realidad la vuelta a discusiones de una elementalidad apabullante, como la separación entre el Estado y el partido que está en el Gobierno, la pertinencia del culto a la personalidad en un régimen democrático y la necesidad de estadísticas públicas con ables. Las argumentaciones fueron reemplazadas por listados, por un lado (AUH, matrimonio igualitario, redistribución); y autoritarismo, creación de un aparato de propaganda partidario con fondos públicos y destrucción del Indec, por el otro. Las discusiones en TP pretendían ser otras o, por lo menos, no limitarse a una enumeración de logros y defectos. Además, muchas de las personas que allí escribían no sentían la necesidad de invocar el rosario progresista para permitirse enunciar una idea a contrapelo del sentido común de la época. Esa insolencia de no invocar luchas ni muertos ni banderas, de no argumentar recordando biografías ni prontuarios, me resultó extraordinariamente liberadora para pensar.